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viernes, 15 de abril de 2016

Federico III de Alemania




Príncipe Federico - Heinrich von Angeli

Federico, que nació en Potsdam en octubre de 1831, era el primer hijo de un segundón de la dinastía Hohenzollern. Su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach era una mujer liberal que había recibido una buena educación y su padre, Guillermo de Prusia, era el segundo hijo del rey Federico Guillermo III. No estaba pues llamado a ocupar un trono pero las carambolas de la vida le llevaron a él, aunque fuera tan sólo por tres meses.

El matrimonio de sus padres no era feliz. Su padre, que había estado profundamente enamorado de una princesa polaca, se había visto obligado a pedir en matrimonio a Augusta por razones de Estado, pero había dicho de ella que "la princesa es agradable y culta pero no me atrae" y es de suponer que estos comentarios llegarían a oídos de la flamante novia que no debió sentirse muy complacida por ellos. No hubo pues buena relación entre ambos y eso repercutió, como no, en la infancia de sus hijos. 

Fue su madre, la princesa Augusta, quien puso todo el empeño en que su hijo recibiera una educación esmerada y Federico demostró ser un alumno aventajado que además dio muestras de una gran facilidad para los idiomas pero, como no podía ser de otra manera tratándose de la corte prusiana, también recibió una extensa formación militar. Se matriculó en la universidad de Bonn y esa época universitaria acabaría de marcar su temperamento liberal. 

No era sólo Federico el que tenía ideas liberales. En su país se empezaba a gestar la idea de una Alemania unida bajo una monarquía constitucional que garantizara la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A pesar de que estas ideas dieron lugar a varias revoluciones, los conservadores lograron frenarlas pero no pudieron evitar que las ideas liberales continuaran existiendo en la población.

Cuando en 1851 se inaugura la Gran Exposición de Londres, Federico y sus padres acuden a Inglaterra invitados por la Reina Victoria y es en esa ocasión cuando Federico conoce a la que con los años se convertiría en su esposa, la hija primogénita del príncipe Alberto y de la reina Victoria.

Princesa Victoria - Winterhalter

Gustaba a la soberana del Reino Unido la posibilidad de ese enlace matrimonial y la idea del mismo también era del agrado de Augusta, la madre de Federico, no así de su padre que hubiera preferido a una princesa rusa. En la siguiente ocasión en la que se vieron - un encuentro propiciado por la reina Victoria que había invitado a Federico a pasar unos días en Balmoral - ambos jóvenes se enamoraron y se comprometieron en matrimonio.

Puesto que la princesa Victoria era aún demasiado joven, los enamorados hubieron de esperar dos años antes de contraer matrimonio pero al fin el 25 de enero de 1858 se celebró la boda en el palacio de St. James en Londres. La novia hizo su entrada acompañada por la marcha nupcial de Mendelssohn siendo ésta, tal vez, la primera vez que la música de Mendelssohn se oía en una boda. Formaban una hermosa pareja que además estaba muy enamorada pero, no iba a ser el suyo un camino de rosas. 

Boda de Federico y Victoria - J. Phillips


Las ideas liberales de Victoria, educada en una monarquía constitucional, no eran del agrado de su suegro ni tampoco de Bismarck, que consideraba que Victoria era una mala influencia para el Príncipe y además el carácter de la nueva princesa no era del agrado de los prusianos. Victoria era una mujer "estirada" que se consideraba a si misma superior a su familia política y consideraba a Inglaterra superior a Prusia, razón por la cual no despertó simpatías en la corte prusiana que ya de por sí tenía un sentimiento antibritánico muy arraigado. Así pues, ambos fueron separados de las zonas de influencia y se les apartó mandándoles a vivir alejados de Berlin, concretamente al palacio de Potsdam. 

El rey Federico Guillermo IV, no tenía hijos y además en 1858 sufrió una enfermedad mental que lo apartó del trono. Esto supuso que el padre de Federico pasara a ocupar la regencia y que fuera coronado rey como Guillermo I cuando murió su hermano tres años después. Tremendamente conservador, Guillermo I se apresuró a nombrar a Otto von Bismarck como canciller y a dejar las riendas de la política del país y de la unificación de Alemania en sus manos. 

Con la subida de su padre al trono, Federico pasó a ser el Kronprinz y ya como príncipe heredero, protestó públicamente contra los decretos restrictivos de las libertades de los ciudadanos promulgados por Bismarck. Lógicamente esto no gustó al canciller y lo único que consiguió Federico fue un mayor aislamiento y ser excluído de todos los asuntos políticos.

Participó como militar en la guerra de los Ducados y fue condecorado por su valentía. También dirigió el III Ejercito Alemán cuando estalló la guerra franco-prusiana. Pero, no tenía Federico inclinación militar y si lo hizo fue porque así se lo demandaba su padre. En varias ocasiones llegó a decir públicamente que no le gustaban las guerras y que esperaba no tener ninguna cuando ascendiera al trono. 


Federico conversando con dignatarios - Adolf von Menzel

La unificación de Alemania se llevó a cabo y Guillermo I fue proclamado Emperador en 1871. El hecho de haberse convertido en heredero de un Imperio no cambió la vida de Federico, que siguió aislado y con funciones puramente representativas en bodas, funerales y demás eventos. Tanto él como los liberales deseaban ardientemente que Federico subiera al trono pero tardó en hacerlo 27 años. 

Victoria era una madre prolífica y dio al Kronprinz ocho hijos, aunque dos de ellos no llegaron a la edad adulta. El primero de ellos, Guillermo, que estaba llamado a convertirse en su heredero nació con una tara física y ello supuso una dura prueba para ambos cónyuges que, por incomprensible que parezca sintieron, al menos la princesa Victoria, un rechazo hacia su hijo. Como consecuencia de ello, las relaciones entre padres e hijo serían complejas y el que un día se convertiría en el Kaiser Guillermo II pasaba la mayor parte de su tiempo con su abuelo, el Emperador, sintiéndose mucho más cercano a las ideas conservadoras de éste que a las liberales de sus progenitores.


Federico con su hijo Guillermo en Balmoral

En 1887 Federico contaba 55 años de edad y empezaría a experimentar una ronquera que sería evaluada por el Dr. Gehrardt, uno de los médicos más eminentes de Alemania. Observó éste una lesión en una cuerda vocal e intentó extirparla con distintos métodos sin lograrlo. Recurrió entonces a la opinión del Dr. Bergmann, catedrático de cirugía, quien diagnosticó cáncer laríngeo. Tras el diagnostico, Bergmann consideraría que el único tratamiento posible sería la laringuectomía total. La experiencia en este tipo de intervenciones era poca puesto que la primera laringuectomía se había realizado tan solo 15 años antes y los resultados de las que se habían practicado no habían sido demasiado alentadores.

Ambos médicos explican a los príncipes su diagnóstico y el tratamiento que consideran oportuno pero interviene entonces la princesa Victoria, quien convence a Federico para que sea evaluado por un médico inglés - la Princesa consideraba que su país natal estaba más avanzado que el resto de Europa - y el elegido fue el Dr. Mackenzie. Como era lógico la consulta al médico inglés no fue bien recibida en Alemania. Los conservadores consideraron que se evidenciaba con este acto la enorme influencia que ejercía Victoria en su esposo y el desprecio que sentía por todo lo alemán. Por otra parte los médicos alemanes Gerhardt y Bergmann consideraron la consulta al inglés como una afrenta personal. 

Mackenzie examinó al paciente y concluyó, tras extirpar una pequeña parte de la lesión y hacerla analizar por el patólogo Virchow, que la lesión no era maligna. Con la alegría de este diagnóstico los príncipes decidieron continuar su vida con normalidad. 

En noviembre de ese mismo año Victoria y Federico se encontraban de viaje en San Remo y el Príncipe sufre un resfriado y ve con preocupación como en su cuello aparece una tumoración. Avisado Mackenzie acude a San Remo con urgencia, comprobando el aumento de tamaño de la glándula submaxilar y diagnosticando, ahora si, un cáncer de laringe de cuya aparición culpa a los médicos alemanes, pues argumenta que las manipulaciones a los que éstos le sometieron para extirpar la lesión habían sido las causantes de la malignización. Aconseja entonces la laringuectomía que antes desaconsejó, pero en esta ocasión Federico se niega. 

En febrero de 1888 su estado empeora y los médicos se ven en la necesidad de practicarle una traqueotomía que lo dejaría sin habla. En marzo muere su padre y Federico se convertía al fin en Emperador, pero su estado era ya irreversible y falleció el 15 de Junio. Su reinado había durado tan sólo 99 días. Poco tiempo para llevar a cabo las reformas con las que tanto había soñado. 

En la autopsia del Emperador se encontró la laringe destruida por un carcinoma y se siguieron cruzando acusaciones entre Mackenzie y los médicos alemanes sobre el error diagnóstico que había retrasado el tratamiento. 


Los restos mortales de Federico III recibieron sepultura en la Friedenskirche de Potsdam.