sábado, 13 de septiembre de 2014

Arturo Tudor, Príncipe de Gales





Arturo nació en Winchester en septiembre de 1486. Su nacimiento supuso la consolidación de la dinastía Tudor en el trono de Inglaterra. Su padre, había accedido al trono en 1485 tras la batalla de Bosworth que ponía el punto final a la guerra de las Dos Rosas, y había casado con Isabel de Lancaster consiguiendo de ese modo unir las dos casas reales que habían combatido por el poder y convirtiéndose en Enrique VII de Inglaterra.

No cabe duda por tanto que el nacimiento de Arturo supuso una gran felicidad para sus padres, en él se aunaban las dos rosas y el símbolo de los Tudor. La rosa blanca y roja tenía ya heredero. Fue nombrado duque de Cornualles desde su nacimiento y dos meses después tras su bautismo en la Catedral de Winchester se le nombraría Príncipe de Gales.


Algunos historiadores sostienen que Arturo fue un niño débil y enfermizo, pero otros, como P. Jones, consideran que no existe evidencia para hacer tal afirmación y que, además, los Reyes Católicos no habrían consentido iniciar una alianza matrimonial con una de sus hijas si así hubiese sido. De lo que no cabe duda es que su educación fue esmerada. Sus tutores J. Rede y B. André le instruyeron en latín y griego y parece ser que leía a los clásicos desde muy temprana edad. Era un joven rubio, pálido y de aspecto frágil, de carácter reservado y tímido, muy estudioso y al que gustaba cazar y pasear a caballo.

Tenía Arturo dos años cuando se inician las negociaciones para su futuro matrimonio con la Infanta española Catalina de Trástamara, hija de los Reyes Católicos. D. Rodrigo González de Puebla y D. Juan de Sepúlveda, ambos doctores en derecho serán los encargados por parte de Fernando y de Isabel de la negociación. Por su parte, Enrique VII habilitará a John Weston y a Henry Ainsworth, entre otros, para concluir ese tratado de alianza. Las negociaciones fueron arduas pero a ambos Reinos les interesaba llegar a un acuerdo y éste se firmará en Medina del Campo en 1489, a pesar de lo cual, se continuará  negociaciando sobre la dote matrimonial y sobre como asegurar mejor los intereses de Catalina en Inglaterra.

Arturo había llegado ya a la edad de 14 años y por lo tanto estaba en disposición de hacer efectivo el matrimonio, pero no será hasta un año después que la Infanta Catalina emprenda viaje desde Granada hacia Londres. Los preparativos para la boda hace ya más de dos años que se han iniciado cuando la Infanta llega al puerto de Plymouth. La comitiva se dirigírá hacía Londres, pero, tanto el rey como Arturo, ansiosos por conocer a la novia, acudirán a su encuentro en la pequeña localidad de Dogmersfeld. Esta sería la primera vez que Catalina y Arturo se vieran en persona y parece ser que además de los distintos discursos en latín hubo danzas y música y los cronistas reflejan que Arturo "danzó agradable y honorablemente". Al Príncipe le gustó su prometida. La Infanta tenía el pelo rojizo, era de tez blanca y presentaba un buen color en sus mejillas. Físicamente parecía más inglesa que española, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta su ascendencia.

Catalina de Aragón- Juan de Flandes-Museo Thyssen-Bornemisza

El 14 de noviembre de 1501 se celebró en la Catedral de San Pablo el rito matrimonial oficiado por el arzobispo de Canterbury. Tres horas duró la ceremonia y tras ella los novios salieron de la catedral asidos de la mano. El pueblo vitoreó a los recién casados y las campanas repicaron en toda la ciudad.

El banquete nupcial se llevó a cabo en la Gran Cámara del palacio de los obispos de Londres y cuentan que fue esplendido. Tras él se realizó el último de los rituales, la preparación del lecho nupcial, que, según costumbre, corrió a cargo de nobles ingleses y españoles. Por ellos serían acompañados los príncipes hasta el tálamo. Una vez instalados en el lecho, los nobles saldrían de la cámara dejándolos solos. Los festejos duraron hasta el 29 de noviembre y hubo música, canto y Justas Reales. Parece ser que los Reyes Católicos regalaron a su hija por sus esponsales una hermosa ventana de vidrieras flamencas que se encuentra en la iglesia de Sta Margarita de Londres, pero dado que ésta no llegó a Inglaterra hasta 1509  se presentan dudas respecto a si el regalo se realizó por los esponsales con Arturo o por su posterior enlace con Enrique.

Tapiz conmemorativo de los esponsales de Catalina y Arturo-Oxford

Tras la boda, los príncipes fueron enviados al castillo de Ludlow ya que esta localidad era la capital de los dominios del principado de Gales.

Poco sabemos de cómo trascurrió su vida durante los cinco meses que duró su matrimonio pero si sabemos que fue un invierno muy frío y húmedo. A finales de marzo, Arturo enferma. Un proceso febril parece consumir sus fuerzas. La joven esposa no se separa del lecho del paciente, pero también ella comienza a tener fiebre, por lo que es apartada de su lado.

Finalmente Arturo fallece. Era el 2 de abril de 1502. Las causas de su muerte se desconocen. Algunos hablan de que pudo morir como consecuencia de una tisis pulmonar, dado que Catalina dijo tras la muerte del príncipe que el matrimonio no había sido consumado debido al estado enfermizo de Arturo. También se ha especulado con la idea de que fuera la llamada “enfermedad del sudor ingles” lo que le produjera la muerte. Esta enfermedad, muy contagiosa y de alta mortalidad, afectó a Inglaterra durante algunos años en distintos brotes epidémicos, uno de los cuales se produjo en 1502.

Tres semanas después de su muerte y en procesión funeraria, el cuerpo de Arturo fue trasportado desde el castillo de Ludlow hasta la catedral de Worscerster aunque no existe certeza de que fuera enterrado allí. Catalina, convaleciente - no sabemos si de la misma enfermedad que llevó a la tumba a su esposo-  no acudió a la ceremonia.

Algunos historiadores apuntan que Enrique VII quiso honrar a su muy querido primogénito y según la Sociedad Arqueológica e Histórica de Canterbury, la Christchurch Gate (entrada principal a la catedral) que fue construida entre 1504 y 1521  se habría erigido en honor al príncipe. En esta entrada aparecen los escudos de los Príncipes de Gales y además, dos cabezas de piedra que han sido identificadas como Arturo y Catalina. No obstante, sobre este punto hay controversias entre los distintos historiadores.

Christchurch gate- Catedral de Canterbury

La muerte de Arturo supuso que su hermano Enrique fuera entronizado pocos años después como Enrique VIII y supuso también un gran cambio politico y social.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Isabel de Borbón y Médicis



Isabel de Borbón y Médicis. F. Pourbus el joven



Hija de Enrique IV de Francia -" París bien vale una misa" dicen que exclamó su padre para lograr ser coronado rey del país vecino- y de María de Médicis, nació Isabel en Fontainebleau un 22 de noviembre de 1603. Como era costumbre en la época se le buscará rápidamente marido pues, ya se sabe que las princesas eran moneda de cambio para futuras alianzas entre países y, por ello, se iniciarán las negociaciones con los Duques de Saboya pero, el futuro prometido italiano de Isabel muere tempranamente dando al traste con este proyecto. Los buscadores de esposo mirarán entonces hacia Inglaterra pero, el rey inglés no se entusiasma con la idea de este matrimonio, así que, como a la tercera va la vencida, las gestiones con España si darán su fruto y a pesar de que por distintas circunstancias el proyecto se arrinconó en alguna ocasión, el matrimonio por poderes de la princesa francesa y del príncipe español tendrá lugar en octubre de 1615.

Isabel había tenido una educación esmerada y hablaba español e italiano, era delicada, tenía buen porte y ya a esa edad - cuenta tan sólo 12 años - promete ser tan bella como su madre. Su inteligencia y sensibilidad quedó de manifiesto cuando nada más traspasar la frontera cambió sus galas francesas por otras a la moda española que era mucho más austera. Según parece, el Príncipe de Asturias, que solo contaba 10 años de edad pero en el que ya se intuía una desmedida afición a las mujeres, quedó deslumbrado por la belleza de su esposa. Nada sabemos del efecto que el futuro Felipe IV causó en Isabel.


Felipe IV. Diego Velázquez-Museo del Prado


Durante los cuatro años siguientes Felipe e Isabel se verán en muy pocas ocasiones y siempre lo harán acompañados de altos personajes, encopetadas damas o del propio Rey, probablemente, por miedo a que el lujurioso príncipe sufriera alguna tentación y se lanzara sobre la princesa antes de lo conveniente. En noviembre de1620, cuando la Princesa tiene 17 años, se permite la consumación del matrimonio ya que Felipe se mostraba " ardorosamente deseoso de ello" y no cabe duda de que el "ardor" del Príncipe debió ser grande porque Isabel quedó embarazada de inmediato.

Pocos meses después, en Marzo de 1621, muere Felipe III convirtiéndose Felipe e Isabel en Reyes de España. La nueva Reina era esbelta y bella, estaba deseosa de agradar a sus súbditos y poseía una clara inteligencia y una personalidad equilibrada, todo lo contrario que el nuevo Rey que carecía de voluntad propia y cuya mayor preocupación parecía ser la de agradar a sus "súbditas". 

En Agosto de ese mismo año dio a luz Isabel a su primera hija que moriría a las pocas horas. Mientras Isabel se recuperaba del parto su esposo, el Rey Felipe IV, se entretenía con otras mujeres ya que, de alguna forma tenía que sofocar aquellos "ardores" que le consumían constantemente. El conde-duque de Olivares, ministro de su Majestad, conocía bien las debilidades del monarca y le procuró todo aquello que más podía satisfacerle. Si el Rey estaba entretenido, él podría hacer y deshacer a su antojo los asuntos de Estado, lo cual le convenía. Sabía también Olivares que la Reina poseía todo la fuerza de voluntad de la que carecía su esposo además de una mayor inteligencia, por lo que tener ocupado al Rey en otros lechos suponía una doble ventaja 

Isabel de Borbón. Rodrigo de Villandro

En noviembre de 1623, Isabel da a luz una nueva infanta que murió a los pocos días. Entre embarazo y embarazo la Reina, que intentaba emular a su predecesora y que había estudiado los gustos y costumbres del pueblo español, invertía su tiempo en fundar conventos, dotar a las damas que entraban en religión y en organizar saraos. Mientras tanto, el Rey invertía gran parte del suyo en llenar de bastardos la villa de Madrid. Estas andanzas del Rey no significaban que desdeñara a su esposa, muy al contrario, la Reina siempre le gustó pero, simplemente no quería extenuarla. 

Isabel estaba enterada de los devaneos amorosos de su esposo pero como procedía de la corte francesa y allí lo natural eran los adulterios tampoco se escandalizaba. No obstante, hacía que se representaran en los salones de palacio funciones de comedia que escribían para tal fin Quevedo y Mediana, en un vano intento de evitar que con las excusa de asistir a las novedades teatrales de la Villa, su esposo siguiera cayendo en brazos de las comediantas. 

Una de ellas, llamada "la Calderona", le dio el único hijo al que D. Felipe accedió a reconocer y al que llamó D. Juan José de Austria . Este hecho provocó un gran enfado en la Reina, que durante unos días cerró las puertas de su dormitorio a D. Felipe. Cuando las volvió a abrir el Rey había salido a visitar Aragón, Valencia y Andalucía y le había dejado encomendada la tarea de despachar los asuntos de Estado. Poco gustó al conde-duque tener que dar cuentas a la Reina. 

El Príncipe Baltasar Carlos. Diego Velázquez

Por fin en Octubre de 1629 nació el ansiado varón, habían muerto ya en esta fecha las cuatro hijas de los Reyes que le precedieron, y a este niño, que fue un rayo de esperanza, se le impondría el nombre de Baltasar Carlos. Cinco años más tarde la Reina dará a luz de nuevo una niña que fallecerá poco después. En 1638 Isabel tendrá su último alumbramiento, también una niña a la que se impondrá el nombre de Maria Teresa y que será la única de sus hijos que llegará a la edad adulta. Poco podía imaginar la Reina que a través de esta Infanta la dinastía de Felipe IV continuaría hasta nuestros días. 

Lógicamente los historiadores han especulado sobre las causas de la desastrosa historia obstétrica de Isabel, algunos lo atribuyen a una lues materna trasmitida a Isabel por su voluptuoso padre, otros a una posible sífilis de D. Felipe, aunque en la historia de Isabel no predominan los abortos ni los nacidos muertos y además según Marañón la debilidad de los hijos legítimos contrasta con la vitalidad de los hijos naturales del Rey. Según se cuenta, D. Felipe comentó este hecho con el médico Mendoza quien parece ser que le contesto: "Señor, es que a la Reina sólo le dedicáis las escurriduras" 

El reinado de Felipe empieza a complicarse, los desaciertos políticos del conde-duque de Olivares se hacen dramáticamente patentes. En el año 1643 la situación es alarmante, Isabel tiene cuarenta años, nunca se ha inmiscuido en los asuntos de estado, pero en aquel momento considera que es su deber hacerlo, así que, coge a su hijo Baltasar Carlos de la mano y se presenta en la cámara del Rey. Isabel que siempre pareció sumisa se expresa con una cordura propia de un experimentado político y dice al Rey que si ama a sus súbditos, si no quiere exponerse a perder el trono, si desea pasar a la historia como un digno sucesor de los reyes que le precedieron y si desea que su hijo sea un día rey de España deberá apartar de inmediato al conde-duque de Olivares del poder. Así lo hace el Rey que destituye a su ministro de todos sus poderes y le obliga a retirarse a Loeches. 

Isabel de Borbón. Diego Velázquez

A comienzo del otoño de 1644 mientras el Rey se encuentra en Aragón se le presenta a Isabel un acceso de fiebre y trastornos gastrointestinales brotándole a las cuarenta y ocho horas una erisipela grave que afecta al rostro, cuello y garganta. De inmediato, la Reina prohibió que su hijo la visitara alegando que "reinas para España hay muchas pero príncipes muy pocos". Se le practicaron sin éxito hasta ocho sangrías en pocas horas, se llevó a su aposento el cuerpo de San Isidro y los habitantes de Madrid hicieron procesiones y rogativas, pero todo fue inútil. 

Isabel de Borbón y Médicis, primera esposa de Felipe IV, fallecía en la tarde del seis de octubre, cuando todavía no había cumplido los cuarenta y un años de edad. Esta enterrada en el Panteón de los Reyes del Monasterio del Escorial. Fue una buena esposa y fue también una digna Reina.

viernes, 20 de junio de 2014

D. Jaime de Borbón y Battenberg



Jaime de Borbón

Fue el segundo hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg y por lo tanto Infante de España. Nació el 23 de junio de 1908 en el Palacio Real de la Granja, a la una y media de la madrugada. D. Jaime nació sordo aunque algunos sostienen que quedó sordo a los cuatro años como consecuencia de una mastoiditis. En aquel momento, el "defecto" fue ocultado a la opinión pública, como también lo fue la hemofilia de Alfonso, su hermano mayor.

Según explica José Aperazena el hecho de ser sordo constituyó una limitación que lo marcó de por vida y que tuvo consecuencias políticas para él y sus sucesores.

Su educación se confió a dos religiosas, sor María y sor Avelina que tenían experiencia pedagógica con niños sordos y gracias a ellas, D. Jaime aprendió a leer en los labios y a hablar en español y más tarde también aprendería a hacerlo en francés, ingles, alemán e italiano. Tenía eso sí una voz gutural y se ayudaba mucho con los gestos, a pesar de lo cual representó al Rey Alfonso XIII en numerosos actos oficiales.

Durante años fue tratado por distintos especialistas en un vano intento de solucionar su problema. Acudía regularmente a Burdeos para recibir tratamiento de los Dres Portman y Moore , también en Italia fue tratado por el Dr Trafelli sin resultados positivos.

Según José María Zavala, D. Jaime era una persona sensible, muy inteligente, inseguro, dependiente de su entorno y proclive a dejarse influenciar por quienes lo rodeaban. Sentía un profundo amor por su madre y estaba muy unido a su hermano mayor, el Príncipe de Asturias, D. Alfonso.

D.Jaime y D. Alfonso de Borbón

D. Jaime acompaña a su madre hacia el exilio la noche del 15 de abril de 1931. El Rey Alfonso XIII ya había partido hacia Cartagena. Las banderas republicanas ondeaban en las calles y plazas de Madrid.

 Ya en el exilio y dos años después de la proclamación de la República, el entonces Príncipe de Asturias, D. Alfonso, renunciaría al trono español para contraer matrimonio morganático con la cubana Edelmira Sanpedro. Automáticamente D. Jaime pasaría a ser el heredero legítimo de la Corona de España. Esta situación no era del agrado de Alfonso XIII que deseaba como heredero a su hijo Juan, el único varón "sano" de la Familia Real.

D.Jaime es llamado por su padre a Fontainebleau. Allí el Rey, junto con el marques de Torres de Mendoza, Luis Miranda, Calvo- Sotelo y el conde de Ruidoms le convencen para que realice su renuncia al trono. Le dicen que dada la situación política en España, su minusvalía significaría una seria dificultad para la restauración monárquica y le aseguran que en el futuro no tendrá ningún problema económico, ya que, este sacrificio será recompensado, se sufragarán todos sus gastos y podrá llevar la vida que corresponde a un príncipe. D. Jaime se apresuraría a firmar. Era el 23 de junio de 1933. A partir de entonces utilizó el titulo de Duque de Segovia.

A pesar de la renuncia, Alfonso XIII tenía sus dudas y consideró que lo mejor sería casar a D. Jaime con una persona "no adecuada" lo que evitaría posibles tentaciones de su hijo en cuanto a invalidar el documento firmado. Así pues, se le buscó una esposa acorde con sus intereses, lo bastante aristocrática para emparentar con un Borbón pero sin sangre real. De este modo, la renuncia de D. Jaime quedaba asegurada al contraer como ya hiciera su hermano un matrimonio morganático

La elegida fue Emmanuela de Dampierre y Rúspoli, hija de un noble francés y de una princesa italiana, y el matrimonio se celebró en Roma, en la iglesia de San Ignacio de Loyola el 4 de marzo de 1935. Fue una boda, como tantas otras, de interés, sin que mediara el amor por parte de ninguno de los contrayentes. De este matrimonio nacieron dos hijos, Alfonso y Gonzalo. La renuncia que había firmado D. Jaime impedía a sus descendientes aspirar al trono de España y este hecho junto con la falta de amor , algunas infidelidades y las penurias económicas- puesto que el Rey no cumpliría la promesa que le hiciera en Fontainebleau- pesaron tanto en el ánimo de Emmanuela que tomó la decisión de romper el vinculo matrimonial. Se divorciaron en mayo de 1947, en Bucarest.

Boda de D. Jaime de Borbón

Dos años más tarde, en agosto de 1949, D. Jaime contrae nuevo matrimonio. La elegida sería una prusiana cantante de ópera llamada Carlota Tiedemann y que lo llevaría a la ruina económica y moral.

La ley de sucesión promulgada por Franco en 1947 requería que el futuro sucesor tuviera más de 30 años y fuera de estirpe real, así que la ambiciosa Carlota consideraría que su flamante marido cumplía con todos los requisitos y parece ser que instó a D. Jaime para que reclamara su derecho al trono, sobre la base de que su renuncia, al amparo de la nueva ley de sucesión no tenía trascendencia jurídica. El documento intentando invalidar la renuncia se presentó en diciembre de 1949. A partir de ese momento las relaciones con su hermano Juan, convertido en heredero al trono, se deterioraron.

Su matrimonio con Carlota fue turbulento, ella bebía alcohol en exceso, las discusiones entre la pareja eran constantes y el poco dinero que tenían estaba siendo dilapidado. Esta última circunstancia fue el argumento que utilizaron sus hijos cuando en 1960 iniciaron un expediente ante un tribunal francés pretendiendo incapacitar a su padre por un supuesto desequilibrio mental. El Dr. Alajouamine asistido por el Dr, Denike fueron los encargados del examen, concluyendo ambos que D. Jaime estaba en pleno uso de sus facultades mentales. Eso sería lo que el tribunal dictaminó, obligando a sus hijos a pagar las costas. Duro trance para un padre.

Cuando en 1969, Franco decide que la monarquía en España será "instaurada" a su muerte, y que el sucesor a titulo de rey será su sobrino D. Juan Carlos, cesa en sus pretensiones como heredero.

Moriría seis años después en el hospital suizo de Saint-Gall a causa de una hemorragia cerebral tras estar tres semanas en coma. Según explica Zavala, la hemorragia se produjo como consecuencia de un botellazo en la cabeza que le propinó su esposa Carlota en el transcurso de una discusión. No se realizó autopsia.

D. Jaime de Borbón

Los restos de D. Jaime de Borbón y Battenberg, heredero a la Corona de España durante diez días y Duque de Segovia y de Anjou, fueron trasladados 10 años después de su muerte y por deseo del Rey D. Juan Carlos I al Panteón de Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

miércoles, 4 de junio de 2014

Leopoldina de Austria. Emperatriz de Brasil



Leopoldina de Austria. J. Kreutzinger


Nació en Viena, en el palacio de Schönbrunn, un 22 de enero de 1797. Era hija del entonces emperador del Sacro imperio Romano-Germánico Francisco II y de Maria Teresa de las Dos-Sicilias y por lo tanto Archiduquesa de Austria.

Su infancia transcurrió mientras Europa atravesaba una difícil coyuntura política, las guerras napoleónicas acabaron desmoronando el Sacro Imperio y su padre terminó, por exigencias de Napoleón, siendo el emperador Francisco I de Austria. No obstante, su educación fue esmerada y su vida familiar simple y tranquila. Su madre murió cuando Leopoldina contaba diez años de edad y fue la tercera esposa de su padre la que se encargaría de su educación. Aprendió idiomas, historia y se sintió especialmente atraída por las ciencias naturales.

En 1816, su padre, el emperador Francisco I, consideró que una alianza con Portugal era lo más conveniente para reforzar el comercio exterior de Austria. Por otra parte, Juan VI del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbe también deseaba la celebración de este matrimonio. El príncipe heredero Pedro, vivía con sus padres, los reyes, en Brasil desde que Napoleón había invadido Portugal, así que, en Brasil estaba el destino de Leopoldina. 

La boda se celebró por poderes y la princesa embarcaría poco después en Livorno rumbo a Río de Janeiro, y allí llegaría el 5 de noviembre, acompañada de un nutrido grupo de científicos curiosos por descubrir un país tan desconocido para los europeos.

Pedro I de Brasil-S. Rodrigues de Sá

Leopoldina se enamoró a primera vista del príncipe Pedro aunque al parecer no le ocurrió lo mismo a él. La educación del príncipe había estado totalmente descuidada, era bebedor, pendenciero y mujeriego y su flamante esposa era refinada, educada, culta y no poseía los atributos físicos capaces de atraerle. También le impresionó vivamente a la princesa su nuevo país, los colores, la exuberancia de la vegetación y sin duda el clima bochornoso y sofocante para alguien que llegaba de Austria.

El matrimonio se instaló en el palacio de San Cristóbal en la Quinta Boa Vista. Leopoldina, que era una mujer sencilla se acostumbró pronto a una vida y a un escenario tan distinto a aquel del que procedía. Escribía habitualmente a los miembros de su familia y en sus cartas daba descripciones exactas de su hogar. Estaba convencida, así lo deja claro en sus cartas, que tenía que cumplir con sus deberes para con Brasil, intentando reforzar el papel político y económico de este gran país y por tanto participaba activamente en el auge de su nueva patria.

Desde 1819 y hasta el año de su muerte Leopoldina tuvo un hijo por año. A pesar de lo que pueda parecer por sus continuos embarazos, la princesa fue enormemente desgraciada en su matrimonio. Las infidelidades de su esposo fueron continuas desde el mismo día de su matrimonio demostrando además tener un carácter sumamente violento.

Palacio de San Cristobal

Durante esos años la inglesa Mary Graham se convirtió en su mejor amiga y en su confidente. A esta mujer inteligente, intelectual, independiente y con ideas modernas confió Leopoldina la educación de sus hijos y Mary se instaló en el palacio hasta que las intrigas en la corte y los conflictos con Pedro, que no aprobaba sus métodos educativos, la apartaron de este cometido. No obstante, siguió viviendo en Río y manteniendo un estrecho contacto epistolar con Leopoldina y no cabe duda que su influencia fue positiva y aumentó la autoestima de la princesa. El que algunos estudiosos del tema hayan pretendido encontrar en la correspondencia de ambas “algo más” que una profunda amistad carece por completo de fundamento.

A principios de 1821 su suegro, Juan VI, regresa a Lisboa dejando a su hijo como regente. Desde ese momento los privilegios de los que había disfrutado Brasil durante los 13 años en que Río de Janeiro fue la capital del imperio desaparecen. Por un lado Portugal exigía el regreso del Príncipe y por otro los nacionalistas luchaban por la independencia de Brasil. En la correspondencia de Leopoldina a su familia queda claro que la Princesa simpatizaba con el movimiento independentista.

Finalmente, Pedro declara en septiembre de 1822 la independencia de Brasil. En octubre Leopoldina se convierte en la primera emperatriz del nuevo estado.
Días antes de la proclamación de independencia Pedro conoce a una tal Domitila de Castro, en Sao Paolo, lugar al que había acudido para apaciguar una revuelta. La pasión surge entre ambos con tal fuerza que el ya Emperador que hasta entonces había mantenido a sus amantes discretamente apartadas de la Corte, exhibe a Domitila por todos los lugares. Le compra una casa cerca del palacio de San Cristóbal y le concede el título de vizcondesa de Santos.

Domitila de Castro- Fco Pedro de Amaral

Tras su participación activa en la vida política de Brasil, este adulterio de su marido, conduce a Leopoldina a una depresión y sufrimiento mental que deja patente en sus cartas, abandona poco a poco el escenario social y siente que su función es meramente reproductiva. Propensa como era a la depresión cae sumida en ella .

La emperatriz esta embarazada de nuevo cuando en octubre, Pedro I nombra a su amante marquesa de Santos, este nombramiento y las continuas noches que Pedro pasaba con su Domitila, conducen a Leopoldina a la desesperación.

A finales de 1826 la salud de la Emperatriz era ya precaria, los continuos embarazos la habían agotado y la flagrante infidelidad de su esposo habían acabado por minar su resistencia. Cuando Pedro pretende que su amante, la marquesa de Santos, acompañe a Leopoldina a una ceremonia oficial la Emperatriz se niega. Se iniciará entonces una violenta discusión, que a decir de algunos, terminó con un puntapié que el Emperador propinó a su esposa. Sea como fuere lo cierto es que Leopoldina abortó y que el aborto le provocó una septicemia que acabó con su vida. 

La emperatriz Leopoldina con sus hijos-D. Failutti

¿Fue Leopoldina de Habsburgo-Lorena, Archiduquesa de Austria y Emperatriz de Brasil, víctima de la violencia de género, ó es tan sólo una leyenda urbana? Lo cierto es que no hay documentación que avale el posible golpe propinado por Pedro. No obstante, tres días antes de su muerte, la Emperatriz dicta una carta a la marquesa de Aguiar destinada su hermana María Luisa, en la que pueden leerse frases como estas: "por el amor de un monstruo seductor me encuentro reducida a un estado de mayor esclavitud …… Últimamente, me acaba de dar la prueba final de su total olvido de mí, maltratarme en presencia de la que es la causa de todas mis desgracias……… me falta la fuerza de recordar el horrible ataque que sin duda será la causa de mi muerte".

 Los restos de la familia imperial fueron exhumados en 2012 a instancias de la historiadora y arqueóloga Valdirene Do Carmo y los exámenes realizados, que contaron con el apoyo de la Facultad de Medicina de Sao Paolo, no constataron ninguna fractura ósea.

Leopoldina murió el 11 de diciembre de 1826. Sus restos fueron depositados en la Cripta Imperial de Sao Paolo.

lunes, 26 de mayo de 2014

Jorge III del Reino Unido



Jorge III. A. Ramsay

Jorge III nació prematuramente el 4 de junio de 1738, era el segundo de los hijos de los Príncipes de Gales, y fue el primer monarca de la casa Hannover que nació en Gran Bretaña y también el primero en utilizar el inglés como lengua materna. 

Cuando contaba trece años murió su padre, pasando a convertirse en Príncipe de Gales. Su madre, que no tenía unas buenas relaciones con el Rey Jorge II, procuró mantenerlo separado de su abuelo y cercano al conde de Bute, quien fue el que ejerció una mayor influencia durante la adolescencia del Príncipe. 

En 1760 muere su abuelo y Jorge pasa a convertirse en el Rey Jorge III. Se considera, por tanto, que ha llegado el momento de buscarle esposa y como es lógico pensar, se busco candidata en toda Europa. Finalmente, la elegida fue Carlota de Mecklemburgo-Strelitz. Jorge la conoció el mismo día de su boda y parece ser que quedó desagradablemente sorprendido por los pocos atributos físicos de la novia. A pesar de ello, su comportamiento fue ejemplar, no se le conocieron amantes y la pareja tuvo nada menos que quince hijos. Carlota se tomó muy en serio su papel de paridora de futuros herederos. Era además una mujer culta y con un gran amor por las artes y especialmente por la música, afición que compartía con el Rey, por lo que es posible que al final Jorge incluso llegara a amar a su esposa. 

La Reina Carlota. A. Ramsay

En el inicio de su extenso reinado, Jorge III no manifestó síntomas de debilidad mental, aunque si parecía tener un temperamento muy nervioso. Los primeros años de su reinado se presentaron convulsos: cambios de primer ministro, guerra de la independencia con Estados Unidos, pérdida final de las colonias y posteriormente la guerra con España y Francia. Quizá por esta razón los primeros síntomas, taquicardia, insomnio y fatiga, que aparecieron en 1765 fueran considerados más propios de su temperamento y de la situación política que de una incipiente enfermedad. Wilhen Treule señala, por el contrario, que Jorge III mostró desde su niñez una escasa capacidad intelectual que suplía con una gran fuerza de voluntad, una gran actividad y energía y un gran sentido de la moralidad y de la estética. Jorge III fue un rey popular que logró el arraigo en su país que no consiguieron los dos Jorges que le precedieron considerados "reyes extranjeros y grotescos”. Jorge, era “todo un ingles” en su aspecto, en sus modales y en su lenguaje y fue amado por su pueblo.

En 1788 Jorge sufre su primer ataque severo. Se describe que a las alteraciones en su piel se unía un color amarillo en sus ojos, dolor abdominal y coloración oscura de la orina además de piernas hinchadas, convulsiones e intensa verborragia, sudaba copiosamente y el estado de su mente mostraba alternativas extremas pero sin volver nunca a la normalidad. Muchos fueron los médicos que trataron al real paciente: Francis Willis, George Baker, Lucas Pepys y W. Heberden. La terapia seguida fue muy estricta y variada, chalecos de fuerza, sillas giratorias, además de distintas drogas. A los quince días Jorge empezó a mostrar mejoría y tras unos baños de mar su salud se restableció, por lo que sus médicos ganaron en consideración

En 1804 el Rey tras un resfriado sufre un nuevo ataque. De nuevo apareció el pulso rápido, las orinas oscuras, la fiebre y el delirio. Dos semanas después la sintomatología se agravó y entró en coma alternándose después los episodios de mejoría y agravamiento. Se le mantenía prácticamente incomunicado y se le llegaron a aplicar sanguijuelas en la espalda y la cabeza, así como ventosas. Poco a poco la normalidad fue apareciendo y el Rey volvió a ocuparse de los asuntos del Estado. Fue la época de la guerra con Francia, del ministerio de Pitt el joven, de la coalición con Austria, Rusia y Suecia, de Nelson y de la victoria en la batalla de Trafalgar
Jorge III. W. Beechey. National Portrait Gallery

En 1810, Jorge sufre una nueva recaída, reaparecen los estados febriles, la agitación, las alucinaciones y la logorrea. El equipo médico vuelve a administrarle tártaro emético y se le sangra en diversas ocasiones además de aplicarle las terapias con las que habitualmente se le había tratado El Parlamento solicita a sus médicos un pronostico de la enfermedad. El equipo médico emite sus conclusiones: “el Rey esta loco”. El Parlamento nombra regente al Príncipe de Gales. Jorge III queda apartado definitivamente de las labores de Estado.

El Rey fue perdiendo progresivamente la vista y el oído. La pérdida de apetito lo condujo a un estado de desnutrición. En la navidad de 1819 y tras un nuevo "ataque" - parece ser que estuvo hablando durante 58 horas seguidas- Jorge entró en coma y en este estado terminó sus días el 29 de enero de 1820, mientras era asistido por el eminente Dr. Baillie. 

Los historiadores médicos Ida Macalpine y Richard Hunter en su libro “Jorge III y la locura” llegan a la conclusión de que la enfermedad del Rey era una Porfiria neurovisceral aguda intermitente, alteración metabólica cuya sintomatología se corresponde con los trastornos descritos por los médicos que atendieron a su majestad. En un estudio retrospectivo realizado por estos autores, se afirma que hay evidencia de que la Porfiria se inició en María Estuardo y que es ella quien la trasmite a sus descendientes. 

La revista médica británica The Lancet ha publicado un artículo en el que señala que el análisis químico de un mechón de cabello del monarca, que se conserva en el Instituto de la Ciencia de Londres ha puesto de relieve la existencia de altas concentraciones de arsénico en el mismo. El profesor Martín Warren de la Universidad de Kent, sostiene que aunque hay varias fuentes posibles de la procedencia del arsénico, tales como las pelucas, los polvos de las mismas e incluso las cremas faciales, lo más probable es que fuera el tártaro emético que contiene antimonio y que le fue administrado por sus médicos la fuente de contaminación. 

Según Warren, estos hallazgos ayudarían a explicar porque los “ataques” del Rey eran tan severos y prolongados. Este profesor considera, al igual que Macalpine y Hunter , que tras haberle sido diagnosticado porfiria, en 1968, a un miembro de la familia real, existen evidencias suficientes para asegurar que Jorge III padecía esta enfermedad. 

Sin embargo el Dr. Anderson, profesor de medicina preventiva de la Universidad de Texas y miembro de la junta de asesores médicos de la American Porphyria Foundation, manifiesta su escepticismo ante estas conclusiones y considera que las investigaciones realizadas sólo ponen de manifiesto que la enfermedad de Jorge III podría deberse a un envenenamiento por arsénico y concluye diciendo que los informes de que algunos miembros de la familia real padecían porfiria no han sido documentados.

Así que seguiremos a la espera de lo que nos digan los investigadores. 

El Rey Jorge III fue enterrado en Windsor en la Capilla de San Jorge.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Luis XV de Francia



Luis XV - Gobert - Fundacion Yannick


Luis nace en el Palacio de Versalles, el 15 de febrero de 1710. Era el tercer hijo del matrimonio formado por Luis, duque de Borgoña y Adelaida de Saboya. Su bisabuelo, Luis XIV, reinaba en esos momentos en Francia. No era de esperar por tanto que llegara a ser  rey ya que, por delante de él en la línea de sucesión, estaban su abuelo y su padre e incluso su tío (el que un día, ocuparía el trono de España como Felipe V ) si su abuelo y su padre morían antes que Luis XIV pero, la enfermedad y la muerte cambiarían su destino.

Tenía tan solo dos años cuando ve desaparecer de su lado a su abuelo, a su padre, a su madre y a su hermano. Tres años después fallece Luis XIV, su bisabuelo, dejándolo solo en una corte dominada por el luto y a merced de los regentes. Continuará, durante dos años más, al cuidado de su gobernanta, Madame de Ventadour, la única persona que le da el cariño necesario a un niño y a la que Luis llama "mamá" pero, según la costumbre de los hijos de Francia, a la edad de 7 años su educación y cuidado debe pasar a manos de los hombres, por lo que también es separado de ella.

Es muy posible que en ésta infancia sin padres, sin amigos, sin alegría, desprovista de cariño, con un exceso de halagos y poca disciplina, sea dónde haya que buscar los orígenes de ese carácter vanidoso, caprichoso, violento a veces, tímido, indolente y propenso a la melancolía que le caracterizó. Luis solo manifestó en esos años una gran afición, la caza, afición que perduraría durante toda su vida.
Felipe de Orleáns - J.B. Santerre - Museo del Prado

Siguiendo la voluntad de su bisabuelo, Luis XIV, la regencia de Francia fue asumida por el Duque de Orleáns, que no tuvo ningún reparo en seguir llevando su vida libertina y escandalosa a pesar de la responsabilidad adquirida. Nombró como preceptor del pequeño Luis al obispo André Fleury quien trató de mantenerlo alejado de las orgías que se desarrollaban en el Palais-Royal pero que no haría nada para acabar con su pereza natural ni para instruirle.

En Reims, en octubre de 1712, es coronado Luis XV, pero el destino de Francia continuará en manos del regente.

Durante los primeros años de su adolescencia y a pesar de la desenfrenada atracción por el sexo femenino que manifestaría posteriormente, las relaciones de Luis parecen ser exclusivamente masculinas y su biógrafo, Maurice Lever le atribuye relaciones homosexuales con algunos de sus amigos, basándose sobre todo en lo que le manifiesta Voltaire a la marquesa de Berniéres en carta escrita en 1724. En julio de ese mismo año se organiza en Chantilly una cacería con el único objeto, según parece, de despertar a su Majestad el gusto por las mujeres. Se consigue y Luis desde entonces manifestará una inclinación exagerada hacía el sexo femenino. 

Luis XV - Rigaud - Palacio de Versalles

Dado que una de las preocupaciones era que Luis diera herederos al trono, en 1725 se inicia la búsqueda de una futura esposa. No será fácil pues todas presentaban algún inconveniente pero al final la elegida sería María Leszczynska, la hija del destronado rey de Polonia,  celebrándose la ceremonia matrimonial en 1725, en la catedral de Reims.

Al inicio del matrimonio parece ser que la pareja se mantuvo muy unida, pero sea por los continuos embarazos de la Reina o por la influencia de Fleury que no deseaba que nadie interfiriera en el poder que ejercía sobre Luis, lo cierto es que se fueron distanciando. No obstante la Reina cumplió con su deber y dio nada menos que diez hijos al rey de Francia aunque, harta de tanto embarazo, le rogó al Rey que se abstuviera de hacerle más visitas nocturnas. A partir de entonces y hasta la muerte de María, ocurrida en 1768, vivirían separados.

Hasta 1737 las aventuras extramatrimoniales de Luis se realizan de incógnito, pero, sus cortesanos empiezan a pensar que había llegado el momento de que Luis tuviera una amante oficial y todos intentarán presentar al Rey a su candidata. Al fin y al cabo, conociendo a Luis, se sabía que quien dominara a la favorita dominaría al Rey. El cardenal Fleury, convertido en su "primer ministro" de hecho aunque sin nombramiento oficial tras la muerte del duque de Orleáns, también ofertaría a su candidata que finalmente sería la elegida: Madame de Mailly. Después de ella vendrían sus dos hermanas que también se convirtieron en concubinas del Rey pero, a pesar de estas amantes oficiales, el rey continuaría desfogando sus apetitos carnales con cualquier jovencita que le saliera al encuentro, fuera cual fuera su condición social. La caza, el vino y las mujeres constituían su principal ocupación.

En 1743 muere el Cardenal Fleury, dejando el reino a merced de un rey apático que anuncia que él mismo presidirá el consejo de gobierno. Pero, Luis había conocido ya a Jeanne Antoinette Poisson a la que concede el titulo de marquesa de Pompadour y que se convertirá en su amante oficial. El poder que Madame de Pompadour ejerce sobre el Rey y como consecuencia sobre el reino es casi ilimitado. Jamás ninguna favorita, y posiblemente bajo ningún reinado, tuvo un papel tan preponderante en la vida de una nación. A pesar de que la relación puramente carnal se acabaría apenas unos años después, según parece por problemas ginecológicos de Madame, su poder sobre el Rey permanecería. La personalidad de ésta mujer inteligente, culta, amiga de Voltaire, amante de la filosofía y con una energía poco común se impondría a la voluntad de Luis. Su relación duró 20 años. Ella consiguió lo que deseaba: gobernar y él también lo que deseaba: que le dispensara de hacerlo. Madame Pompadour fallece en 1764 y Soulavie llegará a decir a su muerte: ¡Ella fue el rey de Francia!.

Madame de Pompadour - F. Boucher - Coleccion Wallace

Lo que vino después, en los diez últimos años de la vida del Rey, fueron una serie de goces clandestinos con niñas cada vez más jóvenes que no lograban aliviar su angustia ni llenar ese vacío interior que siempre lo acompañaría. La última de las amantes oficiales fue Madame du Barry.

A finales de abril de 1774 Luis cae enfermo, tiene fiebre, nauseas y cefaleas. Durante tres días sus médicos tratan de frenar la enfermedad con sangrías y lavativas sin otro resultado que el aumento de la debilidad del enfermo. En la noche del tercer día uno de los médicos de su Majestad cree ver unas manchas rojas en su rostro y llama a sus colegas. El diagnostico es unánime, el rey padece viruela. A lo largo de los días siguientes Luis se debate entre el sopor y la lucidez, entre la agitación y la tranquilidad. Su aspecto físico se ha tornado monstruoso. El duque de Croy lo describe así "las costras y los granos se han tornado negros, su cabeza está hinchada y de color cobrizo. Sus carnes se descomponen". El rey muere el 10 de mayo.

Luis XV asume la imagen más corrupta y depravada de su siglo. Quizás hasta podría decirse que representa la esencia misma del siglo XVIII.

Fue inhumado en la Basílica de Saint Denis.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Eugenia de Montijo, Emperatriz de Francia



Eugenia de Montijo-Winterhalter


Maria Eugenia Palafox-Portocarrero y Kirkpatrick, nació en Granada el 5 de mayo de 1826 y fue la segunda de las hijas de D. Cipriano Palafox-Portocarrero, grande de España, duque de Peñaranda, conde de Teba y de Montijo entre otros títulos y de Dª Manuela KirkPatrick de supuesta nobleza escocesa.

Su nacimiento fue azaroso, como lo sería su larga vida. Cuando en su madre se iniciaban las primeras contracciones que anunciaban el próximo alumbramiento comenzó a temblar la tierra. Aunque el movimiento sísmico era de escasa intensidad, su padre decidió instalar en los jardines de su palacio una especie de carpa para que su esposa fuera atendida sin los peligros que de la afectación de la estructura del edificio se pudieran derivar.

Dª Manuela, la madre de las niñas Palafox-Portocarrero, era una mujer ambiciosa que se había impuesto así misma una misión fundamental, conseguir unos buenos partidos para sus dos hijas. Así que, en 1837, se traslada a Paris con Francisca (llamada familiarmente Paca) y con Eugenia a las que inscribe en el colegio del Sagrado Corazón. D. Cipriano moriría dos años después pero la vida en París continuó mientras las niñas completaban su formación alternándose con periodos vacacionales en España.

Dª Manuela que seguía empeñada en casar bien a sus hijas organizaba fiestas con lo más selecto de de la aristocracia madrileña y así fue como la mayor de ellas, Paca, logró convertirse en Duquesa de Alba. Algunos historiadores señalan que Eugenia estaba enamorada del duque pero que éste finalmente eligió a su hermana.

Habiendo conseguido ya uno de sus objetivos, Dª Manuela regresa a París acompañada de Eugenia. Corría el año 1849 y Francia era una República que tenía como presidente a un príncipe: Luis Napoleón Bonaparte. Luis además de tener la ambición de convertirse en Emperador era también un gran mujeriego y no le pasó inadvertida la belleza de la joven aristócrata española. No consideraba el Príncipe a Eugenia una candidata adecuada para ser la futura emperatriz y su deseo de conquistarla no pasaba del deseo carnal y galante propio de la aristocracia de la época. Pero la española, bien aleccionada por su madre, supo jugar bien sus cartas. Hay una anécdota, por casi todo el mundo conocida, que cuenta que en una ocasión Luis pregunto a Eugenia "Por donde se va a su dormitorio madame" a lo que ella contestó "por la capilla, Sire"

Napoleón III- Winterhalter-Roma

Lo cierto es que consiguió su objetivo y el 30 de Enero de 1853 Luis Napoleón y Eugenia se casan en el altar mayor de la Catedral de Notre Dame. El 2 de diciembre de 1852, Luis Napoleón había sido nombrado Emperador de Francia, así que, no cabe duda de que Dª Manuela había conseguido su objetivo, una de sus hijas era duquesa de Alba y la otra Emperatriz de Francia.

Eugenia representó su papel de Emperatriz con verdadero entusiasmo. Dado que no era de sangre real intentó por todos los medios parecer más "real" que nadie. Derrochaba simpatía, encanto y sobre todo dinero que gastaba en joyas, vestidos y fiestas. Fue el referente de la moda femenina durante años y era imitada por el resto de las damas. Guerlain creó un perfume para ella y fue recompensado con el nombramiento de perfumista de su Majestad. No cabe duda de que dada su elegancia y belleza, dotó a la corte imperial de un gran esplendor. 

Eugenia queda embarazada en 1854, pero sufre una caída y el Dr Dubois que la atendía prescribe baños calientes. A éstos y no a la caída, atribuye la Emperatriz el aborto que sufriría días más tarde. El siguiente aborto se produjo un año más tarde aunque no hay referencias clínicas del mismo, así que, cuando poco después queda de nuevo embarazada se extreman todas las precauciones y el Dr Dubois recomienda descanso en Biarritz donde Eugenia había mandado construir un palacio dos años antes. Se consigue al fin que ésta gestación llegue a término aunque el parto se presentó difícil. Según parece el feto venía de nalgas por lo que el Dr Dubois solicita la ayuda de otros dos eminentes médicos: Darralde y Conneau y tras 22 horas de parto nace el día 16 de marzo de 1856 el Príncipe Imperial.

Una vez recuperada, Eugenia, a la que las veleidades de su marido con otras mujeres parecían no importarle, decide continuar con su vida social y tomar parte activa en la política de su país. Así lo comunica por carta a su hermana: "Querida Paca sin duda he nacido para la vida tumultuosa…Confieso mi espíritu aventurero…"

Eugenia desempeñó la regencia del Imperio en tres ocasiones: en 1859 durante la campaña de Italia, en 1865 durante la visita de su marido a Argelia y en 1870 en los últimos momentos del Imperio. La Emperatriz comprendía y asumía las guerras y parece ser que alentó algunas, como la invasión de Mejico por los franceses y la guerra de Prusia que concluyó con la derrota de Sedán.

La Emperatriz Eugenia-Winterhalter-Casa de Alba

En 1969, Eugenia, cobró un protagonismo sociopolítico importante al asistir como la máxima representación de Francia a la inauguración del Canal de Suez. Allí, a orillas del Nilo escuchó por primera vez la opera Aída de Verdi, en un espectáculo único y excepcional.

En 1870 se derrumbaba el Imperio francés. El 4 de septiembre se proclamaba la tercera República y Eugenia y su hijo huyen a Gran Bretaña. Allí esperan a Napoleón que había caído prisionero en Sedán. La vida de Napoleón sería corta tras la perdida de la corona imperial, falleciendo tres años después, en 1873.

Eugenia vuelca entonces todos sus desvelos y ambiciones en su hijo deseosa de que tuviera un destino glorioso pero la tragedia invadirá su vida en 1879 cuando el joven príncipe muere en la guerra contra los zulúes. La otrora Emperatriz de los franceses quedaba sola, las relaciones con su madre eran frías y distantes y de hecho ella misma le prohibió que acudiera a consolarla, y su hermana Paca, la duquesa consorte de Alba, había muerto muchos años antes.

Napoleón Eugenio Bonaparte

Vivió alternando sus residencias entre Inglaterra y Biarritz, sin interferir en absoluto en la política de Francia. Eugenia gozaba de una buena salud si exceptuamos algunos dolores de tipo reumático controlados por el Dr. Attenburough. Pero, ya hacía el final de su vida comenzó a perder progresivamente la visión. Diagnosticada de cataratas bilaterales decide ser operada por el Dr Barraquer y con tal fin se desplaza a España alojándose en el Palacio de Liria. Será su sobrino Jacobo, Duque de Alba, quien pedirá a Ignacio Barraquer que se desplace a Madrid para intervenir a la ilustre dama. La intervención fue un éxito y se cuenta que cuando a los cinco días le retiraron los apósitos, la misma Eugenia llena de felicidad solicitó El Quijote y logró leer un par de páginas.

Esa dicha duraría poco, un resfriado febril ocasionó una insuficiencia renal, probablemente ya latente, y que le produciría la muerte por síndrome urémico en la madrugada del 11 de julio de 1920. Tenía 94 años.

Soberbia y altanera para algunos, sociable y generosa para otros, denostada y alabada, criticada y envidiada, nunca resultó indiferente a quienes la conocieron. Le tocó vivir un periodo convulso de la historia de Europa pero como ella misma decía, había nacido para la vida tumultuosa.

Cumpliendo su expreso deseo sus restos mortales fueron trasladados a Inglaterra para ser enterrada junto a su marido y su hijo en la cripta imperial de St Michael’s Abbey.