jueves, 1 de diciembre de 2016

Isabel de Borbón y Borbón " La Chata"



Isabel de Borbón y Borbón. Vte Palmareli. Palacio Real de Madrid



Corría el mes de diciembre de 1851 y la Reina Isabel II de España se había puesto de parto. Tras un día y una noche larga y dolorosa la Reina daba a luz sobre las 11 de la mañana del día 20 a una niña hermosa y fuerte, a la que se impondría el nombre de Isabel. Como era la primera descendiente viva de la Reina fue nombrada Princesa de Asturias desde ese mismo momento. 

Dos meses después y cuando, siguiendo la costumbre de la Casa Real Española, se iba a presentar a la pequeña a la Virgen de Atocha, un religioso español, Martín Merino, activista liberal y antimonárquico asestó una puñalada a la Reina. Como Isabel II estaba entrada en carnes, los refajos y corsés que llevaba eran de una dureza considerable razón por la cual la puñalada apenas le costó una herida en el brazo. A Martín Merino le costó la muerte. 

Por los mentideros de Madrid corría el rumor de que el verdadero padre de la Princesa no era el consorte de la Reina, D. Francisco de Asís, sino un guapo diplomático llamado Jose María Ruiz de Arana. Sea como fuere y teniendo en cuenta que en aquellos años era la legítima heredera al trono, su educación se convirtió en un tema de Estado. Se comienzan a dar los nombramientos de aya, de camarera mayor , de directora de su educación y un largo etc, a pesar de lo cual la pequeña estaba muy sola. Había observado la Reina que su hija simpatizaba con la nieta de una de sus azafatas, una niña llamada Lolita Balanzat y Bretagne, y autorizó a esta niña a ser educada en Palacio y a convertirse en la compañera de estudios y juegos de la Princesa de Asturias. La amistad entre ambas perduraría para siempre. 

Isabel era una buena alumna, hablaba inglés, estudiaba música y religión y le apasionaban los caballos y la gimnasia. A pesar de su corta edad aparecía con frecuencia en actos sociales y despertaba las simpatías de los madrileños por su abierta sonrisa y su nariz pequeña y respingona -curiosamente nada borbónica, a pesar de ser Borbón por partida doble-. Fue en aquellos años cuando empezó a ser conocida como “ La Chata”. 

Cuando contaba seis años nace su hermano Alfonso y por tanto ella deja de ser Princesa de Asturias. Isabel se encontró de inmediato muy unida a su hermano, tal vez, por el hecho de que la Reina realizaba en aquella época multitud de viajes por las provincias españolas y siempre lo hacía acompañada de sus dos hijos. 



Con el paso de los años Isabel se iba convirtiendo en una adolescente culta y de gran carácter. Era muy aficionada al teatro, a los conciertos de música y especialmente a los toros. Era, a decir de las gentes, muy campechana y lo mismo podía vérsela en una romería o en un a verbena popular que en una cena de gala. También era muy aficionada a las joyas de las que llegó a poseer una gran cantidad.

En 1868 la Reina decide, por razones políticas, que Isabel debe casarse con Cayetano de Borbón -Dos Sicilias, conde de Girgenti. Ni Cayetano ni Isabel deseaban casarse pero ambos habían sido educados para aceptar los compromisos que el Estado les impusiera. Isabel aportaría una cuantiosa dote, el novio - hijo del destronado Rey de Las Dos Sicilias - apenas aportaría nada. 

Emprenderían el viaje de novios por distintas capitales de Europa y al llegar a Paris se enterarían de la revolución “  La Gloriosa” española. La destronada Reina Isabel, al llegar al exilio parisino, compraría un palacete en el que viviría con sus hijos pero, los Girgenti no se instalaran en él, prefiriendo mantener su independencia.

Fue en París donde Cayetano empezaría a sufrir crisis epilépticas - enfermedad que ya padecía pero que se le había ocultado a la Infanta- y esto le ocasionaría  una profunda depresión que se agudizaría como consecuencia del aborto sufrido por la Infanta Isabel en septiembre de 1871. Dos meses después y mientras pasaban unos días en Suiza, Cayetano se suicidó disparándose un tiro en la sien. 

Cayetano de Borbón - Dos Dicilias


Isabel, viuda a los 20 años, vuelve al hogar familiar de Paris donde se instala junto a su madre y hermanos. La relación con su hermano, el futuro Alfonso XII, no puede ser mejor. Con sus hermanas reina la armonía pero la diferencia de edad entre ellas impide una relación profunda. 

Mientras tanto, en España se declara la restauración monárquica y el joven Alfonso XII vuelve a ocupar el Palacio Real, no así la Reina Isabel II a quien todavía no se le permite el regreso. No obstante, Cánovas hace llamar a la Infanta Isabel para ser nombrada de nuevo Princesa de Asturias ya que D. Alfonso todavía no tiene descendencia. 

Consideraba Isabel que " la familia real debe ganarse el respeto del pueblo llevando una vida recta y honesta, lejos de cualquier escándalo" y se dispuso por tanto a trabajar con entusiasmo en representación de la Corona impulsando las actividades sociales y culturales. Acompañada por su hermano el Rey - a quien iba imponiendo disciplina- acudía a representaciones, conciertos e inauguraciones, adquiriendo un protagonismo que despertaba los celos de su destronada madre, quien no sería autorizada a regresar a España hasta 1876 impidiéndole, no obstante la entrada en Madrid.

Casa D. Alfonso con Mercedes de Orleáns, y durante el breve tiempo que duró el matrimonio, Isabel se convertiría en el mayor ejemplo y en la fiel consejera de su cuñada. Tras la muerte de Mercedes pasaría a ser el paño de lágrimas de su hermano. 
Pero la vida seguía y el joven rey debía contraer nuevas nupcias para asegurar un heredero a la Corona. Lo haría con María Cristina de Habsburgo Lorena y ésta, que no gozaba de la simpatía de los españoles, encontraría en su cuñada Isabel el más firme de los apoyos. 

La Infanta Isabel deja de ser Princesa de Asturias cuando nace la primera hija de su hermano pero continua con su apretada agenda al servicio de la Corona. La muerte de Alfonso XII a finales de 1885 la sume en un profundísimo dolor. 



Había nacido ya el hijo póstumo de los Reyes, Alfonso XIII, la Regente Dª María Cristina se ocupaba de los asuntos relacionados con el Estado y a la Infanta Isabel por orden del Gobierno de Sagasta solo se le permitía participar en los actos benéficos. Así pues la Infanta retoma sus aficiones:  monta a caballo, caza, acude al hipódromo, ocupa su asiento en los toros  y va a los conciertos y al teatro como cualquier dama de Madrid. No obstante se sintió humillada cuando en la Exposición Universal de Chicago el gobierno eligió a su hermana Eulalia para representar a España. 

Pasan los años y en 1900 Isabel compra un palacete en la calle Quintana a donde se trasladará y donde vivirá el resto de su vida. Sigue siendo la más popular y la más querida de los miembros de la Familia Real y por su palacio pasará lo más granado de la nobleza, de la política, de las artes y de la música.Continúa teniendo una magnifica relación con su cuñada pero, sigue veraneando e la Granja, lugar al que se siente muy unida, a pesar de que María Cristina lo haga en San Sebastian. 

Cuando llega a la política Antonio Maura la Infanta volverá a adquirir protagonismo y será enviada como representante de España al Centenario de la República Argentina. A pesar del agotamiento, éste viaje representará un gran éxito para Isabel. 

Con el paso de los años la monarquía va perdiendo prestigio aunque esto no afecta a la Infanta cuya popularidad es cada vez más grande. Ni Alfonso XIII ni Victoria Eugenia de Battenberg, cuyo matrimonio hacía aguas, conseguirían despertar el cariño de un pueblo que sufría graves problemas económicos y sociales. 

Durante estos años de senectud Isabel se siente muy sola, ha ido perdiendo a todas las personas a las que quería y ve con tristeza como se pierde también la institución monárquica a la que ha dedicado su vida. 



Con setenta y nueve años y con una enfermedad degenerativa que la tiene prácticamente imposibilitada, Isabel ve como la Familia Real debe abandonar España ante la proclamación de la República. Ella es la única de la familia, tal vez por su debilidad física, a la que el nuevo Gobierno autoriza a permanece en Madrid. Fiel a si misma decide marchar al exilio y en una ambulancia abandona la capital de España y se dirige a Paris, al convento de Auteuil. Su salud se agrava con el viaje sufriendo una bronquitis que debilita su corazón y le ocasiona la muerte a los cinco días de abandonar España. 
Es enterrada en Paris, en una ceremonia estrictamente familiar

La noticia llega a España y en Las Ventas se guarda un minuto de silencio. El diario ABC le dedica una portada. 

En 1991 y durante el reinado de Juan Carlos I sus restos serían trasladados a España y sepultados en el panteón real de la Colegiata de la Granja, probablemente su lugar más querido.

domingo, 20 de noviembre de 2016

D. Juan de Austria




D. Juan de Austria. Anonimo. Museo del Prado



Todo es confuso en el nacimiento de este personaje. La mayoría de sus biógrafos coinciden en afirmar que se produjo en Ratisbona y durante el mes de febrero. Respecto al año vuelven a surgir las dudas : 1545 para algunos y 1547 para otros. De lo que no hay duda, puesto que el mismo Emperador lo reconoció, es de que era hijo de Carlos V pero, ¿ quién era la madre?. A día de hoy los historiadores aseguran que se trataba de Bárbara Blomberg, una hermosa mujer a la que la mayoría describen como perteneciente a la alta burguesía de Ratisbona, aunque el hispanista Bennassar considera que no se trataba más que de una ramera muy bella y con grandes dotes para el canto. 

Está documentado que a Bárbara se la casó con Jerôme Pyramus Kegel ( tal vez por ello se conocía al hijo del Emperador como Jeromín) y que fruto de ese matrimonio tuvo dos hijos y también que cuando quedó viuda, pocos años después, empezaría a recibir una pensión primero del Emperador y a la muerte de éste de Felipe II. 

Corría el año 1550 cuando Carlos V decide que es hora de ocuparse de su hijo. Su mayordomo mayor es enviado para firmar un acuerdo con D. Francisco Massy, un músico de la Corte flamenca cuya esposa era española y se decide que ambos, previó pago de 50 ducados, se encargarán del cuidado de Jeromín en la localidad de Leganés. 

Cuatro años después, y tras la muerte del músico, D. Carlos encarga el cuidado de su hijo a Dª Magdalena de Ulloa, esposa de su consejero D. Luis de Quijada y el pequeño Jeromín se traslada al Castillo de Villagarcía de Campos, residencia de sus nuevos cuidadores. 

Carlos V. Tiziano. Museo del Prado


Pocos años después y encontrándose ya el Emperador en Yuste da ordenes a D. Luis de Quijada y a su esposa para que se trasladen junto a Jeromín a la localidad de Cuacos de Yuste, pues deseaba tener más cerca a su hijo. Carlos V moría en septiembre de 1558 pero, previamente a su abdicación, había redactado un codicilo a su testamento en el que reconocía ser el padre de Jeromín. 

Felipe II se encontró pues con un hermano y con la obligación moral de dar cumplimiento al testamento de su padre: reconoció a Jeromín como perteneciente a la familia del Rey - no a la Familia Real y por lo tanto no se le otorgaba el título de alteza sino el de excelencia -, cambió su nombre por el de Juan, le otorgó Casa propia y le asignó 15.000 ducados para su mantenimiento. También se ocupó Felipe de completar su educación y fue enviado a la universidad de Alcalá de Henares junto a dos de sus sobrinos: D. Carlos y Alejandro Farnesio. 

D. Juan era rubio, de ojos azules y muy guapo por lo que no le faltaron pues las amantes desde muy temprana edad y ya en aquellos años tuvo relaciones con una dama llamada María de Mendoza con la que tuvo a su primera hija : Ana. Después y dado su carácter conquistador, vendrían otros. 

El carácter y las inclinaciones de D. Juan convencieron a su hermano Felipe de que debía ser empleado como hombre de Estado y como guerrero y por tanto autorizó a su medio hermano a asistir a los Consejos de Estado.

Las relaciones entre D.Felipe y D.Juan pasaron por diferentes etapas. En un primer momento D. Felipe tendría una actitud paternalista hacia D. Juan , lo que originaría que en éste se desarrollara una actitud de respeto al hermano mayor que había venido a sustituir a un padre que nunca ejerció como tal. Con el paso de los años las relaciones se irían deteriorando; el carácter impulsivo y rebelde de D. Juan y la desconfianza y encorsetamiento moral de D. Felipe unido a la influencia de algunos personajes que mediatizarían en la relación fraternal en pro de sus intereses, irían creando un abismo entre los dos hermanos.

Felipe II. Tiziano. Museo del Prado


La mayoría de los biógrafos coinciden en afirmar que D. Juan era un gran guerrero, pero lo cierto es que siempre tuvo a su lado un Consejo militar del que formaban parte los mejores militares y que, aunque él ostentara la titularidad, era el Consejo quien ponía en marcha las operaciones y quien frenaba la temeridad de D. Juan impidiéndole malgastar tropas y dinero. 

Así ocurrió en la batalla de las Alpujarras y también cuando capitaneó La Liga Santa y la batalla de Lepanto en donde se encontró rodeado y asesorado por los mejores militares de su época. Son muchos los historiadores que consideran que el genio militar atribuido a D. Juan lo era en realidad de sus asesores. Dice Marañón que: " D. Juan no era sin duda un genio de la política ni de la táctica guerrera "… y a esto el historiador Bennassar añade "la fama de don Juan, la admiración que le dedicaron sus coetáneos fue un fenómeno repentino, súbito resultado de una hazaña única: la victoria de Lepanto …". El éxito de Lepanto, propio o no, enardeció la ambición de D. Juan, que no solo se atrevió a solicitar el titulo de Alteza - aunque sistemáticamente le era negado - sino que también llegó a desear un reino propio. 

La relación entre el rey Felipe y su hermano estaba prácticamente rota en los inicios de 1574 y en esta ruptura no fueron ajenas las intrigas y confabulaciones de Juan Pérez, secretario real, y Juan Escobedo, secretario de D. Juan. 

Ya en 1576 D. Juan recibe la orden de abandonar Italia y dirigirse a los Países Bajos con el nombramiento de Gobernador de los mismos. No agradaría a D. Juan este destino que se encontraba en plena rebelión protestante. A su llegada los tercios españoles llevaban meses sin cobrar sus pagas, y cansados de esperar organizaron el "saqueo de Amberes", como consecuencia de ello la situación llegaría a su punto más álgido. No obstante, D. Juan, consigue apaciguar la rebelión y, a principios de 1577 se firma el Edicto Perpetuo en él que se reconocerían las libertades flamencas a cambio del reconocimiento de la soberanía española y de la restauración de la fe católica en el país.


Batalla de Lepanto. Valdés Leal. Iglesia de la Magdalena. Sevilla


En verano de ese mismo año D. Juan decidiría atacar la plaza de Namur. La entrada de las tropas españolas en la capital de Valonia provocaría que en los primeros meses de 1578 Inglaterra se involucrase en el problema flamenco mediante el envío de dinero a los rebeldes. Con el apoyo de la Reina Isabel, los Estados Generales depusieron a D. Juan acusándole de romper la paz. 

A partir de ese momento la vida de D. Juan se desarrollaría en el infierno. El asesinato de su secretario particular, Juan Escobedo, en Madrid le llevaría a la paranoia, empezaría a pensar que existía una conspiración contra él y que sería la próxima víctima. El temor a ser asesinado le llevaría incluso a sustituir a su guardia personal por mercenarios alemanes. 

Durante el estío se encontraba agotado y desanimado y en la segunda quincena de septiembre sufrió unas fiebres que lo dejaron postrado. Considerando que los aires del campo le vendrían bien y deseando mejorar su salud pidió ser trasladado a las afueras de Namur, a un campamento en cuyo palomar, una vez acondicionado, se le instaló.

Extenuado por la fiebre, los vómitos y los dolores que, de tanto en tanto, sacudían su maltrecho cuerpo, murió, según parece, el 1 de octubre de 1578. Tenía 33 años.

No acabaron aquí las incógnitas sobre la figura de D. Juan de Austria y la causa de su muerte sembraría también dudas. Se llegaría a pensar en un envenenamiento ( eso apuntan Porteño y Vander Hammen), en la mala praxis de quienes le trataron de una almorrana que sufría, como dejó escrito el que fuera su cirujano de Cámara Dionisio Daza Chacón, y también se habló de una enfermedad venérea. Por último se apuntó como causa del óbito al tifus exantemático y ésta es la patología que parece acercarse más a la realidad.

Tras la muerte su cuerpo sería trasladado, con todos los honores que correspondían a un hermano del Rey, hasta la catedral de Namur donde recibiría sepultura. A los cinco meses de estos hechos su Majestad D. Felipe II decidiría trasladar los restos de D. Juan a España y con tal propósito el cuerpo de D. Juan sería descuartizado y trasladado en secreto hasta El Escorial. Allí se le rindieron honores y se le dio nueva sepultura. Allí descansa, junto al resto de Infantes de la Monarquía.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Eduardo II de Inglaterra ( II )








En 1325 estallaría una disputa territorial entre Eduardo II y Carlos IV, rey de Francia y hermano de Isabel. La Reina se ofreció a ser la mediadora entre su hermano y su esposo y partió hacia Francia. Allí, además de reencontrarse con su hermano, se encontraría también con Roger Mortimer y en este ambiente distendido y más amable que el de Inglaterra y mientras se estudiaban las condiciones del tratado de paz, ambos se convertirían en amantes. Roger era joven, valiente, galán, persuasivo y con pocos escrúpulos.

La relación entre la Reina y Mortimer se convirtió en un secreto a voces tanto en Francia como en Inglaterra. El tratado ya estaba redactado y firmado por el Monarca francés y por la Reina inglesa pero se exigía que el propio Rey o el Príncipe de Gales en su defecto, acudieran a París para ratificarlo. Esto suponía un dilema para Eduardo. Si era él quien acudía a Francia los nobles podrían aprovechar su ausencia para vengarse de su querido Despenser y si enviaba a su hijo, Isabel y su amante lo utilizarían en su contra. Finalmente, pudo más el amor a Despenser y fue el Príncipe de Gales, de tan solo 13 años, quien partió hacia Francia.

Como Eduardo temía ni la Reina Isabel ni su hijo regresaron a Inglaterra de inmediato. Permanecieron en Francia, donde se reunieron con los nobles ingleses que habían sido obligados a exiliarse por culpa de los Despenser y allí se iniciaría una conspiración para derrocar a Eduardo. El Rey que temía una agresión contra su poder, montó en cólera y escribió a Carlos IV conminándole para que obligara a su hermana a regresar a su Reino, pero el francés contestó que Isabel había ido voluntariamente a Francia y que podía marcharse cuando quisiera o quedarse si así lo deseaba.


La Reina Isabel y Roger Mortimer junto a su ejercito


La situación se volvía insostenible, la libertad de Isabel significaba la deshonra de Eduardo II ante Europa. No deseaba Isabel comprometer por más tiempo a su hermano y en el verano de 1326 ella, Mortimer y su hijo Eduardo abandonarían París camino de Holanda pasando por la Corte de Guillermo, conde de Henao, y uno de los nobles más poderosos de aquellas tierras, y es allí donde se produce la mejor jugada de Isabel en contra de su esposo. A cambio del compromiso de su hijo Eduardo, heredero al trono inglés, con Filipa, la hija de Guillermo, el conde les proporcionaría un ejército y les ayudaría a invadir Inglaterra.

Isabel desembarca en Suffolk y, según nos cuenta el historiador Lingard, la Reina es recibida como "La libertadora del país". Muchos nobles se  unen a su causa. El despotismo con que los Despenser los habían tratado haría que se posicionaran al lado de su Reina. Eduardo II no encontraba apoyos y era incapaz de formar un ejercito. No le queda otra salida que huir de Londres y la Reina Isabel entraría en la ciudad sin ninguna dificultad.

En su discurso, al tomar posesión de la capital del Reino, Isabel asegura que va a liberar al pueblo de los Despenser y de todos sus saqueadores. Los ciudadanos, embravecidos, empezarán por linchar al tesorero real entregándole a la Reina su cabeza. El rencor contra los que fueron partidarios de los Despenser se adueñó de las gentes y los disturbios continuaron por toda la ciudad: se mataba, se saqueaba, se violaba y se tomaba la venganza como si fuera justicia.

Llegada de Isabel a Inglaterra


Isabel y Mortimer dejaron Londres sumida en el caos y se dirigieron a Bristol, allí capturaron a Despenser "el viejo", el padre del amante del Rey. Al día siguiente de su captura fue juzgado y condenado a morir decapitado. La condena se cumplió de inmediato.

Mientras tanto Eduardo y su amante habían huido a Gales con la esperanza de encontrar apoyo entre sus gentes pero, todo el mundo odiaba a los Despenser y la ayuda esperada no se hizo efectiva. Fue precisamente Enrique de Lancaster, hermano del decapitado Thomas, el que capturó a Eduardo y a su amante. Hugo Despenser fue enviado a Hereford, donde se encontraban la Reina y Mortimer y el propio Enrique acompañó al Rey hasta Kenilworth.

Intentó Despenser suicidarse pues sabía que lo que le esperaba era peor que la muerte pero, no lo consiguió. En "Las crónicas de los Reyes de Inglaterra" del historiador Froissart (1373 - 1404) se describe el horror de su ejecución: fue arrastrado por cuatro caballos hasta el cadalso, allí se le ató a una escalera a quince metros de altura para que todo el proceso pudiera ser visto por la multitud, una gran pira ardía a su lado. Se le cortó el pene y los testículos y se echaron al fuego, después el verdugo abrió su vientre y fue sacando las vísceras y arrojándolas a la pira mientras intentaba mantener con vida y despierto al reo, finalmente se le sacó el corazón. Su cuerpo fue dividido en cuatro trozos y su cabeza fue colocada en una pica a las puertas de Londres. Según los cronistas la Reina presenció la ejecución.


Ejecución de Hugo Despenser


Isabel y Mortimer no quisieron ejecutar al Rey. Sabían que, aunque pocos, algún partidario tenía Eduardo y además era posible que su hijo, el futuro Eduardo III, no perdonara tal acción. Así pues, se condenó a Eduardo a ser encerrado de por vida y se instó al Parlamento para que el Rey fuera destituido pero, había otras cuestiones de índole legal que era preciso solucionar. Para que el Príncipe de Gales pudiera ser coronado estando vivo el Rey, era necesario que éste abdicara en su hijo. Se envió una delegación encabezada por el Arzobispo de Canterbury, para convencer al Monarca de la necesidad de su abdicación. Tras leerle la larga lista de errores que había cometido en su vida, Eduardo firmó.

Inglaterra ya tenía nuevo Rey, el Principe fue coronado como Eduardo III en junio de 1327 pero era demasiado joven, tan solo 14 años, por lo que la Reina y Roger Mortimer se ocuparon de la Regencia. Isabel y su amante habían conseguido ya lo que siempre desearon: el poder supremo pero, no estaban tranquilos, la sombra de un Eduardo vivo se cernía sobre ellos.

Eduardo se encontraba preso en el castillo de Berkeley. En la noche del 21 de septiembre unos espeluznantes gritos despertaron a los ocupantes del mismo pero, los gritos cesaron súbitamente y todo el mundo volvió a conciliar el sueño. A la mañana siguiente los moradores del castillo y los habitantes de los alrededores fueron invitados a contemplar el cadáver de Eduardo que yacía frío y con su rostro horriblemente desfigurado, expresando una horrible agonía. 


Castillo de Berkeley

Según algunos historiadores la muerte de Eduardo fue ejecutada por sus carceleros tras recibir una nota en latín - que lo decía todo pero que no comprometía a nada - de la Reina. Fue ésta y su amante Mortimer quienes idearon un asesinato perfecto en el que no quedaran huellas manifiestas en el cadáver. Los carceleros perforaron el cuerno de un buey, se lo introdujeron por el ano y a través de él lo empalaron con un hierro candente. De esta forma no quedarían quemaduras visibles en el cadáver. Otros historiadores han desmentido por completo esta historia y concluyen que murió asfixiado e incluso hay otros que aseguran que Eduardo logró huir y busco refugio en Milán. 

Su muerte sigue siendo un misterio y en aquel momento a nadie se culpó por ella. Fue enterrado en la Catedral de Gloucester

viernes, 4 de noviembre de 2016

Eduardo II de Inglaterra ( I )











Gales acababa de ser conquistado por Eduardo I de Inglaterra y fue en tierras galesas, concretamente en el Castillo de Caernarfon, donde su esposa Leonor de Castilla daría a luz, el 25 de abril de 1284, al que sería el último de sus hijos, el futuro Eduardo II, quien como consecuencia de las prematuras muertes de los hermanos varones que le precedieron acabaría siendo el heredero al trono. 

Fue el primer príncipe al que se le impuso el título de Principe de Gales como heredero de la Corona, y según la leyenda su padre, Eduardo I, había prometido a los nobles galeses cuando conquistó Gales que les daría un príncipe que no hablara inglés. Cuando les presentó al pequeño recién nacido, todo el mundo pudo comprobar que, efectivamente, no hablaba esa lengua….ni ninguna otra. 

Castillo de Caernarfon

Como era lógico en los convulsos tiempos que corrían, donde todo Reino debía ser defendido con las armas, Eduardo I intentó instruir a su hijo en las artes militares pero, el pequeño era más amante del refinamiento y de los entretenimientos frívolos que de los bélicos, provocando la preocupación y la indignación de su padre. 

Cuando contaba 14 años conoció a un caballero, Piers Gaveston, que se convirtió en su inseparable amigo y también en su primer amor. Enterado el Rey de la "gran amistad" de ambos jóvenes y preocupado por la orientación sexual de su hijo, mandó desterrar a Gaveston exigiendo al Príncipe la promesa de que jamás volverían a verse. Poco duró el destierro y la promesa del príncipe, ya que, el Rey moriría tres meses más tarde y una de las primeras medidas que adoptó el ya coronado Eduardo II fue traer de vuelta a su amante y otorgarle un inmenso poder en la Corte y el titulo de conde de Cornwalles, lo que despertaría las iras y la envidia de los nobles. No empezaba bien su andadura el nuevo Rey. 

Eduardo tenía claro que los reyes debían casarse y buscar la descendencia apropiada si querían conservar el trono y se dispuso a cumplir con su deber casándose con Isabel, hija de Felipe IV de Francia y, a decir de los cronistas de la época, enormemente bella. Con los años los ingleses le darían el sobrenombre de "La Loba de Francia". La belleza de Isabel no parece que impresionara mucho a Eduardo quien en la misma fiesta de Coronación de la nueva Reina se dedicó a departir y a lisonjear a su amante más que a su flamante esposa, haciéndole objeto de las expresiones de cariño que debiera haberle dedicado a ella. No obstante, Eduardo cumplió con sus deberes y, según parece, con acierto ya que los esposos engendraron cuatro hijos. 


Eduardo II y Piers Gaveston - Marcus Stone


Los privilegios concedidos a Gaveston colmaron la paciencia de los nobles que veían como se dilapidaban los bienes del Reino y como el favorito abusaba del poder concedido por el Monarca. La presión de la nobleza hizo que el Rey enviara a su favorito a Irlanda como Gobernador y, curiosamente, se demostraría que era un administrador eficaz. No obstante, a Eduardo se le hacía muy dura la vida sin su amante y le hizo traer de regreso a Inglaterra. 

No era Gaveston hombre discreto y en cuanto se vio de nuevo al lado del Rey hizo alarde de su privilegiada posición despertando de nuevo la ira de los nobles. La nobleza reunida y capitaneada por el conde de Lancaster, primo carnal de Eduardo, exigió al Rey el destierro del favorito. Eduardo, cuya posición estaba muy debilitada, no tuvo más remedio que plegarse a estas exigencias y Gaveston fue desterrado pero, un año después, volvería a Inglaterra de nuevo y ese sería su fin. Aprovechando una ausencia del Rey, fue capturado, hecho prisionero y mandado ejecutar por orden de Thomas Lancaster. Era el mes de junio de 1312 y Gaveston tenía 28 años.

La cólera de Eduardo II, cuando tuvo conocimiento de los hechos, fue enorme pero era consciente de que eran tiempos de sangre y si pensó en la venganza sabía que no era el momento de llevarla a cabo.

De Escocia sólo el castillo de Stirling permanecía en manos de los ingleses. No tenía ningún valor estratégico y el papel de esta fortaleza era tan solo testimonial pero el rey escocés, Roberto I, había puesto sitio al castillo y Eduardo II pensó que una victoria sobre los escoceses aumentaría su prestigio y le pondría en situación de poder dar muerte a Lancaster, vengando de este modo a su amante.

El numeroso ejercito que había logrado reunir Eduardo II se enfrentó al más numeroso ejercito de Roberto I en la batalla de Bannockburn y la lucha se saldó con una vergonzosa derrota de los ingleses y una clamorosa victoria de los escoceses, lo que significaría la independencia efectiva de Escocia. Ante la debilidad de Eduardo la nobleza no desaprovechó la ocasión y limitó los poderes del Rey a través del Parlamento. 

Castillo de Stirling

Poco tiempo después, Eduardo II encontraría un nuevo amante. Se trataba de Hugo Despenser, hijo del conde de Winchester, de 32 años y casado con Leonor de Glucester, sobrina de Eduardo. Era un hombre lleno de ambiciones, característica ésta que compartía con su padre -al que apodaban "el viejo"- y con su esposa. Ellos serían quienes le animarían a emprender la aventura con el Rey y a convertirse en su favorito. 

El nuevo favorito era un hombre vanidoso, que pasaría de ser un simple caballero a ser un hombre rico gracias a su matrimonio y un hombre poderoso gracias a su amante. En 1318 fue nombrado Chambelán Real pero nada era suficiente para calmar su codicia. Dos años después se había ganado numerosos y peligrosos enemigos en la Corte, entre ellos, la propia Reina Isabel cuyo odio hacia el favorito sería patente. 

El dominio que Despenser ejercía sobre Eduardo era inmenso hasta el punto de ser capaz este de hacer caso omiso de los tribunales y llegar incluso a desposeer de sus derechos a las cuñadas de Hugo con tal de enriquecer más a su amante. Esa desobediencia al poder legal fue la gota que colmó el vaso y un grupo de nobles, entre los que se encontraba Roger Mortimer y el propio Thomas Lancaster, exigieron al Rey el destierro de los Despenser. Asustado, Eduardo II consintió en el destierro pero no por ello cesaron las hostilidades entre la Corona y gran parte de los nobles. En esta ocasión fue Eduardo el vencedor. Mortimer fue encarcelado en la Torre de Londres y Thomas Lancaster fue juzgado y condenado a morir decapitado. La venganza del Rey se había consumado.

Regresaron los Despenser, padre e hijo, y convencidos del aumento de su poder iniciaron un periodo de violencia y desmanes ejecutando a los rebeldes y confiscando sus bienes. La respuesta de los nobles no se haría esperar y esta vez con la propia Reina al frente de ella. En 1323 Mortimer escapa de su cautiverio -probablemente ayudado por Isabel- y huye a Francia. Mientras tanto la Reina esperaba su momento.                                                                                                
                                                                                                                         Continuará

sábado, 22 de octubre de 2016

Margarita de Austria, duquesa de Saboya





Margarita de Austria. Anónimo. The Metropolitam Museum



Diez de enero de 1480, once de la mañana. Hacía frío en Bruselas cuando María de Borgoña alumbraba a Margarita, la segunda de sus hijos. Como hija del archiduque Maximiliano recibiría el titulo de Archiduquesa desde su nacimiento al igual que su hermano Felipe. El destino y los arreglos matrimoniales quisieron que ambos pasaran a formar parte de la historia de España. 

Dos años después de su nacimiento moriría su madre y su padre, Maximiliano, que tenía muy claro que su hija era un material de gran valor en la política matrimonial, ofrece a Margarita, que contaba poco más de dos años de edad, como esposa de Carlos, el Delfín de Francia. Este compromiso matrimonial formaba parte del pacto de paz - pacto de Arrás- que había firmado con el rey de Francia. 

Se trasladaría Margarita a vivir a la corte francesa para ser educada junto a su futuro esposo y en aquella corte permanecería diez años. Su prometido, que se había convertido ya en el rey Carlos VIII de Francia por la muerte de su padre, empezó a considerar que el matrimonio de Margarita no era el más conveniente para sus intereses y decidió repudiarla - puesto que el matrimonio no había sido consumado - y devolvérsela a su padre. 

Maximiliano se había convertido ya en Emperador del Sacro Imperio y a los Reyes Católicos interesaba una alianza con el Imperio, por lo que proponen a Maximiliano I un doble enlace : Margarita casaría con su hijo Juan, heredero de sus Reinos, y su hija Juana casaría con Felipe, heredero de Maximiliano.

Firmadas las capitulaciones matrimoniales por poderes, Margarita embarca hacia España en la misma flota que había trasladado a Bruselas a la Infanta Juana. La travesía sería muy complicada - se desató una gran tormenta que a punto estaría de costarle la vida - pero, lejos de amilanarse, la Archiduquesa daría muestras de un gran valor y de un gran sentido del humor ya que, según recoge Perez Priego, escribió una nota de su puño y letra en la que daba instrucciones sobre el contenido del epitafio de su lápida: "Aquí yace Margot, la gentil damisela que, después de dos maridos, aún es doncella".

Quedaron impresionados los castellanos cuando vieron el brillante séquito que acompañaba a la Archiduquesa, pero aún quedaron más impresionados - sobre todo el príncipe Juan - cuando vieron la belleza y la gentileza de Margarita. Mártir de Anglería llego a escribir : "Si la vieras, pensarías que estabas contemplando a la misma diosa Venus".


D. Juan de Aragón, Príncipe de Asturias


La boda se celebraría el 4 de abril de 1497 en la Catedral de Burgos y después, los Príncipes de Asturias se trasladarían a Almazán donde darían rienda suelta a la pasión que se había desatado en ellos al conocerse. Poco duraría la dicha, apenas seis meses. Juan era un hombre débil y enfermizo y unas fiebres acabarían con su vida en octubre de ese mismo año. Margarita quedó destrozada y en estado de gestación, representando ese embarazo la esperanza de los Reyes Católicos de tener un heredero. No fue posible, Margarita, tal vez como consecuencia de la pena, daba a luz prematuramente a una niña que no sobreviviría. 

Apenas dos años después, en 1499, un cortejo encabezado por el Obispo de Cordoba, Juan de Fonseca, acompañaría a Margarita en su regreso a Flandes. Allí fue madrina de su sobrino Carlos, nacido en 1500, sin imaginar que ese pequeño niño la acabaría queriendo más que a su propia madre.

Poco tardaría su padre, Maximiliano I, en comprometerla de nuevo en matrimonio. Margarita era aún joven y el Emperador no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad de conseguir nuevas alianzas políticas a través de su hija. Esta vez el elegido sería el duque de Saboya, Filiberto II. 

En 1501 partió Margarita hacia el Piamonte para contraer el que sería su tercer matrimonio, a pesar de que solo contaba 21 años de edad. En tierras italianas tomó contacto con el mundo cultural y artístico de los humanistas de Renacimiento que tan gran influencia habrían de tener en ella. Tampoco este esposo le duraría mucho. A pesar de ser tan joven como ella, moriría en 1504 dejándola viuda de nuevo. No tenía suerte Margarita. 

Regresó a Flandes y se negó en rotundo a volverse casar. A los 24 años había sido repudiada una vez y era viuda por dos veces y no estaba dispuesta a seguir acumulando lutos y sinsabores. Se hizo cargo de sus sobrinos, los hijos de Juana y Felipe. Éstos habían sido jurados, tras la muerte de Isabel la Católica, Reyes de Castilla y se habían trasladado a la península dejando a sus hijos Carlos, Leonor, Isabel y María en Flandes, al cuidado de su tía. También pasó a ocupar la regencia de los Países Bajos en tanto su hermano Felipe permanecía en las tierras de su esposa. Así pues, decidió que ese era su cometido en la vida y que no la había llamado Dios para ser esposa de nadie. 

Cuando en 1506 muere Felipe el Hermoso, Margarita es nombrada por su padre, Maximiliano I, gobernadora de los Países Bajos, tarea nada fácil, pero Margarita era tenaz y se dispuso a cumplirla con el mayor celo. Decidió trasladar la corte a la villa de Malinas y allí cuidó a sus cuatro sobrinos dándoles una elevada educación. Margarita era una mujer inteligente, de fuerte personalidad y muy culta y haría de mecenas de las Artes y de las Letras. Así pues, la Regente de los Países Bajos se rodeó de pintores como Bernard van Orley y Pieter van Coninxloo, de arquitectos, músicos y hombres de letras entre los que se encontraban Vives y Lemaire de Belges. Llegó a atesorar gran cantidad de obras de arte, tapices y vidrieras y patrocinó la construcción de la iglesia de Brou, una obra maestra del gótico.

Palacio de Malinas

Margarita estaba demostrando ser una mujer con una gran talla política y consciente de que sus sobrinos por derecho propio o como consortes ocuparían los tronos de Europa se preocupó de darles una educación completa y refinada. 

En 1515 el emperador Maximiliano decidirá que su nieto Carlos asuma el poder en los Países Bajos y Margarita hará el traspaso de poderes a su sobrino. Será por poco tiempo ya que en 1517 y como consecuencia de la muerte de Fernando el Católico y de la reclusión de Juana, su heredera, en Tordesillas, Carlos deberá viajar a la península para tomar posesión de los Reinos de España y por ello volverá a nombrar a Margarita como Regente de los Países Bajos.

Es en esta segunda regencia cuando Margarita demuestra sus grandes dotes como diplomática. En política exterior siempre fue una mujer prudente y precisamente su prudencia, su encanto y su diplomacia fueron utilizados siempre por su sobrino Carlos. 

Jugó un importante papel en la consecución del titulo de Emperador para Carlos I, siendo una hábil embajadora que logró que las tramas y conspiraciones de quienes también pretendían la corona imperial no fructificaran. Su trabajo se vió recompensado y su sobrino Carlos fue coronado emperador en 1520. 

Margarita tuvo también un importante papel en la rivalidad, que durante más de 10 años, habían mantenido Carlos y Francisco I de Francia y cuyas guerras habían arruinado a ambos Reinos. En este contexto de agotamiento económico Margarita habría de prestarle al Emperador un ultimo servicio. Luisa de Saboya como madre de Francisco I y ella, en representación de su sobrino Carlos, firmaron en 1529 la Paz de Cambrai, que sería conocida como Paz de las Damas y con la que se puso fin al conflicto entre las dos naciones además de incluir en el acuerdo, la boda de su sobrina Leonor con el rey Francisco.

Regresó Margarita a Malinas sintiéndose mal. En Francia, durante las negociaciones de la Paz, hubo de ser atendida por un fuerte dolor en una de sus piernas, el diagnóstico de los médicos fue que sufría gota. Los remedios dados debieron aliviarla y durante algunos meses pareció sentirse mejor.


Firma de la Paz de Cambrai. Francisco Jover

En noviembre de 1530 empieza de nuevo el dolor en la pierna pero esta vez no calma con los remedios que se le suministraron. A los pocos días los dolores se vuelven insoportables y hace su aparición la fiebre, que sería cada vez más alta. La examinan tres médicos de Cámara, que encuentran la pierna hinchada y tumefacta. Deciden abrirla para poder “evacuar los humores” existentes pero, la gangrena era ya imparable. 

Dándose cuenta de que su fin se aproximaba, Margarita, dictó testamento y una emotiva carta para su sobrino Carlos con sus ultimas recomendaciones políticas. Tras confesar expiró el 1 de diciembre de 1530, sus restos fueron llevados a la iglesia de Brou. 

Europa perdía con ella una de las mentes políticas más brillantes de su tiempo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Boris III de Bulgaria










En la madrugada del 30 de enero de 1894 nacía en Sofia el primer hijo del matrimonio formado por Fernando I de Bulgaria y  Mª Luisa de Borbón-Parma. Por aquel entonces Bulgaria era un pequeño principado que formaba parte del Imperio Otomano, la mayoría de la población era ortodoxa pero los Príncipes eran católicos por lo que para contentar a todos el pequeño Boris fue bautizado en ambas religiones.

Al día siguiente de que cumpliera los 5 años moría su madre y el pequeño Príncipe pasaba a ser educado por su abuela materna, Clementine de Orleáns. Cuando  ésta murió, Boris que contaba ya 13 años, pasó a depender directamente de su padre. Fernando  eligió personalmente a todos sus profesores, y a Boris se le instruyó en casi todas las disciplinas sin descuidar la instrucción militar y los idiomas, hablaba francés, alemán, ingles e italiano.

No tuvo una infancia ni una adolescencia feliz, su padre era un hombre exigente, muy autoritario y no daba muestras de sensibilidad ni afecto hacía sus hijos, probablemente en un intento de disimular su comentada homosexualidad.

Fernando I de Bulgaria

En 1908, Bulgaria se había convertido en un estado independiente y Fernando se había autoproclamado Zar del mismo. Permitió entonces una mayor libertad a Boris quien, a partir de 1911, justo un año antes de su mayoría de edad, pudo viajar por Europa y conocer a los miembros de la realeza y a los gobernantes de otros países.

Mientras esto sucedía en su vida personal, su país, Bulgaria, había sufrido el fracaso de la segunda guerra de los Balcanes y había visto como se  empequeñecía su territorio. El final de la Primera Guerra Mundial supuso otro fracaso y la pérdida de más territorios. El pueblo búlgaro sumamente indignado presionó al Zar que no tuvo más remedio que abdicar en su hijo y salir hacia el exilio.

Serían años difíciles los que siguieron a la coronación de Boris y, una gran depresión económica propició que los partidos de izquierdas ganaran las elecciones un año después de su llegada al trono. Se instituyó entonces en el país el gobierno de la Unión Agraria Popular Búlgara. Este gobierno, contrario a la monarquía, situó  a Boris  al margen de la política y el Ejecutivo jamás consultaría sus decisiones al Rey. Se vivieron años de inestabilidad, la Unión Agraria fue apartada del poder por un golpe de Estado que perpetraron los militares. Se perdieron muchas vidas en las luchas internas.

Boris, que permanecía en la sombra sin desempeñar ninguna tarea política se dedicaría durante ese periodo a sus aficiones: la mecánica y la naturaleza. También, y dando con ello muestras de sensibilidad e inteligencia, emprendería  viajes por su tierra, visitando los pueblos y las  ciudades de Bulgaria, interesándose por la vida de sus habitantes y llegando incluso  a convivir con ellos en  alguna ocasión. De este modo se ganaría el cariño y la lealtad de su pueblo.

Durante este periodo de inestabilidad y de luchas internas por el poder Boris sufrió dos atentados. En el primero de ellos murieron dos personas de su séquito y él resultó herido de bala. Tres días después de estos sucesos y en el funeral de un general en el que se esperaba su presencia se produjo el segundo, el estallido de una bomba  que causó 128 muertos aunque  no logró su objetivo: matar al Rey.

Tras estos atentados Boris emprendería un viaje con su hermana Eudoxia por distintos Estados, entre ellos Italia. Tenía ya 33 años y sabia que había llegado el momento de elegir esposa. En Italia conoció a la tercera hija del Rey Victor Manuel III, Juana de Saboya, y se enamoró de ella. Contrajeron matrimonio  católico en Asís en 1930  y poco después matrimonio ortodoxo en Sofía. 


Juana de Saboya


Bulgaria continuaba con una gran inestabilidad política agravada por una nueva depresión económica. Ni el Bloque Popular en el gobierno ni los comunistas que dominaban los ayuntamientos eran capaces de mejorar la situación y en 1934 un golpe de Estado coloca en el poder al círculo del Zveno que establecería una dictadura y  prohibiría todos los partidos políticos.

Al siguiente año, Boris cogería el timón del país y mediante otro golpe de Estado se haría con el poder. Sus primeras medidas fueron reimplantar la constitución y establecer un régimen parlamentario. Por primera vez en la Historia de Bulgaria las mujeres tuvieron derecho al voto. Gracias a la política del Rey,  Bulgaria empezaría a gozar de grandes avances económicos y sociales. Fueron  años de auge para todo el país.

En política exterior Boris tenía un lema: "Siempre con Alemania y nunca contra Rusia", y le funcionaría, ya que, con la ayuda de ambos países conseguiría firmar un convenio por el que le eran devueltos a Bulgaria los territorios que le fueron arrebatados en la Primera Guerra Mundial.

Pero todo tiene su precio y ya en la Segunda guerra Mundial, Alemania pasaría su factura. Boris, que deseaba mantenerse neutral, se vio obligado  a adherirse al Pacto entre Alemania, Italia y Japón, eso si, manteniendo sus relaciones diplomáticas con Rusia y negándose a enviar tropas búlgaras al frente.

El Führer deseaba un mayor compromiso por parte de Bulgaria y en agosto de 1943 cita a Boris para que acuda el día 15 a su encuentro. Hitler enviaría a su piloto personal, el capitán Hans Baur, en un Junker 52 para recoger al Monarca y conducirlo a Rastenburg. La cara del Rey era de autentica preocupación. 

Cuando llegaron a destino  a Boris le sorprende no encontrar esperándole  a su cuñado, Felipe de Hesse, esposo de Mafalda de Saboya y uno de los colaboradores del Führer, y éste hecho  aumentaría su preocupación.


Boris III y A. Hitler

Hitler y Boris no necesitaron intérpretes, hablaron en alemán y el contenido de su conversación se desconoce. Se sabe que al término de la reunión el Rey de Bulgaria estaba visiblemente excitado, lo que hizo imaginar que en la misma se habría producido una fuerte discusión.

Boris y su cuñado Felipe no consiguieron intercambiar ni una palabra a solas, y ni durante el almuerzo ni durante la noche se les permitió que se acercaran, siempre estuvieron rodeados de los oficiales de la Gestapo. 

De regreso, en el avión del Fhürer, el Monarca no podía disimular su frustración y desconsuelo. A su esposa, la reina Juana, tan solo le dijo  que "Las conversaciones con Hitler fueron muy fatigosas" y que estaba extenuado.

El 23 de agosto, ocho días después de su viaje a Alemania, el Rey sufrió  varios episodios de vómitos.  Se desató la alarma en palacio y se dio aviso a los médicos. A  los doctores Balbanof, Kirkovich, Eppinger y Sajitz, que eran quienes le atendían se les presentaron dudas diagnósticas. Unos pensaron que se trataba de una Colecistitis, otros de una trombosis coronaria. Tras las pruebas realizadas las dudas continuaban y entonces surgió otra duda, la peor de todas, el Monarca podría haber sido envenenado. Como consecuencia  surgiría la pregunta¿ Había mandado Hitler envenenar al Rey de Bulgaria?.

Los búlgaros se apiñan alrededor de los aparatos de radio y escuchan sobrecogidos la fría voz del  primer ministro búlgaro, el germanófilo Bogdan Filof, en los micrófonos de Radio Sofía: "Su Majestad el rey, zar Boris III, el Único, tras breve enfermedad, ha fallecido rodeado de su familia, hoy 28 de agosto de 1943, a las 16:22 horas". 

Dos días después del fallecimiento, el ministro de Justicia búlgaro publicó el acta de defunción, según la cual la muerte se debió a "obstrucción de las coronarias, bronconeumonía, edema del pulmón y del cerebro". Pero lo cierto es que la causa de la muerte todavía no ha sido establecida. Tenía 49 años. Su hijo Simeón, el heredero al trono, apenas seis.

La Princesa Mafalda de Saboya había acudido a Sofia para acompañar a su hermana en tan duro trance. A su regreso a Italia pudo comprobar que  Roma había sido tomada por los alemanes y que su familia había huido. Según parece Mafalda manifestó al oficial de la Gestapo que la acompañaba y que le preguntó por la causa de la muerte de su cuñado: "No trate de descubrir la verdad. Es mucho peor que todo lo que se ha supuesto hasta ahora". Pero si esto es cierto y si algo sabía Mafalda se llevó su secreto a la tumba ya que fue confinada en el campo de concentración de Buchenwald donde murió, mientras  su esposo, Felipe de Hesse, permanecía prisionero en el de Sachsenhausen.

Monasterio de Rila

 El 5 de septiembre de 1943 se celebraron los funerales por el rey Boris III en la catedral de Alexander Nevski y sus restos mortales fueron  inhumados en el monasterio de Rila. En un grandioso funeral el pueblo búlgaro se despidió del que había sido un querido y admirado soberano.

jueves, 5 de mayo de 2016

Fernando el Católico ( II)








La guerra se desencadena en Castilla entre los partidarios de Isabel y los de Juana "la Beltraneja". Fernando al frente de las tropas que defendían a su esposa lucha denodadamente y es recibido con entusiasmo en las distintas villas, reconociéndosele como verdadero rey. Las primeras monedas con la F y la Y entrelazadas se acuñaban ya en Toledo. Concluido el conflicto, los intereses de los reyes se centrarían en Andalucía. Sería precisamente en Sevilla donde Isabel alumbraría en 1478 un varón que se convertiría de inmediato en el heredero de la Corona. 

En 1479 muere Juan II, el padre de Fernando, y éste se ve obligado a partir para tomar posesión de su herencia que estaba compuesta por cinco reinos: Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y Cerdeña a los que había que sumar el reino de Sicilia del que ya era titular desde hacía varios años. No iba a tener Fernando la misma libertad que tenía en Castilla para regir estos reinos. La nobleza territorial era fuerte, existía una gran depresión económica, las rentas reales eran más bien escasas y Fernando estaba lleno de proyectos políticos difíciles de consolidar; se vio obligado, por tanto, a buscar en Castilla los recursos que necesitaba para llevar sus proyectos a término. 

Las Cortes de Toledo de 1480 eran el eje conductor del fortalecimiento del reino de Castilla y Fernando consideraba que eran el ejemplo a seguir en los reinos heredados. Los años que siguieron fueron dedicados, por ambos esposos, a consolidar lo logrado por la monarquía y así, en política interior, institucionalizaron la figura del Corregidor, crearon la Inquisición y organizaron la hacienda real.  También, como no, dedicaron algún tiempo a dar más herederos a la Corona - que era otra manera de consolidar lo logrado - aunque Isabel no volvería a alumbrar a ningún varón. 

Hasta 1492 duró la campaña por la conquista del reino nazarí de Granada, fue una tarea ardua y difícil que obligó a los monarcas a modernizar el ejército y a gastar grandes cantidades de dinero en ello pero, finalmente, el 25 de noviembre de 1491, los reyes Católicos y el rey Boabdil firmarían las Capitulaciones para la entrega de Granada. 


La rendición de Granada. Francisco Padilla

Una vez conseguido el objetivo de Andalucía y con las enormes perspectivas abiertas por el descubrimiento de America, la política internacional de Fernando se centró en las posesiones en Italia y en las relaciones con Francia. Estaba en la mente de los Reyes Católicos tejer una la alianza con los distintos países europeos mediante una adecuada política matrimonial y contaban para ello con suficiente número de hijas.

Pero no todo podía ser controlado y establecido por la propia voluntad y la desgracia cayó sobre sus vidas arrebatándoles la muerte a su bien más preciado, a su hijo Juan, el único varón, el heredero. No sería esta la única desgracia puesto que la muerte se llevaría poco después a la siguiente en la linea sucesoria, la infanta Isabel y posteriormente, al hijo de ésta, el príncipe Miguel, en quien estaban puestas todas las esperanzas de los Reyes

En 1504 fallece Isabel "La Católica" y su testamento es claro, el trono de Castilla sería heredado por su hija Juana, casada con Felipe “El Hermoso” y el regente sería Fernando. Al impacto emocional que la muerte de su esposa debió de producir en Fernando se unió la debilidad política en la que quedaba Castilla ya que la mayoría de los nobles, ante la incapacidad mental de Juana, se posicionaron al lado de su esposo, Felipe. 

Todo parecía estar en contra de Fernando pero, con la habilidad política que lo caracterizaba, daría un golpe maestro y se casaría con la sobrina de su gran enemigo: Luis XII de Francia. Conseguía Fernando con ello a una joven de 18 años, Germana de Foix, los derechos sobre Nápoles que formaban parte de la dote de Germana y además, una alianza con el rey de Francia que debilitaría a su yerno ya que el monarca francés era hasta ese momento un aliado de Felipe. La fortuna, siempre caprichosa, también se alió con Fernando y Felipe "El Hermoso" moriría, a pesar de su juventud, en 1506.

Fernando, tras encerrar a su hija Juana en Tordesillas, volvería a dirigir el destino de Castilla como regente. 
Centraría entonces sus esfuerzos en conseguir un heredero para el reino de Aragón, con el propósito de que fuera un Trástamara y no un Habsburgo quien portara su corona. Consideraba que siendo su esposa tan joven la cosa no debía ser difícil pero olvidaba que él tenía 53 años y un cuerpo desgastado en mil batallas y en muchos lechos distintos del conyugal. 

Su esposa era una mujer grande y fuerte, amante del buen yantar y a la que P. Sandoval había descrito como "Poco hermosa y algo coja" pero sus 18 años llenaban de gozo e ilusión a Fernando. Era Germana una mujer inteligente y sabía muy bien que para obtener el futuro que deseaba era primordial engendrar un hijo. Pasaron tres años antes de que lo consiguiera, el fruto de aquella gestación fue un varón que, nacido en 1509 apenas vivió unas horas. 


Germana de Foix -G. Bausá 


Los cónyuges siguieron persiguiendo con ahínco el ansiado heredero. Las fuerzas de Fernando, a pesar de la juventud de su esposa, eran cada vez menores y en 1513 el rey enferma. Martin de Anglería nos cuenta en marzo de ese año : "Nuestro rey Católico se encuentra algo enfermo y ha vomitado todo lo que ha comido" y sigue diciendo "la causa es un feo potaje que Dª Germana le hizo administrar a D. Fernando por mediación de Dª María de Velasco para más habilitarle y que pudiese tener hijos". También y en similares términos se expresa Comenge que llega a decir que: "al rey se le dieron un potaje de turmas de toro". Se ha sugerido también por parte del Dr. Fernández Ruiz que, probablemente, Fernando tomase "Cantaridina", un potente afrodisiaco, muy peligroso en dosis altas, que actúa dilatando los vasos sanguíneos y que se obtiene de un insecto verde muy común en el centro de España. Cabe suponer que su médico de cámara, Francisco López de Villalobos, ignoraría la toma de dicho afrodisiaco. 

Sea como fuere, lo cierto es que Fernando se encontró mal desde entonces, tuvo distintos episodios febriles y algún desmayo. Se hallaba cerca de Trujillo camino de Guadalupe  cuando su estado empeoró y la comitiva real tuvo que parar y buscar acomodo en la villa de Madrigalejo. El 23 de enero de 1516  fallecía en esta pequeña aldea. El Dr. Junceda nos dice que en sus últimos días "no podía andar por su propio pie haciéndose llevar en una silla de manos, le apareció hidropesía y finalizó en una insuficiencia cardiaca". 

Como escribió el historiador Pedro Mártir de Anglería, «el señor de tantos reinos, el adornado de tantas palmas, el propagador de la religión católica y el vencedor de tantos enemigos, murió en una miserable casa rústica y, contra la opinión de las gentes, pobre».