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viernes, 4 de noviembre de 2016

Eduardo II de Inglaterra ( I )











Gales acababa de ser conquistado por Eduardo I de Inglaterra y fue en tierras galesas, concretamente en el Castillo de Caernarfon, donde su esposa Leonor de Castilla daría a luz, el 25 de abril de 1284, al que sería el último de sus hijos, el futuro Eduardo II, quien como consecuencia de las prematuras muertes de los hermanos varones que le precedieron acabaría siendo el heredero al trono. 

Fue el primer príncipe al que se le impuso el título de Principe de Gales como heredero de la Corona, y según la leyenda su padre, Eduardo I, había prometido a los nobles galeses cuando conquistó Gales que les daría un príncipe que no hablara inglés. Cuando les presentó al pequeño recién nacido, todo el mundo pudo comprobar que, efectivamente, no hablaba esa lengua….ni ninguna otra. 

Castillo de Caernarfon

Como era lógico en los convulsos tiempos que corrían, donde todo Reino debía ser defendido con las armas, Eduardo I intentó instruir a su hijo en las artes militares pero, el pequeño era más amante del refinamiento y de los entretenimientos frívolos que de los bélicos, provocando la preocupación y la indignación de su padre. 

Cuando contaba 14 años conoció a un caballero, Piers Gaveston, que se convirtió en su inseparable amigo y también en su primer amor. Enterado el Rey de la "gran amistad" de ambos jóvenes y preocupado por la orientación sexual de su hijo, mandó desterrar a Gaveston exigiendo al Príncipe la promesa de que jamás volverían a verse. Poco duró el destierro y la promesa del príncipe, ya que, el Rey moriría tres meses más tarde y una de las primeras medidas que adoptó el ya coronado Eduardo II fue traer de vuelta a su amante y otorgarle un inmenso poder en la Corte y el titulo de conde de Cornwalles, lo que despertaría las iras y la envidia de los nobles. No empezaba bien su andadura el nuevo Rey. 

Eduardo tenía claro que los reyes debían casarse y buscar la descendencia apropiada si querían conservar el trono y se dispuso a cumplir con su deber casándose con Isabel, hija de Felipe IV de Francia y, a decir de los cronistas de la época, enormemente bella. Con los años los ingleses le darían el sobrenombre de "La Loba de Francia". La belleza de Isabel no parece que impresionara mucho a Eduardo quien en la misma fiesta de Coronación de la nueva Reina se dedicó a departir y a lisonjear a su amante más que a su flamante esposa, haciéndole objeto de las expresiones de cariño que debiera haberle dedicado a ella. No obstante, Eduardo cumplió con sus deberes y, según parece, con acierto ya que los esposos engendraron cuatro hijos. 


Eduardo II y Piers Gaveston - Marcus Stone


Los privilegios concedidos a Gaveston colmaron la paciencia de los nobles que veían como se dilapidaban los bienes del Reino y como el favorito abusaba del poder concedido por el Monarca. La presión de la nobleza hizo que el Rey enviara a su favorito a Irlanda como Gobernador y, curiosamente, se demostraría que era un administrador eficaz. No obstante, a Eduardo se le hacía muy dura la vida sin su amante y le hizo traer de regreso a Inglaterra. 

No era Gaveston hombre discreto y en cuanto se vio de nuevo al lado del Rey hizo alarde de su privilegiada posición despertando de nuevo la ira de los nobles. La nobleza reunida y capitaneada por el conde de Lancaster, primo carnal de Eduardo, exigió al Rey el destierro del favorito. Eduardo, cuya posición estaba muy debilitada, no tuvo más remedio que plegarse a estas exigencias y Gaveston fue desterrado pero, un año después, volvería a Inglaterra de nuevo y ese sería su fin. Aprovechando una ausencia del Rey, fue capturado, hecho prisionero y mandado ejecutar por orden de Thomas Lancaster. Era el mes de junio de 1312 y Gaveston tenía 28 años.

La cólera de Eduardo II, cuando tuvo conocimiento de los hechos, fue enorme pero era consciente de que eran tiempos de sangre y si pensó en la venganza sabía que no era el momento de llevarla a cabo.

De Escocia sólo el castillo de Stirling permanecía en manos de los ingleses. No tenía ningún valor estratégico y el papel de esta fortaleza era tan solo testimonial pero el rey escocés, Roberto I, había puesto sitio al castillo y Eduardo II pensó que una victoria sobre los escoceses aumentaría su prestigio y le pondría en situación de poder dar muerte a Lancaster, vengando de este modo a su amante.

El numeroso ejercito que había logrado reunir Eduardo II se enfrentó al más numeroso ejercito de Roberto I en la batalla de Bannockburn y la lucha se saldó con una vergonzosa derrota de los ingleses y una clamorosa victoria de los escoceses, lo que significaría la independencia efectiva de Escocia. Ante la debilidad de Eduardo la nobleza no desaprovechó la ocasión y limitó los poderes del Rey a través del Parlamento. 

Castillo de Stirling

Poco tiempo después, Eduardo II encontraría un nuevo amante. Se trataba de Hugo Despenser, hijo del conde de Winchester, de 32 años y casado con Leonor de Glucester, sobrina de Eduardo. Era un hombre lleno de ambiciones, característica ésta que compartía con su padre -al que apodaban "el viejo"- y con su esposa. Ellos serían quienes le animarían a emprender la aventura con el Rey y a convertirse en su favorito. 

El nuevo favorito era un hombre vanidoso, que pasaría de ser un simple caballero a ser un hombre rico gracias a su matrimonio y un hombre poderoso gracias a su amante. En 1318 fue nombrado Chambelán Real pero nada era suficiente para calmar su codicia. Dos años después se había ganado numerosos y peligrosos enemigos en la Corte, entre ellos, la propia Reina Isabel cuyo odio hacia el favorito sería patente. 

El dominio que Despenser ejercía sobre Eduardo era inmenso hasta el punto de ser capaz este de hacer caso omiso de los tribunales y llegar incluso a desposeer de sus derechos a las cuñadas de Hugo con tal de enriquecer más a su amante. Esa desobediencia al poder legal fue la gota que colmó el vaso y un grupo de nobles, entre los que se encontraba Roger Mortimer y el propio Thomas Lancaster, exigieron al Rey el destierro de los Despenser. Asustado, Eduardo II consintió en el destierro pero no por ello cesaron las hostilidades entre la Corona y gran parte de los nobles. En esta ocasión fue Eduardo el vencedor. Mortimer fue encarcelado en la Torre de Londres y Thomas Lancaster fue juzgado y condenado a morir decapitado. La venganza del Rey se había consumado.

Regresaron los Despenser, padre e hijo, y convencidos del aumento de su poder iniciaron un periodo de violencia y desmanes ejecutando a los rebeldes y confiscando sus bienes. La respuesta de los nobles no se haría esperar y esta vez con la propia Reina al frente de ella. En 1323 Mortimer escapa de su cautiverio -probablemente ayudado por Isabel- y huye a Francia. Mientras tanto la Reina esperaba su momento.                                                                                                
                                                                                                                         Continuará

sábado, 22 de octubre de 2016

Margarita de Austria, duquesa de Saboya





Margarita de Austria. Anónimo. The Metropolitam Museum



Diez de enero de 1480, once de la mañana. Hacía frío en Bruselas cuando María de Borgoña alumbraba a Margarita, la segunda de sus hijos. Como hija del archiduque Maximiliano recibiría el titulo de Archiduquesa desde su nacimiento al igual que su hermano Felipe. El destino y los arreglos matrimoniales quisieron que ambos pasaran a formar parte de la historia de España. 

Dos años después de su nacimiento moriría su madre y su padre, Maximiliano, que tenía muy claro que su hija era un material de gran valor en la política matrimonial, ofrece a Margarita, que contaba poco más de dos años de edad, como esposa de Carlos, el Delfín de Francia. Este compromiso matrimonial formaba parte del pacto de paz - pacto de Arrás- que había firmado con el rey de Francia. 

Se trasladaría Margarita a vivir a la corte francesa para ser educada junto a su futuro esposo y en aquella corte permanecería diez años. Su prometido, que se había convertido ya en el rey Carlos VIII de Francia por la muerte de su padre, empezó a considerar que el matrimonio de Margarita no era el más conveniente para sus intereses y decidió repudiarla - puesto que el matrimonio no había sido consumado - y devolvérsela a su padre. 

Maximiliano se había convertido ya en Emperador del Sacro Imperio y a los Reyes Católicos interesaba una alianza con el Imperio, por lo que proponen a Maximiliano I un doble enlace : Margarita casaría con su hijo Juan, heredero de sus Reinos, y su hija Juana casaría con Felipe, heredero de Maximiliano.

Firmadas las capitulaciones matrimoniales por poderes, Margarita embarca hacia España en la misma flota que había trasladado a Bruselas a la Infanta Juana. La travesía sería muy complicada - se desató una gran tormenta que a punto estaría de costarle la vida - pero, lejos de amilanarse, la Archiduquesa daría muestras de un gran valor y de un gran sentido del humor ya que, según recoge Perez Priego, escribió una nota de su puño y letra en la que daba instrucciones sobre el contenido del epitafio de su lápida: "Aquí yace Margot, la gentil damisela que, después de dos maridos, aún es doncella".

Quedaron impresionados los castellanos cuando vieron el brillante séquito que acompañaba a la Archiduquesa, pero aún quedaron más impresionados - sobre todo el príncipe Juan - cuando vieron la belleza y la gentileza de Margarita. Mártir de Anglería llego a escribir : "Si la vieras, pensarías que estabas contemplando a la misma diosa Venus".


D. Juan de Aragón, Príncipe de Asturias


La boda se celebraría el 4 de abril de 1497 en la Catedral de Burgos y después, los Príncipes de Asturias se trasladarían a Almazán donde darían rienda suelta a la pasión que se había desatado en ellos al conocerse. Poco duraría la dicha, apenas seis meses. Juan era un hombre débil y enfermizo y unas fiebres acabarían con su vida en octubre de ese mismo año. Margarita quedó destrozada y en estado de gestación, representando ese embarazo la esperanza de los Reyes Católicos de tener un heredero. No fue posible, Margarita, tal vez como consecuencia de la pena, daba a luz prematuramente a una niña que no sobreviviría. 

Apenas dos años después, en 1499, un cortejo encabezado por el Obispo de Cordoba, Juan de Fonseca, acompañaría a Margarita en su regreso a Flandes. Allí fue madrina de su sobrino Carlos, nacido en 1500, sin imaginar que ese pequeño niño la acabaría queriendo más que a su propia madre.

Poco tardaría su padre, Maximiliano I, en comprometerla de nuevo en matrimonio. Margarita era aún joven y el Emperador no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad de conseguir nuevas alianzas políticas a través de su hija. Esta vez el elegido sería el duque de Saboya, Filiberto II. 

En 1501 partió Margarita hacia el Piamonte para contraer el que sería su tercer matrimonio, a pesar de que solo contaba 21 años de edad. En tierras italianas tomó contacto con el mundo cultural y artístico de los humanistas de Renacimiento que tan gran influencia habrían de tener en ella. Tampoco este esposo le duraría mucho. A pesar de ser tan joven como ella, moriría en 1504 dejándola viuda de nuevo. No tenía suerte Margarita. 

Regresó a Flandes y se negó en rotundo a volverse casar. A los 24 años había sido repudiada una vez y era viuda por dos veces y no estaba dispuesta a seguir acumulando lutos y sinsabores. Se hizo cargo de sus sobrinos, los hijos de Juana y Felipe. Éstos habían sido jurados, tras la muerte de Isabel la Católica, Reyes de Castilla y se habían trasladado a la península dejando a sus hijos Carlos, Leonor, Isabel y María en Flandes, al cuidado de su tía. También pasó a ocupar la regencia de los Países Bajos en tanto su hermano Felipe permanecía en las tierras de su esposa. Así pues, decidió que ese era su cometido en la vida y que no la había llamado Dios para ser esposa de nadie. 

Cuando en 1506 muere Felipe el Hermoso, Margarita es nombrada por su padre, Maximiliano I, gobernadora de los Países Bajos, tarea nada fácil, pero Margarita era tenaz y se dispuso a cumplirla con el mayor celo. Decidió trasladar la corte a la villa de Malinas y allí cuidó a sus cuatro sobrinos dándoles una elevada educación. Margarita era una mujer inteligente, de fuerte personalidad y muy culta y haría de mecenas de las Artes y de las Letras. Así pues, la Regente de los Países Bajos se rodeó de pintores como Bernard van Orley y Pieter van Coninxloo, de arquitectos, músicos y hombres de letras entre los que se encontraban Vives y Lemaire de Belges. Llegó a atesorar gran cantidad de obras de arte, tapices y vidrieras y patrocinó la construcción de la iglesia de Brou, una obra maestra del gótico.

Palacio de Malinas

Margarita estaba demostrando ser una mujer con una gran talla política y consciente de que sus sobrinos por derecho propio o como consortes ocuparían los tronos de Europa se preocupó de darles una educación completa y refinada. 

En 1515 el emperador Maximiliano decidirá que su nieto Carlos asuma el poder en los Países Bajos y Margarita hará el traspaso de poderes a su sobrino. Será por poco tiempo ya que en 1517 y como consecuencia de la muerte de Fernando el Católico y de la reclusión de Juana, su heredera, en Tordesillas, Carlos deberá viajar a la península para tomar posesión de los Reinos de España y por ello volverá a nombrar a Margarita como Regente de los Países Bajos.

Es en esta segunda regencia cuando Margarita demuestra sus grandes dotes como diplomática. En política exterior siempre fue una mujer prudente y precisamente su prudencia, su encanto y su diplomacia fueron utilizados siempre por su sobrino Carlos. 

Jugó un importante papel en la consecución del titulo de Emperador para Carlos I, siendo una hábil embajadora que logró que las tramas y conspiraciones de quienes también pretendían la corona imperial no fructificaran. Su trabajo se vió recompensado y su sobrino Carlos fue coronado emperador en 1520. 

Margarita tuvo también un importante papel en la rivalidad, que durante más de 10 años, habían mantenido Carlos y Francisco I de Francia y cuyas guerras habían arruinado a ambos Reinos. En este contexto de agotamiento económico Margarita habría de prestarle al Emperador un ultimo servicio. Luisa de Saboya como madre de Francisco I y ella, en representación de su sobrino Carlos, firmaron en 1529 la Paz de Cambrai, que sería conocida como Paz de las Damas y con la que se puso fin al conflicto entre las dos naciones además de incluir en el acuerdo, la boda de su sobrina Leonor con el rey Francisco.

Regresó Margarita a Malinas sintiéndose mal. En Francia, durante las negociaciones de la Paz, hubo de ser atendida por un fuerte dolor en una de sus piernas, el diagnóstico de los médicos fue que sufría gota. Los remedios dados debieron aliviarla y durante algunos meses pareció sentirse mejor.


Firma de la Paz de Cambrai. Francisco Jover

En noviembre de 1530 empieza de nuevo el dolor en la pierna pero esta vez no calma con los remedios que se le suministraron. A los pocos días los dolores se vuelven insoportables y hace su aparición la fiebre, que sería cada vez más alta. La examinan tres médicos de Cámara, que encuentran la pierna hinchada y tumefacta. Deciden abrirla para poder “evacuar los humores” existentes pero, la gangrena era ya imparable. 

Dándose cuenta de que su fin se aproximaba, Margarita, dictó testamento y una emotiva carta para su sobrino Carlos con sus ultimas recomendaciones políticas. Tras confesar expiró el 1 de diciembre de 1530, sus restos fueron llevados a la iglesia de Brou. 

Europa perdía con ella una de las mentes políticas más brillantes de su tiempo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Boris III de Bulgaria










En la madrugada del 30 de enero de 1894 nacía en Sofia el primer hijo del matrimonio formado por Fernando I de Bulgaria y  Mª Luisa de Borbón-Parma. Por aquel entonces Bulgaria era un pequeño principado que formaba parte del Imperio Otomano, la mayoría de la población era ortodoxa pero los Príncipes eran católicos por lo que para contentar a todos el pequeño Boris fue bautizado en ambas religiones.

Al día siguiente de que cumpliera los 5 años moría su madre y el pequeño Príncipe pasaba a ser educado por su abuela materna, Clementine de Orleáns. Cuando  ésta murió, Boris que contaba ya 13 años, pasó a depender directamente de su padre. Fernando  eligió personalmente a todos sus profesores, y a Boris se le instruyó en casi todas las disciplinas sin descuidar la instrucción militar y los idiomas, hablaba francés, alemán, ingles e italiano.

No tuvo una infancia ni una adolescencia feliz, su padre era un hombre exigente, muy autoritario y no daba muestras de sensibilidad ni afecto hacía sus hijos, probablemente en un intento de disimular su comentada homosexualidad.

Fernando I de Bulgaria

En 1908, Bulgaria se había convertido en un estado independiente y Fernando se había autoproclamado Zar del mismo. Permitió entonces una mayor libertad a Boris quien, a partir de 1911, justo un año antes de su mayoría de edad, pudo viajar por Europa y conocer a los miembros de la realeza y a los gobernantes de otros países.

Mientras esto sucedía en su vida personal, su país, Bulgaria, había sufrido el fracaso de la segunda guerra de los Balcanes y había visto como se  empequeñecía su territorio. El final de la Primera Guerra Mundial supuso otro fracaso y la pérdida de más territorios. El pueblo búlgaro sumamente indignado presionó al Zar que no tuvo más remedio que abdicar en su hijo y salir hacia el exilio.

Serían años difíciles los que siguieron a la coronación de Boris y, una gran depresión económica propició que los partidos de izquierdas ganaran las elecciones un año después de su llegada al trono. Se instituyó entonces en el país el gobierno de la Unión Agraria Popular Búlgara. Este gobierno, contrario a la monarquía, situó  a Boris  al margen de la política y el Ejecutivo jamás consultaría sus decisiones al Rey. Se vivieron años de inestabilidad, la Unión Agraria fue apartada del poder por un golpe de Estado que perpetraron los militares. Se perdieron muchas vidas en las luchas internas.

Boris, que permanecía en la sombra sin desempeñar ninguna tarea política se dedicaría durante ese periodo a sus aficiones: la mecánica y la naturaleza. También, y dando con ello muestras de sensibilidad e inteligencia, emprendería  viajes por su tierra, visitando los pueblos y las  ciudades de Bulgaria, interesándose por la vida de sus habitantes y llegando incluso  a convivir con ellos en  alguna ocasión. De este modo se ganaría el cariño y la lealtad de su pueblo.

Durante este periodo de inestabilidad y de luchas internas por el poder Boris sufrió dos atentados. En el primero de ellos murieron dos personas de su séquito y él resultó herido de bala. Tres días después de estos sucesos y en el funeral de un general en el que se esperaba su presencia se produjo el segundo, el estallido de una bomba  que causó 128 muertos aunque  no logró su objetivo: matar al Rey.

Tras estos atentados Boris emprendería un viaje con su hermana Eudoxia por distintos Estados, entre ellos Italia. Tenía ya 33 años y sabia que había llegado el momento de elegir esposa. En Italia conoció a la tercera hija del Rey Victor Manuel III, Juana de Saboya, y se enamoró de ella. Contrajeron matrimonio  católico en Asís en 1930  y poco después matrimonio ortodoxo en Sofía. 


Juana de Saboya


Bulgaria continuaba con una gran inestabilidad política agravada por una nueva depresión económica. Ni el Bloque Popular en el gobierno ni los comunistas que dominaban los ayuntamientos eran capaces de mejorar la situación y en 1934 un golpe de Estado coloca en el poder al círculo del Zveno que establecería una dictadura y  prohibiría todos los partidos políticos.

Al siguiente año, Boris cogería el timón del país y mediante otro golpe de Estado se haría con el poder. Sus primeras medidas fueron reimplantar la constitución y establecer un régimen parlamentario. Por primera vez en la Historia de Bulgaria las mujeres tuvieron derecho al voto. Gracias a la política del Rey,  Bulgaria empezaría a gozar de grandes avances económicos y sociales. Fueron  años de auge para todo el país.

En política exterior Boris tenía un lema: "Siempre con Alemania y nunca contra Rusia", y le funcionaría, ya que, con la ayuda de ambos países conseguiría firmar un convenio por el que le eran devueltos a Bulgaria los territorios que le fueron arrebatados en la Primera Guerra Mundial.

Pero todo tiene su precio y ya en la Segunda guerra Mundial, Alemania pasaría su factura. Boris, que deseaba mantenerse neutral, se vio obligado  a adherirse al Pacto entre Alemania, Italia y Japón, eso si, manteniendo sus relaciones diplomáticas con Rusia y negándose a enviar tropas búlgaras al frente.

El Führer deseaba un mayor compromiso por parte de Bulgaria y en agosto de 1943 cita a Boris para que acuda el día 15 a su encuentro. Hitler enviaría a su piloto personal, el capitán Hans Baur, en un Junker 52 para recoger al Monarca y conducirlo a Rastenburg. La cara del Rey era de autentica preocupación. 

Cuando llegaron a destino  a Boris le sorprende no encontrar esperándole  a su cuñado, Felipe de Hesse, esposo de Mafalda de Saboya y uno de los colaboradores del Führer, y éste hecho  aumentaría su preocupación.


Boris III y A. Hitler

Hitler y Boris no necesitaron intérpretes, hablaron en alemán y el contenido de su conversación se desconoce. Se sabe que al término de la reunión el Rey de Bulgaria estaba visiblemente excitado, lo que hizo imaginar que en la misma se habría producido una fuerte discusión.

Boris y su cuñado Felipe no consiguieron intercambiar ni una palabra a solas, y ni durante el almuerzo ni durante la noche se les permitió que se acercaran, siempre estuvieron rodeados de los oficiales de la Gestapo. 

De regreso, en el avión del Fhürer, el Monarca no podía disimular su frustración y desconsuelo. A su esposa, la reina Juana, tan solo le dijo  que "Las conversaciones con Hitler fueron muy fatigosas" y que estaba extenuado.

El 23 de agosto, ocho días después de su viaje a Alemania, el Rey sufrió  varios episodios de vómitos.  Se desató la alarma en palacio y se dio aviso a los médicos. A  los doctores Balbanof, Kirkovich, Eppinger y Sajitz, que eran quienes le atendían se les presentaron dudas diagnósticas. Unos pensaron que se trataba de una Colecistitis, otros de una trombosis coronaria. Tras las pruebas realizadas las dudas continuaban y entonces surgió otra duda, la peor de todas, el Monarca podría haber sido envenenado. Como consecuencia  surgiría la pregunta¿ Había mandado Hitler envenenar al Rey de Bulgaria?.

Los búlgaros se apiñan alrededor de los aparatos de radio y escuchan sobrecogidos la fría voz del  primer ministro búlgaro, el germanófilo Bogdan Filof, en los micrófonos de Radio Sofía: "Su Majestad el rey, zar Boris III, el Único, tras breve enfermedad, ha fallecido rodeado de su familia, hoy 28 de agosto de 1943, a las 16:22 horas". 

Dos días después del fallecimiento, el ministro de Justicia búlgaro publicó el acta de defunción, según la cual la muerte se debió a "obstrucción de las coronarias, bronconeumonía, edema del pulmón y del cerebro". Pero lo cierto es que la causa de la muerte todavía no ha sido establecida. Tenía 49 años. Su hijo Simeón, el heredero al trono, apenas seis.

La Princesa Mafalda de Saboya había acudido a Sofia para acompañar a su hermana en tan duro trance. A su regreso a Italia pudo comprobar que  Roma había sido tomada por los alemanes y que su familia había huido. Según parece Mafalda manifestó al oficial de la Gestapo que la acompañaba y que le preguntó por la causa de la muerte de su cuñado: "No trate de descubrir la verdad. Es mucho peor que todo lo que se ha supuesto hasta ahora". Pero si esto es cierto y si algo sabía Mafalda se llevó su secreto a la tumba ya que fue confinada en el campo de concentración de Buchenwald donde murió, mientras  su esposo, Felipe de Hesse, permanecía prisionero en el de Sachsenhausen.

Monasterio de Rila

 El 5 de septiembre de 1943 se celebraron los funerales por el rey Boris III en la catedral de Alexander Nevski y sus restos mortales fueron  inhumados en el monasterio de Rila. En un grandioso funeral el pueblo búlgaro se despidió del que había sido un querido y admirado soberano.

jueves, 5 de mayo de 2016

Fernando el Católico ( II)








La guerra se desencadena en Castilla entre los partidarios de Isabel y los de Juana "la Beltraneja". Fernando al frente de las tropas que defendían a su esposa lucha denodadamente y es recibido con entusiasmo en las distintas villas, reconociéndosele como verdadero rey. Las primeras monedas con la F y la Y entrelazadas se acuñaban ya en Toledo. Concluido el conflicto, los intereses de los reyes se centrarían en Andalucía. Sería precisamente en Sevilla donde Isabel alumbraría en 1478 un varón que se convertiría de inmediato en el heredero de la Corona. 

En 1479 muere Juan II, el padre de Fernando, y éste se ve obligado a partir para tomar posesión de su herencia que estaba compuesta por cinco reinos: Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y Cerdeña a los que había que sumar el reino de Sicilia del que ya era titular desde hacía varios años. No iba a tener Fernando la misma libertad que tenía en Castilla para regir estos reinos. La nobleza territorial era fuerte, existía una gran depresión económica, las rentas reales eran más bien escasas y Fernando estaba lleno de proyectos políticos difíciles de consolidar; se vio obligado, por tanto, a buscar en Castilla los recursos que necesitaba para llevar sus proyectos a término. 

Las Cortes de Toledo de 1480 eran el eje conductor del fortalecimiento del reino de Castilla y Fernando consideraba que eran el ejemplo a seguir en los reinos heredados. Los años que siguieron fueron dedicados, por ambos esposos, a consolidar lo logrado por la monarquía y así, en política interior, institucionalizaron la figura del Corregidor, crearon la Inquisición y organizaron la hacienda real.  También, como no, dedicaron algún tiempo a dar más herederos a la Corona - que era otra manera de consolidar lo logrado - aunque Isabel no volvería a alumbrar a ningún varón. 

Hasta 1492 duró la campaña por la conquista del reino nazarí de Granada, fue una tarea ardua y difícil que obligó a los monarcas a modernizar el ejército y a gastar grandes cantidades de dinero en ello pero, finalmente, el 25 de noviembre de 1491, los reyes Católicos y el rey Boabdil firmarían las Capitulaciones para la entrega de Granada. 


La rendición de Granada. Francisco Padilla

Una vez conseguido el objetivo de Andalucía y con las enormes perspectivas abiertas por el descubrimiento de America, la política internacional de Fernando se centró en las posesiones en Italia y en las relaciones con Francia. Estaba en la mente de los Reyes Católicos tejer una la alianza con los distintos países europeos mediante una adecuada política matrimonial y contaban para ello con suficiente número de hijas.

Pero no todo podía ser controlado y establecido por la propia voluntad y la desgracia cayó sobre sus vidas arrebatándoles la muerte a su bien más preciado, a su hijo Juan, el único varón, el heredero. No sería esta la única desgracia puesto que la muerte se llevaría poco después a la siguiente en la linea sucesoria, la infanta Isabel y posteriormente, al hijo de ésta, el príncipe Miguel, en quien estaban puestas todas las esperanzas de los Reyes

En 1504 fallece Isabel "La Católica" y su testamento es claro, el trono de Castilla sería heredado por su hija Juana, casada con Felipe “El Hermoso” y el regente sería Fernando. Al impacto emocional que la muerte de su esposa debió de producir en Fernando se unió la debilidad política en la que quedaba Castilla ya que la mayoría de los nobles, ante la incapacidad mental de Juana, se posicionaron al lado de su esposo, Felipe. 

Todo parecía estar en contra de Fernando pero, con la habilidad política que lo caracterizaba, daría un golpe maestro y se casaría con la sobrina de su gran enemigo: Luis XII de Francia. Conseguía Fernando con ello a una joven de 18 años, Germana de Foix, los derechos sobre Nápoles que formaban parte de la dote de Germana y además, una alianza con el rey de Francia que debilitaría a su yerno ya que el monarca francés era hasta ese momento un aliado de Felipe. La fortuna, siempre caprichosa, también se alió con Fernando y Felipe "El Hermoso" moriría, a pesar de su juventud, en 1506.

Fernando, tras encerrar a su hija Juana en Tordesillas, volvería a dirigir el destino de Castilla como regente. 
Centraría entonces sus esfuerzos en conseguir un heredero para el reino de Aragón, con el propósito de que fuera un Trástamara y no un Habsburgo quien portara su corona. Consideraba que siendo su esposa tan joven la cosa no debía ser difícil pero olvidaba que él tenía 53 años y un cuerpo desgastado en mil batallas y en muchos lechos distintos del conyugal. 

Su esposa era una mujer grande y fuerte, amante del buen yantar y a la que P. Sandoval había descrito como "Poco hermosa y algo coja" pero sus 18 años llenaban de gozo e ilusión a Fernando. Era Germana una mujer inteligente y sabía muy bien que para obtener el futuro que deseaba era primordial engendrar un hijo. Pasaron tres años antes de que lo consiguiera, el fruto de aquella gestación fue un varón que, nacido en 1509 apenas vivió unas horas. 


Germana de Foix -G. Bausá 


Los cónyuges siguieron persiguiendo con ahínco el ansiado heredero. Las fuerzas de Fernando, a pesar de la juventud de su esposa, eran cada vez menores y en 1513 el rey enferma. Martin de Anglería nos cuenta en marzo de ese año : "Nuestro rey Católico se encuentra algo enfermo y ha vomitado todo lo que ha comido" y sigue diciendo "la causa es un feo potaje que Dª Germana le hizo administrar a D. Fernando por mediación de Dª María de Velasco para más habilitarle y que pudiese tener hijos". También y en similares términos se expresa Comenge que llega a decir que: "al rey se le dieron un potaje de turmas de toro". Se ha sugerido también por parte del Dr. Fernández Ruiz que, probablemente, Fernando tomase "Cantaridina", un potente afrodisiaco, muy peligroso en dosis altas, que actúa dilatando los vasos sanguíneos y que se obtiene de un insecto verde muy común en el centro de España. Cabe suponer que su médico de cámara, Francisco López de Villalobos, ignoraría la toma de dicho afrodisiaco. 

Sea como fuere, lo cierto es que Fernando se encontró mal desde entonces, tuvo distintos episodios febriles y algún desmayo. Se hallaba cerca de Trujillo camino de Guadalupe  cuando su estado empeoró y la comitiva real tuvo que parar y buscar acomodo en la villa de Madrigalejo. El 23 de enero de 1516  fallecía en esta pequeña aldea. El Dr. Junceda nos dice que en sus últimos días "no podía andar por su propio pie haciéndose llevar en una silla de manos, le apareció hidropesía y finalizó en una insuficiencia cardiaca". 

Como escribió el historiador Pedro Mártir de Anglería, «el señor de tantos reinos, el adornado de tantas palmas, el propagador de la religión católica y el vencedor de tantos enemigos, murió en una miserable casa rústica y, contra la opinión de las gentes, pobre».

lunes, 25 de abril de 2016

Fernando El Católico ( I )









En la villa de Sos, a 10 de mayo de 1452 y a poco de pasar las dos del mediodía venía al mundo el infante D. Fernando, hijo de Juan II de Aragón y de su segunda esposa Juana Enríquez. El pequeño Fernando no estaba destinado a ostentar la corona de Aragón pero, el destino es mecido a veces por hilos invisibles y cambia de rumbo. Tenía Fernando, un hermano mayor fruto del primer matrimonio de su padre con Blanca de Navarra, a este hermano llamado Carlos y más conocido como "el príncipe de Viana" era al que estaba destinada la corona de Aragón, como primogénito que era de Juan II. 

Las relaciones entre Juan II y su hijo Carlos eran muy malas hasta el punto de ordenar el padre el encarcelamiento del hijo. Así que, mientras ellos peleaban, Juana Enríquez tejía los hilos que llevarían a su hijo Fernando a ostentar la Corona  y ya había conseguido que al pequeño, con tan sólo 6 años, se le nombrara duque de Montblanch, conde de Ribagorza y señor de Balaguer, además de otros títulos y señoríos sicilianos. 

En 1461 muere "el príncipe de Viana" y esto supone una solución, no sabemos si esperada pero sin lugar a dudas deseada, para Juana Enríquez. Su querido hijo Fernando ya era el heredero al trono de Aragón.

En Zaragoza permanecería Fernando completando su educación, y en 1465 sus maestros y educadores considerarían que, a pesar de que sólo contaba 13 años de edad, su altura y su porte eran los suficientes como para presentar al príncipe ataviado con armadura al frente de las tropas, y así se hizo. En la batalla conocida como Prats de Rei, apareció el Príncipe al frente de sus soldados y éste sería uno de los primeros éxitos de Fernando, puesto que vencieron. 

Mientras el príncipe Fernando continuaba batallando al frente de las tropas, su madre, Juana Enríquez, libraba las batallas diplomáticas con Francia en pugna por obtener el reino de Navarra. 

Juana Enríquez moriría en febrero de 1468 dejando a Fernando - que siempre tuvo en ella una gran aliada - solo. En esa época el Príncipe, había iniciado ya sus aventuras amorosas y un bastardo suyo estaba a punto de nacer. Así pues, y a pesar de su juventud, Fernando se había convertido en un hombre fuerte, en un aguerrido soldado y en un político en ciernes que ya se había estrenado como tal en alguna negociación, habiendo dado muestras también de ser un conquistador de corazones femeninos. Por ello su padre Juan II, consideraría que debía aprovechar ese perfil tan atractivo de su hijo en beneficio del Reino y nombró a Fernando rey de Sicilia. No trataba con esto de apartar a su hijo del reino de Aragón, más bien al contrario, intentaba con esta maniobra darle un mayor rango y aumentar su atractivo de cara a posibles enlaces matrimoniales que fueran importantes para la Corona. 

Mientras tanto, en Castilla, se libraban las batallas políticas para evitar una guerra civil y se llegaba en Guisando - mediante los pactos del mismo nombre - a reconocer a Isabel, hermana de Enrique IV, heredera al trono de Castilla en detrimento de Juana, apodada "la Beltraneja", e hija de la esposa legitima de Enrique y cuya paternidad era puesta en duda por los nobles castellanos.



Isabel la Católica

La boda de Isabel y Fernando parecía conveniente al rey Juan II, no así al rey de Castilla, Enrique IV, que intentaría por todos los medios evitarla. Enrique, en su deseo de impedir la celebración del matrimonio - pues tenía otros planes para Isabel - la sometía a vigilancia y vigilaba también las fronteras del reino para impedir la entrada de Fernando pero, el príncipe lograría burlar la vigilancia y vestido con ropas de criado llegaría hasta Burgo de Osma donde le esperaba el arzobispo Carrillo para conducirlo a Dueñas. 

Eran las 10 de la noche del día 14 de Octubre de 1469 cuando Isabel y Fernando se conocerían al fin. Cinco días después y, tras el juramento mediante el cuál Fernando se comprometería a cumplir y a obedecer las leyes del reino de Castilla, se celebraría la misa de velaciones. 

Fernando ya era un hombre casado y Aragón tenía ya una aliada en Castilla. A sus 17 años Fernando daría ya muestras de ser un hombre prudente. Escuchaba, se dejaba aconsejar y meditaba pero la decisión final siempre era la suya. Lo primero que hacen los esposos es mandar procuradores a Enrique IV garantizándole su obediencia. Isabel quedaría embarazada a los pocos meses pero la decepción llegaría cuando se vio que el fruto de la gestación era una niña, ya que, un varón era considerado necesario para la consolidación de la causa. 

Durante los años que siguieron, Fernando empezaría a demostrar que era un gran estratega. Además de intentar ayudar a su esposa para que la nobleza que apoyaba a "la Beltraneja" no lograra sus propósitos, se posicionaría defendiendo los intereses de otros nobles - como los Mendoza - que lógicamente se apresurarían a agradecerle el gesto y de este modo y mientras esperaban la muerte de Enrique IV, los príncipes iban logrando alcanzar una posición y un prestigio tan grandes que estaban seguros de que en el futuro la nobleza cerraría filas en torno a ellos. También acudiría Fernando a las llamadas de su padre desde Aragón para defender los intereses del que realmente era su reino. 

Así estaban las cosas cuando en diciembre de 1474 muere en Madrid Enrique IV. Isabel se proclama reina de Castilla al siguiente día de los funerales sin esperar a su esposo - que se encontraba en Zaragoza - para hacerlo. Isabel sería proclamada como reina propietaria y Fernando tan sólo sería el consorte de la reina. 


Coronación de Isabel la Católica. Muñoz de Pablos


Esta situación enfurecería a Fernando y según el cronista Alfonso de Palencia, Fernando que ya tenía 22 años de edad, amenazaría con marcharse a su reino si no se aceptaba su derecho a ejercer el poder real. Isabel lograría convencer a su marido argumentando que teniendo ellos tan sólo una hija, por el momento, deberían aceptar el privilegio femenino de ejercer el poder en ausencia de heredero varón legítimo. Además se reconocería que Fernando no sería solo un rey consorte, sino que compartiría con Isabel todas las funciones. Tras las negociaciones Isabel y Fernando firmarían el llamado "documento de la concordia".
                                                                                                                     Continuará...

viernes, 15 de abril de 2016

Federico III de Alemania




Príncipe Federico - Heinrich von Angeli

Federico, que nació en Potsdam en octubre de 1831, era el primer hijo de un segundón de la dinastía Hohenzollern. Su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach era una mujer liberal que había recibido una buena educación y su padre, Guillermo de Prusia, era el segundo hijo del rey Federico Guillermo III. No estaba pues llamado a ocupar un trono pero las carambolas de la vida le llevaron a él, aunque fuera tan sólo por tres meses.

El matrimonio de sus padres no era feliz. Su padre, que había estado profundamente enamorado de una princesa polaca, se había visto obligado a pedir en matrimonio a Augusta por razones de Estado, pero había dicho de ella que "la princesa es agradable y culta pero no me atrae" y es de suponer que estos comentarios llegarían a oídos de la flamante novia que no debió sentirse muy complacida por ellos. No hubo pues buena relación entre ambos y eso repercutió, como no, en la infancia de sus hijos. 

Fue su madre, la princesa Augusta, quien puso todo el empeño en que su hijo recibiera una educación esmerada y Federico demostró ser un alumno aventajado que además dio muestras de una gran facilidad para los idiomas pero, como no podía ser de otra manera tratándose de la corte prusiana, también recibió una extensa formación militar. Se matriculó en la universidad de Bonn y esa época universitaria acabaría de marcar su temperamento liberal. 

No era sólo Federico el que tenía ideas liberales. En su país se empezaba a gestar la idea de una Alemania unida bajo una monarquía constitucional que garantizara la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A pesar de que estas ideas dieron lugar a varias revoluciones, los conservadores lograron frenarlas pero no pudieron evitar que las ideas liberales continuaran existiendo en la población.

Cuando en 1851 se inaugura la Gran Exposición de Londres, Federico y sus padres acuden a Inglaterra invitados por la Reina Victoria y es en esa ocasión cuando Federico conoce a la que con los años se convertiría en su esposa, la hija primogénita del príncipe Alberto y de la reina Victoria.

Princesa Victoria - Winterhalter

Gustaba a la soberana del Reino Unido la posibilidad de ese enlace matrimonial y la idea del mismo también era del agrado de Augusta, la madre de Federico, no así de su padre que hubiera preferido a una princesa rusa. En la siguiente ocasión en la que se vieron - un encuentro propiciado por la reina Victoria que había invitado a Federico a pasar unos días en Balmoral - ambos jóvenes se enamoraron y se comprometieron en matrimonio.

Puesto que la princesa Victoria era aún demasiado joven, los enamorados hubieron de esperar dos años antes de contraer matrimonio pero al fin el 25 de enero de 1858 se celebró la boda en el palacio de St. James en Londres. La novia hizo su entrada acompañada por la marcha nupcial de Mendelssohn siendo ésta, tal vez, la primera vez que la música de Mendelssohn se oía en una boda. Formaban una hermosa pareja que además estaba muy enamorada pero, no iba a ser el suyo un camino de rosas. 

Boda de Federico y Victoria - J. Phillips


Las ideas liberales de Victoria, educada en una monarquía constitucional, no eran del agrado de su suegro ni tampoco de Bismarck, que consideraba que Victoria era una mala influencia para el Príncipe y además el carácter de la nueva princesa no era del agrado de los prusianos. Victoria era una mujer "estirada" que se consideraba a si misma superior a su familia política y consideraba a Inglaterra superior a Prusia, razón por la cual no despertó simpatías en la corte prusiana que ya de por sí tenía un sentimiento antibritánico muy arraigado. Así pues, ambos fueron separados de las zonas de influencia y se les apartó mandándoles a vivir alejados de Berlin, concretamente al palacio de Potsdam. 

El rey Federico Guillermo IV, no tenía hijos y además en 1858 sufrió una enfermedad mental que lo apartó del trono. Esto supuso que el padre de Federico pasara a ocupar la regencia y que fuera coronado rey como Guillermo I cuando murió su hermano tres años después. Tremendamente conservador, Guillermo I se apresuró a nombrar a Otto von Bismarck como canciller y a dejar las riendas de la política del país y de la unificación de Alemania en sus manos. 

Con la subida de su padre al trono, Federico pasó a ser el Kronprinz y ya como príncipe heredero, protestó públicamente contra los decretos restrictivos de las libertades de los ciudadanos promulgados por Bismarck. Lógicamente esto no gustó al canciller y lo único que consiguió Federico fue un mayor aislamiento y ser excluído de todos los asuntos políticos.

Participó como militar en la guerra de los Ducados y fue condecorado por su valentía. También dirigió el III Ejercito Alemán cuando estalló la guerra franco-prusiana. Pero, no tenía Federico inclinación militar y si lo hizo fue porque así se lo demandaba su padre. En varias ocasiones llegó a decir públicamente que no le gustaban las guerras y que esperaba no tener ninguna cuando ascendiera al trono. 


Federico conversando con dignatarios - Adolf von Menzel

La unificación de Alemania se llevó a cabo y Guillermo I fue proclamado Emperador en 1871. El hecho de haberse convertido en heredero de un Imperio no cambió la vida de Federico, que siguió aislado y con funciones puramente representativas en bodas, funerales y demás eventos. Tanto él como los liberales deseaban ardientemente que Federico subiera al trono pero tardó en hacerlo 27 años. 

Victoria era una madre prolífica y dio al Kronprinz ocho hijos, aunque dos de ellos no llegaron a la edad adulta. El primero de ellos, Guillermo, que estaba llamado a convertirse en su heredero nació con una tara física y ello supuso una dura prueba para ambos cónyuges que, por incomprensible que parezca sintieron, al menos la princesa Victoria, un rechazo hacia su hijo. Como consecuencia de ello, las relaciones entre padres e hijo serían complejas y el que un día se convertiría en el Kaiser Guillermo II pasaba la mayor parte de su tiempo con su abuelo, el Emperador, sintiéndose mucho más cercano a las ideas conservadoras de éste que a las liberales de sus progenitores.


Federico con su hijo Guillermo en Balmoral

En 1887 Federico contaba 55 años de edad y empezaría a experimentar una ronquera que sería evaluada por el Dr. Gehrardt, uno de los médicos más eminentes de Alemania. Observó éste una lesión en una cuerda vocal e intentó extirparla con distintos métodos sin lograrlo. Recurrió entonces a la opinión del Dr. Bergmann, catedrático de cirugía, quien diagnosticó cáncer laríngeo. Tras el diagnostico, Bergmann consideraría que el único tratamiento posible sería la laringuectomía total. La experiencia en este tipo de intervenciones era poca puesto que la primera laringuectomía se había realizado tan solo 15 años antes y los resultados de las que se habían practicado no habían sido demasiado alentadores.

Ambos médicos explican a los príncipes su diagnóstico y el tratamiento que consideran oportuno pero interviene entonces la princesa Victoria, quien convence a Federico para que sea evaluado por un médico inglés - la Princesa consideraba que su país natal estaba más avanzado que el resto de Europa - y el elegido fue el Dr. Mackenzie. Como era lógico la consulta al médico inglés no fue bien recibida en Alemania. Los conservadores consideraron que se evidenciaba con este acto la enorme influencia que ejercía Victoria en su esposo y el desprecio que sentía por todo lo alemán. Por otra parte los médicos alemanes Gerhardt y Bergmann consideraron la consulta al inglés como una afrenta personal. 

Mackenzie examinó al paciente y concluyó, tras extirpar una pequeña parte de la lesión y hacerla analizar por el patólogo Virchow, que la lesión no era maligna. Con la alegría de este diagnóstico los príncipes decidieron continuar su vida con normalidad. 

En noviembre de ese mismo año Victoria y Federico se encontraban de viaje en San Remo y el Príncipe sufre un resfriado y ve con preocupación como en su cuello aparece una tumoración. Avisado Mackenzie acude a San Remo con urgencia, comprobando el aumento de tamaño de la glándula submaxilar y diagnosticando, ahora si, un cáncer de laringe de cuya aparición culpa a los médicos alemanes, pues argumenta que las manipulaciones a los que éstos le sometieron para extirpar la lesión habían sido las causantes de la malignización. Aconseja entonces la laringuectomía que antes desaconsejó, pero en esta ocasión Federico se niega. 

En febrero de 1888 su estado empeora y los médicos se ven en la necesidad de practicarle una traqueotomía que lo dejaría sin habla. En marzo muere su padre y Federico se convertía al fin en Emperador, pero su estado era ya irreversible y falleció el 15 de Junio. Su reinado había durado tan sólo 99 días. Poco tiempo para llevar a cabo las reformas con las que tanto había soñado. 

En la autopsia del Emperador se encontró la laringe destruida por un carcinoma y se siguieron cruzando acusaciones entre Mackenzie y los médicos alemanes sobre el error diagnóstico que había retrasado el tratamiento. 


Los restos mortales de Federico III recibieron sepultura en la Friedenskirche de Potsdam.

martes, 5 de abril de 2016

Isabel María de Austria, "la archiduquesa roja"







La única hija del Kronprinz Rodolfo, heredero del Imperio Austrohúngaro y de su esposa, Estefanía de Bélgica, venía al mundo el 2 de septiembre de 1883. Como sucedía en cualquier familia real o imperial que se preciase, a la niña se le impusieron hasta cinco nombres, el primero de los cuales era en honor de su abuela paterna, la emperatriz “Sissi” y, como era también habitual, se le asignó un diminutivo, Erzsi, por el que todos la conocerían. 

El matrimonio de sus padres, como tantos otros de la realeza, era un matrimonio impuesto por razones políticas y por lo tanto carente de afectividad, pero además se dio la circunstancia de que tras el nacimiento de Erzsi su madre, la archiduquesa Estefanía, quedó imposibilitada para concebir más hijos, razón por la cual el Kronprinz no volvería a acercarse al lecho de su esposa. 

La corta edad de Erzsi la mantendría, probablemente, ajena a la tormentosa vida conyugal de sus padres. Contaba seis años cuando los terribles hechos sucedidos en Mayerling la dejaron huérfana de padre. Lo que estos hechos pudieron influir en la formación de la personalidad de la pequeña lo ignoramos pero lo que si sabemos es que su vida dio un giro y pasó a vivir bajo la tutela emocional y afectiva de su abuelo Francisco José. Al quedar viuda Estefanía - que no se encontraba integrada en la Corte vienesa - pasó a convertirse, al igual que su suegra la Emperatriz Sissi, en un pájaro errante que pasaba la mayor parte de su tiempo viajando. Así pues, Erzsi fue una niña mimada y educada por un abuelo que quería resarcir en ella las malas relaciones que había mantenido con su hijo, el padre de la que sin duda fue su nieta favorita. 

Cuando contaba 16 años asistió a su primer baile y parece ser que causó sensación por su belleza: era rubia, de ojos azules, con un hermoso cutis y también alta y delgada. Pero esta apariencia de princesa de cuento de hadas dulce y frágil era, según nos dice en su libro sobre la Archiduquesa el historiador Friedrich Weissensteiner, tan solo eso, apariencia. Asegura Weissensteiner que ya entonces Erzsi era completamente consciente de su rango, sabía lo que quería y sabía también como conseguirlo.


Francisco José I

Fue precisamente en ese baile donde conoce a un oficial del ejercito muy apuesto y perteneciente a la nobleza: Otto Windisch-Greatz. La Archiduquesa quedaría altamente impresionada por este joven que era diez años mayor que ella. 

Pocos meses después de estos hechos - y para disgusto de Erzsi - su madre, la archiduquesa viuda Estefanía, contraería nuevo matrimonio. Durante los esponsales, y tal vez para fastidiar la fiesta, Erzsi daría la noticia de que también ella iba a casarse con el hombre del que se ha enamorado. Parece ser que Otto, que era el hombre en cuestión, nada sabía de los propósitos de la joven y tuvo que ser el propio emperador Francisco José quien citara en audiencia a un sorprendido Otto, que argumentó la imposibilidad de poder aceptar la oferta puesto que ya estaba comprometido. Consideraba el Emperador que el matrimonio con un lugarteniente del ejercito no era el más adecuado para su nieta, pero como estaba dispuesto a satisfacer todos los deseos de Erzsi, dio al traste con los argumentos de Otto recordándole que como oficial del ejercito debía acatar las ordenes de sus superiores.

La boda se celebró en 1902 en el palacio de Hofburg. La novia había recibido una cuantiosa dote por parte de su abuelo y conservaba el titulo de Alteza Real pero había tenido que renunciar previamente a sus derechos sucesorios. El novio, por el contrario, se sentía verdaderamente infeliz. No es de extrañar pues que Otto buscara en los brazos de una actriz joven y hermosa, Louise Ziegler, una pequeña parte de la satisfacción sentimental que no sentía al lado de su esposa. Enterada Erzsi, parece ser que, loca de celos, irrumpió en el apartamento donde su esposo se veía con su amante y descerrajó dos tiros a la actriz. Esto al menos es lo que publicaba en marzo de 1904 el periódico The Call y también el The Kingston Daily, aunque aclarando que fuentes oficiales habían negado absolutamente los hechos y por lo tanto la noticia quedaba tan solo a nivel de la rumorología. Desde luego nada fue probado. 


Isabel María y Otto

A pesar del desamor y las desavenencias el matrimonio tuvo cuatro hijos. Con el paso del tiempo las cosas irían empeorando y lo que un día fue amor, por parte de la Archiduquesa, se iría transformando en aversión. En 1911 Erzsi compra el castillo de Shönau y gasta una fortuna en amueblarlo, probablemente con la intención de pasar temporadas en él sin su marido pero además decide que pasará los inviernos en Istria con sus hijos porque el aire del mar - como a su abuela Sissi - le resultaba beneficioso. 

Es en Istria donde conoce a un oficial de la Marina llamado Egon Lerch, con quien mantiene una “especial amistad” hasta que en 1915 el marino encontró la muerte en un submarino que explotó al chocar con una mina cerca de Venecia. Es en agosto de ese mismo año cuando decide separarse de su esposo y como correspondía a los miembros de la familia imperial, Erzsi necesitaría el permiso del Emperador para llevar a cabo la separación. Pero en este caso, la profunda religiosidad de Francisco José le impidió satisfacer la petición de su nieta y el permiso fue denegado. 

A la muerte del Emperador en 1916 la Archiduquesa intenta de nuevo la separación y solicita la autorización del nuevo Emperador. No la obtiene y además su madre Estefanía y toda la familia imperial se posicionó en su contra y dieron su apoyo a Otto. Acostumbrada a conseguir lo que quería, abandonó a su esposo cogió a sus hijos y se trasladó a vivir al castillo Shönau. Empezaría entonces una encarnizada lucha por la custodia de los hijos. La policía, en cumplimiento de una orden del juez, que había concedido la custodia a Otto, acudió a Shönau con la intención de llevarse a los niños pero, un piquete de más de cien trabajadores rodearon el castillo impidiendo el paso a los gendarmes que finalmente desistieron. El incidente ocupó las paginas de la prensa y finalmente el juez dio la custodia a la Archiduquesa. No olvidaría Erzsi el comportamiento de sus familiares y cuando el Imperio cayó no movería ni un solo dedo para ayudar a su familia.

En 1921 conoce al profesor Leopold Petznek, un político socialdemócrata diputado del Parlamento de Estado y tres años después se une sentimentalmente a él. Fue entonces cuando se produce el gran cambio en la personalidad de Erzsi. El viento que había recorrido Europa derribando instituciones centenarias sacudió sus hombros e hizo crecer en ella una conciencia social. El gran parque que rodeaba su castillo fue abierto para los niños de las barriadas obreras y en él se sembraban hortalizas que eran repartidas entre la gente necesitada. Ya entonces se la empezaba a llamar “la Archiduquesa roja”. 

Leopold Petznek,

En 1927 conoce en un mitin político al que se convertiría en el canciller de la República Austriaca Bruno Kreisky y surgiría entre ellos una profunda amistad que afianzaría todavía más las ideas socialdemócratas de la otrora archiduquesa. 

En 1929 Erzsi, que conservaba intacta su gran fortuna y disponía de ella para ayudar a su partido político compró la Villa Windischgraetz. Su ex marido y sus hijos, a los que había intentado educar en el espíritu socialista con escaso éxito, no parecían estar conformes con ello y la acusaron públicamente de dilapidar su fortuna en pro de la socialdemocracia. Las relaciones con sus hijos se enfriarían definitivamente. 

Los tiempos empezaban a cambiar en Austria, el ambiente político entre conservadores y socialdemócratas se hizo cada vez más denso y enrarecido y en 1934 una lucha armada que duró varias semanas estalló en Viena. La socialdemocracia fue condenada a la clandestinidad y Petznek encarcelado por orden de la dictadura de Dolfuss. En 1944 fue internado en el campo de concentración de Dachau del que fue liberado al terminar la guerra. 

En 1948 Erzsi obtiene al fin el divorcio de su primer marido y puede casarse con Leopold, su autentico amor, que moriría en 1956 dejándola sumida en una profunda tristeza. 

A partir de ese momento vivió cada vez más recluida, se volvió huraña y desconfiada y poco a poco una enfermedad reumática la dejaría confinada a una silla de ruedas. Murió en 1963 como consecuencia de una enfermedad cardiaca. 

Legó todos sus bienes a la ciudad de Viena y a cuatro ordenes religiosas. Sus hijos tan solo percibieron la parte que la ley les otorgaba. Por su expreso deseo fue enterrada en el cementerio de Hütteldorf, en una tumba sin inscripción ni nombre cercana a la de su esposo Leopold.