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sábado, 25 de abril de 2026

Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias

 



María Cristina de Borbón - Dos Sicilias, nació en Palermo en abril de 1806.  Era hija de Francisco I, rey de Nápoles y de María Isabel de Borbón,  hija del rey español Carlos IV. El hecho de que naciera en Palermo fue una de las consecuencias de los vaivenes políticos que la época napoleónica trajo consigo ya que su familia se había visto obligada a trasladarse a Sicilia y a vivir en la isla hasta que, tras la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte, pudieron regresar a Nápoles. Esta ciudad se convertiría, por los acuerdos del Congreso de Viena, en la capital del nuevo reino de las Dos Sicilias.

Mª Cristina fue educada como correspondía a una princesa de la época de la que no se esperaba que llegara a tener responsabilidades políticas. Poseía una gran inteligencia y facilidad para los idiomas, amaba el arte y la música en particular y era de trato agradable. Poseía por tanto las condiciones exigidas a cualquier princesa con aspiraciones a convertirse en la consorte de un rey. Y así sucedió.


Fernando VII


Su tío materno, Fernando VII de España, había enviudado ya tres veces sin conseguir descendencia de ninguna de sus esposas. Le urgía pues al rey español casarse de nuevo y Cristina, veintidós años mas joven que él, fue la elegida.


Mª Cristina llegó a Aranjuez en diciembre de 1829 y al día siguiente se celebraron los esponsales. La boda y la nueva reina fueron acogidos con alegría por gran parte de la población, que confiaba en que el nuevo matrimonio engendrara un heredero al trono, y con ninguna satisfacción por aquellos que veían y deseaban que el hermano del rey, Carlos María Isidro, fuera el heredero a la muerte de Fernando VII.


La joven princesa debió causar una grata impresión al rey, puesto que además de  juventud poseía belleza y un carácter afable y dulce. La impresión que Fernando VII causara a su nueva esposa no debió ser tan dichosa puesto que además de los veintidós años que los separaban el rey, a sus 45 años,  estaba envejecido y, desde luego, la hermosura brillaba por su ausencia.


Fernando VII y Mª Cristina


La nueva reina sabía muy bien cual era su principal obligación y, sintiera lo que sintiera por su marido, se dispuso a cumplir con ella a pesar de lo problemática que resultaba llevarla a cabo. Fernando VII sufría macrofalosomía lo que dificultaba las relaciones conyugales pero, tan dispuesta estaba la napolitana a cumplir con su cometido que, según se cuenta, colocaba entre su esposo y ella un cojín con un agujero central que permitía disminuir los efectos del descomunal tamaño del pene de su majestad. El artilugio debió dar resultado pues en el mes de marzo Mª Cristina ya estaba embarazada. 


Fernando VII, feliz con la buena nueva determinó que, puesto que el fruto de aquel embarazo pudiera ser una niña, había que cambiar lo que su antepasado Felipe V, en un intento de evitar que el apellido Borbón desapareciera de la linea sucesoria, había hecho instituir: la "ley de la Agnación Rigorosa". En ella se establecía la exclusión de las mujeres en la línea sucesoria, a menos que no quedara absolutamente ningún heredero varón (directo o lateral).


Poco tardó Fernando VII en hacer pública la Pragmática  Sanción. Ésta derogaba aquella ley semi-sálica del primer Borbón que ocupó el trono de España. Fué Carlos IV quien decretó la Pragmática Sanción y la norma, que tenía carácter de ley fundamental, fue respaldada por las Cortes pero, al no haber sido publicada en su día, continuaba sin efecto. Con la publicación de la misma el hermano del rey, Carlos María Isidro, perdía toda esperanza de heredar algún día el trono, aunque sus seguidores, los llamados "carlistas", seguían teniendo expectativas y estaban dispuestos a  conseguir,  luchando si fuera preciso, que no se sentara en el trono de España una mujer.


Mª Cristina e Isabel


Tres años tenía la pequeña Isabel cuando fue jurada Princesa de Asturias en junio de 1833. Ese fue un verano convulso que  estuvo lleno de intrigas y de expectación. Los ojos de todos los políticos  y de todos los embajadores extranjeros estaban puestos en el rey que, gravemente enfermo, se esperaba que muriera en cualquier momento. Fue en septiembre, tres meses después de que Isabel fuera jurada heredera, cuando el rey Fernando VII dejaba este mundo y también un testamento según el cual su esposa Mª Cristina  ejercería como regente y gobernadora asesorada por un Consejo de Gobierno hasta que su hija cumpliera los dieciocho años. Cuando esto sucede Mª Cristina había dado ya a luz a la segunda de sus hijas.


No iba a tener una regencia fácil Mª Cristina. Su cuñado, Carlos María Isidro, había lanzado, desde Portugal, un manifiesto según el cual no reconocía los derechos al trono de  su sobrina y se autoproclamaba rey de España con el nombre de Carlos V. Se acababa de encender con ello la mecha de la Primera Guerra Carlista que duraría 6 años, uno menos que la regencia de Mª Cristina. 


Aquel conflictivo verano de 1833 también resultó agitado en la vida privada de la reina consorte. Parece ser que fue entonces cuando conoció a un guardia de Corps, hijo de unos estanqueros de Tarancón,  del que se enamoraría perdidamente. Agustín Fernando Muñoz y Sanchez, que así se llamaba el joven, tenía 24 años y según algunos historiadores la reina quedó prendada de su potente voz masculina, de su pelo azabache - que duraría poco en su cabeza - y de sus negros ojos.


Muy poco tiempo después de la muerte de Fernando VII Mª Cristina decidió descansar de los malos momentos sufridos y se encaminó para ello a La Real Quinta de Quitapesares, en la provincia de Segovia, acompañada, eso si, por su su guardia de Corps preferido, Fernando Muñoz, no fuera a suceder que la Real Quinta no le quitara los pesares del todo.


Fernando Muñoz


El luto pues que guardaría la reina viuda a su esposo sería tan corto que causó el escándalo de la mayoría de los cortesanos y del pueblo de Madrid que, siempre tan ocurrente,  ya empezaba a llamar al Sr Muñoz y Sanchez Fernando VIII. Se casaron el 28 de diciembre de ese mismo año de 1833, a los tres meses de la muerte del rey, en el palacio Real de Madrid, en una oculta  ceremonia  oficiada por un simple sacerdote. El matrimonio se mantuvo en secreto ya que Mª Cristina, que era muy lista, sabía que para ejercer la regencia debía ser oficialmente viuda.


La guerra Carlista dividió el país en dos bandos, por un lado los partidarios de Isabel II y por otro los de Carlos Maria Isidro. Mientras en el norte de España, Vascongadas, Navarra y Cataluña la Guerra Civil se libraba con virulencia, en Madrid, Mª Cristina tuvo que plegarse a las presiones de militares y políticos y aceptar el Estatuto Real que sería el embrión de la  nueva Constitución de 1837. En la nueva Constitución se imponían limitaciones al rey y por consiguiente  a la regente. Además como se había potenciado el acceso de los liberales a los ayuntamientos, el poder gubernamental de las grandes ciudades se veía mermado.



No cabe duda de que M;ª Cristina era una mujer prolífica, sus  embarazos se sucedían con asombrosa continuidad y a pesar de sus intentos de disimularlos yendo fajada hasta la extenuación a nadie pasaba desapercibido que la regente se hallaba encinta constantemente. Cinco fueron los vástagos que Mª Cristina alumbró en España, y otros tres  los que dio a luz en Francia. Un total de diez criaturas daría la napolitana al mundo, si contamos, claro está, a las dos que llevaban como primer apellido Borbón. Durante muchos años los "carlistas" entonaban esta canción:


Clamaban los liberales

que la reina no paría

y ha parido más muñoces 

que liberales había


El matrimonio Muñoz - Borbón-Dos Sicilias no se dedicó solo a procrear hijos también, y desde poco tiempo después de su oculto matrimonio, comenzaron  a labrarse el futuro con múltiples corruptelas . Ya en 1834 entraron en negocios con los  banqueros Rothschild que obtuvieron el arrendamiento para la explotación de minas de mercurio en España previo arreglo comercial con Mª Cristina. La regente, muy avispada en cuestión de negocios y bien asesorada por su "secreto" esposo,  facilitó la desamortización de Mendizabal. Este hecho  hizo posible que grandes inversores adquirieran terrenos a bajo precio, eso si, previa pago a los " Muñoces"


En el verano de 1840 Mª Cristina respaldó la Ley de Ayuntamientos que aumentaba el poder de los moderados sobre los progresistas y según la cual la regente, de acuerdo con el gobierno conservador, podía nombrar a su antojo a quienes deberían formar los equipos de gobierno en los ayuntamientos. Se  ignoraba por tanto  a la Constitución que  decía que dichos equipos debían ser nombrados mediante elecciones.El escándalo político que esto supuso dio lugar a una sublevación generalizada que obligó a Mª Cristina a dejar la regencia en manos del general Espartero y a partir hacia el exilio desde Valencia,  a bordo del vapor Mercurio, con destino a Francia. En Madrid quedaban sus dos hijas: las pequeñas Isabel II y Luisa Fernanda.


Mª Cristina con las Infantas 


En cuanto Fernando Muñoz y Mª Cristina llegaron a Francia solicitaron la bendición del Papa Gregorio XVI para  su matrimonio. Los "Muñoces"  habían conseguido de las arcas publicas y de las múltiples comisiones y negocios organizar un exilio dorado adquiriendo para ello el palacio de Malmaison, además de otras muchas propiedades. Se decía que Fernando Muñoz era un lince para los negocios y que Mª Cristina no le iba a la zaga, de modo que continuaron realizando negocios en Francia y amasando dinero.


Tras la proclamación como reina de su hija Isabel, Mª Cristina y Fernando Muñoz volvieron a España. Se instalaron el el Palacio de las Rejas, cercano al Palacio Real, desde donde intentarían renovar su influencia política mediante el control de la joven reina. Isabel II empezó por conceder a su padrastro el ducado de Riansares , ennobleciendo al mismo tiempo a los progenitores de Muñoz que pasaron de ser unos simples estanqueros de Tarancón a poseer títulos nobiliarios.  Lógicamente también los hermanastros de la reina se vieron favorecidos con el reparto de títulos. 


En su vuelta a España  Mª Cristina y el nuevo duque de Riansares seguirían llenando sus arcas mediante una trama corrupta que, a través de sociedades opacas y testaferros,  conseguía comisiones por la adjudicación de obra pública  para la construcción de ferrocarriles, la canalización del Ebro, la explotación de   minas de carbón de Asturias y un largo etcetera. Nada escapaba a sus codiciosas manos.


La parte más sórdida de los negocios de los Muñoces  lo constituyó su posible participación en la Trata cubana de esclavos. Mª Cristina y su esposo  se asociaron  a ciertos armadores españoles y al dueño de la mayor fortuna de Cuba lo que, según parece, les habría facilitado la entrada en ese comercio obteniendo grandes beneficios.


Palacio de Malmaison


En el verano de 1854 se vivieron jornadas de extrema violencia como consecuencia del expolio del patrimonio (habían desaparecido joyas pertenecientes a la Corona y valiosas pinturas) y de la corrupción, ya conocida por todos, que  habían realizado  los Muñoz- Borbón-Dos Sicilias. El Palacio de las Rejas en el que residían fue incendiado  y el matrimonio tuvo que refugiarse en el Palacio Real. Isabel II llamó a Espartero pidiéndole que controlara la situación. Finalmente el general consiguió, tras retirar a Mª Cristina la pensión vitalicia que en su día se le había asignado y confiscar todos sus bienes en España, que la expulsión de la otrora regente y su marido se realizara hacia Portugal  con garantías de seguridad. No por ello los corruptos negocios  de los duques de Riansares  se vieron mermados ya que continuaron a través de testaferros.


Instalados en Francia fueron testigos del exilio de Isabel II y Mª Cristina estuvo presente en  el  acto de abdicación de Isabel  en su hijo el príncipe Alfonso. Tal vez hubiera deseado  postularse para ejercer la regencia del joven si llegaba el caso pero Cánovas tomo para si la tutela de Alfonso. La duquesa de Riansares, muy a su pesar, hacía tiempo que estaba fuera del tablero político.


Mª Cristina fue conocedora de la restauración borbónica en la persona de su nieto Alfonso XII y en alguna ocasión realizó una corta visita a España. Sobrevivió  cinco años a su segundo esposo y tres meses a su querida nieta, Mª de las Mercedes de Orleans y Borbón.  Finalmente falleció  como consecuencia de una parada cardiorespiratoria en agosto de 1878 en la villa de Mon Désir su residencia de Sainte-Adresse, un barrio  de la ciudad portuaria de Le Havre. Como madre de la reina Isabel II,  sus restos fueron trasladados a España y se le dio sepultura en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.



Es difícil encontrar justificación al ansia de poder de Mª Cristina y a su voracidad por la posesión de dinero y bienes.  Era una mujer inteligente, perseverante, astuta pero la moralidad y la ética eran inexistentes en su espíritu. Aunque ninguna comisión de investigación pudo probar nada que la imputara judicialmente  Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias ha pasado a la historia como la  Regente más corrupta de la historia española.









domingo, 1 de marzo de 2026

Fernando I de Austria, Emperador del Sacro Imperio Romano Germanico

 




Fernando es una de las figuras más desconocidas de la historia, al menos para la gran mayoría de la gente, y eso a pesar de que llegó a ser Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.


Hijo de Juana de Trastámara,  a la que llamarían "la Loca", y de Felipe de Habsburgo, al que ya llamaban "El Hermoso", su nacimiento se produjo en 1503 en  Alcalá de Henares, a pesar de que sus padres y sus hermanos mayores habían residido siempre en Flandes. 


El recién nacido, al que se impuso el nombre de su abuelo materno, poseía un gran "pedigrí ". Sus abuelos maternos eran los Reyes Católicos y los paternos Maximiliano I  de Habsburgo y  María de Borgoña.



Por carambolas del destino su nacimiento se produjo en España  y fue como consecuencia de que su madre, Juana, iba a ser nombrada heredera del reino de Castilla puesto que sus dos hermanos mayores habían muerto.  Juana y su esposo Felipe, que la acompañó hasta las tierras de su suegra, juraron como herederos pero, una vez que se hubo realizado el juramento, Felipe y su hermosura decidieron abandonar las tierras castellanas y marchar a Flandes. Su esposa, Juana, tuvo que quedar en Castilla puesto que, hallándose de nuevo embarazada, no convenía que viajara. Así pues el embarazo de Juana llegó a su termino en Alcalá de Henares y allí fue donde el pequeño Fernando abrió sus ojos al mundo.


Dada la pasión que Juana sentía por Felipe no tardó nada en desaparecer de las tierras de su madre dejándo, eso si, al neonato al cuidado  de su abuela puesto que llevar al bebé con ella debió parecerle  demasiado engorroso. 



El primer año de Fernando transcurrió en la corte de Isabel "La Católica", entre Salamanca y Arévalo y fué la propia Isabel quien puso "Casa" a su pequeño nieto. Cuando ésta murió en 1504 su madre, Juana, pasó a ser la Reina de Castilla. Dado que cuando esto sucede Dª Juana vuelve a estar embarazada el regreso a tierras castellanas de la nueva reina no se produciría hasta 1506. 


Así pues, cuando el pequeño Fernando es presentado a su padre tiene ya tres años y su madre, cabe suponer, que tampoco conocería al que dejó siendo un bebé, sobre todo teniendo en cuenta que el deterioro mental de Dª Juana era ya  más que evidente.


Ante la incapacidad de Juana se inician las luchas de poder entre D. Felipe y D. Fernando el Católico. Ambos ambicionaban ser regentes de Castilla pero se daba la circunstancia de que la mayoría de los nobles castellanos apoyaban a Felipe considerando que, siendo como era el esposo de DªJuana, le correspondía legítimamente la regencia. La muerte repentina de D.Felipe - que algunos consideraron sospechosa - pondría el punto y final al conflicto entre yerno y suegro.


A partir de ese momento la mente de Juana, presa ya de un delirio de celos, pierde completamente el contacto con la realidad. Sobre qué tipo de psicosis padecía sigue habiendo discrepancias. 



Tras encerrar a  a su hija  Dª Juana en Tordesillas  Fernando el Católico toma a su nieto bajo su tutela  y, mientras viajan por Castilla y  por Andalucía, le va adiestrando en la política y en los quehaceres del gobierno. Muchos son los avatares políticos que suceden durante esos años en los que el nieto vivió al amparo del abuelo y parece ser que también fue mucho lo que el niño Fernando aprendió. 


El aprendizaje terminó antes de lo que el niño hubiese deseado puesto que tenía trece años cuando muere su abuelo en el mes de enero de 1516. Fernando no sabía cual sería su destino en aquellos momentos, era consciente de que gran parte de los castellanos hubiera preferido que fuera él el heredero del reino y no su hermano Carlos, puesto que Fernando se había criado en la península  y Carlos no se había dignado aparecer por estas tierras, pero lo cierto es que Carlos contaba con una baza incuestionable: era el legitimo heredero.


Cisneros, ante el temor que los partidarios de Fernando generaran problemas, tardó poco en  cerrar su "Casa" con la idea de que Fernando saliera de la península cuanto antes, así pues, en abril de 1517 Fernando embarca hacía Flandes. Inteligente como era y con las lecciones dadas por su abuelo aprendidas, había procurado, durante esos meses, conocer la lengua francesa y los usos y costumbres imperantes en la corte borgoñesa.


Llegado a Flandes anduvo por diversos lugares incluyendo, claro está, Malinas, el lugar de erudición donde había sido educado su hermano Carlos. Allí estuvo impregnándose, todo lo que pudo, de la forma de vida de los flamencos. Los cortesanos de D.Carlos procuraban proporcionar a Fernando una vida placentera y  tenerlo siempre  entretenido con la caza, los juegos de destreza y también con la formación cultural proporcionada por Erasmo.  El joven Fernando era consciente de que estas maniobras no eran más que un ejercicio de control sobre su persona ordenado por su hermano Carlos.


El abuelo paterno de Carlos y Fernando, Maximiliano I de Habsburgo, había muerto y Carlos como legitimo heredero es designado nuevo emperador electo y rey de los romanos. Carlos, que ya se hallaba en España, acudió a Aquisgran para ser coronado en el trono de Carlomagno como emperador del Sacro Imperio Romano Germanico. Era el año 1520.



No había transcurrido todavía un año desde su coronación cuando D. Carlos, tras muchas deliberaciones y dándose cuenta de que le era imposible gobernar España, las tierras conseguidas en Ultramar, Austria  y todo el resto de tierras heredadas de su abuelo paterno, nombra a su hermano Fernando Lugarteniente del Imperio y le cede el gobierno de Austria, Carintia, Stiria y Tirol.


Hacía años que su abuelo Maximiliano había llegado a pactos matrimoniales y para dar cumplimiento a los mismos, Fernando contrae nupcias con Ana Jallegón de Hungría y Bohemia. Los matrimonios podían ser más efectivos que las guerras a la hora de consolidar imperios y así sucedió con esta boda  ya que con ella podría llegar el día en que fuera posible  conseguir que Hungría y Bohemia quedaran bajo el dominio de los Habsburgo


Tras la boda, Fernando llega a Austria, nada conoce  de esas tierras y nadie le conoce a él. Esta circunstancia originó un levantamiento que fue reprimido con dureza. Las lecciones de su abuelo materno, Fernando el Católico, habían sido bien asimiladas por su nieto que poseía una enorme capacidad de negociación, gracias a la cual pudo formalizar acuerdos con los vasallos germanohablantes y con los luteranos  a fin de no continuar con los enfrentamientos religiosos. Se iniciaba así la “germanización” política de Fernando.



En 1526 y tras una dura batalla entre otomanos y húngaros muere, sin descendencia, Luis II Jallegón de Hungría, hermano de su esposa Ana y casado con María, hermana de Fernando. Como consecuencia Fernado es nombrado rey electo de Hungría y Bohemia y coronado como tal apenas un año después. Este sería el germen de lo que llegaría a ser el Imperio Austro-Hungaro.


Fernando tuvo que lidiar con revueltas  internas, con revueltas religiosas y con guerras externas con los otomanos pero su talante diplomático y negociador le hicieron  salir airoso de la mayoría de estas vicisitudes.


Parece ser que su matrimonio  con Ana fue feliz como atestiguan los 15 hijos que tuvo la pareja y el hecho de que cuando su esposa falleció tras su último parto Fernando, a pesar de ser todavía  muy joven, no se volviera a casar.


Surgieron grandes discrepancias que llevaron a enfrentamientos entre Carlos y Fernando por la herencia del Sacro Imperio Romano Germanico. Tras un tiempo en el que  ambos hermanos estuvieron  sin  hablarse se llegó al consenso y la relación entre ellos se restableció. Cuando en 1555 Carlos V abdica designa a su hermano como su sucesor en el Imperio.



Fernando  I convirtió su corte imperial en un centro de cultura  y de fomento del arte y también realizó una reforma modernizadora  de la administración, del sistema monetario, del sistema fiscal y de la justicia.


No fueron tranquilos los años en los que ciñó la corona de emperador. Seguían los conflictos con los turcos, los conflictos  religiosos con los protestantes y el Concilio de Trento que no acabó hasta 1563.


 A mediados de ese  año en el que terminó el Concilio la salud de Fernando empezó a decaer. Fue atendido en todo momento por los doctores de la corte imperial Carrichter von Rexingen y Johannes Crato von Krafftheim, quienes, según parece, no hicieron otra cosa que agravar sus síntomas con tratamientos inútiles y agresivos. 


Fernando I murió en Viena el 25 de Julio de 1564. Fue enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Vito de Praga.




Los conflictos que debieron afrontar Carlos V y  Fernando I  fueron similares pero, si en el primero predominaba el espíritu bélico a la hora de afrontarlos en el segundo la diplomacia y la negociación eran el primer intento para dirimirlos.

Fernando había tenido en su infancia - sin duda el momento en que más profundos quedan los conocimientos - las enseñanzas de su abuelo, el rey "Católico", de quien se ha llegado a decir que sirvió de ejemplo a Maquiavelo para escribir "el Principe". Carlos careció de esa cercanía al abuelo materno. A veces lo que marca el carácter de algunos personajes históricos marca también el destino de muchas personas que viven bajo su dominio.











viernes, 9 de enero de 2026

Isabel II Reina de España

 




Isabel nació en Madrid el 10 de octubre de 1830, era hija de Fernando VII y de su cuarta esposa Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias. Dado que el rey no había conseguido descendencia de sus tres anteriores esposas la satisfacción ante el alumbramiento de esta niña fue enorme. La pequeña Isabel llegó pues a este mundo sembrando la alegría pero también la polémica, los enfrentamientos, los conflictos y finalmente hasta la guerra. La vida de Isabel sería como su llegada al mundo: conflictiva.


El hecho de que Fernando VII no hubiera sido capaz de engendrar hijos en sus anteriores matrimonios había hecho creer a su hermano menor, Carlos María Isidro, que la  sucesión a la corona le correspondía a él. El embarazo de la  reina hacía temer a Carlos María que tal pretensión no se produjese y el temor se convirtió en certeza cuando faltando aún siete meses para el alumbramiento su hermano, el rey Fernando VII, promulgó la Pragmática Sanción por la cual quedaba anulado el Auto aprobado por Felipe V y según el cual las mujeres no podían acceder al trono. Esta decisión alejaba definitivamente - a menos que la pequeña Isabel muriera sin descendencia - a Carlos María Isidro del trono


Fernando VII


A los cuatro días de su nacimiento y mediante un Real Decreto el rey Fernando VII hace publico su deseo de nombrar a su hija princesa de Asturias "por ser mi heredera y legítima sucesora a mi corona mientras Dios no me conceda un hijo varón". La reina Mª Cristina aún tuvo otro embarazo, pero no fue el ansiado varón sino otra niña que recibió el nombre de Luisa Fernanda. 


En el mes de junio de 1833, cuando todavía no había cumplido  Isabel los tres años, fue jurada como Princesa de Asturias. Tres meses después moría su padre y ella pasaba a ser la reina de España y su madre Dª Mª Cristina la regente, mientras Isabel no fuera declarada mayor de edad.


A Carlos María no le gustó nada la situación.  Se opuso a ella y la polarización entró en escena entre los partidarios de Isabel, los isabelinos, y los partidarios de D. Carlos, los carlistas. Esta división acabó desencadenando la Primera guerra Carlista que duró siete tristes años.


Ya hemos dicho que durante  los primeros años de Isabel II la regencia la ejerció su madre, Dª Mª Cristina. Fue la suya  una regencia sin duda peculiar y estuvo marcada por la sangrienta guerra carlista, por las alternancias en el gobierno de moderados y progresistas, por  la aprobación de la Constitución de 1837 y por la desamortización de Mendizábal que se inició en ese mismo año. 


Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias


Poco después, en 1840, la regente sancionó la Ley de Ayuntamientos que habían aprobado las Cortes. Dicha Ley suponía una limitación de la independencia de los ayuntamientos lo que llevó a una sublevación generalizada. La consecuencia fue que Mª Cristina y su marido "secreto" tuvieran que marchar hacia el exilio instalándose en Francia y dejando en Madrid a dos niñas, seguramente atribuladas, de 10 y de 8 años de edad.


La primera Guerra Carlista había terminado con la firma del Convenio de Vergara y como el más destacado artífice del mismo había sido el general Espartero se le concedió el titulo de duque de la Victoria y se le nombró nuevo Regente del reino del España. Como Espartero era progresista los moderados conspiraron para devolver ls regencia a Mª Cristina más afín a este partido. No hizo falta que los moderados empujaran demasiado, Espartero - al que parece que le habían brotado plumas de pavo real -  empezó a desarrollar un carácter dictatorial y una falta total de habilidad política lo que hizo que su propio partido quedara dividido en dos. La situación llegó hasta tal extremo que los militares, tanto moderados como progresistas, se coligaron y provocaron la caída de Espartero que se vio obligado a abandonar España y ha refugiarse en Inglaterra. Era el mes de julio de 1843.


General Espartero


Una vez  que Espartero quedó fuera del tablero político se nombró un Gobierno Provisional y, en octubre de ese mismo año las Cortes declararon a Isabel II mayor de edad y ésta, con apenas trece añitos, juró la Constitución como reina de España.


No estaba  la nueva reina preparada para toda la responsabilidad que se pretendía que asumiera. Es difícil que a los 13 años alguien lo esté, pero es que además su educación había sido muy precaria. Por tanto la politica interior y exterior de España dependió de los Gobiernos que se iban sucediendo. La reina se limitaba a firmar aquello que se le decía que debía firmar.


El matrimonio de Isabel se convirtió en una razón de Estado y no solo del Estado español, también los demás  países europeos hacían cábalas sobre las alianzas que podrían establecerse tras el matrimonio de Isabel. La joven reina no era más que una pieza en el tablero político, nadie preguntó su opinión y además a  nadie importaba cual fuera ésta.


D. Francisco de Asís de Borbón


Tenía poco mas de 15 años cuando se consideró - siempre, claro está, por razones de Estado - que el marido idóneo seria su primo Francisco de Asís de Borbón, duque de Cadiz.

Isabel, que conocía bien  al novio elegido pues ambos eran primos por partida doble, lloró, berreó, y se desgañitó gritando : "Con Paquita no, por favor, con Paquita no"  pero, la decisión estaba tomada y sus gritos, aunque fueron oídos, no fueron escuchados.


La boda se celebró en el Salón del Trono del palacio Real de Madrid, el 10 de octubre de 1846, ósea el mismo día que la pobre reina cumplía los 16 años. Fue una boda por partida doble pues en la misma contrajo matrimonio su hermana Luisa Fernanda con Antonio de Orleáns, duque de Montpensier. 


Boda de Isabel II


Los años que siguieron fueron terriblemente convulsos y se  daba como circunstancia añadida que Isabel  era una mujer fácilmente manipulable. De escasa formación, con pocas cualidades intelectuales, enamoradiza y amiga de las fiestas, algunos políticos y la camarilla de religiosos que  a su alrededor circulaban  como su confesor el padre Claret, y sor Patrocinio, hicieron de ella una presa fácil para obtener los beneficios que cada uno de los personajes que la rodeaban perseguían.


Los gobiernos, muchas veces con la intervención de los militares,  cambiaban a los gobernantes a su conveniencia, alternando entre progresistas y conservadores  según el momento. La consecuencia fue que en demasiadas ocasiones no se llegaron a respetar las garantías constitucionales .  


Hubo de todo; conspiraciones, sublevaciones, represiones durisimas, batallas urbanas, protestas estudiantiles que acababan con muertos, heridos y detenidos. La misma reina sufrió un atentado que a punto estuvo de costarle la vida. Había dado a luz a la tercera de sus hijas y como era tradición la reina se dirigía a presentar a la niña a la Basílica de Atocha cuando un sacerdote se arrodilló ante ella en actitud de ir a solicitar alguna dádiva, pero sacó un estilete y lo clavó en el pecho de la soberana. Dª Isabel fue socorrida de inmediato por la guardia y de inmediato también se apresó al cura, un sujeto llamado Martín Merino, cuya puñalada no causó el daño pretendido ya que  una de las ballenas del corsé que la reina (entrada en carnes) llevaba puesto impidió que el puñal penetrara. Cuatro días después Merino fue ejecutado.


Atentado a Isabel II


Las gentes no estaban dispuestas a perder algunas libertades conseguidas y el descontento de la población condujo a la Revolución de 1854. Hubo un Pronunciamiento del general O’Donell  contra el Parlamento que no obtuvo en un primer momento las reacciones esperadas. Fue el general Serrano  quien convenció a O’Donell que nada se lograría si no se ofrecían cambios políticos y sociales que prometiesen realizar las reivindicaciones de las clases más desfavorecidas. Como consecuencia, pocos días después, se produjo el Manifiesto de Manzanares redactado por un joven político : Antonio Cánovas del Castillo. En él se prometía: la conservación de la monarquía pero sin la camarilla que la acompañaba, la disminución de impuestos, las convocatoria de Cortes y el restablecimiento de la Milicia Nacional. 


La interpretación que el pueblo hizo de aquello es que eran mismos perros con distintos collares, es decir que nada cambiaba aunque se hubiera vendido como una regeneración política. Las clases populares azotadas por la pobreza iniciaron la insurrección. Madrid amaneció con sus calles llenas de barricadas, se asaltaron palacetes, casa señoriales y viviendas de los ministros cuyos muebles eran lanzados a la calle.


Finalmente la reina llamo al general Espartero para que formase gobierno pero éste exigió varias cosas para llevar a cabo la tarea: la convocatoria de Cortes Constituyentes, que la reina madre Mª Cristina respondiese de las acusaciones de corrupción que pesaban sobre ella y marchase al exilio y que la reina Isabel II redactase un Manifiesto dirigido al país entonando el mea culpa. 


La insatisfacción de España con su reina se había ido incrementado con los años. Lo que al principio gustaba y era interpretado como una muestra de sencillez y campechanía se había ido tornando en  antipatía y malquerencia . La forma de vida de la soberana difundida en pasquines que la tachaban de  juerguista y sensual iban de boca en boca. En ellos se decía que  sus amantes se contaban por docenas, que se acostaba a las cinco de la madrugada y que se levantaba a las tres de la tarde. Algunas revistas llegaban a  satirizar  sus gustos sexuales tachándola de ninfómana.


Isabel  II con su esposo y algunos de sus hijos


Isabel tuvo  11 hijos de los que oficialmente Francisco de Asís era el padre, aunque a decir de algunos no lo fue de ninguno de ellos. Muchos  de los hijos habidos nacieron muertos o vivieron pocos días.


La revolución Industrial que barría Europa también llegó a España y durante el reinado de Isabel II se llevaron a cabo obras públicas que modernizaron el país : Se construyeron lineas de ferrocarril, se trazaron carreteras, se elevaron puentes y también se realizaron importantes obras hidráulicas como el "canal de Isabel II", que llevó la ansiada agua a las casas de Madrid.


Todas estas obras que crearon una gran cantidad de puestos de trabajo sirvieron también para que muchos personajes de la clase dominante se enriquecieran. Desde la propia reina madre, Mª Cristina, hasta marqueses y banqueros que obtuvieron concesiones, parece ser que con la aquiescencia del Parlamento y de la Corona. La corrupción hacía su entrada.


Tren Barcelona-Mataró


El descontento con Isabel II no había dejado de estar presente. A principios de 1866 la escasez de algodón producida por la Guerra de Secesión norteamericana llevo a una crisis de la industria textil catalana. Esto fue el detonante de las perdidas que sufrieron las compañías ferroviarias y que arrastraron a las sociedades de crédito y a las bancarias. A la crisis financiera se unieron dos años de malas cosechas que llevó a la carestía de productos tan básicos como el pan.


Toda esta situación condujo en  septiembre 1868 al estallido de una Revolución  que se dio en llamar "La Gloriosa" y  que condujo  a Isabel II al exilio. La reina se encontraba en San Sebastian con su familia y todos ellos huyeron a Francia donde estuvieron bajo la protección de Napoleón III. 


Estallido de la Revolución


Isabel que había ido depositando dinero en la Casa Rothschild de París y había conseguido llevarse parte de sus joyas compró el Palacio Basilewsky en la capital francesa al que muy castizamente rebautizó con el nombre de Palacio de Castilla.


Poco tardaron Isabel y Francisco en separar sus caminos, tan solo el tiempo que les llevó conseguir llegar a un acuerdo económico que permitiera al consorte vivir con dignidad.


Con el triunfo de la Revolución "Gloriosa" en España se inicia el llamado Sexenio Democrático. Se estableció un Gobierno Provisional y se aprobó la Constitución de 1869 que establecía en España  el sufragio universal y una Monarquía Democrática.

Había por tanto que proclamar un nuevo rey y como los Borbones habían caído en desgracia se ofreció el trono a Amadeo de Saboya.


Amadeo I


La ya exreina Isabel, haciendo caso a sus consejeros, abdicó en 1870 en favor de su hijo Alfonso de apenas 13 años de edad.  Isabel, a pesar de que el momento no debió ser nada grato para la que había sido reina de España, se presentó al acto ataviada con un magnifico vestido de color rosa adornado con encajes y  luciendo joyas. Estuvo rodeada de sus cuatro hijas,  las infantas Isabel, Paz, Pilar y Eulalia. Así fue como, abanico en mano y con toda la dignidad que pudo reunir, dijo definitivamente adios al trono de España. A partir de ese momento Cánovas se puso al frente de la tutela de Alfonso y de la restauración borbónica en el trono.


Abdicación de Isabel II


Tras  su abdicación el palacio de Castilla fue perdiendo importancia e interés entre los monárquicos. Isabel se fue acostumbrando al exilio, recluida en el palacio no mostraba ningún interés por integrarse en la sociedad parisina. Salía tan solo para acudir a los oficios religiosos y muy ocasionalmente a tomar algún chocolate con alguna amiga. 


En el palacio organizaba algunas tertulias con los más allegados y los domingos se servia  un cocido madrileño que, seguramente, haría añorar a la exreina los degustados en el Lhardy, su restaurante favorito de Madrid. Solo pisó suelo español en escasas ocasiones, por poco tiempo y sigilosamente, alojándose en Sevilla o en los alrededores de Madrid.


El 9 de abril de 1904 fallecía Isabel II en su residencia de Paris  como consecuencia  de una gripe  y de la complicación  broncopulmonar  que ésta produjo. Había muerto una reina de España y por tanto sus restos fueron trasladados al Monasterio del Escorial. Su nieto Alfonso XIII no se dignó a acudir a la frontera para recibirlos a la entrada de éstos en España.


Galdós bautizó a Isabel II como "la de los tristes destinos" y me voy a permitir la licencia de terminar con las palabras que sobre ella dejó escritas D. Benito:


«El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano».


Pérez Galdós, B., «La Reina Isabel», en Memoranda, 1906, p. 33.