sábado, 13 de febrero de 2016

Alberto Victor, duque de Clarence







Nacido el 8 de enero de 1864, fue el primer hijo del entonces Príncipe de Gales, Alberto Eduardo, y de Alejandra de Dinamarca y por tanto, nieto de la reina Victoria I del Reino Unido. Nació prematuramente y tal vez, de esta circunstancia, pudieron derivarse sus problemas de aprendizaje. 

Al ser el segundo en la linea de sucesión, su educación fue considerada un tema de Estado y la propia Reina estableció su programa de formación nombrando como tutor del pequeño príncipe a John Dalton. Como apenas año y medio después de su llegada al mundo había nacido su hermano Jorge se decidió que ambos estudiaran juntos. Así iniciaría este príncipe una corta vida, jalonada por los escándalos. 

No destacaba Eddy - ese era su diminutivo familiar - por su inteligencia ni tampoco por sus habilidades. En palabras de su tutor su mente estaba "aletargada" y en palabras de su hermano Jorge "era un vago". Tenía dificultades con los idiomas y tan solo logró aprender danés gracias a los esfuerzos de su madre.


Alberto Victor con sus padres

Durante tres años, ambos príncipes, sirvieron como cadetes navales y realizaron un viaje por todo el Imperio Británico acompañados, lógicamente, por Dalton. A su regreso ingresó en el Trinity College de Cambridge donde demostró que no tenía ningún interés por nada que tuviera que ver con el intelecto, así que su real familia decidió que lo mejor era nombrarle oficial del Décimo Regimiento de Húsares. El historiador A. Coock, en un intento de lavar la reputación de Eddy, afirma que la falta de progresos académicos del príncipe se debía, en gran parte, a la educación tiránica impartida por Dalton.

En julio de 1889 la Metropolitan Police Service descubriría un prostíbulo masculino en la calle Cleveland de Londres. En aquella época la sodomía era considerada un delito en el Reino Unido y durante los interrogatorios a quienes ejercían la prostitución en aquel lugar, uno de los encausados facilitó una lista de clientes que ocasionó un autentico escándalo. Entre la lista de clientes figuraban hombres de la alta sociedad y de la aristocracia londinense y parece ser que entre ellos aparecía también el nombre de Eddy. Aunque nada se probó y la mayoría de los historiadores coinciden en afirmar que no existen evidencias que lo vinculen al escándalo lo que si parece probado es que su padre, el Príncipe de Gales, intervino en la investigación. 

Unos meses después de estos hechos, concretamente en octubre de 1889, Eddy partió hacia la India en un viaje que duró siete meses. Las malas lenguas sugirieron que emprendía el viaje para apartarse del escándalo pero, lo cierto es que la gira ya estaba programada antes de que la policía descubriera el burdel de la calle Cleveland. Durante este viaje, Alberto Victor, conoció a Margaret Haddon una mujer casada con un oficial ingles con la que, parece ser, mantuvo una  cierta relación. Unos años más tarde - el príncipe ya había desaparecido - esta mujer acudiría a Londres asegurando que Eddy era el padre de un hijo suyo pretendiendo así hacer chantaje a la Familia Real. 


María de Teck

Deseosa la Familia Real de apartar a Eddy de los comentarios malintencionados, se inició la búsqueda de una novia para el príncipe. La primera, en 1889, fue Alix de Hesse, que rechazó la oferta de noviazgo,  - no sabemos si influenciada por la fama del príncipe. Unos meses más tarde se le relacionó con Elena de Orleáns pero, el hecho de que la princesa fuera católica, dio al traste con los planes. Finalmente, la elegida fue María de Teck, una candidata que gustaba a la reina Victoria y a los Príncipes de Gales. Se puso fecha al enlace: el 27 de febrero de 1892 pero, éste, nunca llegaría a celebrarse.

Todos los preparativos de la boda estaban casi completados, faltaba tan solo un mes para el enlace. María de Teck tenía ya su vestido de novia preparado cuando Eddy enfermó de gripe.

Eddy ya había caído enfermo dos años antes, en 1890 y en aquella ocasión, sus médicos, entre los que se encontraba Francis Laking, fueron parcos en el diagnostico trascendiendo solamente que el príncipe sufría de "fiebre". Los rumores se dispararon y la mayoría de éstos apuntaron a que Eddy sufría una enfermedad venérea. El príncipe pareció recuperarse sin problemas.

Sin embargo, en 1892, el proceso gripal se complicaría con una neumonía a pesar de los cuidados de los médicos reales que le atendían, el Dr. Laking y el Dr Reid. Eduardo VII, desesperado ante la gravedad, llamó a consulta al Dr Broadbent que, en aquel entonces, era presidente de la Sociedad Médica de Londres. Broadbent haría lo que pudiera por salvar la vida del real paciente pero, a pesar de ello, el fallecimiento se produjo el 14 de enero de 1892, pocos días después de que el príncipe cumpliera los veintiocho años. 


Albert Victor 

Los rumores escandalosos que siempre habían acompañado a Alberto Victor en vida continuaron acompañándole después de su muerte. Muchos fueron los que argumentaron que la causa del fallecimiento había sido la sífilis, algunos apuntaron directamente a un envenenamiento y otros aseguraron que no había muerto y que en realidad se había fingido su muerte para apartarle de la línea sucesoria por no considerarle adecuado para que ciñera la corona.

Nada de esto ha sido probado por los historiadores.

Uno de los famosos rumores que llegaron a circular fue el de la posibilidad de que Alberto Victor, duque de Clarence, hubiera sido el famoso "Jack el destripador". Esta atribución aparecería por primera vez en 1962 a través de una biografía de Eduardo VII escrita por P. Julienne. Catorce años después,  en 1976, el escritor S. Knight lanzaba una nueva teoría en su libro "Jack the Ripper: the final solution". Según Knight el pintor Walter Sickert era amigo de Eddy y ejercía como cicerone del príncipe en el Londres más bohemio y licencioso. Cuenta que Alberto Victor se había enamorado locamente de una prostituta, modelo ocasional del pintor, llamada Annie Croock. El autor del libro apunta que Annie y Eddy se habían casado en secreto y que tuvieron una hija. Para tapar el escándalo que se habría provocado si estos hechos salían a la luz pública y siempre según el autor del libro, la reina Victoria, Eddy, la francmasonería y el médico personal de la Reina, William Gull, se habrían confabulado para acabar con la vida de Annie y de otras cuatro camaradas suyas a quienes ésta habría contado su historia con el príncipe. Nada de todo esto ha sido probado.

En el año 2002 la novelista Patricia Cornwell teorizó en su libro "Jack el destripador: caso cerrado" sobre la autoría de los crímenes, atribuyéndoselos al amigo del príncipe, el pintor Walter Sickert. A pesar de que la novelista gastó una fortuna en el intento de probar su teoría, hasta el momento no lo ha conseguido. La identidad del asesino de Whitechapel sigue siendo un misterio. 

Alberto Victor, duque de Clarence, recibió sepultura en el castillo de Windsor.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Leonor de Austria




Leonor de Austria. Joos van Cleves


Vino al mundo en Lovaina, en las cercanías de Bruselas el 15 de noviembre de 1498. Fue la primogénita de los hijos que tendrían Felipe “ El Hermoso” y Juana “ La Loca”. Su hermano Carlos, que llegaría a ser el Emperador Carlos V, nacería dos años después y se convertiría en el compañero de sus juegos infantiles. La vida de Leonor siempre estaría ligada a la de su hermano. 

Leonor, al igual que sus hermanos, tuvo poco contacto con sus padres ocupados como éstos estaban en afianzarse como herederos en el Reino de Castilla, por lo tanto su educación y cuidado correría a cargo de su tía Margarita, que ejercería de autentica madre de sus sobrinos y de quien recibirían todo el cariño que su progenitora fue incapaz de entregarles. 

Leonor era hermosa, inteligente y culta y a los dieciséis años se había convertido en una princesa casadera muy deseable. Según cuentan, parece ser que en aquellos años se sentía muy atraída por Federico del Rin, con quien se había relacionado pero, enterado su hermano Carlos daría al traste con el enamoramiento. Con una madurez intelectual impropia de sus años, Carlos consideró que Leonor era una importante pieza con la que negociar y no estaba dispuesto a perderla por muy enamorada de Federico que estuviera así que, obligó a ambos jóvenes a jurar ante notario que la relación que habían mantenido era tan solo amistosa y que jamás sería de otra naturaleza. 

Ya había muerto su padre y su madre, enajenada mentalmente, había sido recluida en Tordesillas. Corría el año 1516, Carlos y su hermana Leonor se encuentran en el palacio de Malinas junto a su tía Margarita cuando les llega la noticia de la muerte de su abuelo Fernando “El Católico”. Cuando esto sucede su hermana Isabel ya había contraído matrimonio con el rey de Dinamarca y su hermana María se había trasladado a Austria. Carlos empieza a preparar el viaje que lo llevaría a tomar posesión de sus reinos en la península y la fiel Leonor le acompañaría.

El 4 de noviembre de 1517 ambos hermanos visitan a su madre en Tordesillas y quedan desolados ante la falta de reconocimiento por su parte y ante el aspecto que presenta. También conocen a su hermana Catalina, víctima inocente de la reclusión de su madre. Ya en Valladolid, donde se habían reunido las Cortes de Castilla para jurar lealtad a Carlos I, conocerá a su hermano Fernando. 

Una vez instalado en el trono, Carlos I decidiría estrechar lazos con el país vecino y se acuerda el matrimonio de Leonor con Manuel I de Portugal. Es de suponer que no sería del agrado de la Infanta el novio escogido por su hermano, ya que además de haber sido el esposo de dos de sus tías era treinta años mayor que ella pero, obediente como era, acepto su destino con conformidad. 

Leonor tuvo dos hijos en el corto tiempo que duró su matrimonio. El mayor, Carlos, murió con apenas un año y la segunda, María, nació a principios de 1521, el mismo año en que habría de morir su padre. 

Manuel I de Portugal

Según la costumbre, una reina viuda debía dejar la vida cortesana, vivir en el retiro y dedicarse a la oración, pero el hijo de Manuel, convertido ya en el rey Juan III, conseguiría retener a Leonor cerca de la Corte y visitarla con frecuencia. Esta situación daría lugar a una serie de rumores que se extenderían por toda Europa y pondrían en entredicho la honestidad de Leonor. Algunos embajadores, como el de Polonia, llegaron a informar a sus superiores de un supuesto embarazo de la Reina viuda. Enterado Carlos I solicitaría a su hermana que acudiera a su presencia de inmediato y Leonor saldría precipitadamente de Lisboa pero, por ordenes de Juan III, se vería obligada a dejar a su hija María, de apenas seis meses, en Portugal. 

Leonor pasó los siguientes años en la Corte Imperial junto a su hermano. Siempre fue sumisa y obediente y por tanto aceptó complacida cuando el Emperador decidió utilizarla para sellar la paz con Francia tras la batalla de Pavía. Por el Tratado de Madrid Leonor contraía matrimonio en Illescas con Francisco I. No confiaba Carlos I en Francisco y no permitió que el matrimonio se consumara en tanto el rey francés no hubiera cumplido con el resto de las cláusulas del Tratado. Francisco I no cumplió y Leonor continuó en la Corte de su hermano. Cuatro años después y tras la firma del Tratado de Cambrai, Leonor marcharía a Francia como reina consorte, la acompañarían los hijos de Francisco I, rehenes en España desde el Tratado de Madrid. 

Leonor, que quería seguir siendo reina, partió contenta hacia la Corte gala. Vestida de terciopelo y ricamente engalanada fue coronada en Saint Denis. No puede decirse que el rey francés estuviera igual de contento que su nueva esposa y aunque aparentaba respetarla no tenía ningún pudor en exigibirse públicamente con su amante. Para Leonor, que había perdido ya su belleza y lozanía y cuya salud era frágil, esta situación suponía una humillación angustiosa porque se veía obligada a admitir a la amante de su esposo como dama de su Casa, ya que ésta había sido nombrada aya de los hijos de Francisco. 

La Corte de Francia era escandalosa y disipada y ese espíritu depravado chocaba con la profunda religiosidad de Leonor que dándose cuenta de que Francisco no requería de ella ninguna labor de esposa se limito a llevar una vida piadosa y recatada intentando facilitar, eso si, el entendimiento entre su hermano el emperador Carlos V y su esposo. 


Francisco I


Y así fueron pasando los años para Leonor en Francia, entre destemplanzas, humillaciones y disgustos, sin que nadie la considerase realmente una reina y sin recibir el cariño o al menos el respeto que correspondía a la dignidad de su persona. Era un matrimonio impuesto, de eso no cabía duda, pero para Francisco I era además un matrimonio impuesto por el hombre con el que siempre había mantenido una rivalidad visceral y ante el que se sentía frustrado: el Emperador Carlos V.

Francisco I moriría en 1547 y Leonor abandonaría Francia deseosa de volver con su familia y dejar atrás los malos tiempos vividos. Se instalará en los Países Bajos, junto a su hermana María, reina viuda de Hungría, que ejercía de gobernadora de esos territorios. Ambas hermanas pasaron allí unos años de tranquilidad y sosiego. Leonor, que siempre fue una mujer culta, patrocinaría la traducción al castellano del libro de Job y de otros textos bíblicos. Mientras tanto, intentaría sin resultado, a pesar de sus suplicas, que Juan III de Portugal le concediera la dicha de que su hija María, a la que no había visto desde que abandonara Portugal, fuese a vivir con ella. 

Cuando en 1555, su hermano el Emperador abdica para retirarse a Yuste, Leonor y María deciden acompañarle y retornan a suelo español, instalándose en el palacio del Infantado de Guadalajara.

Leonor ruega a su hermano que interceda en la Corte portuguesa para que se le permita ver a su hija, convencida de que cuando ambas se vean logrará convencerla para vivir juntas. Por fin - ya había muerto Juan III - llega desde Portugal la noticia de que la princesa María se reuniría con su madre en Badajoz. Las esperanzas de Leonor renacerían. 

Lo que no sabía Leonor era lo difícil que le había resultado al Emperador convencer a su sobrina para que se entrevistara con su madre. María no había perdonado a su madre su abandono y además se sentía humillada por la Corte española ya que Felipe II había roto el compromiso matrimonial con ella para desposar a María Tudor. Todas estas razones parece ser que pesaban mucho en su ánimo e hicieron que la reunión fuera un fracaso. No eran más que dos desconocidas, llena de rencor una y de remordimientos la otra. Apenas estuvieron veinte días juntas, veinte días que acabaron con el deseo de vivir de Leonor. 

Acompañada por su séquito emprende el regreso a Guadalajara pero, se siente enferma y quienes la acompañan deciden parar y aguardar su mejoría en el palacio de la familia Tovar en Talavera la Real. Según los cronistas de la época, el enorme disgusto que le había producido el gélido encuentro con su hija había minado su salud. Pero además del disgusto, Leonor presentaba un ataque de asma, enfermedad que sufría desde hacía años. Su médico Juan de Jarava la examinaría y observaría las piernas hinchadas, la piel lívida, los labios azulados y la respiración cada vez más dificultosa. No tendría dudas el galeno y así  se lo comunicaría a Dª María de Hungría que los acompañaba: Dª Leonor se estaba muriendo. 

El 18 de febrero de 1558 moría Dª Leonor de Austria, Infanta de España, Reina de Portugal y Reina de Francia. Sus restos mortales recibieron sepultura en la Iglesia de Santa María la Mayor de Mérida. Años más tarde serían trasladados al Monasterio del Escorial.

lunes, 25 de enero de 2016

Amadeo I de España




Amadeo I  - Vicente Palmaroli. Museo del Prado


Nacido en Turín el 30 de mayo de 1845, era  hijo de Maria Adelaida de Habsburgo-Lorena y de Victor Manuel de Saboya  - que sería proclamado rey de Italia en 1861 - y nada en el momento de su nacimiento hacía pensar que un día ocuparía el trono de España.

Las costumbres en la corte de su padre eran sencillas y austeras. Era el tercero de los hermanos y compartía juegos, deportes y estudios con su hermano mayor, Humberto, que heredaría la Corona de Italia. Cuando contaba diez años moriría su madre y su padre enviaría a sus hijos al castillo de Montcareli, cercano a Turín, donde iniciarían su formación castrense. El general Rossi y los coroneles Ricci y Giovanetti serían los encargados de su educación militar. Posteriormente realizaría diversos viajes por Europa para completar su formación. 

En 1866, siendo comandante de la brigada de granaderos de la Lombardía, participó en la guerra contra Austria y fue herido en la batalla de Cavelchina. Mientras se recuperaba de sus heridas conoció a Victoria dal Pozzo della Cisterna y se enamoró de ella. En Mayo de 1867 contraían matrimonio. 

Apenas un año después, en septiembre de 1868, en España se desencadena una revolución, - "la Gloriosa" sería llamada - que conduce al exilio a la reina española y que llevaría a Amadeo al trono de España. Tras la revolución, el gobierno provisional, redactaría la Constitución que establecía un régimen monárquico. Mientras se buscaba un rey que sentar en el trono, el general Serrano, duque de la Torre, ejercía la regencia.


María Victoria dal Pozzo

El presidente del gobierno, general Prim, fue el encargado de instaurar una nueva dinastía que impidiera el regreso de los Borbones a España. Desde el principio, el general Prim pensó en Amadeo de Saboya y así se le comunicó a su padre, el rey de Italia pero, ni Amadeo tenía ganas de ser rey de España ni el momento en que se planteó la oferta era el oportuno para su padre. Pasado un tiempo y dado que los otros candidatos que se barajaban no eran considerados los adecuados, el general Prim volvió a ofertar el trono español al rey de Italia y esta vez, Victor Manuel, que ya había culminado el proceso de la reunificación italiana, aceptó la oferta.

Amadeo acató los deseos de su padre, aunque no le agradaran. Fue el primer rey elegido democráticamente por unas cortes constituyentes en España. Su candidatura fue aprobada por 191 diputados. De inmediato se puso en marcha la delegación que habría de dirigirse a Italia para acompañar al nuevo soberano en su viaje hacia España. Amadeo ya estaba casado y tenía dos hijos, el menor de los cuales acababa de nacer, razón por la que su esposa María Victoria permanecería en Italia recuperándose del parto. 

Tenía Amadeo 25 años, su experiencia política era nula y no tenía ningún conocimiento sobre España. Era el 30 de diciembre cuando llegó a Cartagena, a bordo de la fragata Numancia, y de inmediato le comunicaron la muerte del general Prim.

Cuando llegó a Madrid, se dirigió  en primer lugar a la iglesia de Atocha, donde se velaba el cuerpo de Prim y posteriormente a las Cortes donde juró la Constitución. Era un día de enero muy frío y fría fue también la acogida del pueblo madrileño. Las ventanas y balcones permanecieron cerrados al paso de la comitiva regia. 

Amadeo I ante el cadáver de Prim. Antonio Gisbert

Vivió solo D. Amadeo esos primeros meses en Madrid y utilizó unas pocas dependencias del palacio. Intentando congraciarse con el pueblo, visitaba bares y cafés acompañado de su fiel secretario Dragonetti. Amadeo, como buen Saboya, era mujeriego y no estando cómodo en la soledad, anduvo en amoríos con Adela Larra, hija de Mariano Jose de Larra, ella fue su amante más duradera, aunque no la única. Todo Madrid lo sabía y la historia no tardo en llegar a los oídos de su esposa. 

María Victoria había llegado a la capital de España en marzo y el recibimiento que se le dispensó fue tan frío como el que se dio a su marido. Tal vez porque se la consideraba más vulnerable, las ofensas y desprecios a la Reina fueron mayores. Las damas de la aristocracia borbónica brillaron por su ausencia en cualquier acto organizado por ella, los agravios llegaron hasta el punto de organizar la llamada "rebelión de las mantillas" en el que todas las damas lucirían de forma ostensible la flor de lis símbolo de los Borbones .

Los Reyes intentaban por todos los medios congraciarse con el pueblo, vivían en palacio utilizando pocas estancias, asistían a conciertos populares, no tenían ningún lugar reservado en la iglesia y además la Reina estaba volcada en obras caritativas. Pero, este trato tan cercano parece ser que no gustaba a los españoles. Es posible que la clave para entender esta reacción del pueblo español esté en las palabras que pronunció Castelar: "Ésta institución necesita, como el pontificado, algo de misterio….Necesita que la nube del origen divino la envuelva y que un rayo de poesía histórica la alumbre".

A pesar de haber conseguido la continuidad monárquica el clima de inestabilidad en España era creciente. Prim era su principal valedor y la coalición de gobierno que éste había levantado se fraccionó tras su muerte Los distintos gobiernos fueron incapaces de desarrollar su cometido con normalidad. En los algo más de dos años que duró el reinado de Amadeo I hubo hasta seis ministerios. Los gobiernos presididos por Serrano, Sagasta, Malcampo y Ruiz Zorrilla se alternaban y la escisión entre los seguidores de unos y otros era cada vez mayor. Se trató entonces de dar una imagen de un rey activo y el Monarca acudió a visitar distintas provincias. No se consiguió el efecto deseado, hubo algunos altercados y los carlistas iniciaron una nueva ofensiva. 

Las luchas por alcanzar el poder de unos y otros acabaron desacreditando la figura del rey. Los ataques no venían solo de carlistas y republicanos, también aquellos que lo habían apoyado lo criticaban sin piedad. Así ocurrió con un articulo publicado en el periódico - claramente partidario de Ruiz Zorrilla - "El Imparcial", en junio de 1872. El articulo se titulaba "La loca del Vaticano" y, en él, se criticaba el celo religioso de María Victoria y se hacía alusión a la posible influencia política sobre su marido.

Atentado de la calle Arenal

En julio de ese mismo año los monarcas sufren un atentado en la calle Arenal de la que saldrían ilesos. La serenidad de los reyes al afrontar los hechos se consideró una oportunidad para mejorar su imagen.  Al día siguiente los monarcas salieron por las calles de Madrid en coche descubierto y recibieron el homenaje del pueblo llano que aplaudió a su paso. No interesaba esto a sus detractores y periódicos republicanos como " El Combate" se lanzarían a subrayar las infidelidades del rey.

Las ofensas continuaron. A principios de 1873 nace el tercer hijo de los reyes. Era el primero en hacerlo en España. Ninguna dama de la aristocracia estuvo dispuesta, como era la costumbre, a llevar al infante a la pila bautismal y de los cincuenta invitados al evento más de veinte presentaron sus excusas y no acudieron.

La situación de Amadeo era ya insostenible, el 10 de febrero redacta una carta de abdicación al congreso que es presentada al día siguiente. El 11 de febrero de 1873, el congreso acepta la renuncia y el presidente, Ruiz Zorrilla, proclama la república. 

En un clima de tristeza y con la soledad, la frustración y, tal vez, también el alivio acompañándoles, Amadeo y María Victoria abandonan el Palacio Real y parten rumbo a Portugal. A su llegada a Turín se le devuelven sus cargos en el ejército y el título de duque de Aosta. Se instalan en el Palazzo dalla Cisterna y comienzan una vida tranquila, lejos ya los sinsabores de su breve reinado.

En 1876 moría María Victoria,  enferma de tuberculosis. Fue un duro golpe para Amadeo. Continuó con su trabajo como inspector general del ejército y despertando la simpatía de la mayoría de los turineses. Se había convertido en un hombre tranquilo y afable. 

Amadeo I - Antonio Gisbert

En 1888, cuando se cumplían quince años de la muerte de María Victoria contrajo nuevo matrimonio, la elegida era María Leticia Bonaparte. Esta boda supuso un gran escándalo en Italia porque la nueva esposa de Amadeo era hija de su hermana Clotilde y por lo tanto su sobrina y además, Amadeo, era 22 años mayor que ella. El matrimonio duro poco, apenas año y medio. Tuvieron un hijo.

El 13 de enero de 1890 Amadeo amanece enfermo, tose, la fiebre es alta. En un principio se pensó que sufría gripe, pero con el paso de los días su estado se agrava y los médicos que le atienden se muestran pesimistas, el día 18 se produce el fallecimiento como consecuencia de una neumonía. Fue enterrado en la basílica de Superga en su Turín natal. 

En honor a Amadeo, Giacomo Puccini compuso un cuarteto para cuerda "Crisantemi". Si quieres escucharlo pulsa aquí.

sábado, 16 de enero de 2016

Luis Fernando de Orleáns y Borbón






La infanta Eulalia, hija de Isabel II, había contraído matrimonio con su primo Antonio de Orleáns y Luis Fernando fue el segundo hijo de la pareja. Nació en Madrid, en 1888 y, como hijo de la infanta Eulalia, fue nombrado Infante de España. Pasados los años perdería su condición de Infante y su vida sería motivo de escándalo en todas las cortes europeas. 

El matrimonio de sus padres fue una autentica farsa, no se soportaban y cada uno acabó tirando por un lado hasta que llegó la separación oficial en 1900. Luis Fernando, por tanto, careció de un ambiente familiar y de manifestaciones de cariño por parte de sus progenitores, más preocupados por sus amantes que por sus hijos. 

Para apartarle de los conflictos entre sus padres, fue enviado junto a su hermano a estudiar en Inglaterra en el Beaumont College, un colegio dirigido por los jesuitas. La única que, parece ser, se preocupó por él durante ese periodo fue su tía, la Infanta Paz. Transcurrieron los años, las relaciones de Luis con su padre eran inexistentes y con su madre, la Infanta Eulalia, eran cada vez más turbulentas. Luis, a quien gustaba el mundo de la farándula, quería ser actor pero su madre consideraba que lo mejor para su hijo era sentar la cabeza e iniciar una carrera militar. Por otra parte, la infanta Eulalia no aceptaba la manifiesta homosexualidad de su hijo y se negaba a reconocer lo que para todo el mundo era evidente.



Luis era un espíritu libre, había salido a su madre mal que a ésta le pesase, y no estaba dispuesto a doblegarse ante nadie y si tenía que nadar contracorriente simplemente lo haría. Se instaló en Paris y se convirtió en el invitado constante de todas las exclusivas fiestas de la alta sociedad parisina. Era simpático y mundano, transgresor en todas las facetas de su vida y bailaba el tango como nadie. Cobraba por asistir a algunos eventos y conseguía que sus adinerados amigos le fueran financiando sus caprichos. Fue relaciones públicas del hotel Marigny, un antro sadomasoquista gay visitado entre otros famosos por Proust. También consumía cocaína, la sustancia que hacía furor en el Paris de "La Belle Epoque". El desenfreno de su vida era cada vez mayor, Luis hacía gala de su vida disipada y de su homosexualidad, tal vez, movido por el intimo deseo de molestar a sus ilustres familiares. Se cuenta que en una ocasión acudió a un baile de mascaras totalmente pintado de azul, con un gran turbante y medio desnudo, montado sobre un elefante y rodeado de efebos. Le encantaba que le llamaran "el rey de los maricas". 

Junto a su amigo y amante, Antonio de Vasconcellos, un portugués tan disoluto como él, protagonizó un episodio que le costaría la expulsión del país galo. En una noche de fiesta, un marinero bien parecido, al que Vasconcellos y él habían invitado a participar en una orgía, murió durante el desenfreno pasional. Se llegó a hablar de sobredosis, de estrangulamiento e incluso de mutilaciones. El caso es que, según se dijo, Luis y Vasconcellos envolvieron el cadáver en una manta y acudieron a la embajada portuguesa y más tarde a la española, con el propósito de desembarazarse del cadáver acogiéndose a la extraterritorialidad diplomática pero sin conseguirlo, finalmente, la policía francesa se hizo cargo del difunto. Tanto el embajador español como el Ministerio de Asuntos exteriores intentaron que el hecho pasara desapercibido pero las autoridades francesas acabaron expulsando a Luis Fernando de Francia. 

Enterado Alfonso XIII, montó en cólera y decidió privar a Luis de su condición de Infante y prohibirle la entrada en España. La indignación de Luis le llevó a escribirle una dura carta a su primo diciendo entre otras cosas: "He nacido y moriré Infante de España como tu has nacido y morirás rey de España mucho tiempo después de que tus súbditos te den la patada que te mereces". 

Posteriormente se establecería en Portugal y en una ocasión intentaría pasar a España disfrazado de mujer pero, sería descubierto y detenido por la policía al encontrarle en posesión de gran cantidad de cocaína y por tal motivo se le prohibió el paso por la frontera. Con dificultades económicas para seguir llevando el tren de vida al que estaba acostumbrado, llegó a traficar con drogas para salir de algún apuro. Finalmente y considerando que ya tenía mas de cuarenta años, decidiría que la solución sería casarse con alguna mujer adinerada y se decidió a buscarla. La encontró en la persona de Marie-Charlotte Constance Say, princesa viuda de Broglie, 32 años mayor que él y dueña de una inmensa fortuna que incluía el castillo de Chaumont en la orilla del Loira. 


Luis Fernando y Marie

El anuncio de la boda constituyó un gran escándalo. La familia de Marie intentó paralizar la unión y pusieron el asunto en manos de los tribunales alegando locura pero, los psiquiatras que evaluaron salud mental de Marie concluyeron que no había motivos para considerar que la señora Say no estaba en su sano juicio.

Se casaron por lo civil en septiembre de 1930 y en octubre se celebró la ceremonia religiosa en la catedral de San Siro, en San Remo, Italia. Gracias a su esposa, Luis pudo volver de nuevo a París instalándose en la casa de ésta.

Luis Fernando gastaba el dinero a manos llenas y poco a poco la fortuna de Marie se fue consumiendo hasta el punto de que tuvo que desprenderse de su maravilloso castillo de Chaumont. Ese fue el momento que Luis aprovechó para abandonarla. 

Intentó Luis Fernando obtener el divorcio de Marie para volver a contraer nupcias con otra rica heredera, Thelma Attebery, pero enterada la familia de ella logró frenar al otrora Infante, eso si, con un importante beneficio económico para el pretendiente 

Había estallado la Segunda Guerra mundial, Luis se encontraba en París y es entonces cuando da muestras de una valentía que nadie podría haber sospechado en alguien que solo se había caracterizado por sus golferías. Colaboró con la resistencia francesa salvando la vida de bastante gente e incluso viajó a Berlín donde se paseó con una estrella amarilla cosida a su ropa como si de un judío mas se tratase. Pero nada de esto le reconcilió con su familia que, dados sus excesos con la cocaína y con la bebida, había terminado por no tratarle.

En 1945 Luis dice sentirse muy enfermo. Ya en su infancia había tenido algunos problemas de salud según revela Ricardo Mateos Sainz de Medrano en su libro sobre la Infanta Eulalia. Luis Fernando había nacido con una malformación genito-urinaria que le impedía orinar normalmente. A nadie le fue revelada esta circunstancia y el autor lo descubre al examinar la correspondencia privada entre D. Antonio de Orleáns y Dª Eulalia. Según parece, el Infante fue intervenido quirúrgicamente por este problema en mas de una ocasión.

No miente D. Luis cuando dice que se siente muy enfermo. Desde hace dos años sufre un cáncer testicular del que finalmente sería intervenido por el doctor François de Gaudart d’Allaines que le realizaría una ablación testicular. Los gastos médicos fueron pagados por su amiga Raimonde Gitenet pero, todo sería inútil. 

Luis Fernando fallece el 22 de junio de 1945 a los 56 años. Avisada Dª Eulalia de la muerte de su vástago solo dijo, con la mayor frialdad, que en el fondo, eso era lo mejor que le podía haber pasado a su hijo. El cónsul de España colocó una cinta con los colores de la bandera española sobre su féretro y sus restos mortales fueron trasladados a la Iglesia de la Misión Española en la Rue du Pompe en cuya cripta fueron inhumados en presencia de tan solo diez personas.

Ningún miembro de su familia acudió al sepelio.


viernes, 8 de enero de 2016

Isabel de Portugal, esposa de Carlos I




Isabel de Portugal. Tiziano. Museo del Prado


El rey de Portugal, D. Manuel "El Afortunado", había tenido la desgracia de quedar viudo de la infanta Isabel, hija primogénita de los Reyes Católicos, y de perder también al único hijo que su esposa le había dado. Como interesaba a D. Manuel seguir teniendo una buena relación con los reyes de Castilla y Aragón y necesitaba herederos, consideró solicitar a los Reyes Católicos la mano de su hija María, que le fue concedida de buen grado por los monarcas. Poco podía imaginar la infanta María cuando se dirigía a Portugal para desposarse con el que fuera su cuñado que, años más tarde, una de sus hijas volvería a su tierra natal para convertirse en reina y emperatriz. 

Fue alumbrada Doña Isabel en Lisboa, un 25 de octubre de 1503. Era una niña hermosa, segunda de los hijos de los reyes, y fue educada con esmero por su madre quien también fomentó en ella el gusto por la suntuosidad en sus atuendos y en las joyas con las que se adornaba. Cuando contaba catorce años murió su madre, quedando ella al cuidado de sus hermanos. La hermosa niña se estaba convirtiendo en una autentica belleza: esbelta, grácil y airosa, de cabellos rubios y grandes ojos de mirada inteligente, causaba admiración a todos los que la contemplaban. 

Tardó poco D. Manuel de Portugal en contraer nuevas nupcias, a pesar de la gran prole que le había dado Dª María, y contrajo matrimonio con una sobrina de la que fuera su esposa, Dª Leonor de Austria, hija de Juana "La Loca" y hermana por tanto de Carlos I. Tuvo de ella dos hijos, aunque solo uno sobrevivió, y murió pocos años después. Subió al trono portugués el hermano de Isabel, Juan III, quien quiso contar con los consejos de Dª Leonor, la reina viuda, reteniéndola a su lado. Esta situación desencadeno no pocas habladurías y para cortar con ellas D. Carlos exigió a su hermana el regreso a España. 

Corría el año 1525 y D. Carlos I había sido ya coronado Emperador de Alemania en Aquisgrán. Las Cortes de Toledo urgían al Rey para que tomase esposa puesto que convenía afianzar la Corona con un heredero. Había tenido ya D. Carlos algunos amoríos y tenía una hija bastarda reconocida por él pero su fama de hombre galante excedía a la realidad. Se inicia la búsqueda de esposa y se considera la posibilidad de un doble pacto con Portugal: el rey D. Juan desposaría a Catalina, la hija póstuma de Felipe "El Hermoso", que vivía recluida en Tordesillas, y D. Carlos contraería matrimonio con la hermana del rey portugués: Dª Isabel. No fue ajena D. Leonor a estas negociaciones que finalmente fueron aceptadas por D. Carlos. 

El Emperador Carlos V. Tiziano. Museo del Prado

La boda se celebró por poderes a finales de octubre de 1526 y no sería hasta el 11 de marzo del siguiente año que ésta se celebraría en los Reales Alcázares de Sevilla. No sabemos si influyó el embrujo de ésta ciudad o si fue la magia de la Alhambra de Granada, en la que pasaron su "luna de miel" pero, lo cierto, es que el amor entre ambos surgió de inmediato. Tanto deseaba el Emperador hacer feliz a su esposa que hizo plantar en el Mirador de Lindaraja y en su honor unas nuevas flores traídas de Persia: los claveles.

Cuando en noviembre de aquel mismo año los Reyes se encaminaban hacia Valladolid Dª Isabel estaba ya en su tercer mes de gestación y es en esta ciudad donde viene al mundo su primer hijo, Felipe, tras un largo y laborioso parto en el que no se oyó a la Reina emitir ni una sola queja. Tan sólo trece meses después y ya en Madrid, Isabel alumbraría una niña a la que se le impondría el nombre de María. No estuvo presente el Rey en este parto, ya que, asuntos urgentes lo retuvieron en Aragon. Tras el alumbramiento se le presentaron a Dª Isabel unas calenturas tercianas que la dejaron muy debilitada y que, a decir de los madrileños, se curaron por la gran cantidad de agua milagrosa de la fuente de San Isidro que bebió la Reina. 


Alhambra. Mirador de Lindaraja

Han transcurrido pocos meses desde este alumbramiento cuando D. Carlos marcha a Italia dejando a Isabel como regente. Su sensatez y su talento hacían de ella, en opinión del Rey, la perfecta gobernadora y no cabe duda de que así era ya que, aunque no tenía formación en política cuando llegó desde Portugal, su inteligencia, el profundo amor que sentía por su esposo y el adiestramiento de Carlos, la convirtieron en una experta. No en vano corría por las venas de ambos la sangre de dos grandes estadistas: sus abuelos, los Reyes Católicos. Fue durante esta ausencia de D. Carlos cuando Dª Isabel alumbraría a su tercer hijo, un varón al que llamaron Fernando y que moriría pocos meses después sin que su padre hubiera llegado a conocerle.

Larga fue esta ausencia del Emperador que no llegó al puerto de Barcelona hasta 1533. Tan impaciente estaba Dª Isabel por volver a ver a su esposo, que ya llevaba varios meses en Barcelona con sus hijos y es allí donde enfermaría por segunda vez de tercianas o paludismo. Quedó muy debilitada tras estas fiebres que a punto estuvieron de costarle la vida. Una vez restablecida acompaña a su esposo a las cortes de Monzón pues, a pesar de que era muy recatada, le gustaba ser vista por el pueblo y mostrarse ante ellos bien vestida y enjoyada. 

A Dª Isabel le gustaba ser nombrada por su titulo de emperatriz, probablemente por respeto a su suegra, Dª Juana, a la que ella consideraba la Reina. Acudió en distintas ocasiones a visitarla a Tordesillas y en alguna de estas visitas llegó a llevar a sus hijos pero, no han quedado testimonios de cómo se desarrollaban estas entrevistas. 

De nuevo se encontraba Isabel sola. El Emperador había partido hacia Túnez para librar otra de sus múltiples batallas y es en esta ciudad donde se entera del nacimiento, en el verano de 1535, de su nueva hija, una infanta que nació en Madrid y a la que se llamó Juana. A pesar de que el alumbramiento fue normal Isabel estuvo enferma durante la gestación. Fueron unas fiebres de las que no se especifica la causa pero que si son descritas en las cartas que el cardenal Tavera escribe al emperador. 

El emperador Carlos V y su esposa Isabel. Tiziano. Museo del Prado

Ante la incomodidad del gran Alcazar de Madrid, cuyas obras todavía no habían concluido, la Emperatriz había acabado por instalarse en Toledo, ciudad que le gustaba mucho, y donde se instala la corte, fijando Dª Isabel su residencia en el palacio de los Condes de Fuensalida. Allí el ambiente renacentista empieza a impregnar los salones y los poetas Garcilaso de la Vega y Juan Boscán no son ajenos al cambio producido. Tampoco es ajeno a este refinamiento el duque de Gandia, Francisco de Borja, que tocaba prodigiosamente el órgano. La admiración y la devoción que el duque de Gandia sentía por la soberana era notorio pero, si realmente llego a amarla nunca se supo. El duque era un hombre casado que jamás hubiera puesto en peligro su permanencia en la corte de Toledo. Ya se intuía en él la vocación religiosa que desarrollaría años más tarde. 

Era el verano de 1538 cuando regresa el Emperador. No le gustaba mucho a D. Carlos la residencia en Toledo pero, puesto que las obras en el Alcazar continuaban se mantuvieron allí. Se da cuenta entonces D. Carlos de la estricta educación que Dª Isabel imparte a sus hijos a los que parece estar educando más para la vida monacal que para ser príncipes y princesas. Se decide entonces, siguiendo las costumbres europeas, que el Príncipe de Asturias, D. Felipe, que ya tiene once años, pase a tener casa propia y en la elección del cargo de Mayordomo Mayor del príncipe surgen algunos desacuerdos entre los cónyuges. 

El Emperador permanecía en España y Dª Isabel se sentía feliz por ello. En la primavera de 1539 se organizaron fiestas, bailes y justas y el ambiente era alegre en la corte. La emperatriz se hallaba de nuevo embarazada y se esperaba el alumbramiento para el inicio del verano, pero el parto se adelantó tras sufrir la soberana un cuadro febril. Parió un niño muerto y fue asistida tan solo por una comadrona, Dª Quince de Toledo, mujer experimentada que, tal vez por esto, quiso llamar de inmediato a los médicos de su majestad ya que la Reina presentaba una gran hemorragia. A los tres días la fiebre se agudizó por - según las crónicas - gripe y neumonía, así lo hacen constar en cartas escritas al Emperador - que se encontraba en Madrid junto a su hijo Felipe - los doctores Villalobos y Alfaro, que eran quienes la asistían y que no parecían temer por su vida. Sin embargo la fiebre persistió, el cuadro continuó agravándose y finalmente se produjo la muerte. Hoy se piensa que probablemente la causa del fallecimiento fue una infección puerperal. 

Palacio de Fuensalida. Toledo

Aunque avisado con urgencia, ni el Emperador ni el príncipe pudieron ver a Dª Isabel con vida. D. Carlos no quiso verla muerta. Medio enloquecido se refugió en el monasterio de Santa María de Sisla y allí permaneció varios meses sin querer ver a nadie. El duque de Gandía, Francisco de Borja, no se separó del cadáver de la Emperatriz y acompañó al féretro desde Toledo hasta Granada. Junto a él caminaba el príncipe de Asturias, D. Felipe, que fue el único al que no se vio derramar ni una sola lagrima.

No volvió a casarse el Emperador y, aunque tuvo otras relaciones amorosas, no quiso que ninguna otra mujer se sentara a su lado en el trono del Imperio.

 Dª Isabel murió el 1 de mayo de 1539 en el palacio de Fuensalida, tenía treinta y seis años.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Margarita Teresa de Austria




Infanta Margarita en azul. Diego Velazquez


El primer parto de Dª Mariana de Austria, esposa de Felipe IV se produjo el 12 de junio de 1651. Fue una niña y por lo tanto fue inevitable la decepción de todos los que esperaban al ansiado heredero varón. A la niña se le impuso el nombre de Margarita Teresa y a pesar de la decepción causada por el hecho de pertenecer al sexo femenino, se llegaron a entrevistar a treinta y dos mujeres para que fuera amamantada, encomendándose su crianza a once de ellas y no se la destetó hasta 1654, según nos cuenta Junceda.

Prácticamente desde su nacimiento se la prometió al emperador Leopoldo I de Austria, hermano de su madre y por lo tanto su tío carnal. Por ello y desde que tenía dos años Velásquez la retrata y los retratos son enviados a la corte austriaca para que el futuro esposo conociera la evolución de su prometida pero, tras la muerte en 1661 de su hermano Felipe Próspero, que era el heredero de la Corona, el matrimonio de Margarita se convierte en un asunto de capital importancia para el futuro de la Monarquía y por lo tanto los esponsales son demorados. El pobre estado de salud del recién nacido príncipe Carlos inquietaba a Felipe IV quien probablemente consideraría que debía ser Margarita la heredera del trono.

Estas demoras en la celebración de los esponsales no convenían a Leopoldo I. El emperador necesitaba un heredero y además si moría el príncipe Carlos – como todo el mundo creía- la Infanta Margarita era una de las candidatas a heredar la Monarquía española. Por lo tanto, Margarita era un preciosa pieza que deseaba obtener a toda costa. Para ayudar a su embajador, el conde Potting, que defendía los intereses de Leopoldo en España, el Emperador enviaría a Madrid al barón Lisola, pero  a pesar de ello las dilaciones continuaban.

Margarita Teresa. Martinez del Mazo

En 1665 muere Felipe IV y en su testamento no aparece ninguna referencia al compromiso matrimonial de Margarita Teresa y se piensa por ello que el Monarca deseaba evitar este matrimonio a fin de asegurar los derechos sucesorios de su hija en el caso de que el príncipe Carlos muriera sin descendencia. Como Carlos era menor de edad, la Reina viuda Mariana debe ocupar la Regencia. El emperador Leopoldo I pensó que siendo su hermana la que ocupaba la Regencia los tramites para los desposorios se agilizarían pero no fue así y se dieron nuevas excusas al conde Potting para postergar el matrimonio.

Finalmente la Reina Mariana consintió que se celebrasen los esponsales por poderes el 25 de abril de 1666, representando al Emperador el duque de Medinaceli y con la presencia, como no, del conde Potting. Tres días después la comitiva salía de Madrid camino de Denia acompañada por el duque de Albuquerque que había sido nombrado Camarero Mayor. En Denia esperaba la Armada Real de España y la ya Emperatriz embarcó rumbo a Barcelona. Al llegar a la ciudad fue recibida con salvas y grandes festejos que se habían organizado para agasajar a la comitiva pero, según nos cuenta Fernandez Duro "no sentaron bien a la comitiva los aires de la costa, y la Infanta adoleció de tercianas, sufriéndolas también el duque de Albuquerque, por lo que el viaje hubo de demorarse". 

Margarita Teresa. Martinez del Mazo

Tras el ajetreado viaje, la Emperatriz hizo su entrada oficial en Viena el 5 de Diciembre de 1666. Conseguido el propósito de desposar a la Infanta española, Leopoldo se sentía feliz y para demostrarlo organizaría fiestas y saraos de tal magnificencia para celebrar los esponsales, que parece ser, que fueron los más espléndidos de la época, superiores incluso a los que acostumbraba a organizar Luis XIV. No cabe duda de que el Emperador se había propuesto ensombrecer Versalles. Ballets ecuestres, óperas, representaciones teatrales y música se fueron alternando en el patio central del palacio de Hofburg para dar la bienvenida a la Emperatriz y su séquito. Además el palacio había sido reformado y dotado de nuevos adornos y tapices y de un lugar donde pudieran representarse todas aquellas funciones a las que tan aficionada era la emperatriz. 

Desde su llegada a la corte imperial Margarita se sitúa al margen de los asuntos de gobierno, intentando demostrar así que sus intereses estaban en satisfacer al Emperador y a sus súbditos. Se centra pues, en aquellas aficiones que siempre había tenido y que además compartía con su esposo. Le gustaba el teatro y con la mente en España promueve la representación de obras de autores españoles en Viena. Pero por lo que ambos sentían autentica pasión era por la ópera y así, y para inaugurar el magnifico teatro que Leopoldo había hecho construir se estrenó la ópera “ La manzana de oro” de Antonio Cesti, que fue considerado uno de los mejores espectáculos del siglo.

Otro de los intereses que compartían ambos esposos era la religión, tanto Margarita como su esposo eran profundamente católicos. Es posible por tanto que, aunque de forma involuntaria y tal vez influenciada por su confesor, P. Juan de Molino, contribuyera a la expulsión en 1669 de los judíos de Viena. 

Margarita Teresa. Gerard du Chateau

Lo que si tenía claro la Emperatriz era que su gran misión consistía en dar hijos a la Corona. El embajador español en Viena, conde de Castellar, anuncia la primera gestación de la Emperatriz en la primavera de 1667. A partir de entonces, Leopoldo no se separará del lado de su esposa. El 28 de diciembre nace Fernando Wenceslao. Como es lógico pensar, la devoción de Leopoldo por su esposa aumentó con el nacimiento del primer varón pero, el 13 de enero, el pequeño Wenceslao moría sumiendo a los Emperadores en la tristeza. Un año después, en enero de 1669, la Emperatriz alumbraba a su segundo hijo, una niña que recibiría el nombre de María Antonia y que sería la única de sus hijos que llegaría a la edad adulta, ya que, el tercero de ellos al que se impuso el nombre de Juan moriría al poco de nacer.

En 1673 Margarita se hallaba de nuevo encinta y seria éste, su cuarto parto, el que habría de llevarla a la tumba. El emperador había mandado venir una nueva partera desde Italia, Lucia Panesi, que debía ayudar a la Emperatriz  pero el parto se complicaría y Margarita Teresa moriría como consecuencia  de las complicaciones. Consciente de que el final se acercaba, la Emperatriz hizó testamento y se despidió de su familia. 

Espiró entre las 2 y las 3 de la mañana del día 12 de marzo, tenía 21 años. Sus restos mortales reposan en la Cripta de los Capuchinos de Viena.

martes, 8 de diciembre de 2015

Eduardo VII del Reino Unido




Eduardo VII.- Luke Fildes. National Portrait Gallery. Londres



Fue el segundo de los hijos de la Reina Victoria I del Reino Unido y del Príncipe Alberto. Nació el 9 de noviembre de 1841 y se le bautizó con los nombres de Alberto Eduardo, aunque todo el mundo le llamaba Bertie. Su padre, el príncipe Alberto, tenía muy clara la educación que debían recibir sus hijos. Con el fin de facilitar la tarea a profesores y cuidadores escribió un memorando en el que se especificaban, horarios, materias, tiempo de estudio y tiempo de asueto. El sistema funcionó muy bien con su hija mayor, Victoria, pero no con su segundo hijo. Bertie no estaba interesado en los estudios y se distraía con facilidad. Intentaba no defraudar a su progenitor pero, nunca lograba tenerle contento.

A pesar de todo fue a la universidad de Edimburgo, después a Oxford y por último cursó estudios en el Trinity College de Cambridge. Lógicamente, también debía dársele una formación militar y con este fin estuvo sirviendo en el 16º Regimiento de Húsares. 

Con tan sólo diecinueve años realizó su primer viaje oficial como heredero del trono británico. Si bien Bertie no había destacado por sus dotes intelectuales, si lo haría por su capacidad de atracción y empatía. Tenía una personalidad arrolladora, era extremadamente simpático y sabía ganarse el cariño de la gente. El viaje por América del Norte fue todo un éxito.

Una de las cosas que más preocupaban a sus padres era la gran afición que Bertie demostraba por las mujeres, así que empezaron a buscar una princesa que le hiciera sentar la cabeza y encontraron que la más idónea parecía ser la princesa Alejandra de Dinamarca. Con la complicidad de su hija mayor, la princesa Victoria, que estaba casada con el heredero de Prusia y residía en Berlín, Bertie es enviado a Alemania con la excusa de asistir a unas maniobras militares. Allí le fue presentada la princesa Alejandra. Era el mes de septiembre de 1861 y parece ser que ambos jóvenes simpatizaron de inmediato.

Alejandra de Dinamarca

Bertie regresó a Londres y a sus mundanas costumbres. El escándalo provocado, mientras estaba en Irlanda, por los amoríos que mantenía con una actriz, sin ningún recato y comedimiento, llevaron a su padre a emprender viaje para cortar de raíz aquella situación. La reina Victoria estaba indignada y se oponía al viaje de su esposo, aunque finalmente accedió. Tras poner orden en la vida de su hijo, el príncipe Alberto regresó a Londres pero, la enfermedad ya había hecho presa en él y murió dos semanas después. La reina Victoria siempre culpó a su hijo de la muerte de su amado esposo. Nunca le perdonó y siempre le trató con un desdén manifiesto, excluyéndole de todos los asuntos de Estado. 

Poco después de la muerte de su padre, y en un íntimo deseo de la reina Victoria por apartarle de su vista, Bertie emprendió un viaje oficial por Oriente. A su regreso se formalizaría el compromiso con Alejandra. La ceremonia nupcial tendría lugar en la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor el 10 de marzo de 1863.

Ni el matrimonio ni la mala relación con su madre hicieron cambiar el estilo de vida del príncipe de Gales. Condenado como estaba, por su madre, al ostracismo político, se dedico a la vida social. Bertie y su esposa establecieron su residencia en Marlborough House y allí, reunían a los representantes más importantes de la sociedad inglesa y mundial, (escritores, poetas, políticos, banqueros, jefes de estado, príncipes y arstócratas) mientras en Buckingham Palace, la reina Victoria, de riguroso luto, vivía recluida y de espaldas a la sociedad. Bertie era un hombre cosmopolita y, a pesar de su obesidad, pronto se convirtió en el referente de la elegancia masculina. Todo el mundo imitaba su estilo, su ropa y sus exquisitas maneras.

Las amantes se sucedían sin que Bertie hiciera demasiado por ocultarlas. La princesa Alejandra no parecía inmutarse, sabía lo que podía esperar de su esposo y lo respetaba. La mayoría de sus biógrafos coinciden en afirmar que su matrimonio fue feliz aunque la princesa Alejandra – Alix, para la familia- iba apartándose poco a poco de la vida mundana de su marido y centrándose más en actividades públicas, evitando de ese modo a su suegra, la Reina, el trabajo de asistir a inauguraciones o conciertos o visitas a hospitales. La alta sociedad londinense solía invitar a las amantes oficiales de Bertie a cualquier cena o fiesta a la que acudiera el príncipe. Primero fue Lille Langtry, después Agnes Keyser y por último Alice Keppel. Aunque éstas eran las amantes a las que permaneció más “fiel” no fueron las únicas, desde Sara Bernhardt a Lady Churchill pasaron más de cincuenta mujeres por sus brazos.

Alice Keppel

Eduardo creía y mucho en el valor de las relaciones directas con otros países y realizó numerosos viajes. Creía también firmemente en la grandeza de su país y por ello se dedicó a recorrer todos los territorios del Imperio. Consideraba que era uno de sus deberes como Príncipe de Gales. No obstante, todas sus visitas al extranjero fueron duramente criticadas por la reina Victoria, a pesar de los éxitos diplomáticos conseguidos por el príncipe. Ni siquiera el atentado que sufrió en Bélgica cuando le dispararon un tiro como protesta por la guerra de los Boeres, logró conmoverla. 

En 1901 fallece la reina Victoria. Bertie tiene ya sesenta años cuando accede al trono. Dos días antes de la Coronación, Eduardo sufre un cuadro de apendicitis aguda. Su médico personal Francis Laking solicita la intervención de Sir Frederick Teves y Joseph Lister siendo operado con éxito por ambos cirujanos.

En la coronación quedó claro, por el entusiasmo mostrado por el pueblo, que el Rey se había ganado el afecto de la gente. Sus principales intereses estuvieron centrados en los asuntos militares y sobre todo en la modernización de la flota inglesa. Pero, las labores diplomáticas seguían siendo la gran contribución de Eduardo VII a la política de su país. En la mayoría de los tronos de Europa se sentaban parientes suyos y mediante la cordialidad y la confraternización el Monarca consiguió estrechar las relaciones bilaterales con muchos países. No sentía simpatía por Alemania y conocía muy bien las ambiciones del Kaiser Guillermo II, su sobrino, así pues, contribuyó de forma decisiva a la firma de un pacto ( la Entente Cordiale) de no agresión entre Francia y Reino Unido.

Coronación de Eduardo VII

Le gustaba la buena mesa y era un fumador empedernido, unos 12 cigarros al día y gran cantidad de cigarrillos. Aparte de su enfisema no había tenido grandes problemas de salud. A finales de abril de 1910 enferma gravemente. A causa de la disnea, permanece en un sillón o sentado en la cama. Su terrier César no se separa de su lado. Le asisten el Dr Laking y también los doctores Broadbent y Reid que advierten de la gravedad a los familiares. La reina Alejandra se encontraba navegando hacia Corfú. Un telegrama de su hijo Jorge hace que regrese apresuradamente.

Eduardo VII murió el 6 de Mayo a consecuencia de un infarto cardiaco. Lo sufrió al mediodía y no murió hasta la noche. Pudo despedirse de toda su familia, incluso de Alicia Keppel, a quien Alejandra había hecho llamar con este fin, demostrando una generosidad y un amor ilimitados. 

Su funeral fue un acto multitudinario. Acompañando el cortejo fúnebre estaba su terrier César.