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martes, 23 de junio de 2026

Jacobo I de Inglaterra, VI de Escocia

 




Jacobo Carlos Estuardo nació en Edimburgo en 1566, hijo de María I de Escocia y de su segundo esposo  Enrique Estuardo, lord Darnley, duque de Albany. Su nacimiento estuvo envuelto en complots, celos, sangre y crueles asesinatos. Su padre había hecho asesinar de manera salvaje al favorito y probablemente amante de su madre, la reina. El asesinato se produjo  en presencia de ésta que, lógicamente se apresuró a huir hacia el castillo de Edimburgo para evitar correr la misma suerte y  allí, 3 meses más tarde, nacería Jacobo. Su padre, Lord Darnley, también moriría asesinado a los pocos meses de su nacimiento.  Así pues, Jacobo Carlos no vino al mundo con un pan bajo el brazo como cualquier bebé sino con una estela de destrucción y muerte.


Apenas contaba un año el pequeño Jacobo cuando  los protestantes arrestaron a María, que era católica, y la obligaron a abdicar en su hijo. De este modo se aseguraban que la educación del niño sería protestante. Así pues y con apenas un año, aquel niño se vio convertido en Jacobo VI de Escocia.


María I de Escocia


Se confió su cuidado a John Erskine, Conde de Mar y a su esposa y se le traslado al castillo de Stirling donde fue coronado a los 13 meses. Su educación correría a cargo de George Buchanan que, aunque tenía los conocimientos necesarios para educar a un príncipe, era un hombre frío, intransigente y altanero que si bien dotó a su alumno de notables conocimientos también le dotó de grandes palizas.  Jacobo era muy inteligente y hay que reconocer que  Buchanan, a pesar de las palizas, inculcó en él un gran amor por la literatura y un deseo constante de aprender que mantendría durante toda su vida y que le llevaría a escribir libros y poesía en la edad adulta.


Como Jacobo parecía destinado a desarrollarse rodeado de conspiraciones fueron varios los regentes que se fueron sucediendo durante su minoría de edad. Algunos de ellos dejaron de ocupar la regencia  por resultar heridos, otros por morir en extrañas circunstancias y  a los que no se les  apartó por estas razones  fueron  acusados por los cortesanos y ajusticiados por ello.


Así transcurrió la vida del joven Jacobo VI hasta que llegado a los 15 años empezó a tomar el control del gobierno de su Reino y dio su primer gran paso hacia el control total de Escocia cuando ordenó la ejecución de William Maitland, conde de Morton, acusado de complicidad en el asesinato de su padre. Esta decisión marcó el inicio de su gobierno y fue  un claro reflejo de su postura ante el poder: un rey con derecho divino que no toleraba la desobediencia ni las intrigas.


Al principio no pudo evitar convertirse en un peón en el tablero religioso de Escocia. Los partidarios de su madre, la reina María, todos ellos católicos, eran apoyados por la monarquía francesa, católica también, mientras que la reina Isabel I de Inglaterra apoyaba la los protestantes. Tanto se agudizó el problema que los protestantes llegaron a secuestrar al rey Jacobo VI, y tenerlo retenido durante  a los 10 meses. Como cabía esperar el cabecilla de los conspiradores fue debidamente ahorcado.


Isabel I de Inglaterra


Lo cierto es que la causa católica había ido muriendo en Escocia y la mayoría de la población se declaraba protestante. En 1586 Inglaterra y Escocia firmaron un tratado de Paz y Jacobo no se decantó por ninguna facción religiosa. Un año después la madre de Jacobo, María I de Escocia, que continuaba prisionera en Londres, fue acusada de alta traición condenada a muerte y decapitada por orden de su prima Isabel I de Inglaterra.


Jacobo había tomado para si las riendas del gobierno de Escocia aunque continuaba confiando en sus cortesanos, en especial en  Esmé Stewart mucho mayor que él ya que tenía 37 años. La relación con este cortesano, al que otorgó el titulo de duque de Lenox y al que otorgó categoría de favorito principal, dio pie a que se empezara a especular con una posible homosexualidad del joven rey, ya que este parecía encontrarse más cómodo entre los hombres que entre las mujeres, cosa nada rara si pensamos que Jacobo tenía 15 años y que seguramente las conversaciones mantenidas con sus favoritos le resultaban más interesantes que las mantenidas con las insustanciales damas de la corte.  Según el historiador David M. Bergeron, tres fueron los hombres “importantes” en la vida de Jacobo, el mencionado Esmé, Robert Carr y George Villiers, I duque de Buckingham, tal vez el mas importante en la vida del rey.


Se decide, como era habitual en la época, que el rey debe contraer matrimonio y dar herederos a la corona y la esposa elegida es Ana de Dinamarca. La boda se celebró por poderes en 1589 y Ana  con sus apenas 14 años y sin haber conocido a su esposo, partió en barco rumbo a Escocia. Sucedió que se desencadenaron  fuertes tormentas que impidieron la llegada de la ya reina consorte al país de su esposo y su embarcación no  tuvo más remedio que fondear en Noruega.


Ana de Dinamarca


Enterado Jacobo de que su esposa no llegaría a Escocia hasta pasados unos meses partió desde las costa de Leith con 300 hombres para ir en busca de Ana. Aquella acción tuvo consecuencias,  bien porque a Jacobo le gustó Ana, bien porque a Ana le pareció muy romántico que su esposo acudiera a su rescate lo cierto es que esos primeros años de matrimonio resultaran idílicos para la real pareja. 


Tuvieron nueve hijos, aunque solo tres alcanzaran la edad adulta, pero el idilio fue terminando poco a poco y la  pareja comenzó a distanciarse por diversos motivos, algunos religiosos, otros económicos y según parece  incluso la política fue motivo de distanciamiento. Es muy probable que influyera de manera decisiva la intensa relación del rey con sus " favoritos".  La situación de desamor en la pareja llegó a un punto en el que decidieron que lo mejor sería vivir separados y así lo hicieron a partir de 1606 tras la muerte de su última hija.  Ana murió en 1619, después de una larga enfermedad durante la cual las visitas de su esposo escasearon aunque, según parece, se mostró muy afectado con su muerte.

 

Jacobo sabia desenvolverse bien en el tablero político y era ambicioso. Así pues su acercamiento a su prima Isabel I de Inglaterra, que no tenía hijos y cuyo pariente más cercano para la sucesión  era él, fue premeditado. Inició esta labor a través de los ministros de la reina, sobre todo de Robert Cecil que allanó su camino hacia el trono inglés. Poco importaba a Jacobo que su madre hubiera pasado años encerrada en la Torre de Londres y que hubiera sido ajusticiada posteriormente por orden de la propia Isabel I. Lo importante era conseguir el trono inglés y los escrúpulos no contaban si se quería alcanzar el mismo.


Coronación de Jacobo I


En 1603, y  pocas horas después de  la muerte de la reina Isabel, Jacobo es proclamado rey de Inglaterra convirtiéndose así en el primer monarca que  gobernaba  Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda juntas, unificando de ese modo bajo una misma corona dos reinos que durante siglos habían navegado entre guerras. Tras su proclamación,  y tal vez  como acto de desagravio a su madre María I de Escocia, hizo que los restos de ésta fueran trasladados  a la Abadía de Westminster. 


El nuevo rey se trasladó a Inglaterra donde instaló su nueva Corte. Como era de esperar mantuvo a su lado a aquellos que le habían facilitado su llegada al trono y, como no podía ser de otra manera, su principal consejero fue Robert Cecil al que nombraría dos años después conde de Salisbury.


Que Escocia e Inglaterra se convirtieran en un reino unido era una de las ambiciones personales de Jacobo,  hasta tal extremo que  se autodenominó " Rey de la Gran Bretaña" a pesar de saber que tal termino era irrelevante dado que eran dos países totalmente independientes. No sería hasta un siglo después, en 1707, cuando el sueño de Jacobo se  haría realidad y  ambos países unidos crearían un nuevo estado : Gran Bretaña.


Jacobo era un hombre inteligente, a pesar de lo cual consideraba que de su persona debía emanar el poder total y absoluto. Esta convicción le llevaría a frecuentes discrepancias con el Parlamento inglés con el que los Tudor habían sabido  siempre conciliar. Los problemas financieros debido a los excesivos gastos de Jacobo eran también motivo de conflicto. Para aumentar los ingresos del reino, intentó emular a su tía Isabel I. La reina  había fundado una colonia en America desde la que se pretendía interceptar a los barcos españoles cargados de oro que regresaban a España. Jacobo, que seguramente pensó que hacer algo similar podría resolver sus problemas financieros, otorgó una cédula real para fundar colonias en la zona este de America. Así se fundó Virginia y los enfrentamientos que se produjeron con las tribus existentes en el territorio antes de la llegada de los soldados y colonos ingleses sería una de las causas por las que Pocahontas, la famosa hija del Jefe Powhatan, acabaría visitando Inglaterra y siendo recibida por Jacobo I.


Pocahontas


En términos sociales la llegada del nuevo rey se caracterizó por la perdida de las formalidades que, en cuanto a etiqueta y protocolo se refiere, habían mantenido los Tudor, causando  el asombro y la disconformidad de los nobles que consideraban al nuevo rey un tanto "rústico". Tampoco gustaba en la Corte la búsqueda por parte de Jacobo de apuestos jovencitos a los que luego favorecía con prebendas y títulos nobiliarios. El nuevo rey resultó, por tanto, decepcionante para la mayoría de los ingleses.


Uno de los "jovencitos" que se acercó a Jacobo fue George Villiers quien a sus veintidós  años dejó encandilado al rey que, ya cuarentón, le convirtió en su principal favorito según algunos y en su amor más intenso según otros. Jacobo

convirtió a Villiers en un hombre poderoso y rico y para que no le faltara de nada le nombró duque de Buckingham.


George Villiers


Los últimos años de Jacobo estuvieron marcados por las dolencias físicas. Su salud se iba mermando poco a poco y a sus problemas renales se añadían los dolores provocados por la artritis gotosa que padecía. Finalmente falleció  en Theobalds House en marzo de 1625. Parece ser que la causa de su muerte fue un  derrame cerebral. Tenía 58 años.


Fue enterrado en la Abadía de Westminster



Jacobo Carlos Estuardo fue una figura llena de matices y por eso mismo muy interesante. A decir de los ingleses era un zafio que no sabía comportarse con la educación y cortesía que correspondía a un rey a pesar de lo cual era un intelectual, un gran erudito que fomentó las artes y escribió varios libros. Conviviendo con esa mente intelectual habitaban los miedos ancestrales de este rey que creía en la brujería y que llegó a escribir un tratado sobre Demonología. No es de extrañar si pensamos que también creía firmemente que de su persona debía emanar el poder más absoluto. 


Ahondando en su pasado, yo me pregunto qué se puede esperar de alguien que   no pudo ser educado en su entorno familiar, cuyo padre había sido asesinado y su madre, encarcelada, había sido obligada a abdicar en aquel niño de un año.Una madre que  decidió huir de Escocia hacía Inglaterra donde también fue recluida por orden de Isabel I. Un niño que jamas volvería a ver a su madre después de esos hechos y que antes de aprender a andar había visto inclinarse ante su persona a todo aquel que se cruzaba en su camino.



































sábado, 25 de abril de 2026

Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias

 



María Cristina de Borbón - Dos Sicilias, nació en Palermo en abril de 1806.  Era hija de Francisco I, rey de Nápoles y de María Isabel de Borbón,  hija del rey español Carlos IV. El hecho de que naciera en Palermo fue una de las consecuencias de los vaivenes políticos que la época napoleónica trajo consigo ya que su familia se había visto obligada a trasladarse a Sicilia y a vivir en la isla hasta que, tras la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte, pudieron regresar a Nápoles. Esta ciudad se convertiría, por los acuerdos del Congreso de Viena, en la capital del nuevo reino de las Dos Sicilias.

Mª Cristina fue educada como correspondía a una princesa de la época de la que no se esperaba que llegara a tener responsabilidades políticas. Poseía una gran inteligencia y facilidad para los idiomas, amaba el arte y la música en particular y era de trato agradable. Poseía por tanto las condiciones exigidas a cualquier princesa con aspiraciones a convertirse en la consorte de un rey. Y así sucedió.


Fernando VII


Su tío materno, Fernando VII de España, había enviudado ya tres veces sin conseguir descendencia de ninguna de sus esposas. Le urgía pues al rey español casarse de nuevo y Cristina, veintidós años mas joven que él, fue la elegida.


Mª Cristina llegó a Aranjuez en diciembre de 1829 y al día siguiente se celebraron los esponsales. La boda y la nueva reina fueron acogidos con alegría por gran parte de la población, que confiaba en que el nuevo matrimonio engendrara un heredero al trono, y con ninguna satisfacción por aquellos que veían y deseaban que el hermano del rey, Carlos María Isidro, fuera el heredero a la muerte de Fernando VII.


La joven princesa debió causar una grata impresión al rey, puesto que además de  juventud poseía belleza y un carácter afable y dulce. La impresión que Fernando VII causara a su nueva esposa no debió ser tan dichosa puesto que además de los veintidós años que los separaban el rey, a sus 45 años,  estaba envejecido y, desde luego, la hermosura brillaba por su ausencia.


Fernando VII y Mª Cristina


La nueva reina sabía muy bien cual era su principal obligación y, sintiera lo que sintiera por su marido, se dispuso a cumplir con ella a pesar de lo problemática que resultaba llevarla a cabo. Fernando VII sufría macrofalosomía lo que dificultaba las relaciones conyugales pero, tan dispuesta estaba la napolitana a cumplir con su cometido que, según se cuenta, colocaba entre su esposo y ella un cojín con un agujero central que permitía disminuir los efectos del descomunal tamaño del pene de su majestad. El artilugio debió dar resultado pues en el mes de marzo Mª Cristina ya estaba embarazada. 


Fernando VII, feliz con la buena nueva determinó que, puesto que el fruto de aquel embarazo pudiera ser una niña, había que cambiar lo que su antepasado Felipe V, en un intento de evitar que el apellido Borbón desapareciera de la linea sucesoria, había hecho instituir: la "ley de la Agnación Rigorosa". En ella se establecía la exclusión de las mujeres en la línea sucesoria, a menos que no quedara absolutamente ningún heredero varón (directo o lateral).


Poco tardó Fernando VII en hacer pública la Pragmática  Sanción. Ésta derogaba aquella ley semi-sálica del primer Borbón que ocupó el trono de España. Fué Carlos IV quien decretó la Pragmática Sanción y la norma, que tenía carácter de ley fundamental, fue respaldada por las Cortes pero, al no haber sido publicada en su día, continuaba sin efecto. Con la publicación de la misma el hermano del rey, Carlos María Isidro, perdía toda esperanza de heredar algún día el trono, aunque sus seguidores, los llamados "carlistas", seguían teniendo expectativas y estaban dispuestos a  conseguir,  luchando si fuera preciso, que no se sentara en el trono de España una mujer.


Mª Cristina e Isabel


Tres años tenía la pequeña Isabel cuando fue jurada Princesa de Asturias en junio de 1833. Ese fue un verano convulso que  estuvo lleno de intrigas y de expectación. Los ojos de todos los políticos  y de todos los embajadores extranjeros estaban puestos en el rey que, gravemente enfermo, se esperaba que muriera en cualquier momento. Fue en septiembre, tres meses después de que Isabel fuera jurada heredera, cuando el rey Fernando VII dejaba este mundo y también un testamento según el cual su esposa Mª Cristina  ejercería como regente y gobernadora asesorada por un Consejo de Gobierno hasta que su hija cumpliera los dieciocho años. Cuando esto sucede Mª Cristina había dado ya a luz a la segunda de sus hijas.


No iba a tener una regencia fácil Mª Cristina. Su cuñado, Carlos María Isidro, había lanzado, desde Portugal, un manifiesto según el cual no reconocía los derechos al trono de  su sobrina y se autoproclamaba rey de España con el nombre de Carlos V. Se acababa de encender con ello la mecha de la Primera Guerra Carlista que duraría 6 años, uno menos que la regencia de Mª Cristina. 


Aquel conflictivo verano de 1833 también resultó agitado en la vida privada de la reina consorte. Parece ser que fue entonces cuando conoció a un guardia de Corps, hijo de unos estanqueros de Tarancón,  del que se enamoraría perdidamente. Agustín Fernando Muñoz y Sanchez, que así se llamaba el joven, tenía 24 años y según algunos historiadores la reina quedó prendada de su potente voz masculina, de su pelo azabache - que duraría poco en su cabeza - y de sus negros ojos.


Muy poco tiempo después de la muerte de Fernando VII Mª Cristina decidió descansar de los malos momentos sufridos y se encaminó para ello a La Real Quinta de Quitapesares, en la provincia de Segovia, acompañada, eso si, por su su guardia de Corps preferido, Fernando Muñoz, no fuera a suceder que la Real Quinta no le quitara los pesares del todo.


Fernando Muñoz


El luto pues que guardaría la reina viuda a su esposo sería tan corto que causó el escándalo de la mayoría de los cortesanos y del pueblo de Madrid que, siempre tan ocurrente,  ya empezaba a llamar al Sr Muñoz y Sanchez Fernando VIII. Se casaron el 28 de diciembre de ese mismo año de 1833, a los tres meses de la muerte del rey, en el palacio Real de Madrid, en una oculta  ceremonia  oficiada por un simple sacerdote. El matrimonio se mantuvo en secreto ya que Mª Cristina, que era muy lista, sabía que para ejercer la regencia debía ser oficialmente viuda.


La guerra Carlista dividió el país en dos bandos, por un lado los partidarios de Isabel II y por otro los de Carlos Maria Isidro. Mientras en el norte de España, Vascongadas, Navarra y Cataluña la Guerra Civil se libraba con virulencia, en Madrid, Mª Cristina tuvo que plegarse a las presiones de militares y políticos y aceptar el Estatuto Real que sería el embrión de la  nueva Constitución de 1837. En la nueva Constitución se imponían limitaciones al rey y por consiguiente  a la regente. Además como se había potenciado el acceso de los liberales a los ayuntamientos, el poder gubernamental de las grandes ciudades se veía mermado.



No cabe duda de que M;ª Cristina era una mujer prolífica, sus  embarazos se sucedían con asombrosa continuidad y a pesar de sus intentos de disimularlos yendo fajada hasta la extenuación a nadie pasaba desapercibido que la regente se hallaba encinta constantemente. Cinco fueron los vástagos que Mª Cristina alumbró en España, y otros tres  los que dio a luz en Francia. Un total de diez criaturas daría la napolitana al mundo, si contamos, claro está, a las dos que llevaban como primer apellido Borbón. Durante muchos años los "carlistas" entonaban esta canción:


Clamaban los liberales

que la reina no paría

y ha parido más muñoces 

que liberales había


El matrimonio Muñoz - Borbón-Dos Sicilias no se dedicó solo a procrear hijos también, y desde poco tiempo después de su oculto matrimonio, comenzaron  a labrarse el futuro con múltiples corruptelas . Ya en 1834 entraron en negocios con los  banqueros Rothschild que obtuvieron el arrendamiento para la explotación de minas de mercurio en España previo arreglo comercial con Mª Cristina. La regente, muy avispada en cuestión de negocios y bien asesorada por su "secreto" esposo,  facilitó la desamortización de Mendizabal. Este hecho  hizo posible que grandes inversores adquirieran terrenos a bajo precio, eso si, previa pago a los " Muñoces"


En el verano de 1840 Mª Cristina respaldó la Ley de Ayuntamientos que aumentaba el poder de los moderados sobre los progresistas y según la cual la regente, de acuerdo con el gobierno conservador, podía nombrar a su antojo a quienes deberían formar los equipos de gobierno en los ayuntamientos. Se  ignoraba por tanto  a la Constitución que  decía que dichos equipos debían ser nombrados mediante elecciones.El escándalo político que esto supuso dio lugar a una sublevación generalizada que obligó a Mª Cristina a dejar la regencia en manos del general Espartero y a partir hacia el exilio desde Valencia,  a bordo del vapor Mercurio, con destino a Francia. En Madrid quedaban sus dos hijas: las pequeñas Isabel II y Luisa Fernanda.


Mª Cristina con las Infantas 


En cuanto Fernando Muñoz y Mª Cristina llegaron a Francia solicitaron la bendición del Papa Gregorio XVI para  su matrimonio. Los "Muñoces"  habían conseguido de las arcas publicas y de las múltiples comisiones y negocios organizar un exilio dorado adquiriendo para ello el palacio de Malmaison, además de otras muchas propiedades. Se decía que Fernando Muñoz era un lince para los negocios y que Mª Cristina no le iba a la zaga, de modo que continuaron realizando negocios en Francia y amasando dinero.


Tras la proclamación como reina de su hija Isabel, Mª Cristina y Fernando Muñoz volvieron a España. Se instalaron el el Palacio de las Rejas, cercano al Palacio Real, desde donde intentarían renovar su influencia política mediante el control de la joven reina. Isabel II empezó por conceder a su padrastro el ducado de Riansares , ennobleciendo al mismo tiempo a los progenitores de Muñoz que pasaron de ser unos simples estanqueros de Tarancón a poseer títulos nobiliarios.  Lógicamente también los hermanastros de la reina se vieron favorecidos con el reparto de títulos. 


En su vuelta a España  Mª Cristina y el nuevo duque de Riansares seguirían llenando sus arcas mediante una trama corrupta que, a través de sociedades opacas y testaferros,  conseguía comisiones por la adjudicación de obra pública  para la construcción de ferrocarriles, la canalización del Ebro, la explotación de   minas de carbón de Asturias y un largo etcetera. Nada escapaba a sus codiciosas manos.


La parte más sórdida de los negocios de los Muñoces  lo constituyó su posible participación en la Trata cubana de esclavos. Mª Cristina y su esposo  se asociaron  a ciertos armadores españoles y al dueño de la mayor fortuna de Cuba lo que, según parece, les habría facilitado la entrada en ese comercio obteniendo grandes beneficios.


Palacio de Malmaison


En el verano de 1854 se vivieron jornadas de extrema violencia como consecuencia del expolio del patrimonio (habían desaparecido joyas pertenecientes a la Corona y valiosas pinturas) y de la corrupción, ya conocida por todos, que  habían realizado  los Muñoz- Borbón-Dos Sicilias. El Palacio de las Rejas en el que residían fue incendiado  y el matrimonio tuvo que refugiarse en el Palacio Real. Isabel II llamó a Espartero pidiéndole que controlara la situación. Finalmente el general consiguió, tras retirar a Mª Cristina la pensión vitalicia que en su día se le había asignado y confiscar todos sus bienes en España, que la expulsión de la otrora regente y su marido se realizara hacia Portugal  con garantías de seguridad. No por ello los corruptos negocios  de los duques de Riansares  se vieron mermados ya que continuaron a través de testaferros.


Instalados en Francia fueron testigos del exilio de Isabel II y Mª Cristina estuvo presente en  el  acto de abdicación de Isabel  en su hijo el príncipe Alfonso. Tal vez hubiera deseado  postularse para ejercer la regencia del joven si llegaba el caso pero Cánovas tomo para si la tutela de Alfonso. La duquesa de Riansares, muy a su pesar, hacía tiempo que estaba fuera del tablero político.


Mª Cristina fue conocedora de la restauración borbónica en la persona de su nieto Alfonso XII y en alguna ocasión realizó una corta visita a España. Sobrevivió  cinco años a su segundo esposo y tres meses a su querida nieta, Mª de las Mercedes de Orleans y Borbón.  Finalmente falleció  como consecuencia de una parada cardiorespiratoria en agosto de 1878 en la villa de Mon Désir su residencia de Sainte-Adresse, un barrio  de la ciudad portuaria de Le Havre. Como madre de la reina Isabel II,  sus restos fueron trasladados a España y se le dio sepultura en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.



Es difícil encontrar justificación al ansia de poder de Mª Cristina y a su voracidad por la posesión de dinero y bienes.  Era una mujer inteligente, perseverante, astuta pero la moralidad y la ética eran inexistentes en su espíritu. Aunque ninguna comisión de investigación pudo probar nada que la imputara judicialmente  Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias ha pasado a la historia como la  Regente más corrupta de la historia española.









domingo, 1 de marzo de 2026

Fernando I de Austria, Emperador del Sacro Imperio Romano Germanico

 




Fernando es una de las figuras más desconocidas de la historia, al menos para la gran mayoría de la gente, y eso a pesar de que llegó a ser Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.


Hijo de Juana de Trastámara,  a la que llamarían "la Loca", y de Felipe de Habsburgo, al que ya llamaban "El Hermoso", su nacimiento se produjo en 1503 en  Alcalá de Henares, a pesar de que sus padres y sus hermanos mayores habían residido siempre en Flandes. 


El recién nacido, al que se impuso el nombre de su abuelo materno, poseía un gran "pedigrí ". Sus abuelos maternos eran los Reyes Católicos y los paternos Maximiliano I  de Habsburgo y  María de Borgoña.



Por carambolas del destino su nacimiento se produjo en España  y fue como consecuencia de que su madre, Juana, iba a ser nombrada heredera del reino de Castilla puesto que sus dos hermanos mayores habían muerto.  Juana y su esposo Felipe, que la acompañó hasta las tierras de su suegra, juraron como herederos pero, una vez que se hubo realizado el juramento, Felipe y su hermosura decidieron abandonar las tierras castellanas y marchar a Flandes. Su esposa, Juana, tuvo que quedar en Castilla puesto que, hallándose de nuevo embarazada, no convenía que viajara. Así pues el embarazo de Juana llegó a su termino en Alcalá de Henares y allí fue donde el pequeño Fernando abrió sus ojos al mundo.


Dada la pasión que Juana sentía por Felipe no tardó nada en desaparecer de las tierras de su madre dejándo, eso si, al neonato al cuidado  de su abuela puesto que llevar al bebé con ella debió parecerle  demasiado engorroso. 



El primer año de Fernando transcurrió en la corte de Isabel "La Católica", entre Salamanca y Arévalo y fué la propia Isabel quien puso "Casa" a su pequeño nieto. Cuando ésta murió en 1504 su madre, Juana, pasó a ser la Reina de Castilla. Dado que cuando esto sucede Dª Juana vuelve a estar embarazada el regreso a tierras castellanas de la nueva reina no se produciría hasta 1506. 


Así pues, cuando el pequeño Fernando es presentado a su padre tiene ya tres años y su madre, cabe suponer, que tampoco conocería al que dejó siendo un bebé, sobre todo teniendo en cuenta que el deterioro mental de Dª Juana era ya  más que evidente.


Ante la incapacidad de Juana se inician las luchas de poder entre D. Felipe y D. Fernando el Católico. Ambos ambicionaban ser regentes de Castilla pero se daba la circunstancia de que la mayoría de los nobles castellanos apoyaban a Felipe considerando que, siendo como era el esposo de DªJuana, le correspondía legítimamente la regencia. La muerte repentina de D.Felipe - que algunos consideraron sospechosa - pondría el punto y final al conflicto entre yerno y suegro.


A partir de ese momento la mente de Juana, presa ya de un delirio de celos, pierde completamente el contacto con la realidad. Sobre qué tipo de psicosis padecía sigue habiendo discrepancias. 



Tras encerrar a  a su hija  Dª Juana en Tordesillas  Fernando el Católico toma a su nieto bajo su tutela  y, mientras viajan por Castilla y  por Andalucía, le va adiestrando en la política y en los quehaceres del gobierno. Muchos son los avatares políticos que suceden durante esos años en los que el nieto vivió al amparo del abuelo y parece ser que también fue mucho lo que el niño Fernando aprendió. 


El aprendizaje terminó antes de lo que el niño hubiese deseado puesto que tenía trece años cuando muere su abuelo en el mes de enero de 1516. Fernando no sabía cual sería su destino en aquellos momentos, era consciente de que gran parte de los castellanos hubiera preferido que fuera él el heredero del reino y no su hermano Carlos, puesto que Fernando se había criado en la península  y Carlos no se había dignado aparecer por estas tierras, pero lo cierto es que Carlos contaba con una baza incuestionable: era el legitimo heredero.


Cisneros, ante el temor que los partidarios de Fernando generaran problemas, tardó poco en  cerrar su "Casa" con la idea de que Fernando saliera de la península cuanto antes, así pues, en abril de 1517 Fernando embarca hacía Flandes. Inteligente como era y con las lecciones dadas por su abuelo aprendidas, había procurado, durante esos meses, conocer la lengua francesa y los usos y costumbres imperantes en la corte borgoñesa.


Llegado a Flandes anduvo por diversos lugares incluyendo, claro está, Malinas, el lugar de erudición donde había sido educado su hermano Carlos. Allí estuvo impregnándose, todo lo que pudo, de la forma de vida de los flamencos. Los cortesanos de D.Carlos procuraban proporcionar a Fernando una vida placentera y  tenerlo siempre  entretenido con la caza, los juegos de destreza y también con la formación cultural proporcionada por Erasmo.  El joven Fernando era consciente de que estas maniobras no eran más que un ejercicio de control sobre su persona ordenado por su hermano Carlos.


El abuelo paterno de Carlos y Fernando, Maximiliano I de Habsburgo, había muerto y Carlos como legitimo heredero es designado nuevo emperador electo y rey de los romanos. Carlos, que ya se hallaba en España, acudió a Aquisgran para ser coronado en el trono de Carlomagno como emperador del Sacro Imperio Romano Germanico. Era el año 1520.



No había transcurrido todavía un año desde su coronación cuando D. Carlos, tras muchas deliberaciones y dándose cuenta de que le era imposible gobernar España, las tierras conseguidas en Ultramar, Austria  y todo el resto de tierras heredadas de su abuelo paterno, nombra a su hermano Fernando Lugarteniente del Imperio y le cede el gobierno de Austria, Carintia, Stiria y Tirol.


Hacía años que su abuelo Maximiliano había llegado a pactos matrimoniales y para dar cumplimiento a los mismos, Fernando contrae nupcias con Ana Jallegón de Hungría y Bohemia. Los matrimonios podían ser más efectivos que las guerras a la hora de consolidar imperios y así sucedió con esta boda  ya que con ella podría llegar el día en que fuera posible  conseguir que Hungría y Bohemia quedaran bajo el dominio de los Habsburgo


Tras la boda, Fernando llega a Austria, nada conoce  de esas tierras y nadie le conoce a él. Esta circunstancia originó un levantamiento que fue reprimido con dureza. Las lecciones de su abuelo materno, Fernando el Católico, habían sido bien asimiladas por su nieto que poseía una enorme capacidad de negociación, gracias a la cual pudo formalizar acuerdos con los vasallos germanohablantes y con los luteranos  a fin de no continuar con los enfrentamientos religiosos. Se iniciaba así la “germanización” política de Fernando.



En 1526 y tras una dura batalla entre otomanos y húngaros muere, sin descendencia, Luis II Jallegón de Hungría, hermano de su esposa Ana y casado con María, hermana de Fernando. Como consecuencia Fernado es nombrado rey electo de Hungría y Bohemia y coronado como tal apenas un año después. Este sería el germen de lo que llegaría a ser el Imperio Austro-Hungaro.


Fernando tuvo que lidiar con revueltas  internas, con revueltas religiosas y con guerras externas con los otomanos pero su talante diplomático y negociador le hicieron  salir airoso de la mayoría de estas vicisitudes.


Parece ser que su matrimonio  con Ana fue feliz como atestiguan los 15 hijos que tuvo la pareja y el hecho de que cuando su esposa falleció tras su último parto Fernando, a pesar de ser todavía  muy joven, no se volviera a casar.


Surgieron grandes discrepancias que llevaron a enfrentamientos entre Carlos y Fernando por la herencia del Sacro Imperio Romano Germanico. Tras un tiempo en el que  ambos hermanos estuvieron  sin  hablarse se llegó al consenso y la relación entre ellos se restableció. Cuando en 1555 Carlos V abdica designa a su hermano como su sucesor en el Imperio.



Fernando  I convirtió su corte imperial en un centro de cultura  y de fomento del arte y también realizó una reforma modernizadora  de la administración, del sistema monetario, del sistema fiscal y de la justicia.


No fueron tranquilos los años en los que ciñó la corona de emperador. Seguían los conflictos con los turcos, los conflictos  religiosos con los protestantes y el Concilio de Trento que no acabó hasta 1563.


 A mediados de ese  año en el que terminó el Concilio la salud de Fernando empezó a decaer. Fue atendido en todo momento por los doctores de la corte imperial Carrichter von Rexingen y Johannes Crato von Krafftheim, quienes, según parece, no hicieron otra cosa que agravar sus síntomas con tratamientos inútiles y agresivos. 


Fernando I murió en Viena el 25 de Julio de 1564. Fue enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Vito de Praga.




Los conflictos que debieron afrontar Carlos V y  Fernando I  fueron similares pero, si en el primero predominaba el espíritu bélico a la hora de afrontarlos en el segundo la diplomacia y la negociación eran el primer intento para dirimirlos.

Fernando había tenido en su infancia - sin duda el momento en que más profundos quedan los conocimientos - las enseñanzas de su abuelo, el rey "Católico", de quien se ha llegado a decir que sirvió de ejemplo a Maquiavelo para escribir "el Principe". Carlos careció de esa cercanía al abuelo materno. A veces lo que marca el carácter de algunos personajes históricos marca también el destino de muchas personas que viven bajo su dominio.