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viernes, 9 de enero de 2026

Isabel II Reina de España

 




Isabel nació en Madrid el 10 de octubre de 1830, era hija de Fernando VII y de su cuarta esposa Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias. Dado que el rey no había conseguido descendencia de sus tres anteriores esposas la satisfacción ante el alumbramiento de esta niña fue enorme. La pequeña Isabel llegó pues a este mundo sembrando la alegría pero también la polémica, los enfrentamientos, los conflictos y finalmente hasta la guerra. La vida de Isabel sería como su llegada al mundo: conflictiva.


El hecho de que Fernando VII no hubiera sido capaz de engendrar hijos en sus anteriores matrimonios había hecho creer a su hermano menor, Carlos María Isidro, que la  sucesión a la corona le correspondía a él. El embarazo de la  reina hacía temer a Carlos María que tal pretensión no se produjese y el temor se convirtió en certeza cuando faltando aún siete meses para el alumbramiento su hermano, el rey Fernando VII, promulgó la Pragmática Sanción por la cual quedaba anulado el Auto aprobado por Felipe V y según el cual las mujeres no podían acceder al trono. Esta decisión alejaba definitivamente - a menos que la pequeña Isabel muriera sin descendencia - a Carlos María Isidro del trono


Fernando VII


A los cuatro días de su nacimiento y mediante un Real Decreto el rey Fernando VII hace publico su deseo de nombrar a su hija princesa de Asturias "por ser mi heredera y legítima sucesora a mi corona mientras Dios no me conceda un hijo varón". La reina Mª Cristina aún tuvo otro embarazo, pero no fue el ansiado varón sino otra niña que recibió el nombre de Luisa Fernanda. 


En el mes de junio de 1833, cuando todavía no había cumplido  Isabel los tres años, fue jurada como Princesa de Asturias. Tres meses después moría su padre y ella pasaba a ser la reina de España y su madre Dª Mª Cristina la regente, mientras Isabel no fuera declarada mayor de edad.


A Carlos María no le gustó nada la situación.  Se opuso a ella y la polarización entró en escena entre los partidarios de Isabel, los isabelinos, y los partidarios de D. Carlos, los carlistas. Esta división acabó desencadenando la Primera guerra Carlista que duró siete tristes años.


Ya hemos dicho que durante  los primeros años de Isabel II la regencia la ejerció su madre, Dª Mª Cristina. Fue la suya  una regencia sin duda peculiar y estuvo marcada por la sangrienta guerra carlista, por las alternancias en el gobierno de moderados y progresistas, por  la aprobación de la Constitución de 1837 y por la desamortización de Mendizábal que se inició en ese mismo año. 


Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias


Poco después, en 1840, la regente sancionó la Ley de Ayuntamientos que habían aprobado las Cortes. Dicha Ley suponía una limitación de la independencia de los ayuntamientos lo que llevó a una sublevación generalizada. La consecuencia fue que Mª Cristina y su marido "secreto" tuvieran que marchar hacia el exilio instalándose en Francia y dejando en Madrid a dos niñas, seguramente atribuladas, de 10 y de 8 años de edad.


La primera Guerra Carlista había terminado con la firma del Convenio de Vergara y como el más destacado artífice del mismo había sido el general Espartero se le concedió el titulo de duque de la Victoria y se le nombró nuevo Regente del reino del España. Como Espartero era progresista los moderados conspiraron para devolver ls regencia a Mª Cristina más afín a este partido. No hizo falta que los moderados empujaran demasiado, Espartero - al que parece que le habían brotado plumas de pavo real -  empezó a desarrollar un carácter dictatorial y una falta total de habilidad política lo que hizo que su propio partido quedara dividido en dos. La situación llegó hasta tal extremo que los militares, tanto moderados como progresistas, se coligaron y provocaron la caída de Espartero que se vio obligado a abandonar España y ha refugiarse en Inglaterra. Era el mes de julio de 1843.


General Espartero


Una vez  que Espartero quedó fuera del tablero político se nombró un Gobierno Provisional y, en octubre de ese mismo año las Cortes declararon a Isabel II mayor de edad y ésta, con apenas trece añitos, juró la Constitución como reina de España.


No estaba  la nueva reina preparada para toda la responsabilidad que se pretendía que asumiera. Es difícil que a los 13 años alguien lo esté, pero es que además su educación había sido muy precaria. Por tanto la politica interior y exterior de España dependió de los Gobiernos que se iban sucediendo. La reina se limitaba a firmar aquello que se le decía que debía firmar.


El matrimonio de Isabel se convirtió en una razón de Estado y no solo del Estado español, también los demás  países europeos hacían cábalas sobre las alianzas que podrían establecerse tras el matrimonio de Isabel. La joven reina no era más que una pieza en el tablero político, nadie preguntó su opinión y además a  nadie importaba cual fuera ésta.


D. Francisco de Asís de Borbón


Tenía poco mas de 15 años cuando se consideró - siempre, claro está, por razones de Estado - que el marido idóneo seria su primo Francisco de Asís de Borbón, duque de Cadiz.

Isabel, que conocía bien  al novio elegido pues ambos eran primos por partida doble, lloró, berreó, y se desgañitó gritando : "Con Paquita no, por favor, con Paquita no"  pero, la decisión estaba tomada y sus gritos, aunque fueron oídos, no fueron escuchados.


La boda se celebró en el Salón del Trono del palacio Real de Madrid, el 10 de octubre de 1846, ósea el mismo día que la pobre reina cumplía los 16 años. Fue una boda por partida doble pues en la misma contrajo matrimonio su hermana Luisa Fernanda con Antonio de Orleáns, duque de Montpensier. 


Boda de Isabel II


Los años que siguieron fueron terriblemente convulsos y se  daba como circunstancia añadida que Isabel  era una mujer fácilmente manipulable. De escasa formación, con pocas cualidades intelectuales, enamoradiza y amiga de las fiestas, algunos políticos y la camarilla de religiosos que  a su alrededor circulaban  como su confesor el padre Claret, y sor Patrocinio, hicieron de ella una presa fácil para obtener los beneficios que cada uno de los personajes que la rodeaban perseguían.


Los gobiernos, muchas veces con la intervención de los militares,  cambiaban a los gobernantes a su conveniencia, alternando entre progresistas y conservadores  según el momento. La consecuencia fue que en demasiadas ocasiones no se llegaron a respetar las garantías constitucionales .  


Hubo de todo; conspiraciones, sublevaciones, represiones durisimas, batallas urbanas, protestas estudiantiles que acababan con muertos, heridos y detenidos. La misma reina sufrió un atentado que a punto estuvo de costarle la vida. Había dado a luz a la tercera de sus hijas y como era tradición la reina se dirigía a presentar a la niña a la Basílica de Atocha cuando un sacerdote se arrodilló ante ella en actitud de ir a solicitar alguna dádiva, pero sacó un estilete y lo clavó en el pecho de la soberana. Dª Isabel fue socorrida de inmediato por la guardia y de inmediato también se apresó al cura, un sujeto llamado Martín Merino, cuya puñalada no causó el daño pretendido ya que  una de las ballenas del corsé que la reina (entrada en carnes) llevaba puesto impidió que el puñal penetrara. Cuatro días después Merino fue ejecutado.


Atentado a Isabel II


Las gentes no estaban dispuestas a perder algunas libertades conseguidas y el descontento de la población condujo a la Revolución de 1854. Hubo un Pronunciamiento del general O’Donell  contra el Parlamento que no obtuvo en un primer momento las reacciones esperadas. Fue el general Serrano  quien convenció a O’Donell que nada se lograría si no se ofrecían cambios políticos y sociales que prometiesen realizar las reivindicaciones de las clases más desfavorecidas. Como consecuencia, pocos días después, se produjo el Manifiesto de Manzanares redactado por un joven político : Antonio Cánovas del Castillo. En él se prometía: la conservación de la monarquía pero sin la camarilla que la acompañaba, la disminución de impuestos, las convocatoria de Cortes y el restablecimiento de la Milicia Nacional. 


La interpretación que el pueblo hizo de aquello es que eran mismos perros con distintos collares, es decir que nada cambiaba aunque se hubiera vendido como una regeneración política. Las clases populares azotadas por la pobreza iniciaron la insurrección. Madrid amaneció con sus calles llenas de barricadas, se asaltaron palacetes, casa señoriales y viviendas de los ministros cuyos muebles eran lanzados a la calle.


Finalmente la reina llamo al general Espartero para que formase gobierno pero éste exigió varias cosas para llevar a cabo la tarea: la convocatoria de Cortes Constituyentes, que la reina madre Mª Cristina respondiese de las acusaciones de corrupción que pesaban sobre ella y marchase al exilio y que la reina Isabel II redactase un Manifiesto dirigido al país entonando el mea culpa. 


La insatisfacción de España con su reina se había ido incrementado con los años. Lo que al principio gustaba y era interpretado como una muestra de sencillez y campechanía se había ido tornando en  antipatía y malquerencia . La forma de vida de la soberana difundida en pasquines que la tachaban de  juerguista y sensual iban de boca en boca. En ellos se decía que  sus amantes se contaban por docenas, que se acostaba a las cinco de la madrugada y que se levantaba a las tres de la tarde. Algunas revistas llegaban a  satirizar  sus gustos sexuales tachándola de ninfómana.


Isabel  II con su esposo y algunos de sus hijos


Isabel tuvo  11 hijos de los que oficialmente Francisco de Asís era el padre, aunque a decir de algunos no lo fue de ninguno de ellos. Muchos  de los hijos habidos nacieron muertos o vivieron pocos días.


La revolución Industrial que barría Europa también llegó a España y durante el reinado de Isabel II se llevaron a cabo obras públicas que modernizaron el país : Se construyeron lineas de ferrocarril, se trazaron carreteras, se elevaron puentes y también se realizaron importantes obras hidráulicas como el "canal de Isabel II", que llevó la ansiada agua a las casas de Madrid.


Todas estas obras que crearon una gran cantidad de puestos de trabajo sirvieron también para que muchos personajes de la clase dominante se enriquecieran. Desde la propia reina madre, Mª Cristina, hasta marqueses y banqueros que obtuvieron concesiones, parece ser que con la aquiescencia del Parlamento y de la Corona. La corrupción hacía su entrada.


Tren Barcelona-Mataró


El descontento con Isabel II no había dejado de estar presente. A principios de 1866 la escasez de algodón producida por la Guerra de Secesión norteamericana llevo a una crisis de la industria textil catalana. Esto fue el detonante de las perdidas que sufrieron las compañías ferroviarias y que arrastraron a las sociedades de crédito y a las bancarias. A la crisis financiera se unieron dos años de malas cosechas que llevó a la carestía de productos tan básicos como el pan.


Toda esta situación condujo en  septiembre 1868 al estallido de una Revolución  que se dio en llamar "La Gloriosa" y  que condujo  a Isabel II al exilio. La reina se encontraba en San Sebastian con su familia y todos ellos huyeron a Francia donde estuvieron bajo la protección de Napoleón III. 


Estallido de la Revolución


Isabel que había ido depositando dinero en la Casa Rothschild de París y había conseguido llevarse parte de sus joyas compró el Palacio Basilewsky en la capital francesa al que muy castizamente rebautizó con el nombre de Palacio de Castilla.


Poco tardaron Isabel y Francisco en separar sus caminos, tan solo el tiempo que les llevó conseguir llegar a un acuerdo económico que permitiera al consorte vivir con dignidad.


Con el triunfo de la Revolución "Gloriosa" en España se inicia el llamado Sexenio Democrático. Se estableció un Gobierno Provisional y se aprobó la Constitución de 1869 que establecía en España  el sufragio universal y una Monarquía Democrática.

Había por tanto que proclamar un nuevo rey y como los Borbones habían caído en desgracia se ofreció el trono a Amadeo de Saboya.


Amadeo I


La ya exreina Isabel, haciendo caso a sus consejeros, abdicó en 1870 en favor de su hijo Alfonso de apenas 13 años de edad.  Isabel, a pesar de que el momento no debió ser nada grato para la que había sido reina de España, se presentó al acto ataviada con un magnifico vestido de color rosa adornado con encajes y  luciendo joyas. Estuvo rodeada de sus cuatro hijas,  las infantas Isabel, Paz, Pilar y Eulalia. Así fue como, abanico en mano y con toda la dignidad que pudo reunir, dijo definitivamente adios al trono de España. A partir de ese momento Cánovas se puso al frente de la tutela de Alfonso y de la restauración borbónica en el trono.


Abdicación de Isabel II


Tras  su abdicación el palacio de Castilla fue perdiendo importancia e interés entre los monárquicos. Isabel se fue acostumbrando al exilio, recluida en el palacio no mostraba ningún interés por integrarse en la sociedad parisina. Salía tan solo para acudir a los oficios religiosos y muy ocasionalmente a tomar algún chocolate con alguna amiga. 


En el palacio organizaba algunas tertulias con los más allegados y los domingos se servia  un cocido madrileño que, seguramente, haría añorar a la exreina los degustados en el Lhardy, su restaurante favorito de Madrid. Solo pisó suelo español en escasas ocasiones, por poco tiempo y sigilosamente, alojándose en Sevilla o en los alrededores de Madrid.


El 9 de abril de 1904 fallecía Isabel II en su residencia de Paris  como consecuencia  de una gripe  y de la complicación  broncopulmonar  que ésta produjo. Había muerto una reina de España y por tanto sus restos fueron trasladados al Monasterio del Escorial. Su nieto Alfonso XIII no se dignó a acudir a la frontera para recibirlos a la entrada de éstos en España.


Galdós bautizó a Isabel II como "la de los tristes destinos" y me voy a permitir la licencia de terminar con las palabras que sobre ella dejó escritas D. Benito:


«El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano».


Pérez Galdós, B., «La Reina Isabel», en Memoranda, 1906, p. 33.




miércoles, 3 de diciembre de 2025

María Aleksándrovna de Rusia, Duquesa de Edimburgo y de Sajonia-Coburgo-Gotha

 





La vida de María Aleksándrovna de Rusia es un claro ejemplo de que nacer en la opulencia no predispone ni a la felicidad ni a la placidez. El periplo vital de María fue azaroso y salpicado de tragedias.


Nació el 17 de octubre de 1853 en el Palacio de Tsarskoye Selo, era la sexta hija de la princesa María de Hesse-Darmstadt y del zar Alejandro II y la única niña puesto que todos sus hermanos mayores supervivientes eran varones. De modo que los primeros años de su vida los paso entre mimos y lujos de todo tipo entre los que se encontraba los juegos que junto a sus hermanos podían realizar en el Palacio de Alejandro, situado en los jardines de Tsarskoye Selo y lleno de juguetes y atracciones para disfrute de los hijos del zar.


A pesar de todo lo que pudiera significar ser la niña mimada de la casa, especialmente de su padre, la educación de María fue estricta. Era apenas una niña cuando ya hablaba además del ruso tres idiomas: francés, inglés y alemán.


María con su padre y hermanos


María era la única hija viva del zar Alejandro II y por tanto, en el momento alcanzó la más tierna juventud, se convirtió en una codiciada candidata a convertirse en la esposa de algunos de los príncipes europeos que todavía estaban solteros. Era culta, de carácter voluble y, a decir de quienes la conocían, arrogante, orgullosa de ser una Romanov y presumida en exceso aunque ninguna de estas características desanimaba a sus posibles pretendientes cuyo acercamiento a Rusia, por vía del matrimonio, casi siempre era considerado conveniente.


En unas vacaciones pasadas con la familia de su madre en Alemania conoció al príncipe  Alfredo, duque de Edimburgo e hijo de la Reina Victoria I del Reino unido  y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Se ha dicho que hubo un flechazo mutuo al conocerse y que tal vez éste se vio acrecentado por el hecho de que ni la reina Victoria deseaba emparentar con los Romanov ni Alejandro II veía con buenos ojos que su “niña” casara con un inglés.


Alfredo, duque de Edimburgo


La boda de la gran duquesa María Aleksándrovna y Alfredo, se produjo en en enero de 1874 en el Palacio de Invierno de San Petersburgo y como era de  esperar estuvo marcada por el exceso de lujo, de  pompa y del boato propios de la corte rusa. Aquella boda dio origen a una galleta que se hizo famosa entonces y cuya fama, traspasando el tiempo, ha llegado hasta nuestros días: " la galleta María". Fue creada por un pastelero de una empresa inglesa de dulces para conmemorar el enlace y su consumo se extendió por gran parte del mundo.


Como era lógico los recién casados fijaron su residencia en Londres, concretamente en Clarence House. María, no era guapa, tenía una cara muy redonda y estaba algo entrada en carnes cosa que estaba fuera de los cánones de belleza de la época pero su porte era imponente y procuraba adornarse con las costosas joyas que poseía, claro ejemplo de su prepotencia. Eso si, su dote era tan cuantiosa que había dejado sin palabras a los ingleses.


María no se adaptó a la vida en Londres ni a su familia política. Los primeros desencuentros vendrían dados por el titulo con el que era denominada. Consideraba María que debía ser "Alteza Imperial"  ya que por nacimiento era el que le correspondía y no el de "Alteza Real" que, como esposa de Alfredo, le habían dado en el Reino Unido. Otra cosa que tampoco soportaba la altiva María era tener que cederle el paso a la princesa de Galés que, al fin y al cabo había nacido como princesa danesa, mientras que ella era hija, nada menos, que del emperador de Rusia. No soportaba el clima londinense ni  los horarios a los que se la sometía ni las actividades de la familia  en Balmoral ni en ningún otro lugar.




Pese a todo ello las relaciones con Alfredo debían ser buenas a juzgar por los hijos que tuvieron. El primero de ellos fue un varón, Alfredo Alejandro, que nació 10 meses después de su boda y que con el tiempo  produciría un hondo dolor a sus padres. Después llegaron cuatro niñas. La tercera de ellas nació en Malta, donde su padre, Almirante de la Marina Real Británica, estaba destinado. María, bien por amor, bien por apartarse de su familia política acostumbraba a acompañar a su marido en sus destinos y el de Malta fue el más duradero.


El asesinato en 1881 de su padre, Alejandro II,  en Moscú supuso un duro golpe para María que estaba muy unida a él. Esta fue la primera de las tragedias que se producirían en su vida.


Las piruetas del destino hicieron que la corona del Ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha le correspondiera a Alfredo cuando en 1893 se produjo la muerte de de su tío paterno, el gran duque Ernesto II, que había muerto sin descendencia. Como el Príncipe de Gales no podía ostentar esa corona  al ser el heredero del trono del Reino Unido fue en Alfredo en quien recayó el Ducado. Lógicamente aceptó la herencia y el hecho hizo feliz a María por partida doble. Por un lado abandonaba Londres, lugar que odiaba profundamente, y por otro se sentía soberana de un territorio alemán y eso colmaba en parte sus aspiraciones. Se establecieron en el castillo de Rosenau y ambos iniciaron una activa vida diplomática, social y cultural en su nuevo país.



Esos primeros años en Coburgo fueron felices, además María, que ambicionaba casar a sus hijas con reyes o príncipes, estaba logrando sus objetivos.


El Ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha bullía con todos los festejos con los que se celebraban las bodas de plata del Duque y de su esposa. El 23 de Enero de 1899, el  gran baile de gala, que ponía el broche final a la conmemoración, se celebraba en el Palacio de Friedenstein en Gotha. Lo presidían Alfredo y María.


Mientras sonaba la música y los invitados danzaban  en el impresionante salón, en el piso superior los lacayos descubrían el cuerpo ensangrentado de Alfredo Alejandro, el único hijo varón de los duques, que en un intento de suicidio se había disparado un tiro en la cabeza.


Con la mayor de las discreciones se dio aviso a los duques y estos decidieron que  lo que había sucedido no podía en modo alguno ser conocido. El joven paso tres días debatiéndose entre la vida y la muerte en el Palacio de de Friedenstein y después sus padres decidieron trasladarlo a un sanatorio de Merano en el Tirol. Allí falleció el 6 de febrero con tan solo 24 años de edad. The Times llegó a decir que había muerto por un tumor cerebral aunque la idea de que se había suicidado no tardó en abrirse paso.


Alfredo Alejandro


El nuevo siglo empezó para María tan mal como había terminado el anterior. El gran duque, Alfredo, moría víctima de un cáncer en 1900. Como en el momento de su muerte no tenía heredero varón la corona del Gran Ducado recayó en otro miembro de la realeza británica. 


María, ya viuda siguió viviendo en Coburgo aunque viajaba para visitar a sus familiares con regularidad. Gozaba de una economía saneada gracias a los activos que poseía en Rusia. 


En 1905 sufrió otra de las tragedias que marcaron los últimos años de su vida. Su hermano Sergio moría víctima de un atentado terrorista. 


Cuando dio inicio la Primera Guerra Mundial María trasladó su residencia a Suiza. Su posición era difícil, había nacido en Rusia y toda su familia residía en ese país. Había sido gran duquesa de un pequeño ducado alemán y era la viuda de un príncipe del Reino Unido. La guerra le dolía, el conflicto bélico se desarrollaba entre los que habían sido los pilares de su vida.


Poco tardaron las dificultades económicas  en aparecer. Con la llegada de la revolución bolchevique perdió todos sus ingresos  y  las dificultades se convertirían en penurias. Instalada en un hotel de Zurich y ante la falta de liquidez para sobrevivir  fue malvendiendo poco a poco todas sus joyas. Gran parte de ellas fueron adquiridas por sus familiares del Reino Unido. Muchas de las alhajas que lucen  las damas en Buckingham vienen de la perdida fortuna de los Romanov. Ironías del destino.


La precariedad no seria lo peor, la revolución traería a la otrora  “duquesa imperial“ un dolor tras otro. Llegó la noticia del asesinato su sobrino el zar Nicolas II, de su esposa y de todos sus hijos…y después, según cuenta Simon Sebag Montefiore, el Comité Ejecutivo Central ordenó el asesinato de los todos los Románov dispersos por el territorio ruso. María fue enterándose de como eran asesinados uno tras otro sus parientes; su hermano Pablo, su cuñada Isabel, sobrinos, primos… más de 20 miembros de los Romanov fueron asesinados en esos primeros años de la revolución.



Su salud se empezó a deteriorar, las pocas veces que era vista aparecía mucho mas delgada y temblorosa. Finalmente pocos días después de su 67 cumpleaños moría por un infarto de miocardio en Zurich. Era el 20 de octubre de 1920.


Orgullosa, arrogante, prepotente a decir de quienes la conocían, parecía que cuando llegó a este mundo su destino estaba escrito sobre las hojas de la buena vida y de la felicidad. A pesar de ello y súbitamente un terrible viento de destrucción barrió el continente y la dejo envuelta en el frío de la soledad.


Sus restos mortales descansan junto a los de su esposo y su hijo en el Mausoleo Ducal del cementerio de Coburgo.

viernes, 31 de octubre de 2025

Alejandro II de Rusia

 



El que se convertiría un día en zar de Rusia y llegaría a ser el responsable de las grandes reformas liberales en su país, nació en San Petersburgo el 29 de Abril de 1818, estando el imperio en manos de su tío, el zar Alejandro I.

El neonato era el hijo primogénito  del Gran Duque Nicolas y de Carlota de Prusia y desde el mismo momento de su llegada al mundo se convertiría en el tercero en la linea de sucesión del Imperio ruso.


En la educación del pequeño Alejandro  Romanov se siguieron todas las tradiciones rusas en la materia y durante los seis primeros años de su vida estuvo arropado bajo la tutela de su madre y de las niñeras elegidas para ello. No obstante al llegar a los seis años se le desposeyó de todos  los mimos y se eligió para ser su maestro a un veterano oficial, el general Karl Mérder. 


De aquellos  años de su educación se dijo de todo; algunos afirmaban que le gustaban los ejercicios, las maniobras militares y los desfiles. Otros, por el contrario, aseguraban que su carácter era débil, sentimental y con tendencia a la melancolía.


Sobre Alejandro ejercía una gran influencia el poeta del romanticismo, Vasili Zhukovski,  que fue su profesor y que compuso un plan de estudios para el joven que duraría más de una década. Zhukovski, llegó a decir que "su Majestad no tiene que ser científico sino ilustrado", lo cual nos da una idea de la educación que pretendió dar a su pupilo.


Vasili Zhukovski 


Lo que si parece cierto es que a lo largo de su vida demostraría poseer una característica que, hasta ese momento, no se había apreciado en ninguno de los Romanov que le precedieron: La empatía. Algunos historiadores afirman que esas condiciones de sensibilidad y compasión ante el sufrimiento ajeno se debían a la influencia de Zhukovski.


La verdad es que su educación fue esmerada, le dieron clase los mejores científicos y los hombres más brillantes del Estado. Como consecuencia de ello hablaba cinco idiomas,y tenía grandes conocimientos de historia, filosofía, geografía, matemáticas, lógica etc.


Siguiendo las tradiciones de los varones Romanov al llegar a la edad adulta comenzó  su particular periplo viajero. Lo primero era conocer el Imperio que un día podría llegar a gobernar y durante tres meses viajó por Rusia  dándose a conocer y conociendo a  las gentes que, tal vez, llegarían a ser sus súbditos.


 En la segunda parte del viaje el recorrido era por el extranjero. Una vuelta por los países europeos con una finalidad educativa y sobre todo matrimonial.


Durante el viaje por Prusia conoció a María, princesa de Hesse-Darmstadt,y se enamoró perdidamente de ella. La elegida no era del agrado de su madre, que la consideraba de una alcurnia inferior para un Romanov, y que se opuso frontalmente al matrimonio. A pesar de ello la boda se celebró y la princesa adoptó el nombre de María Alexándrovna, como manda la tradición.


María Aleksándrovna 



Mientras todo esto sucedía en su vida, los fallecimientos en la dinastía Romanov se estaban encargando de tejer su destino, un destino que, según parece, él nunca ambicionó.


En 1825 falleció su tío, Alejandro I, sin descendencia legitima por lo que su padre Nicolás ascendió al trono. En aquel momento cabe suponer que el pequeño Alejandro de apenas 7 años apenas notó nada pero lo cierto es que tal vez por ello su educación se convirtió en una cuestión de Estado y fue sumamente completa.


 En 1855, a la muerte de su padre, Alejandro asumió el trono  y fue coronado Emperador de Rusia, Rey de Polonia y Gran Duque de Finlandia con el nombre de Alejandro II. Tenía 37 años de edad. 


Su padre, además del trono, le había dejado como regalo póstumo la Guerra de Crimea. Alejandro se dio cuenta que Rusia no podía resistir los ataques de sus poderosos enemigos: el imperio otomano, Francia, Inglaterra, Austria y algunos más formaban el frente opuesto por lo que, dándose cuenta que vencer era imposible, ordenó firmar la Paz de París. Con este acto Rusia perdía algunos de sus territorios  y además aceptaba la  prohibición de  tener buques de guerra en el mar Negro.



 Alejandro asumió un Imperio en crisis que hacía aguas por todos sus lados; el descontento entre los campesinos era total, la economía estaba en declive, la perdida de los territorios tras la firma de la Paz de Paris había dejado al ejercito ruso con un sentimiento de humillación y agotamiento. La cosa, no se presentaba fácil para el nuevo zar.


Hasta entonces los zares que habían gobernado Rusia tenían un espíritu autocrático. Su propio padre, Nicolás I, había sido uno de los emperadores más severo y conservador de la Historia de Rusia. Por el contrario Alejandro, inteligente y con una mente abierta y clara había aprovechado bien su periplo por el extranjero; además de una esposa trajo consigo el aprendizaje de los sistemas de gobierno europeos.


Inició las reformas más trascendentales de la historia rusa pero, como todas las reformas, tardaron en implementarse más de lo deseado por el propio zar. Se pudo ver pronto que los cambios en la legislación de la industria y el comercio tropezaban con la existencia de la servidumbre de la gleba, que no dejaba de ser una forma de esclavitud. En 1861 el zar Alejandro II abolió la servidumbre.


Poco a poco el zar fue introduciendo las reformas que pretendían llevar a Rusia hacia la modernización; introdujo un sistema de autogobierno local, reorganizó  el ejercito, desarrolló una nueva organización de la administración pública con un nuevo código penal y con una mayor simplificación de los procedimientos tanto del civil como del penal; perfeccionó el sistema de educación universitaria, relajó la censura y otras muchas reformas salieron de su mente y de su pluma.


Mientras Alejandro llevaba a cabo los cambios legislativos e intentaba poner en orden su inmenso imperio su esposa María Aleksándrovna - a decir de la corte rusa demasiado tímida, demasiado sencilla, con poca conversación y ningún encanto - se dedicaba a parir hijos. La pareja tuvo nada menos que ocho y, claro está, con tanto embarazo y con una salud delicada sus apariciones en la corte eran más bien escasas.


Alejandro, que tenía  debilidad por las mujeres, busco amantes que complacieran,  durante los embarazos de su esposa, sus deseos carnales. Acabo enamorándose de una de  ellas, la princesa Catalina Dolgorúkov con la que, con esa facilidad procreativa que poseía, acabo teniendo cuatro hijos.



El gobierno ruso tardaba en adaptarse a las nuevas reformas y la sociedad se impacientaba. Empezaron a aparecer grupos radicales que, fuertemente influidos por las ideas del filósofo alemán Karl Marx, exigían mayores derechos civiles y una mayor democracia. Se iniciaron las protestas, las revueltas e incluso los actos terroristas.


A los largo de su reinado Alejandro sufrió varios atentados y un gran dolor. La muerte de su primogénito el zarévich Nicolai  cuando apenas contaba  21 años de edad fue algo difícil de superar para el zar.


Un año después de esta desgracia que lo dejó sumido en la tristeza sufrió el primer atentado del que salió ileso. En la década de 1870 los atentados terroristas se sucedieron en Rusia: contra altos funcionarios, contra representantes del Estado, contra policías y como no contra el mismo zar que sufrió cuatro de ellos aunque de todos salió ileso.




La suerte que había tenido hasta entonces le fue esquiva en la mañana del 13 de marzo de 1881. Ese día Alejandro II viajaba en un coche descubierto por las calles de San Petersburgo, iba escoltado por un pequeño grupo de soldados. El recorrido, por repetitivo, era conocido. Como siempre grupos de personas se agolpaban en las aceras. De pronto una detonación detuvo a la comitiva, una bomba había sido lanzada  explosionando dentro del carruaje  matando a varios miembros de su escolta e hiriendo al zar. El terrorista fue capturado inmediatamente, pero cuando los policías y el resto de su escolta intentaban llevar a Alejandro a un lugar seguro un segundo terrorista le lanzó para bomba a los pies.



El emperador sangrando copiosamente, con ambas piernas destrozadas y moribundo  fue trasladado a toda velocidad y  en trineo al Palacio de Invierno. Su médico el Dr. S.P. Boykin aseguró que  le quedaba poco tiempo de vida. La familia entera acudió para darle su último adiós. Falleció a las 3:30 horas de ese mismo día.


Dos años después de estos hechos su hijo, Alejandro III, ordenó construir una iglesia en el mismo lugar del atentado que costó la vida a su padre. Se la conoce como  La Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada. En el interior de  la misma pueden verse piedras manchadas con la sangre del zar.



La lucha de Alejandro II por hacer de Rusia un estado moderno y  liberal quedo, tal vez, ahogado en su propia sangre. Al asesinato del zar le siguió un periodo de censura y de  represión sangrienta y caótica. Cientos de presuntos revolucionarios fueron detenidos y ejecutados. La autocracia se instaló de nuevo en el espíritu de la monarquía zarista.


Probablemente la empatía que impregnaba la mente de Alejandro II fue una  de las razones por las que deseó  cambiar el sistema político de su imperio y tratar de  conseguir con ello un mayor bienestar para sus gentes. Su asesinato significó un cambio radical en la política rusa y en definitiva el fracaso de sus intentos de modernización de un imperio tan vasto como complejo.