lunes, 25 de abril de 2016

Fernando El Católico I









En la villa de Sos, a 10 de mayo de 1452 y a poco de pasar las dos del mediodía venía al mundo el infante D. Fernando, hijo de Juan II de Aragón y de su segunda esposa Juana Enríquez. El pequeño Fernando no estaba destinado a ostentar la corona de Aragón pero, el destino es mecido a veces por hilos invisibles y cambia de rumbo. Tenía Fernando, un hermano mayor fruto del primer matrimonio de su padre con Blanca de Navarra, a este hermano llamado Carlos y más conocido como "el príncipe de Viana" era al que estaba destinada la corona de Aragón, como primogénito que era de Juan II. 

Las relaciones entre Juan II y su hijo Carlos eran muy malas hasta el punto de ordenar el padre el encarcelamiento del hijo. Así que, mientras ellos peleaban, Juana Enríquez tejía los hilos que llevarían a su hijo Fernando a ostentar la Corona  y ya había conseguido que al pequeño, con tan sólo 6 años, se le nombrara duque de Montblanch, conde de Ribagorza y señor de Balaguer, además de otros títulos y señoríos sicilianos. 

En 1461 muere "el príncipe de Viana" y esto supone una solución, no sabemos si esperada pero sin lugar a dudas deseada, para Juana Enríquez. Su querido hijo Fernando ya era el heredero al trono de Aragón.

En Zaragoza permanecería Fernando completando su educación, y en 1465 sus maestros y educadores considerarían que, a pesar de que sólo contaba 13 años de edad, su altura y su porte eran los suficientes como para presentar al príncipe ataviado con armadura al frente de las tropas, y así se hizo. En la batalla conocida como Prats de Rei, apareció el Príncipe al frente de sus soldados y éste sería uno de los primeros éxitos de Fernando, puesto que vencieron. 

Mientras el príncipe Fernando continuaba batallando al frente de las tropas, su madre, Juana Enríquez, libraba las batallas diplomáticas con Francia en pugna por obtener el reino de Navarra. 

Juana Enríquez moriría en febrero de 1468 dejando a Fernando - que siempre tuvo en ella una gran aliada - solo. En esa época el Príncipe, había iniciado ya sus aventuras amorosas y un bastardo suyo estaba a punto de nacer. Así pues, y a pesar de su juventud, Fernando se había convertido en un hombre fuerte, en un aguerrido soldado y en un político en ciernes que ya se había estrenado como tal en alguna negociación, habiendo dado muestras también de ser un conquistador de corazones femeninos. Por ello su padre Juan II, consideraría que debía aprovechar ese perfil tan atractivo de su hijo en beneficio del Reino y nombró a Fernando rey de Sicilia. No trataba con esto de apartar a su hijo del reino de Aragón, más bien al contrario, intentaba con esta maniobra darle un mayor rango y aumentar su atractivo de cara a posibles enlaces matrimoniales que fueran importantes para la Corona. 

Mientras tanto, en Castilla, se libraban las batallas políticas para evitar una guerra civil y se llegaba en Guisando - mediante los pactos del mismo nombre - a reconocer a Isabel, hermana de Enrique IV, heredera al trono de Castilla en detrimento de Juana, apodada "la Beltraneja", e hija de la esposa legitima de Enrique y cuya paternidad era puesta en duda por los nobles castellanos.



Isabel la Católica

La boda de Isabel y Fernando parecía conveniente al rey Juan II, no así al rey de Castilla, Enrique IV, que intentaría por todos los medios evitarla. Enrique, en su deseo de impedir la celebración del matrimonio - pues tenía otros planes para Isabel - la sometía a vigilancia y vigilaba también las fronteras del reino para impedir la entrada de Fernando pero, el príncipe lograría burlar la vigilancia y vestido con ropas de criado llegaría hasta Burgo de Osma donde le esperaba el arzobispo Carrillo para conducirlo a Dueñas. 

Eran las 10 de la noche del día 14 de Octubre de 1469 cuando Isabel y Fernando se conocerían al fin. Cinco días después y, tras el juramento mediante el cuál Fernando se comprometería a cumplir y a obedecer las leyes del reino de Castilla, se celebraría la misa de velaciones. 

Fernando ya era un hombre casado y Aragón tenía ya una aliada en Castilla. A sus 17 años Fernando daría ya muestras de ser un hombre prudente. Escuchaba, se dejaba aconsejar y meditaba pero la decisión final siempre era la suya. Lo primero que hacen los esposos es mandar procuradores a Enrique IV garantizándole su obediencia. Isabel quedaría embarazada a los pocos meses pero la decepción llegaría cuando se vio que el fruto de la gestación era una niña, ya que, un varón era considerado necesario para la consolidación de la causa. 

Durante los años que siguieron, Fernando empezaría a demostrar que era un gran estratega. Además de intentar ayudar a su esposa para que la nobleza que apoyaba a "la Beltraneja" no lograra sus propósitos, se posicionaría defendiendo los intereses de otros nobles - como los Mendoza - que lógicamente se apresurarían a agradecerle el gesto y de este modo y mientras esperaban la muerte de Enrique IV, los príncipes iban logrando alcanzar una posición y un prestigio tan grandes que estaban seguros de que en el futuro la nobleza cerraría filas en torno a ellos. También acudiría Fernando a las llamadas de su padre desde Aragón para defender los intereses del que realmente era su reino. 

Así estaban las cosas cuando en diciembre de 1474 muere en Madrid Enrique IV. Isabel se proclama reina de Castilla al siguiente día de los funerales sin esperar a su esposo - que se encontraba en Zaragoza - para hacerlo. Isabel sería proclamada como reina propietaria y Fernando tan sólo sería el consorte de la reina. 


Coronación de Isabel la Católica. Muñoz de Pablos


Esta situación enfurecería a Fernando y según el cronista Alfonso de Palencia, Fernando que ya tenía 22 años de edad, amenazaría con marcharse a su reino si no se aceptaba su derecho a ejercer el poder real. Isabel lograría convencer a su marido argumentando que teniendo ellos tan sólo una hija, por el momento, deberían aceptar el privilegio femenino de ejercer el poder en ausencia de heredero varón legítimo. Además se reconocería que Fernando no sería solo un rey consorte, sino que compartiría con Isabel todas las funciones. Tras las negociaciones Isabel y Fernando firmarían el llamado "documento de la concordia".
                                                                                                                     Continuará...

viernes, 15 de abril de 2016

Federico III de Alemania




Príncipe Federico - Heinrich von Angeli

Federico, que nació en Potsdam en octubre de 1831, era el primer hijo de un segundón de la dinastía Hohenzollern. Su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach era una mujer liberal que había recibido una buena educación y su padre, Guillermo de Prusia, era el segundo hijo del rey Federico Guillermo III. No estaba pues llamado a ocupar un trono pero las carambolas de la vida le llevaron a él, aunque fuera tan sólo por tres meses.

El matrimonio de sus padres no era feliz. Su padre, que había estado profundamente enamorado de una princesa polaca, se había visto obligado a pedir en matrimonio a Augusta por razones de Estado, pero había dicho de ella que "la princesa es agradable y culta pero no me atrae" y es de suponer que estos comentarios llegarían a oídos de la flamante novia que no debió sentirse muy complacida por ellos. No hubo pues buena relación entre ambos y eso repercutió, como no, en la infancia de sus hijos. 

Fue su madre, la princesa Augusta, quien puso todo el empeño en que su hijo recibiera una educación esmerada y Federico demostró ser un alumno aventajado que además dio muestras de una gran facilidad para los idiomas pero, como no podía ser de otra manera tratándose de la corte prusiana, también recibió una extensa formación militar. Se matriculó en la universidad de Bonn y esa época universitaria acabaría de marcar su temperamento liberal. 

No era sólo Federico el que tenía ideas liberales. En su país se empezaba a gestar la idea de una Alemania unida bajo una monarquía constitucional que garantizara la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A pesar de que estas ideas dieron lugar a varias revoluciones, los conservadores lograron frenarlas pero no pudieron evitar que las ideas liberales continuaran existiendo en la población.

Cuando en 1851 se inaugura la Gran Exposición de Londres, Federico y sus padres acuden a Inglaterra invitados por la Reina Victoria y es en esa ocasión cuando Federico conoce a la que con los años se convertiría en su esposa, la hija primogénita del príncipe Alberto y de la reina Victoria.

Princesa Victoria - Winterhalter

Gustaba a la soberana del Reino Unido la posibilidad de ese enlace matrimonial y la idea del mismo también era del agrado de Augusta, la madre de Federico, no así de su padre que hubiera preferido a una princesa rusa. En la siguiente ocasión en la que se vieron - un encuentro propiciado por la reina Victoria que había invitado a Federico a pasar unos días en Balmoral - ambos jóvenes se enamoraron y se comprometieron en matrimonio.

Puesto que la princesa Victoria era aún demasiado joven, los enamorados hubieron de esperar dos años antes de contraer matrimonio pero al fin el 25 de enero de 1858 se celebró la boda en el palacio de St. James en Londres. La novia hizo su entrada acompañada por la marcha nupcial de Mendelssohn siendo ésta, tal vez, la primera vez que la música de Mendelssohn se oía en una boda. Formaban una hermosa pareja que además estaba muy enamorada pero, no iba a ser el suyo un camino de rosas. 

Boda de Federico y Victoria - J. Phillips


Las ideas liberales de Victoria, educada en una monarquía constitucional, no eran del agrado de su suegro ni tampoco de Bismarck, que consideraba que Victoria era una mala influencia para el Príncipe y además el carácter de la nueva princesa no era del agrado de los prusianos. Victoria era una mujer "estirada" que se consideraba a si misma superior a su familia política y consideraba a Inglaterra superior a Prusia, razón por la cual no despertó simpatías en la corte prusiana que ya de por sí tenía un sentimiento antibritánico muy arraigado. Así pues, ambos fueron separados de las zonas de influencia y se les apartó mandándoles a vivir alejados de Berlin, concretamente al palacio de Potsdam. 

El rey Federico Guillermo IV, no tenía hijos y además en 1858 sufrió una enfermedad mental que lo apartó del trono. Esto supuso que el padre de Federico pasara a ocupar la regencia y que fuera coronado rey como Guillermo I cuando murió su hermano tres años después. Tremendamente conservador, Guillermo I se apresuró a nombrar a Otto von Bismarck como canciller y a dejar las riendas de la política del país y de la unificación de Alemania en sus manos. 

Con la subida de su padre al trono, Federico pasó a ser el Kronprinz y ya como príncipe heredero, protestó públicamente contra los decretos restrictivos de las libertades de los ciudadanos promulgados por Bismarck. Lógicamente esto no gustó al canciller y lo único que consiguió Federico fue un mayor aislamiento y ser excluído de todos los asuntos políticos.

Participó como militar en la guerra de los Ducados y fue condecorado por su valentía. También dirigió el III Ejercito Alemán cuando estalló la guerra franco-prusiana. Pero, no tenía Federico inclinación militar y si lo hizo fue porque así se lo demandaba su padre. En varias ocasiones llegó a decir públicamente que no le gustaban las guerras y que esperaba no tener ninguna cuando ascendiera al trono. 


Federico conversando con dignatarios - Adolf von Menzel

La unificación de Alemania se llevó a cabo y Guillermo I fue proclamado Emperador en 1871. El hecho de haberse convertido en heredero de un Imperio no cambió la vida de Federico, que siguió aislado y con funciones puramente representativas en bodas, funerales y demás eventos. Tanto él como los liberales deseaban ardientemente que Federico subiera al trono pero tardó en hacerlo 27 años. 

Victoria era una madre prolífica y dio al Kronprinz ocho hijos, aunque dos de ellos no llegaron a la edad adulta. El primero de ellos, Guillermo, que estaba llamado a convertirse en su heredero nació con una tara física y ello supuso una dura prueba para ambos cónyuges que, por incomprensible que parezca sintieron, al menos la princesa Victoria, un rechazo hacia su hijo. Como consecuencia de ello, las relaciones entre padres e hijo serían complejas y el que un día se convertiría en el Kaiser Guillermo II pasaba la mayor parte de su tiempo con su abuelo, el Emperador, sintiéndose mucho más cercano a las ideas conservadoras de éste que a las liberales de sus progenitores.


Federico con su hijo Guillermo en Balmoral

En 1887 Federico contaba 55 años de edad y empezaría a experimentar una ronquera que sería evaluada por el Dr. Gehrardt, uno de los médicos más eminentes de Alemania. Observó éste una lesión en una cuerda vocal e intentó extirparla con distintos métodos sin lograrlo. Recurrió entonces a la opinión del Dr. Bergmann, catedrático de cirugía, quien diagnosticó cáncer laríngeo. Tras el diagnostico, Bergmann consideraría que el único tratamiento posible sería la laringuectomía total. La experiencia en este tipo de intervenciones era poca puesto que la primera laringuectomía se había realizado tan solo 15 años antes y los resultados de las que se habían practicado no habían sido demasiado alentadores.

Ambos médicos explican a los príncipes su diagnóstico y el tratamiento que consideran oportuno pero interviene entonces la princesa Victoria, quien convence a Federico para que sea evaluado por un médico inglés - la Princesa consideraba que su país natal estaba más avanzado que el resto de Europa - y el elegido fue el Dr. Mackenzie. Como era lógico la consulta al médico inglés no fue bien recibida en Alemania. Los conservadores consideraron que se evidenciaba con este acto la enorme influencia que ejercía Victoria en su esposo y el desprecio que sentía por todo lo alemán. Por otra parte los médicos alemanes Gerhardt y Bergmann consideraron la consulta al inglés como una afrenta personal. 

Mackenzie examinó al paciente y concluyó, tras extirpar una pequeña parte de la lesión y hacerla analizar por el patólogo Virchow, que la lesión no era maligna. Con la alegría de este diagnóstico los príncipes decidieron continuar su vida con normalidad. 

En noviembre de ese mismo año Victoria y Federico se encontraban de viaje en San Remo y el Príncipe sufre un resfriado y ve con preocupación como en su cuello aparece una tumoración. Avisado Mackenzie acude a San Remo con urgencia, comprobando el aumento de tamaño de la glándula submaxilar y diagnosticando, ahora si, un cáncer de laringe de cuya aparición culpa a los médicos alemanes, pues argumenta que las manipulaciones a los que éstos le sometieron para extirpar la lesión habían sido las causantes de la malignización. Aconseja entonces la laringuectomía que antes desaconsejó, pero en esta ocasión Federico se niega. 

En febrero de 1888 su estado empeora y los médicos se ven en la necesidad de practicarle una traqueotomía que lo dejaría sin habla. En marzo muere su padre y Federico se convertía al fin en Emperador, pero su estado era ya irreversible y falleció el 15 de Junio. Su reinado había durado tan sólo 99 días. Poco tiempo para llevar a cabo las reformas con las que tanto había soñado. 

En la autopsia del Emperador se encontró la laringe destruida por un carcinoma y se siguieron cruzando acusaciones entre Mackenzie y los médicos alemanes sobre el error diagnóstico que había retrasado el tratamiento. 


Los restos mortales de Federico III recibieron sepultura en la Friedenskirche de Potsdam.

martes, 5 de abril de 2016

Isabel María de Austria, "la archiduquesa roja"







La única hija del Kronprinz Rodolfo, heredero del Imperio Austrohúngaro y de su esposa, Estefanía de Bélgica, venía al mundo el 2 de septiembre de 1883. Como sucedía en cualquier familia real o imperial que se preciase, a la niña se le impusieron hasta cinco nombres, el primero de los cuales era en honor de su abuela paterna, la emperatriz “Sissi” y, como era también habitual, se le asignó un diminutivo, Erzsi, por el que todos la conocerían. 

El matrimonio de sus padres, como tantos otros de la realeza, era un matrimonio impuesto por razones políticas y por lo tanto carente de afectividad, pero además se dio la circunstancia de que tras el nacimiento de Erzsi su madre, la archiduquesa Estefanía, quedó imposibilitada para concebir más hijos, razón por la cual el Kronprinz no volvería a acercarse al lecho de su esposa. 

La corta edad de Erzsi la mantendría, probablemente, ajena a la tormentosa vida conyugal de sus padres. Contaba seis años cuando los terribles hechos sucedidos en Mayerling la dejaron huérfana de padre. Lo que estos hechos pudieron influir en la formación de la personalidad de la pequeña lo ignoramos pero lo que si sabemos es que su vida dio un giro y pasó a vivir bajo la tutela emocional y afectiva de su abuelo Francisco José. Al quedar viuda Estefanía - que no se encontraba integrada en la Corte vienesa - pasó a convertirse, al igual que su suegra la Emperatriz Sissi, en un pájaro errante que pasaba la mayor parte de su tiempo viajando. Así pues, Erzsi fue una niña mimada y educada por un abuelo que quería resarcir en ella las malas relaciones que había mantenido con su hijo, el padre de la que sin duda fue su nieta favorita. 

Cuando contaba 16 años asistió a su primer baile y parece ser que causó sensación por su belleza: era rubia, de ojos azules, con un hermoso cutis y también alta y delgada. Pero esta apariencia de princesa de cuento de hadas dulce y frágil era, según nos dice en su libro sobre la Archiduquesa el historiador Friedrich Weissensteiner, tan solo eso, apariencia. Asegura Weissensteiner que ya entonces Erzsi era completamente consciente de su rango, sabía lo que quería y sabía también como conseguirlo.


Francisco José I

Fue precisamente en ese baile donde conoce a un oficial del ejercito muy apuesto y perteneciente a la nobleza: Otto Windisch-Greatz. La Archiduquesa quedaría altamente impresionada por este joven que era diez años mayor que ella. 

Pocos meses después de estos hechos - y para disgusto de Erzsi - su madre, la archiduquesa viuda Estefanía, contraería nuevo matrimonio. Durante los esponsales, y tal vez para fastidiar la fiesta, Erzsi daría la noticia de que también ella iba a casarse con el hombre del que se ha enamorado. Parece ser que Otto, que era el hombre en cuestión, nada sabía de los propósitos de la joven y tuvo que ser el propio emperador Francisco José quien citara en audiencia a un sorprendido Otto, que argumentó la imposibilidad de poder aceptar la oferta puesto que ya estaba comprometido. Consideraba el Emperador que el matrimonio con un lugarteniente del ejercito no era el más adecuado para su nieta, pero como estaba dispuesto a satisfacer todos los deseos de Erzsi, dio al traste con los argumentos de Otto recordándole que como oficial del ejercito debía acatar las ordenes de sus superiores.

La boda se celebró en 1902 en el palacio de Hofburg. La novia había recibido una cuantiosa dote por parte de su abuelo y conservaba el titulo de Alteza Real pero había tenido que renunciar previamente a sus derechos sucesorios. El novio, por el contrario, se sentía verdaderamente infeliz. No es de extrañar pues que Otto buscara en los brazos de una actriz joven y hermosa, Louise Ziegler, una pequeña parte de la satisfacción sentimental que no sentía al lado de su esposa. Enterada Erzsi, parece ser que, loca de celos, irrumpió en el apartamento donde su esposo se veía con su amante y descerrajó dos tiros a la actriz. Esto al menos es lo que publicaba en marzo de 1904 el periódico The Call y también el The Kingston Daily, aunque aclarando que fuentes oficiales habían negado absolutamente los hechos y por lo tanto la noticia quedaba tan solo a nivel de la rumorología. Desde luego nada fue probado. 


Isabel María y Otto

A pesar del desamor y las desavenencias el matrimonio tuvo cuatro hijos. Con el paso del tiempo las cosas irían empeorando y lo que un día fue amor, por parte de la Archiduquesa, se iría transformando en aversión. En 1911 Erzsi compra el castillo de Shönau y gasta una fortuna en amueblarlo, probablemente con la intención de pasar temporadas en él sin su marido pero además decide que pasará los inviernos en Istria con sus hijos porque el aire del mar - como a su abuela Sissi - le resultaba beneficioso. 

Es en Istria donde conoce a un oficial de la Marina llamado Egon Lerch, con quien mantiene una “especial amistad” hasta que en 1915 el marino encontró la muerte en un submarino que explotó al chocar con una mina cerca de Venecia. Es en agosto de ese mismo año cuando decide separarse de su esposo y como correspondía a los miembros de la familia imperial, Erzsi necesitaría el permiso del Emperador para llevar a cabo la separación. Pero en este caso, la profunda religiosidad de Francisco José le impidió satisfacer la petición de su nieta y el permiso fue denegado. 

A la muerte del Emperador en 1916 la Archiduquesa intenta de nuevo la separación y solicita la autorización del nuevo Emperador. No la obtiene y además su madre Estefanía y toda la familia imperial se posicionó en su contra y dieron su apoyo a Otto. Acostumbrada a conseguir lo que quería, abandonó a su esposo cogió a sus hijos y se trasladó a vivir al castillo Shönau. Empezaría entonces una encarnizada lucha por la custodia de los hijos. La policía, en cumplimiento de una orden del juez, que había concedido la custodia a Otto, acudió a Shönau con la intención de llevarse a los niños pero, un piquete de más de cien trabajadores rodearon el castillo impidiendo el paso a los gendarmes que finalmente desistieron. El incidente ocupó las paginas de la prensa y finalmente el juez dio la custodia a la Archiduquesa. No olvidaría Erzsi el comportamiento de sus familiares y cuando el Imperio cayó no movería ni un solo dedo para ayudar a su familia.

En 1921 conoce al profesor Leopold Petznek, un político socialdemócrata diputado del Parlamento de Estado y tres años después se une sentimentalmente a él. Fue entonces cuando se produce el gran cambio en la personalidad de Erzsi. El viento que había recorrido Europa derribando instituciones centenarias sacudió sus hombros e hizo crecer en ella una conciencia social. El gran parque que rodeaba su castillo fue abierto para los niños de las barriadas obreras y en él se sembraban hortalizas que eran repartidas entre la gente necesitada. Ya entonces se la empezaba a llamar “la Archiduquesa roja”. 

Leopold Petznek,

En 1927 conoce en un mitin político al que se convertiría en el canciller de la República Austriaca Bruno Kreisky y surgiría entre ellos una profunda amistad que afianzaría todavía más las ideas socialdemócratas de la otrora archiduquesa. 

En 1929 Erzsi, que conservaba intacta su gran fortuna y disponía de ella para ayudar a su partido político compró la Villa Windischgraetz. Su ex marido y sus hijos, a los que había intentado educar en el espíritu socialista con escaso éxito, no parecían estar conformes con ello y la acusaron públicamente de dilapidar su fortuna en pro de la socialdemocracia. Las relaciones con sus hijos se enfriarían definitivamente. 

Los tiempos empezaban a cambiar en Austria, el ambiente político entre conservadores y socialdemócratas se hizo cada vez más denso y enrarecido y en 1934 una lucha armada que duró varias semanas estalló en Viena. La socialdemocracia fue condenada a la clandestinidad y Petznek encarcelado por orden de la dictadura de Dolfuss. En 1944 fue internado en el campo de concentración de Dachau del que fue liberado al terminar la guerra. 

En 1948 Erzsi obtiene al fin el divorcio de su primer marido y puede casarse con Leopold, su autentico amor, que moriría en 1956 dejándola sumida en una profunda tristeza. 

A partir de ese momento vivió cada vez más recluida, se volvió huraña y desconfiada y poco a poco una enfermedad reumática la dejaría confinada a una silla de ruedas. Murió en 1963 como consecuencia de una enfermedad cardiaca. 

Legó todos sus bienes a la ciudad de Viena y a cuatro ordenes religiosas. Sus hijos tan solo percibieron la parte que la ley les otorgaba. Por su expreso deseo fue enterrada en el cementerio de Hütteldorf, en una tumba sin inscripción ni nombre cercana a la de su esposo Leopold.

lunes, 28 de marzo de 2016

María Cristina de Habsburgo- Lorena







La prematura muerte de Dª Mercedes de Orleans, esposa de Alfonso XII, había dejado al Rey sumido en la tristeza y a España sin heredero. Por ello Cánovas del Castillo trataba por todos los medios de convencer a D. Alfonso de la necesidad de contraer nuevo matrimonio. Aceptaría el rey la propuesta y aceptaría también a la novia elegida: María Cristina de Habsburgo - Lorena.

Crista - éste era su nombre familiar - había nacido el 21 de julio de 1858 en Moravia y era hija de los archiduques de Austria, Carlos Fernando e Isabel, y prima del emperador Francisco Jose I. Era inteligente, estudiosa, muy modesta y no demasiado agraciada. Hablaba con soltura varios idiomas como el inglés, el italiano y el francés pero no aprendió español en aquellos primeros años de formación, en los que  hasta llegó a recibir clases de economía y filosofía. 

La emperatriz Maria Teresa de Austria había creado una institución, un siglo antes de que naciera Crista, donde las damas de alta cuna y escasos medios pudieran vivir y recibir educación mientras esperaban casarse, o entrar en religión si no aparecía el novio adecuado.El nombramiento de abadesa de Nobles Damas Canonesas de Praga le fue concedido a Cristina por el emperador Francisco Jose cuando ésta cumplió los dieciocho años ya que tradicionalmente la abadesa de la institución debía ser siempre una archiduquesa de Austria. 

Pero no estaba destinada Crista a dirigir a las Nobles Damas Canonesas por mucho tiempo, Cánovas del Castillo se había fijado en ella y, una vez recabados los informes del embajador español en Viena, consideró que era la candidata perfecta para convertirse en reina de España.

A pesar de que Alfonso XII había dejado en manos de Cánovas la elección de su futura esposa, deseaba conocerla antes de dar su definitiva aprobación pues aunque se habían visto de niños, el recuerdo que de ella tenía era sumamente vago. El encuentro se produciría en Arcachon, en el verano de 1879, y no quedaría precisamente entusiasmado el rey de España con su novia. Se dice que, tras el encuentro, el marqués de Alcañices, que acompañaba al rey, empezó a ponderar la belleza de Dª Cristina y que el monarca le hizo callar alegando: " No te esfuerces Pepe, a mi tampoco me ha parecido guapa….pero te habrás dado cuenta de que la que está bomba es mi suegra". Por el contrario a Crista debió gustarle el novio pues al terminar el encuentro exclamó " ! Mamá que guapo es ! ". 

Alfonso XII. Federico Madrazo. Ayuntamiento de Granada

El 29 de noviembre de 1879 y en la Basílica de Atocha se celebraría el matrimonio. Cristina apareció vestida con un magnifico traje de raso blanco bordado en plata y confeccionado en Madrid y un manto en el que brillaba pequeñas flores de lis tejidas en oro. Gustó a los madrileños su traje pero no su portadora a quien encontraron demasiado "estirada". El recuerdo de una idealizada Dª Mercedes tan cercana al pueblo y con tanta gracia y gentileza, estaba presente. Circulaban además numerosas habladurías, desde afirmar que había sido abadesa de un convento y por lo tanto monja hasta que llevaba sangre gitana en las venas por haber nacido cerca de Bohemia. Su desconocimiento de la lengua española y el hecho de que hubiera traído desde Austria a su médico personal, el Dr. Riedel, tampoco la favoreció a la hora de granjearse la simpatía de los madrileños.

El dolor que la muerte de su esposa Dª Mercedes había producido en el rey no había impedido a D. Alfonso tener aventuras amorosas una de las cuales, la que mantuvo con la contralto Elena Sanz, le había dado ya un hijo antes de que se celebrara el segundo matrimonio del monarca. Dª Mª Cristina fue informada de ello por una de esas almas caritativas que suelen rodear a las reinas pero, ni una queja, ni un solo comentario salió de sus labios. 

Se apresuraría el rey a cumplir con sus deberes conyugales y tan solo diez meses después de la boda Dª Mª Cristina alumbraba a su primer vástago, una infanta a quien se impuso el nombre de Mercedes en recuerdo de la primera esposa de D. Alfonso. Intentaba de este modo Crista granjearse el cariño del rey y de los españoles. No estuvo tan acertada en la elección del médico que la asistiría en el parto, su empeño en que ningún médico español estuviera presente y  que tan solo el Dr. Riedel la ayudara ofendió a los galenos de cámara, a cuya cabeza estaba el Dr. Alonso Rubio, eminente catedrático de Tocología que, sintiéndose menospreciado renunció a su cargo. El enfado llegó hasta las altas esferas políticas.

Mientras Dª Mª Cristina intentaba amoldarse a las costumbres españolas el rey continuaba con sus devaneos amorosos, a Elena Sanz la sustituyó otra cantante : Adela Borghi y como era normal la reina fue oportunamente informada de la existencia de la nueva amante. Las infidelidades de su esposo la hacían sufrir pero su sentido de la dignidad le impedirían dar rienda suelta al sufrimiento ni tan siquiera en su circulo más íntimo. 

En noviembre de 1882 la reina daba a luz de nuevo, fue otra infanta y ello produciría una gran decepción. Fiel a si misma se hizo asistir por el Dr. Riedel a pesar del alboroto que se había producido en el anterior parto. Había dado ya dos hijas al rey y por lo tanto a la Corona española, pero Crista seguía siendo una figura desdibujada, una sombra gris que no se atrevía a alterar ni las costumbres ni a los servidores del Palacio a excepción hecha de lo que atañía a su salud.

Maria Cristina de Habsburgo. Raimundo Madrazo

En el verano de 1885 se declaró en España una epidemia de cólera y uno de los mayores focos se localizó en Aranjuez. Hasta allí acudió D.Alfonso para visitar a los enfermos. A su regreso le esperan en la estación la reina y todo el Gobierno. Cuando el tren llega a la estación Dª Mª Cristina se abraza a su marido y le dice " Alfonso hoy te quiero como siempre pero te admiro más que nunca". 

En el otoño de ese mismo año, el rey se muestra enfermo, esta más delgado, pálido, con fiebre constante y una tos que le desgarra los pulmones. Sus médicos, los doctores Camisón y Sanchez Ocaña deciden trasladar al monarca al palacio del Pardo esperando que el aire de la sierra le beneficie. El Gobierno exige a Dª Mª Cristina que permanezca en Madrid, para no causar alarma en la sociedad, y acatando sus ordenes la reina acude al palco del Teatro Real  casi cada noche, corriendo durante el día a visitar a su marido. 

 La muerte de Alfonso XII, que se produjo el 25 de noviembre de 1885, dejó a DªMª Cristina desolada y embarazada. Cuando se cumplía un mes del fallecimiento del rey de España, su viuda, rigurosamente vestida de negro, hacía su aparición el el Palacio de las Cortes para jurar como Regente la Constitución. A partir de ese momento y dueña ya de la situación, realizó en Palacio cuantos cambios quiso y trazó un programa de trabajo riguroso, ordenado e inflexible. 

Habían transcurrido seis meses desde la muerte del rey cuando DªMª Cristina se pone de parto, la noticia se difunde y llega a la calle donde el pueblo espera con impaciencia. Se produce un estallido de júbilo cuando los madrileños escuchan como la artillería dispara una salva de veintiún cañonazos. Había nacido el ansiado varón, era el 18 de mayo de 1886 y en esta ocasión si hubo médicos españoles presentes en el parto. Además, claro esta, del Dr. Riedel la asistieron el Dr. Sanchez Ocaña, el Dr. Ledesma y el Dr. Candela. 

María Cristina de Habsburgo con Alfonso XIII. Antonio Caba

No fue fácil su regencia, durante los dieciséis años en que la ejerció tuvo que hacer frente a veinticuatro crisis gubernamentales y se ganó el respeto de todos por su enorme lealtad. Lo más que pudieron hacer sus enemigos para desprestigiarla fue apodarla "Dª Virtudes". Hasta Emilio Castelar dijo en cierta ocasión :" En la calle debe uno descubrirse cuando se encuentra al santísimo o a la Reina Regente". Lawrence Lowel dijo de ella que " Dª MªCristina había sido uno de los grandes monarcas constitucionales de Europa". 

Cuando en 1902 su hijo, Alfonso XIII, cumplió la mayoría de edad terminó la regencia de DªMª Cristina y a partir de ese momento se retiraría a un segundo plano no volviendo a participar en los asuntos políticos. Tras el matrimonio del nuevo rey de España Dª Mª Cristina, que no tenía demasiada empatía con su nuera, decidiría construirse en el propio Madrid una casa para lo cual compró un terreno en el Paseo de Rosales. Finalmente todo quedaría en un proyecto puesto que D. Alfonso no estuvo dispuesto a consentir que su madre saliera de Palacio. 

Los inviernos los pasaba Dª MªCristina en Madrid y los veranos en su palacio de Miramar. Había perdido ya a sus dos hijas mayores y desde que acabó la 1ª Guerra Mundial solía pasar unos días en Suiza donde se reunía con sus hermanos. 

El 6 de febrero de 1929 se despertó a las dos de la madrugada con un fuerte dolor en el costado. Su doncella, Martina, que dormía en la habitación contigua llamó al Dr. Petinto, que se encontraba de guardia, no dio tiempo a que llegara el Dr. Alabern que era el que se ocupaba de la salud de la soberana en aquellos años. Murió a consecuencia de un infarto cardiaco.


domingo, 13 de marzo de 2016

Maud de Gales. Reina de Noruega





La que fuera la última de los hijos de los Príncipes de Gales, Eduardo y Alejandra,  vendría al mundo en Marlbourgh House, un frío día de noviembre de 1869. Durante su infancia pasaba, al igual que el resto de sus hermanos, largas temporadas en Sandringham, la otra residencia de sus padres y todos los años acompañaba a su madre, danesa de nacimiento, a visitar a sus abuelos maternos en Dinamarca.

Era una niña tímida y enfermiza y su educación fue meramente convencional. No era bella, no tenía carisma y ni siquiera era agraciada físicamente, pero con el tiempo  se iría puliendo y daría ejemplo de elegancia y estilo destacando, al menos en esto, entre otras princesas de la época. 

Durante varias semanas al año compartía juegos y, mas tarde, bailes y diversiones con sus primos daneses en el palacio de Fredensborg, no es extraño por tanto que se enamorase de uno de ellos. Fue Carl el elegido y el que pidió su mano en 1896. Carl era un Oficial de la Marina danesa, apuesto, simpático y con gran don de gentes. Toda la familia, tanto la danesa como la británica, estaban contentos con el noviazgo y se lanzaron a preparar una boda que sería la última a la que acudiría su abuela, la reina Victoria. Sólo una sombra se proyectaba en el horizonte de Maud: vivir lejos de su amada Inglaterra. 

Se casaron el 22 de julio de 1896 en la capilla privada del palacio de Buckingham y recibieron por parte del padre de la novia, el Príncipe de Gales, un regalo muy especial y que jugaría un papel importante en la vida de Maud: un palacete al que llamaron Appleton y que se encontraba dentro de la propiedad de Sandrinham. Por tanto al lado de la familia. 

Ceremonia matrimonial de Maud y Carl

Los daneses recibieron a Maud con verdadero entusiasmo, la habían visto en sus tierras desde pequeña y además era nieta de los reyes, por tanto medio danesa. Por desgracia el entusiasmo no fue mutuo. Maud añoraba todo lo inglés y además al ser su esposo un oficial de la Marina tenía demasiado tiempo para dedicarse a esta añoranza. Se quejaba constantemente de que el frío clima danés perjudicaba sus bronquios y, con esta excusa, se fue acostumbrando a realizar, cada vez con mayor frecuencia, escapadas a su casa de Appleton.

Al principio todo el mundo consideraba normal la nostalgia de la princesa por su familia y su país de origen, pero poco a poco se fue viendo que había también otras razones. La principal era que Maud se aburría mortalmente en Dinamarca, consideraba que la sociedad danesa era provinciana, extremadamente reducida y con excesivos escrúpulos morales que, para ella, rayaban en la mojigatería. Su familia danesa empezó a mirar con malos ojos el empeño de la princesa por permanecer en suelo inglés y el pueblo danés empezaba ya a preguntarse qué ocurría para que la princesa permaneciese tan poco tiempo en Dinamarca. La conclusión de la mayoría de la gente era que la pareja estaba tardando demasiado en engendrar un hijo. 

Por fin Maud queda encinta, y el estado de buena esperanza es anunciado con gran alegría pero ocurre algo que los daneses no entienden: la princesa Maud pasa todo el embarazo en Inglaterra y es allí en Appleton donde, en julio de 1903, alumbrará a un varón que recibirá el nombre de Alejandro y que será su único hijo. El tiempo tardado en procrear, el hecho de que la gestación se desarrollara en Inglaterra y que incluso se produjera allí el parto fueron dando lugar a múltiples  especulaciones a lo largo de los años que han llegado hasta nuestros días. Maud permaneció en Inglaterra con su hijo hasta que, varios meses después del nacimiento, el príncipe Carl acudió a por ella. Cuando llegó a Copenhagen su hijo tenía ya nueve meses. En total había permanecido fuera de Dinamarca dos años. 



En 1905 Noruega se separa de Suecia y los noruegos ofrecen el trono de su país al príncipe Carl de Dinamarca. Acepta el príncipe y Maud se convierte de este modo en Reina consorte de Noruega. En su deseo de congraciarse con el pueblo noruego Carl cambia su nombre por el de Haakon VII y el de su hijo Alejandro por el de Olav. 

Maud se daría cuenta de que su libertad se había acabado y que en lo sucesivo tendría que cumplir con lo que se esperaba de ella y se dispuso a realizar su papel de Reina con la mayor dignidad. Participó en cantidad de obras sociales, protegió a los jóvenes artistas, aprendió a esquiar y realizó todas aquellas cosas que sabía iban a satisfacer al pueblo noruego, consiguiendo de ese modo ganarse su cariño. Seguía sin ser bella pero, tenía mucho estilo, vestía con elegancia y los noruegos se sentían orgullosos de ella. Aunque visitaba cada año su país natal, permanecía muy poco tiempo en Inglaterra.

En 2004,el autor Tor Bomann-Larsen da origen a una gran polémica al afirmar en su libro ”Haakon y Maud”, que el Rey Olav no era hijo de Haakon. Según dicho autor la Reina Maud fue inseminada en Inglaterra por el médico de su padre, Sir Francis Laking, con semen de su propio hijo Guy Laking. Asegura Bomann que durante los diez meses anteriores al nacimiento de su hijo, Haakon y Maud solo estuvieron juntos una vez.


En marzo de 2005, Odd Arvid Storveen, un historiador de la Universidad de Oslo, publicó una reseña del libro de Bomann-Larsen en la revista Historisk Tidsskrift, en la que afirma que no se ha encontrado ninguna prueba que avale la hipótesis de Bomann. 

La inseminación artificial no era común en aquella época pero desde luego no era una práctica desconocida entre los médicos, puesto que la primera inseminación confirmada fue llevada a cabo por William Pancoast en 1884. 

También el historiador Svein Blindheim ha barajado la posibilidad de que Maud no fuera la madre biológica y de que el príncipe Olav fuera adoptado 

La salud de Maud siempre había sido quebradiza, en 1938 estaba en Inglaterra cuando le sobrevino un fuerte dolor abdominal. Fue intervenida quirúrgicamente pero a los pocos días sufrió una insuficiencia cardiaca que le costó la vida. El Rey Haakon acudió de inmediato y trasladó el cuerpo de su esposa a Noruega.

Sus restos fueron depositados en el mausoleo real del castillo de Akershus.



miércoles, 2 de marzo de 2016

D. Juan de Aragón y Castilla, Príncipe de Asturias







La primera hija de los Reyes Católicos había nacido en 1470 y no parecía que Isabel fuera a quedar embarazada nuevamente pero ocho años después, concretamente el 30 de junio de 1478, y tras un peregrinaje al monasterio de San Juan de Ortega y las consiguientes rogativas de la Reina, venía al mundo en el Real Alcázar de Sevilla el ansiado varón, un niño al que se impuso el nombre de Juan. 

La felicidad de los Reyes era enorme y el nacimiento se celebró durante varios días con las llamadas "festas e alegrías" en las que además de los saraos habituales hubo una gran justa en la que participó el Rey Católico. Se nombró como ama del neonato a Dª María de Guzmán y nueve días después de su nacimiento fue bautizado. Llevaron al infante en procesión todas las autoridades, la nobleza y el clero. El cronista Bernáldez nos da cuenta de quienes componían el cortejo que habría de llevarle a la Catedral de Sevilla y nos relata: "Iba el ama del príncipe encima de una mula, en una albarda de terciopelo, e con un repostero de brocado colorado: llebava al príncipe en sus brazos" . La ceremonia del bautismo fue oficiada por el Cardenal Pedro Gonzalez de Mendoza.

En el siglo XV, los fenómenos astronómicos cobraban mucha importancia y ocurrió que pocas semanas después del nacimiento del pequeño príncipe, tuvo lugar un eclipse total de sol que proyectó, a decir de la mayoría, un mal augurio sobre el recién nacido. Fuera por esto o no, lo cierto es que el Infante dio muestras desde su nacimiento de una salud débil. Escribe Junceda Avello que el Príncipe tenía labio leporino y que con el paso de los años se demostró que era tartamudo o esto es al menos lo que contó el médico alemán Jerónimo Münzer tras haber tenido una audiencia con D.Juan cuando éste era adolescente :"el príncipe no pudo hablar por tener una dolencia en el labio inferior y en la lengua que le impedían hacerlo expeditamente". 

También es Junceda quien nos dice que debido a la extrema debilidad del infante "los médicos se vieron obligados al empleo de toda clase de tónicos vigorizantes y entre ellos se le recetó el extracto de tortuga, razón que explicaría la preocupación que desde entonces los reyes tuvieron en la búsqueda de estos animales" hasta el punto - siempre según éste autor - de enviar a Mallorca al Procurador General con ese fin, ya que allí se encontraban en mayor cantidad. Lo que si parece es que las tortugas además de escasas, o tal vez por ello, eran caras y hay constancia de que se pagaron 310 sueldos por 33 tortugas que fueron enviadas a Medina del Campo en 1489.

En 1480, cuando todavía no había cumplido los dos años, es jurado por las Cortes reunidas en Toledo, sucesor de Isabel en el trono de Castilla, convirtiéndose así en el nuevo Príncipe de Asturias. Cuatro años después, en 1484, fue jurado como heredero de Aragón por la Cortes reunidas en Tarazona. 

Los Reyes Católicos, como era de esperar, dispusieron para su hijo la mejor educación al frente de la cual colocaron a fray Diego de Deza, un dominico profesor de teología en la Universidad de Salamanca, que sería quien se encargaría de su educación académica y moral. De enseñarle el arte en el manejo de la espada se encargó mosén Bernal y del resto de las artes militares D. Juan de Zapata. Tampoco se olvido la música en su educación, hacia la que el Infante sentía una especial inclinación, siendo Juan de Anchieta, cantor de la capilla de la reina Isabel la Católica, su principal educador en ésta materia. Una educación por tanto humanista como correspondía a la época. 

Educación de D. Juan. Martinez Cubells


Pero, la salud del Príncipe seguía manteniendo a sus padres en continua zozobra. Contaba sólo diez años cuando estando en Murcia, nos cuentan los cronistas que, "adoleció de disentería con tenasmo e fiebre continua, en el undécimo nacieron viruelas". Según parece, los médicos le recetaron aceite de bacalao y jugo de carne de tortuga. Tanto preocupaba la salud del Príncipe que Mártir de Anglería, en una carta escrita el 11 de septiembre de ese año al ayo de Príncipe Juan Velazquez, le refiere «Me preguntas, ilustrísimo caballero, mi opinión acerca del joven serenísimo Príncipe, primer heredero de tantos reinos, y qué clase de Rey será si llega a vivir».

En 1486 los Reyes Católicos deciden que ya era hora de que el príncipe configurase su propia Casa y se decide que la Corte del Príncipe quedaría establecida en Almazán. La Casa estaría compuesta además de por fray Diego de Deza como preceptor, por diez consejeros, todos ellos pertenecientes a nobles familias, de los cuales cinco serian caballeros ancianos y cinco jóvenes de edad similar a la del Principe. También contaba la Casa con veinticuatro pajes escogidos entre los hijos de los nobles y cuyos nombres aparecen relacionados en  El Libro de Cámara real del Príncipe don Juan del cronista del siglo XVI, Gonzalo Fernandez de Oviedo. 

En 1495, los Reyes Católicos acuerdan un doble tratado matrimonial con el Emperador Maximiliano de Austria, mediante el cual los dos hijos de Maximiliano, Felipe y Margarita, casarían con dos de los hijos de los Reyes , Juana y Juan. El compromiso interesaba y mucho a los Monarcas españoles y se dispuso para el evento una flota de más de cien embarcaciones, al frente de la cual estaría el Almirante de Castilla, Fabrique Enriquez de Cabrera. En ella llegaría a Flandes la Infanta Juana y en ella se traería a España a la princesa Margarita.

La vida de Margarita no había sido fácil. Cuando tenía dos años murió su madre y poco después y como consecuencia de la firma de un tratado de paz entre Francia y Borgoña se la prometió a Carlos, el delfín de Francia, con la condición añadida de que Margarita debía ser educada en la Corte francesa. Así pues, la Princesa pasó su infancia sin su familia y en un país que no era el suyo hasta que los intereses franceses variaron de dirección y fue repudiada y devuelta a su padre, Maximiliano, sin que el matrimonio hubiese sido consumado. Es entonces cuando desde Castilla se la reclama para ser desposada por el príncipe D. Juan. 

La boda se celebró por poderes en Malinas y en marzo de 1497 Margarita embarcó hacía su nuevo destino. La travesía fue terrible, se desató una gran tormenta y a punto estuvieron de zozobrar pero finalmente arribaron a puerto y el 4 de abril se celebraba la ceremonia nupcial en Burgos, con toda la pompa y el boato que la ocasión exigía y oficiada por el Cardenal Cisneros. 

D. Juan tenía diecinueve años y dos menos su prometida y, según nos cuentan los cronistas, ambos quedaron gratamente impresionados cuando se conocieron. Y no parece que el Príncipe de Asturias fuera el único que quedó impresionado por la belleza de Margarita. Pedro Mártir de Anglería en carta al Cardenal de Santa Cruz escribe: "Si la vieras, te harías la idea de que estabas contemplando a la misma Venus". 


Margarita de Austria, Princesa de Asturias - Anonimo. The Metropolitan Museum


Se trasladaron a la residencia del Príncipe en Almazán y allí daría comienzo la leyenda. Según nos dice José Ignacio de Arana: "el encuentro amoroso fue explosivo y los jóvenes no se dieron descanso durante varios días. Los criados dejaban discretamente los alimentos en la puerta de la alcoba principesca". 

A los tres meses, todos los que rodeaban al Príncipe se dan cuenta de su palidez y de que "se iba quedando chupado y con gran tristeza en el porte". Nadie de sus más cercanos ocultaba su preocupación por la salud de D. Juan y todos concluían que el progresivo debilitamiento del príncipe era debido al exceso de actividad sexual por lo que, para evitar que "se le reblandeciesen las médulas" o incluso que su vida corriese peligro, recomendaron a la Reina Isabel que separase a los esposos a fin de dar tiempo al Príncipe para restablecerse. Pero, la respuesta de la Reina fue contundente: "no es conveniente que los hombres separen a quienes Dios unió con el vínculo conyugal". 

Acompañaban los Príncipes de Asturias a los Reyes Católicos que se dirigían a Extremadura , cuando a D. Juan le sobrevienen unas virulentas fiebres. Se acuerda entonces que los príncipes queden en Salamanca al cuidado del antiguo preceptor del príncipe, D. Diego de Deza. Pero D. Juan se debilitaba por días, a pesar de los zumos, los jugos de tortuga y cuantos remedios le proporcionaban los médicos. 

Pocos días después D. Diego de Deza envía carta a los Reyes, que se hallaban ya en Extremadura, advirtiéndoles en ella de la gravedad del Príncipe. D. Fernando oculta a Isabel la mala noticia y parte hacia Salamanca. Encuentra a D. Juan consciente pero extremadamente grave, intenta animarlo diciéndole "que no desfallezca y le recuerda que la esperanza de vivir ha traído la salud a muchos enfermos". Finalmente se produce la muerte del Príncipe , probablemente, el 4 de octubre de 1497. Tenía diecinueve años y llevaba casado apenas seis meses.

La causa de la muerte se desconoce, en aquellos años se dijo que D. Juan había muerto "de amor " y que el fallecimiento se había producido como consecuencia de un exceso de actividad sexual y de tener un cuerpo débil y enfermizo. Según el Dr Gargantilla :"la causa del fallecimiento habría que buscarla , probablemente, en una enfermedad infecciosa, quizás una tuberculosis". No lo sabemos. 




Amortajado con el hábito de San Francisco fue enterrado en el Real Monasterio de Santo Tomás de Avila.

martes, 23 de febrero de 2016

María Antonia de Borbón Lorena, Esposa de Fernando VII







María Antonia de Borbón. - Vte López Portaña. Museo del Prado



Corría el mes de diciembre de 1784 cuando nacía en Nápoles, en el palacio de la Casserta, la duodécima hija de los reyes Fernando IV y María Carolina. Era alegre, rubia, de ojos azules y facciones delicadas. Su educación fue austera y muy completa, como era lógico tratándose de una nieta de la emperatriz María Teresa de Austria. La lectura era, tal vez, una de sus aficiones favoritas y tenía por costumbre apuntar todo lo que leía.

Cuando Napoleón invadió Nápoles la familia real se exilió en Palermo y más tarde la reina María Carolina se trasladaría con sus hijas a Viena. Fue en la capital de Austria donde empezaría a buscar posibles candidatos para que sus niñas hicieran ventajosos matrimonios como correspondía a las hijas de las familias de la realeza. 

María Antonia entró a formar parte de un doble acuerdo establecido entre sus padres y los Reyes de España. El Príncipe de Asturias y por lo tanto futuro rey de España, Fernando, casaría con Maria Antonia y el hermano de ésta, Francisco, heredero al trono de Nápoles, con la Infanta Isabel. Hubo que pedir dispensa al Papa ya que Fernando IV de Nápoles y Carlos IV de España eran hermanos. Una vez obtenido el favor del Papa quedó establecido el acuerdo matrimonial y, aunque a María Carolina parece que no le gustaba demasiado el novio elegido para su hija, se abstuvo de hacer a la futura Princesa de Asturias una descripción detallada de su prometido.

Carlos IV aprovechó la boda de su hijo para pasearse por su Reino, cosa poco frecuente, y así al dirigirse a Barcelona - ciudad donde iba a recibirse a la Princesa y a oficiarse la ceremonia matrimonial - pasó primero por Zaragoza y después del enlace aprovechó para dirigirse a Murcia y a Valencia. La boda, y María Antonia en particular, representaban para Carlos IV tres importantes posibilidades: la primera mejorar el prestigio de los Reyes con un acercamiento a las provincias y con las celebraciones que serían efectuadas en ellas, la segunda procurar el acercamiento entre las coronas de España y Nápoles y la tercera era la posibilidad de consolidar la Corona con un nuevo heredero.

Cuando en Octubre de 1802 María Antonia conoce al que sería su marido sufre una gran decepción y un enorme disgusto. Así lo cuenta ella en una carta que escribió a su primo varios meses después de la boda : " Cuando bajé del coche y vi al Príncipe creí desmayarme…. quedé espantada". Parece ser que en los retratos que había visto de su prometido éste no aparecía ni tan feo ni tan gordo como en realidad era. Para su desgracia no sería ésta la única sorpresa que le esperaba del que en su día sería llamado el rey felón. 


Fernando VII. Francisco de Goya. Museo del Prado

No sería feliz la vida de la Princesa de Asturias en la Corte española. Su suegra, Mª Luisa, la vigilaba estrechamente manteniendo informado a su favorito Godoy de cualquier cosa que la Princesa hacia y además el matrimonio no llegaba a consumarse, de hecho, Fernando no logró el propósito de copular con su esposa hasta un año después de realizarse el matrimonio. No es que María Antonia lo desease pero si se mostraba extrañada y así se lo hacía saber a su madre en las cartas que le dirigía y así se lo contaba su madre al embajador de Nápoles en Madrid en una carta que le escribió :" el marido no es todavía marido y no parece tener deseo ni capacidad de serlo….mi hija es completamente desgraciada". También la reina Mª Luisa informaba a Godoy puntualmente de ésta situación.

El problema de Fernando, fuera cual fuese, se resolvió y llegó el momento de que el matrimonio se consumase y aquí vino el segundo gran disgusto y, probablemente, el susto de la Princesa. Su esposo tenía una macrogenitosomía lo que dificultaba enormemente las relaciones además de hacerlas muy dolorosas para la pobre María Antonia y para mayor disgusto de la Princesa, se dio la circunstancia de que Fernando, una vez hubo probadas las relaciones maritales, se aficionó tanto a ellas que buscaba de continuo a su esposa para llevarlas a cabo. 

Como era de esperar con estos continuos trajines, María Antonia quedó embarazada pero, abortó a los pocos meses. Ese aborto fue descrito con pelos y señales por la reina Mª Luisa en carta escrita a Godoy "esta tarde he presenciado el mal parto de mi nuera…..con un feto más chico que un grano de anís….

A pesar de su débil salud - María Antonia había sufrido ya varios episodios febriles - la Princesa de Asturias se repuso pronto de este aborto y no tardó demasiado en quedar de nuevo embarazada. 

En torno al Principe de Asturias, el futuro Fernando VII, se iba formando un núcleo opositor a Manuel Godoy y al enorme y absoluto poder que éste tenía. Por otra parte el distanciamiento entre Fernando y sus padres era cada vez mayor y estas malas relaciones incluían también a la pobre María Antonia. D. Manuel , que no se fiaba en absoluto de los Príncipes, intentaba someter a éstos al aislamiento político además de espiar cada uno de sus movimientos y todo cuanto acontecía en sus vidas. Toda la corte era conocedora de la desconfianza que los Príncipes inspiraban a los Reyes.

En el verano de 1805 se encontraba la Familia Real en la Granja de San Ildefonso cuando el 18 de agosto se le presentan a María Antonia unos dolores abdominales que hacen temer un nuevo aborto. No quiere la Princesa que se avise a ninguna comadrona y exige ser examinada por el médico de cámara D. Pedro Castelló y Ginestá que será quien la asista en este nuevo aborto. La descripción del mismo la volvemos a encontrar en la misiva que la reina María Luisa le dirige a Godoy "Amigo Manuel, por fin malparió María Antonia …..el feto era más chico que un cañamón chico…". 


Mª Luisa de Parma. - Francisco de Goya. Palacio Real


María Antonia no se repuso de este aborto y la enfermedad que sufría se exacerbó tras el mismo. Según los médicos que la asistían, en noviembre de ese mismo año "había sido invadida por una artritis universal acompañada de calenturas erráticas, opresión en el pecho, palpitaciones, tos y esputos con estrías de sangre y vómitos". La enfermedad continuó su curso y a pesar de los cuidados de los siete médicos de cámara que la asistian se produjo el fallecimiento algunos meses después. 

Los siete profesores que le habían prestado asistencia, realizaron también la autopsia de su cadáver para proceder al embalsamamiento y concluyeron que el corazón era de enorme magnitud y que estaban dilatados los ventrículos, las aurículas y los grandes vasos. El Dr. Gargantilla, basándose en los datos de su autopsia, dice que la enferma padecía una malformación cardíaca que le produjo, con el paso de los años, una cardiomegalia. 

No obstante, por los mentideros de Madrid corrió el rumor de que la Princesa había sido envenenada con una taza de chocolate y lógicamente todos los ojos miraron a Godoy como el autor del envenenamiento. Sin embargo, conociendo la larga enfermedad de María Antonia, nadie, ni siquiera el marqués de Villaurrutia, biógrafo de Mª Luisa, dio credibilidad a estas habladurías, ya que, como decía el propio Godoy: "todo el mundo sabía que la Princesa había llegado ya tísica a España".

Maria Antonia de Borbón Lorena murió el 21 de mayo de 1806 a los veintiún años de edad. Está enterrada en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.