Jacobo Carlos Estuardo nació en Edimburgo en 1566, hijo de María I de Escocia y de su segundo esposo Enrique Estuardo, lord Darnley, duque de Albany. Su nacimiento estuvo envuelto en complots, celos, sangre y crueles asesinatos. Su padre había hecho asesinar de manera salvaje al favorito y probablemente amante de su madre, la reina. El asesinato se produjo en presencia de ésta que, lógicamente se apresuró a huir hacia el castillo de Edimburgo para evitar correr la misma suerte y allí, 3 meses más tarde, nacería Jacobo. Su padre, Lord Darnley, también moriría asesinado a los pocos meses de su nacimiento. Así pues, Jacobo Carlos no vino al mundo con un pan bajo el brazo como cualquier bebé sino con una estela de destrucción y muerte.
Apenas contaba un año el pequeño Jacobo cuando los protestantes arrestaron a María, que era católica, y la obligaron a abdicar en su hijo. De este modo se aseguraban que la educación del niño sería protestante. Así pues y con apenas un año, aquel niño se vio convertido en Jacobo VI de Escocia.
Se confió su cuidado a John Erskine, Conde de Mar y a su esposa y se le traslado al castillo de Stirling donde fue coronado a los 13 meses. Su educación correría a cargo de George Buchanan que, aunque tenía los conocimientos necesarios para educar a un príncipe, era un hombre frío, intransigente y altanero que si bien dotó a su alumno de notables conocimientos también le dotó de grandes palizas. Jacobo era muy inteligente y hay que reconocer que Buchanan, a pesar de las palizas, inculcó en él un gran amor por la literatura y un deseo constante de aprender que mantendría durante toda su vida y que le llevaría a escribir libros y poesía en la edad adulta.
Como Jacobo parecía destinado a desarrollarse rodeado de conspiraciones fueron varios los regentes que se fueron sucediendo durante su minoría de edad. Algunos de ellos dejaron de ocupar la regencia por resultar heridos, otros por morir en extrañas circunstancias y a los que no se les apartó por estas razones fueron acusados por los cortesanos y ajusticiados por ello.
Así transcurrió la vida del joven Jacobo VI hasta que llegado a los 15 años empezó a tomar el control del gobierno de su Reino y dio su primer gran paso hacia el control total de Escocia cuando ordenó la ejecución de William Maitland, conde de Morton, acusado de complicidad en el asesinato de su padre. Esta decisión marcó el inicio de su gobierno y fue un claro reflejo de su postura ante el poder: un rey con derecho divino que no toleraba la desobediencia ni las intrigas.
Al principio no pudo evitar convertirse en un peón en el tablero religioso de Escocia. Los partidarios de su madre, la reina María, todos ellos católicos, eran apoyados por la monarquía francesa, católica también, mientras que la reina Isabel I de Inglaterra apoyaba la los protestantes. Tanto se agudizó el problema que los protestantes llegaron a secuestrar al rey Jacobo VI, y tenerlo retenido durante a los 10 meses. Como cabía esperar el cabecilla de los conspiradores fue debidamente ahorcado.
Lo cierto es que la causa católica había ido muriendo en Escocia y la mayoría de la población se declaraba protestante. En 1586 Inglaterra y Escocia firmaron un tratado de Paz y Jacobo no se decantó por ninguna facción religiosa. Un año después la madre de Jacobo, María I de Escocia, que continuaba prisionera en Londres, fue acusada de alta traición condenada a muerte y decapitada por orden de su prima Isabel I de Inglaterra.
Jacobo había tomado para si las riendas del gobierno de Escocia aunque continuaba confiando en sus cortesanos, en especial en Esmé Stewart mucho mayor que él ya que tenía 37 años. La relación con este cortesano, al que otorgó el titulo de duque de Lenox y al que otorgó categoría de favorito principal, dio pie a que se empezara a especular con una posible homosexualidad del joven rey, ya que este parecía encontrarse más cómodo entre los hombres que entre las mujeres, cosa nada rara si pensamos que Jacobo tenía 15 años y que seguramente las conversaciones mantenidas con sus favoritos le resultaban más interesantes que las mantenidas con las insustanciales damas de la corte. Según el historiador David M. Bergeron, tres fueron los hombres “importantes” en la vida de Jacobo, el mencionado Esmé, Robert Carr y George Villiers, I duque de Buckingham, tal vez el mas importante en la vida del rey.
Se decide, como era habitual en la época, que el rey debe contraer matrimonio y dar herederos a la corona y la esposa elegida es Ana de Dinamarca. La boda se celebró por poderes en 1589 y Ana con sus apenas 14 años y sin haber conocido a su esposo, partió en barco rumbo a Escocia. Sucedió que se desencadenaron fuertes tormentas que impidieron la llegada de la ya reina consorte al país de su esposo y su embarcación no tuvo más remedio que fondear en Noruega.
Enterado Jacobo de que su esposa no llegaría a Escocia hasta pasados unos meses partió desde las costa de Leith con 300 hombres para ir en busca de Ana. Aquella acción tuvo consecuencias, bien porque a Jacobo le gustó Ana, bien porque a Ana le pareció muy romántico que su esposo acudiera a su rescate lo cierto es que esos primeros años de matrimonio resultaran idílicos para la real pareja.
Tuvieron nueve hijos, aunque solo tres alcanzaran la edad adulta, pero el idilio fue terminando poco a poco y la pareja comenzó a distanciarse por diversos motivos, algunos religiosos, otros económicos y según parece incluso la política fue motivo de distanciamiento. Es muy probable que influyera de manera decisiva la intensa relación del rey con sus " favoritos". La situación de desamor en la pareja llegó a un punto en el que decidieron que lo mejor sería vivir separados y así lo hicieron a partir de 1606 tras la muerte de su última hija. Ana murió en 1619, después de una larga enfermedad durante la cual las visitas de su esposo escasearon aunque, según parece, se mostró muy afectado con su muerte.
Jacobo sabia desenvolverse bien en el tablero político y era ambicioso. Así pues su acercamiento a su prima Isabel I de Inglaterra, que no tenía hijos y cuyo pariente más cercano para la sucesión era él, fue premeditado. Inició esta labor a través de los ministros de la reina, sobre todo de Robert Cecil que allanó su camino hacia el trono inglés. Poco importaba a Jacobo que su madre hubiera pasado años encerrada en la Torre de Londres y que hubiera sido ajusticiada posteriormente por orden de la propia Isabel I. Lo importante era conseguir el trono inglés y los escrúpulos no contaban si se quería alcanzar el mismo.
En 1603, y pocas horas después de la muerte de la reina Isabel, Jacobo es proclamado rey de Inglaterra convirtiéndose así en el primer monarca que gobernaba Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda juntas, unificando de ese modo bajo una misma corona dos reinos que durante siglos habían navegado entre guerras. Tras su proclamación, y tal vez como acto de desagravio a su madre María I de Escocia, hizo que los restos de ésta fueran trasladados a la Abadía de Westminster.
El nuevo rey se trasladó a Inglaterra donde instaló su nueva Corte. Como era de esperar mantuvo a su lado a aquellos que le habían facilitado su llegada al trono y, como no podía ser de otra manera, su principal consejero fue Robert Cecil al que nombraría dos años después conde de Salisbury.
Que Escocia e Inglaterra se convirtieran en un reino unido era una de las ambiciones personales de Jacobo, hasta tal extremo que se autodenominó " Rey de la Gran Bretaña" a pesar de saber que tal termino era irrelevante dado que eran dos países totalmente independientes. No sería hasta un siglo después, en 1707, cuando el sueño de Jacobo se haría realidad y ambos países unidos crearían un nuevo estado : Gran Bretaña.
Jacobo era un hombre inteligente, a pesar de lo cual consideraba que de su persona debía emanar el poder total y absoluto. Esta convicción le llevaría a frecuentes discrepancias con el Parlamento inglés con el que los Tudor habían sabido siempre conciliar. Los problemas financieros debido a los excesivos gastos de Jacobo eran también motivo de conflicto. Para aumentar los ingresos del reino, intentó emular a su tía Isabel I. La reina había fundado una colonia en America desde la que se pretendía interceptar a los barcos españoles cargados de oro que regresaban a España. Jacobo, que seguramente pensó que hacer algo similar podría resolver sus problemas financieros, otorgó una cédula real para fundar colonias en la zona este de America. Así se fundó Virginia y los enfrentamientos que se produjeron con las tribus existentes en el territorio antes de la llegada de los soldados y colonos ingleses sería una de las causas por las que Pocahontas, la famosa hija del Jefe Powhatan, acabaría visitando Inglaterra y siendo recibida por Jacobo I.
En términos sociales la llegada del nuevo rey se caracterizó por la perdida de las formalidades que, en cuanto a etiqueta y protocolo se refiere, habían mantenido los Tudor, causando el asombro y la disconformidad de los nobles que consideraban al nuevo rey un tanto "rústico". Tampoco gustaba en la Corte la búsqueda por parte de Jacobo de apuestos jovencitos a los que luego favorecía con prebendas y títulos nobiliarios. El nuevo rey resultó, por tanto, decepcionante para la mayoría de los ingleses.
Uno de los "jovencitos" que se acercó a Jacobo fue George Villiers quien a sus veintidós años dejó encandilado al rey que, ya cuarentón, le convirtió en su principal favorito según algunos y en su amor más intenso según otros. Jacobo
convirtió a Villiers en un hombre poderoso y rico y para que no le faltara de nada le nombró duque de Buckingham.
Los últimos años de Jacobo estuvieron marcados por las dolencias físicas. Su salud se iba mermando poco a poco y a sus problemas renales se añadían los dolores provocados por la artritis gotosa que padecía. Finalmente falleció en Theobalds House en marzo de 1625. Parece ser que la causa de su muerte fue un derrame cerebral. Tenía 58 años.
Fue enterrado en la Abadía de Westminster
Jacobo Carlos Estuardo fue una figura llena de matices y por eso mismo muy interesante. A decir de los ingleses era un zafio que no sabía comportarse con la educación y cortesía que correspondía a un rey a pesar de lo cual era un intelectual, un gran erudito que fomentó las artes y escribió varios libros. Conviviendo con esa mente intelectual habitaban los miedos ancestrales de este rey que creía en la brujería y que llegó a escribir un tratado sobre Demonología. No es de extrañar si pensamos que también creía firmemente que de su persona debía emanar el poder más absoluto.
Ahondando en su pasado, yo me pregunto qué se puede esperar de alguien que no pudo ser educado en su entorno familiar, cuyo padre había sido asesinado y su madre, encarcelada, había sido obligada a abdicar en aquel niño de un año.Una madre que decidió huir de Escocia hacía Inglaterra donde también fue recluida por orden de Isabel I. Un niño que jamas volvería a ver a su madre después de esos hechos y que antes de aprender a andar había visto inclinarse ante su persona a todo aquel que se cruzaba en su camino.



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