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miércoles, 2 de marzo de 2016

Juan de Aragón y Castilla, Príncipe de Asturias







La primera hija de los Reyes Católicos había nacido en 1470 y no parecía que Isabel fuera a quedar embarazada nuevamente pero ocho años después, concretamente el 30 de junio de 1478, y tras un peregrinaje al monasterio de San Juan de Ortega y las consiguientes rogativas de la Reina, venía al mundo en el Real Alcázar de Sevilla el ansiado varón, un niño al que se impuso el nombre de Juan. 

La felicidad de los Reyes era enorme y el nacimiento se celebró durante varios días con las llamadas "festas e alegrías" en las que además de los saraos habituales hubo una gran justa en la que participó el Rey Católico. Se nombró como ama del neonato a Dª María de Guzmán y nueve días después de su nacimiento fue bautizado. Llevaron al infante en procesión todas las autoridades, la nobleza y el clero. El cronista Bernáldez nos da cuenta de quienes componían el cortejo que habría de llevarle a la Catedral de Sevilla y nos relata: "Iba el ama del príncipe encima de una mula, en una albarda de terciopelo, e con un repostero de brocado colorado: llebava al príncipe en sus brazos" . La ceremonia del bautismo fue oficiada por el Cardenal Pedro Gonzalez de Mendoza.

En el siglo XV, los fenómenos astronómicos cobraban mucha importancia y ocurrió que pocas semanas después del nacimiento del pequeño príncipe, tuvo lugar un eclipse total de sol que proyectó, a decir de la mayoría, un mal augurio sobre el recién nacido. Fuera por esto o no, lo cierto es que el Infante dio muestras desde su nacimiento de una salud débil. Escribe Junceda Avello que el Príncipe tenía labio leporino y que con el paso de los años se demostró que era tartamudo o esto es al menos lo que contó el médico alemán Jerónimo Münzer tras haber tenido una audiencia con D.Juan cuando éste era adolescente :"el príncipe no pudo hablar por tener una dolencia en el labio inferior y en la lengua que le impedían hacerlo expeditamente". 

También es Junceda quien nos dice que debido a la extrema debilidad del infante "los médicos se vieron obligados al empleo de toda clase de tónicos vigorizantes y entre ellos se le recetó el extracto de tortuga, razón que explicaría la preocupación que desde entonces los reyes tuvieron en la búsqueda de estos animales" hasta el punto - siempre según éste autor - de enviar a Mallorca al Procurador General con ese fin, ya que allí se encontraban en mayor cantidad. Lo que si parece es que las tortugas además de escasas, o tal vez por ello, eran caras y hay constancia de que se pagaron 310 sueldos por 33 tortugas que fueron enviadas a Medina del Campo en 1489.

En 1480, cuando todavía no había cumplido los dos años, es jurado por las Cortes reunidas en Toledo, sucesor de Isabel en el trono de Castilla, convirtiéndose así en el nuevo Príncipe de Asturias. Cuatro años después, en 1484, fue jurado como heredero de Aragón por la Cortes reunidas en Tarazona. 

Los Reyes Católicos, como era de esperar, dispusieron para su hijo la mejor educación al frente de la cual colocaron a fray Diego de Deza, un dominico profesor de teología en la Universidad de Salamanca, que sería quien se encargaría de su educación académica y moral. De enseñarle el arte en el manejo de la espada se encargó mosén Bernal y del resto de las artes militares D. Juan de Zapata. Tampoco se olvido la música en su educación, hacia la que el Infante sentía una especial inclinación, siendo Juan de Anchieta, cantor de la capilla de la reina Isabel la Católica, su principal educador en ésta materia. Una educación por tanto humanista como correspondía a la época. 

Educación de D. Juan. Martinez Cubells


Pero, la salud del Príncipe seguía manteniendo a sus padres en continua zozobra. Contaba sólo diez años cuando estando en Murcia, nos cuentan los cronistas que, "adoleció de disentería con tenasmo e fiebre continua, en el undécimo nacieron viruelas". Según parece, los médicos le recetaron aceite de bacalao y jugo de carne de tortuga. Tanto preocupaba la salud del Príncipe que Mártir de Anglería, en una carta escrita el 11 de septiembre de ese año al ayo de Príncipe Juan Velazquez, le refiere «Me preguntas, ilustrísimo caballero, mi opinión acerca del joven serenísimo Príncipe, primer heredero de tantos reinos, y qué clase de Rey será si llega a vivir».

En 1486 los Reyes Católicos deciden que ya era hora de que el príncipe configurase su propia Casa y se decide que la Corte del Príncipe quedaría establecida en Almazán. La Casa estaría compuesta además de por fray Diego de Deza como preceptor, por diez consejeros, todos ellos pertenecientes a nobles familias, de los cuales cinco serian caballeros ancianos y cinco jóvenes de edad similar a la del Principe. También contaba la Casa con veinticuatro pajes escogidos entre los hijos de los nobles y cuyos nombres aparecen relacionados en  El Libro de Cámara real del Príncipe don Juan del cronista del siglo XVI, Gonzalo Fernandez de Oviedo. 

En 1495, los Reyes Católicos acuerdan un doble tratado matrimonial con el Emperador Maximiliano de Austria, mediante el cual los dos hijos de Maximiliano, Felipe y Margarita, casarían con dos de los hijos de los Reyes , Juana y Juan. El compromiso interesaba y mucho a los Monarcas españoles y se dispuso para el evento una flota de más de cien embarcaciones, al frente de la cual estaría el Almirante de Castilla, Fabrique Enriquez de Cabrera. En ella llegaría a Flandes la Infanta Juana y en ella se traería a España a la princesa Margarita.

La vida de Margarita no había sido fácil. Cuando tenía dos años murió su madre y poco después y como consecuencia de la firma de un tratado de paz entre Francia y Borgoña se la prometió a Carlos, el delfín de Francia, con la condición añadida de que Margarita debía ser educada en la Corte francesa. Así pues, la Princesa pasó su infancia sin su familia y en un país que no era el suyo hasta que los intereses franceses variaron de dirección y fue repudiada y devuelta a su padre, Maximiliano, sin que el matrimonio hubiese sido consumado. Es entonces cuando desde Castilla se la reclama para ser desposada por el príncipe D. Juan. 

La boda se celebró por poderes en Malinas y en marzo de 1497 Margarita embarcó hacía su nuevo destino. La travesía fue terrible, se desató una gran tormenta y a punto estuvieron de zozobrar pero finalmente arribaron a puerto y el 4 de abril se celebraba la ceremonia nupcial en Burgos, con toda la pompa y el boato que la ocasión exigía y oficiada por el Cardenal Cisneros. 

D. Juan tenía diecinueve años y dos menos su prometida y, según nos cuentan los cronistas, ambos quedaron gratamente impresionados cuando se conocieron. Y no parece que el Príncipe de Asturias fuera el único que quedó impresionado por la belleza de Margarita. Pedro Mártir de Anglería en carta al Cardenal de Santa Cruz escribe: "Si la vieras, te harías la idea de que estabas contemplando a la misma Venus". 


Margarita de Austria, Princesa de Asturias - Anonimo. The Metropolitan Museum


Se trasladaron a la residencia del Príncipe en Almazán y allí daría comienzo la leyenda. Según nos dice José Ignacio de Arana: "el encuentro amoroso fue explosivo y los jóvenes no se dieron descanso durante varios días. Los criados dejaban discretamente los alimentos en la puerta de la alcoba principesca". 

A los tres meses, todos los que rodeaban al Príncipe se dan cuenta de su palidez y de que "se iba quedando chupado y con gran tristeza en el porte". Nadie de sus más cercanos ocultaba su preocupación por la salud de D. Juan y todos concluían que el progresivo debilitamiento del príncipe era debido al exceso de actividad sexual por lo que, para evitar que "se le reblandeciesen las médulas" o incluso que su vida corriese peligro, recomendaron a la Reina Isabel que separase a los esposos a fin de dar tiempo al Príncipe para restablecerse. Pero, la respuesta de la Reina fue contundente: "no es conveniente que los hombres separen a quienes Dios unió con el vínculo conyugal". 

Acompañaban los Príncipes de Asturias a los Reyes Católicos que se dirigían a Extremadura , cuando a D. Juan le sobrevienen unas virulentas fiebres. Se acuerda entonces que los príncipes queden en Salamanca al cuidado del antiguo preceptor del príncipe, D. Diego de Deza. Pero D. Juan se debilitaba por días, a pesar de los zumos, los jugos de tortuga y cuantos remedios le proporcionaban los médicos. 

Pocos días después D. Diego de Deza envía carta a los Reyes, que se hallaban ya en Extremadura, advirtiéndoles en ella de la gravedad del Príncipe. D. Fernando oculta a Isabel la mala noticia y parte hacia Salamanca. Encuentra a D. Juan consciente pero extremadamente grave, intenta animarlo diciéndole "que no desfallezca y le recuerda que la esperanza de vivir ha traído la salud a muchos enfermos". Finalmente se produce la muerte del Príncipe , probablemente, el 4 de octubre de 1497. Tenía diecinueve años y llevaba casado apenas seis meses.

La causa de la muerte se desconoce, en aquellos años se dijo que D. Juan había muerto "de amor " y que el fallecimiento se había producido como consecuencia de un exceso de actividad sexual y de tener un cuerpo débil y enfermizo. Según el Dr Gargantilla :"la causa del fallecimiento habría que buscarla , probablemente, en una enfermedad infecciosa, quizás una tuberculosis". No lo sabemos. 




Amortajado con el hábito de San Francisco fue enterrado en el Real Monasterio de Santo Tomás de Avila.