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lunes, 24 de agosto de 2026

Beatriz de Sajonia Coburgo-Gotha Infanta de España

 





Beatriz de Sajonia Coburgo venía al mundo en abril de 1884. Nieta de la reina Victoria del Reino Unido fue desde su nacimiento princesa británica. Su padre, Alfredo, era el segundo hijo varón de la reina Victoria y su madre, la gran duquesa María Aleksándrovna de Rusia, era hija del zar Alejandro II. 


Desde el momento de su nacimiento la familia empezó a llamarla Bee y ya desde sus primeros años la "abejita"  dio muestras de una gran inteligencia, de una capacidad enorme para aprender idiomas - llegó a hablar y a escribir correctamente el inglés, el alemán, el francés y el español y tenia conocimientos de italiano y de ruso. También durante esos primeros años empezaría a desarrollar  una capacidad artística que manifestaría, sobre todo, con el dibujo.


Beatriz era la más pequeña de sus hermanos y su infancia transcurrió - excepto en los periodos que pasaba en Londres - en Malta donde su padre, marino  de la Royal British Navy, estaba destinado. Cuando Bee contaba nueve años murió sin descendencia el duque de Sajonia Coburgo Gotha y el heredero fue el príncipe Alfredo ya que su hermano mayor el Principe de Gales, destinado a ser rey del Reino Unido, renunció al ducado.


Alfredo y María Alexándrovna


Toda la familia se trasladó a Coburgo donde fijaron su residencia aunque  Beatriz acompañaba frecuentemente a su madre durante las visitas de ésta a las distintas cortes europeas puesto que estaban emparentadas con la mayoría de ellas


En 1902 se enamoró de su primo el Gran Duque Miguel de Rusia, hermano menor del zar Nicolás II . El amor fue correspondido y ambos jóvenes iniciaron una relación epistolar que pretendían acabara en matrimonio. Las cosas no resultaron como la pareja deseaba  y,  dado que la iglesia ortodoxa de Rusia prohibía el matrimonio entre primos, el zar no autorizó el matrimonio y el idilio tuvo que terminar.


Desde que era pequeña había establecido una relación de intima amistad con su prima Victoria de Battenberg, a la que todos llamaban Ena. Cuando se produjo el final del idilio con el Gran Duque Miguel, Bee  que todavía no se había repuesto del gran golpe que supuso el suicidio de su hermano Affie, entró en un estado de tristeza que preocupó a sus familiares que decidieron  organizar un viaje por Egipto para distraerla; en ese viaje la acompañaría su madrina  y sus primos  Ena y Leo de Battenberg. Cuando regresaron de Egipto Bee se quedó en Londres porque el rey de España, Alfonso XIII,  estaba de visita oficial y también, de manera extraoficial, buscando esposa. 


Victoria de Battenberg y Beatriz de Sajonia


Alfonso XIII había tardado poco en decidirse por Ena y el matrimonio se celebraría en Madrid en 1906. Fue durante los actos conmemorativos de los esponsales cuando Bee, que lógicamente era una de las invitadas  a la boda, conoció a Alfonso de Orleáns y Borbón , hijo de la infanta Eulalia, hermana del rey de España, al que la familia llamaba Ali.


Alfonso y Bee se enamoraron pero a pesar de ello, la princesa británica no estaba dispuesta a renunciar al protestantismo para contraer matrimonio con el infante español. El gobierno de Antonio Maura no admitió la situación y el matrimonio de los jóvenes hubo de retrasarse. Tres años después, en 1909 Alfonso, ya con su nombramiento de teniente, acudió a Coburgo para desposarse con su amada Bee pesase a quien pesase. Fueron tres las ceremonias de esponsales que se realizaron, civil, católica y protestante a pesar de lo cual el gobierno español no se dio por satisfecho. Las consecuencias no se hicieron esperar; al teniente Alfonso de Orleáns y Borbón y a su flamante esposa se le cerraron las puertas de España, se le impidió luchar en Marruecos y fue "exonerado de dignidades y demás honores" es decir se le privó de su condición de infante. Aquella España mojigata se escandalizaba cuando alguien se empeñaba en defender su libertad religiosa y para evitar que se contagiara al pueblo de esos deseos de libertad se apartaba al disidente de la institución oficial.


Beatriz y Alfonso de Orleáns


Ese tiempo de exilio fue bien utilizado por Ali, aprendió a volar y a partir de ese momento  la aviación se convirtió en su gran pasión. Con el cambio de gobierno el nuevo presidente , Canalejas, destinó al teniente de Orleáns a Marruecos y el matrimonio pudo volver a Madrid con su pequeño hijo Alvaro nacido en Coburgo.

Cuando en 1912 nació en Madrid Alonso, el segundo de sus hijos, el rey accedió a rehabilitarlos y el matrimonio volvió a recobrar su rango de infantes de España.


Durante los cuatro años siguientes la reinaVictoria y Beatriz fueron inseparables. La reina estaba muy  vinculada a la Cruz Roja española y se implicó en la obtención de fondos a través de la Junta de Señoras y en estas acciones siempre tuvo la cercanía y el apoyo de su prima Bee. En 1912 nació, con el apoyo de la reina Victoria, la famosa " Fiesta de la Banderita" para la recaudación de fondos en pro de la Cruz Roja.



Mientras Beatriz apoyaba a la reina en todas estas obras caritativas, su esposo Alfonso de Orleáns y Borbón, se convertía en uno de los primeros pilotos de la aviación española. Alfredo Kindelán que en 1913 se había convertido en  el primer jefe de la rama de Aviación del Servicio de Aeronáutica Militar solicitó a Beatriz que, dada su afición al dibujo y el talento que para el mismo poseía, diseñara el emblema del futuro cuerpo de aviación y así la hizo Bee con tal éxito que no tardó en ser bordado en los uniformes de los aviadores españoles. En Gran Bretaña, los pilotos de la Royal Air Force, copiaron  a los españoles y  también  lucieron el emblema en sus uniformes.



A pesar de su belleza, o tal vez también por ella, y de su implicación en las obras caritativas de la reina, Beatriz de Battenberg infanta de España por matrimonio  no caía bien a gran parte de la aristocracia española: fumaba, vestía con trajes traídos desde Paris, amamantaba a sus hijos y era, a decir de algunos, una mala influencia para la reina Victoria Eugenia. Entre esos " algunos" estaba la infanta Isabel, la popular " chata", que  siendo uno de los miembros de la realeza más queridos por los españoles gozaba de una gran influencia en la corte y esa influencia junto con la de otras aristocráticas damas dio sus frutos.


 En el año 1916 llegó de nuevo el destierro disfrazado, eso si, de misión militar en Suiza. Se ha especulado mucho sobre los autenticas motivos que condenaron de nuevo a la pareja al destierro: se les acusó de "germanófilos" lo que iba en contra de la neutralidad española en el conflicto bélico en que se debatía Europa. Se dijo que la causa era  la envidia que el rey de España sentía por su primo ya que  éste tenía una intachable carrera militar y poseía  hijos sanos y un matrimonio feliz. También se echó la culpa a la mala relación del rey con su tía la infanta Eulalia. Incluso se llegó  a especular con el hecho de que el rey sintiera una gran atracción por Beatriz y que viendo rechazado su deseo decidió alejarla de Madrid. Fuese cual fuese el motivo lo cierto es que el exilio duró casi 8 años.


Beatriz con sus hijos

En 1925 el Directorio Militar de Primo de Rivera preparaba el desembarco de Alhucemas y el infante Alfonso fue requerido para incorporarse a su escuadrilla de vuelo. Probablemente esta fue la principal razón por la que, en 1926, se les permite volver a instalarse en España donde vivieron hasta el año 1931. Beatriz llegó a España con un aire todavía más cosmopolita del que siempre tuvo;  su corte de pelo y sus vestidos a la moda de París eran imitados por muchas damas y Bee fue portada de las revistas de la época en muchas ocasiones. Seguía dibujando, esculpiendo en madera y tocando la guitarra y pasaba temporadas en Sanlúcar de Barrameda donde se sentía querida y donde  en 1928 se convirtió al catolicismo por voluntad propia


Cuando, en 1931, se declara la República  los reyes se ven obligados a abandonar el país. El infante Alfonso forma parte de la comitiva que acompaña al rey a Cartagena y Bee acompañaría a su prima Victoria hasta el Escorial desde donde la reina y sus hijos partirían hacia Francia. Beatriz regresó a Madrid para hacerse cargo de la Infanta Isabel, "La Chata", que - aunque era el único miembro de la familia real al que se le permitía permanecer en España - había decidido no seguir viviendo en un país republicano.  Beatriz consideró que tenía la obligación de acompañarla  hasta Francia y como consecuencia iniciaría  su tercer exilio.



Durante esos años la familia Orleáns pasaría apuros económicos y Ali  empezaría a trabajar como comercial de la Ford para paliar la situación. Vivieron entre Zurich y Londres y fue en Londres donde Bee se enteró de la sublevación de Franco. Desde ese momento la infanta inició una búsqueda de recursos para ayudar al bando nacional. Movió sus contactos diplomáticos para ayudar en el canje de prisioneros e intentó unirse al bando sublevado convencida de que con Franco en el poder la monarquía podría volver a España. El general Mola aceptó su ayuda pero  rechazó  su presencia en el bando nacional, según parece la causa del rechazo sería evitar dar una  pátina monárquica a la guerra civil desencadenada.


Los hijos de Alí y Bee, Alvaro y Alonso, se unieron a la aviación nacional y Alonso murió en combate en 1936, luchando contra los republicanos.  En Enero del 1937  Beatriz y Alfonso regresan a España para solicitar a Franco la incorporación de Ali como oficial al ejercito nacional. El infante no obtuvo respuesta a su petición y ambos volvieron a Londres.  Bee no cejaría en su empeño de ayudar a los sublevados y ocho meses después regresaría a España  con sus apellidos de soltera en el pasaporte y  en un coche repleto de víveres y medicinas.  Tenía una idea clara y ésta era la de ayudar  y para ello se entrevistaría  con Rosa Urraca Pastor, que era una de las delegadas de Frentes y  Hospitales,  dispuesta a trabajar como enfermera de la Cruz Roja. También acudió a Burgos para entrevistarse con Franco y explicarle  el deseo de su esposo de unirse al ejercito  nacional en la lucha. Franco dio la callada por respuesta pero unos días después Alfonso recibió autorización para incorporase a su puesto como comandante.


Al finalizar la guerra los infantes pretendían afincarse en Madrid en el palacio de Quintana, que había sido residencia de La infante Isabel “ La Chata”, pero como éste estaba arrasado e inhabitable decidieron establecerse  en Sanlúcar de Barrameda, en el palacio de los duques de Montpensier y en la finca "El Botánico".  Alfonso fue nombrado representante oficial de D. Juan en España, y esta distinción le ocasionó su cese como general de la región Aérea del Estrecho y la perdida de su pasaporte diplomático puesto que esa lealtad a la causa monárquica no fue bien vista por Franco. El matrimonio se dedicará a la explotación agraria de sus tierras.




Casa de la Maternidad


Fue en Sanlúcar donde Beatriz, puso en marcha en 1939, su proyecto más querido y deseado: la Casa de la Maternidad. Para financiarla  tuvo que vender parte de sus joyas y de ese modo con pocos medios y con un reglamento que realizó el Tocólogo Jacinto Ovín empezaría a funcionar. En la Casa de la Maternidad no solo nacerían decenas de niños  sino que durante los años cuarenta y cincuenta, y dada la precariedad de muchas familias, los pequeños eran criados allí mismo hasta  cumplir los dos años. La Casa se financiaría durante esos años mediante donaciones y fiestas benéficas.


Beatriz que  había sido y continuaba siendo una gran fumadora sufría desde hacia algún tiempo una enfermedad pulmonar  y a consecuencia de la misma  falleció en su casa de Sanlúcar el 13 de julio de 1966. Tenia 82 años.


Fue enterrada en el convento de los Capuchinos de Sanlúcar



 Beatriz de Sajonia Coburgo Gotha era desde su nacimiento princesa de la Gran Bretaña y miembro de la familia imperial rusa. La sangre de dos  imperios corría por sus venas y tal vez por ello su personalidad era tan singular. De carácter rebelde e indomable, inteligente, de espíritu artístico, valiente, arrogante, generosa, altruista y muy bella. Su vida, que transcurrió al inicio entre palacios, viajes y ceremonias  no estuvo exenta de tragedias. Emparentada con casi todas las monarquías europeas vivió dos guerras mundiales en la que sus parientes luchaban enfrentados. Conoció el asesinato  de casi todos los miembros de los Romanov, su familia materna, y durante la guerra civil española  perdió en combate a uno de sus hijos.


Fue una mujer adelantada a su tiempo. Fiel a si misma siempre hizo lo que consideraba correcto sin importarle las críticas ajenas. Leal a la monarquía, a su esposo, a su familia y orgullosa de ser infanta de España.





 

martes, 23 de junio de 2026

Jacobo I de Inglaterra, VI de Escocia

 




Jacobo Carlos Estuardo nació en Edimburgo en 1566, hijo de María I de Escocia y de su segundo esposo  Enrique Estuardo, lord Darnley, duque de Albany. Su nacimiento estuvo envuelto en complots, celos, sangre y crueles asesinatos. Su padre había hecho asesinar de manera salvaje al favorito, y probablemente amante de su madre, la reina. El asesinato se produjo  en presencia de ésta que, lógicamente, se apresuró a huir hacia el castillo de Edimburgo para evitar correr la misma suerte. Allí nacería 3 meses más tarde Jacobo. Su padre, Lord Darnley, también moriría asesinado a los pocos meses de su nacimiento.  Así pues, Jacobo Carlos no vino al mundo con un pan bajo el brazo como cualquier bebé sino con una estela de destrucción y muerte.


Apenas contaba un año el pequeño Jacobo cuando  los protestantes arrestaron a María, que era católica, y la obligaron a abdicar en su hijo. De este modo se aseguraban que la educación del niño sería protestante. Así pues y con apenas un año, aquel niño se vio convertido en Jacobo VI de Escocia.


María I de Escocia


Se confió su cuidado a John Erskine, Conde de Mar y a su esposa y se le trasladó al castillo de Stirling donde fue coronado a los 13 meses. Su educación correría a cargo de George Buchanan que, aunque tenía los conocimientos necesarios para educar a un príncipe, era un hombre frío, intransigente y altanero que si bien dotó a su alumno de notables conocimientos también le dotó de grandes palizas.  Jacobo era muy inteligente y hay que reconocer que  Buchanan, a pesar de las palizas, inculcó en él un gran amor por la literatura y un deseo constante de aprender que el rey  mantendría durante toda su vida y que le llevaría a escribir libros y poesía en la edad adulta.


Como Jacobo parecía destinado a desarrollarse rodeado de conspiraciones fueron varios los regentes que se fueron sucediendo durante su minoría de edad. Algunos de ellos dejaron de ocupar la regencia  por resultar heridos, otros por morir en extrañas circunstancias y  a los que no se les  apartó por esas razones  los cortesanos  los acusaron de otros delitos y  fueron ajusticiados por ellos.


Así transcurrió la vida del joven Jacobo VI hasta que llegado a los 15 años empezó a tomar el control del gobierno de su Reino y dio su primer gran paso hacia el control total de Escocia cuando ordenó la ejecución de William Maitland, conde de Morton, acusado de complicidad en el asesinato de su padre. Esta decisión marcó el inicio de su gobierno y fue  un claro reflejo de su postura ante el poder: un rey con derecho divino que no toleraba la desobediencia ni las intrigas.


Al principio no pudo evitar convertirse en un peón en el tablero religioso de Escocia. Los partidarios de su madre, la reina María, todos ellos católicos, eran apoyados por la monarquía francesa, católica también, mientras que la reina Isabel I de Inglaterra apoyaba la los protestantes. Tanto se agudizó el problema que los protestantes llegaron a secuestrar al rey Jacobo VI, y tenerlo retenido durante  10 meses. Como cabía esperar el cabecilla de los conspiradores fue debidamente ahorcado.


Isabel I de Inglaterra


Lo cierto es que la causa católica había ido muriendo en Escocia y la mayoría de la población se declaraba protestante. En 1586 Inglaterra y Escocia firmaron un tratado de Paz y Jacobo no se decantó por ninguna facción religiosa. Un año después la madre de Jacobo, María I de Escocia, que continuaba prisionera en Londres, fue acusada de alta traición, condenada a muerte y decapitada por orden de su prima Isabel I de Inglaterra.


Jacobo había tomado para si las riendas del gobierno de Escocia aunque continuaba confiando en sus cortesanos, en especial en  Esmé Stewart mucho mayor que él ya que tenía 37 años. La relación con este cortesano - al que otorgó el titulo de duque de Lenox -  y al que dio categoría de favorito principal, propició que se empezara a especular con una posible homosexualidad del joven rey, ya que éste parecía encontrarse más cómodo entre los hombres que entre las mujeres, cosa nada rara si pensamos que Jacobo tenía 15 años y que seguramente las conversaciones mantenidas con sus favoritos le resultaban más interesantes que las mantenidas con las insustanciales damas de la corte.  Según el historiador David M. Bergeron, tres fueron los hombres "importantes" en la vida de Jacobo, el mencionado Esmé, Robert Carr y George Villiers, I duque de Buckingham, tal vez el mas importante en la vida del rey.


Se decide, como era habitual en la época, que el rey debe contraer matrimonio y dar herederos a la corona y la esposa elegida es Ana de Dinamarca. La boda se celebró por poderes en 1589 y Ana  con sus apenas 14 años y sin haber conocido a su esposo, partió en barco rumbo a Escocia. Sucedió que se desencadenaron  fuertes tormentas que impidieron la llegada de la ya reina consorte al país de su esposo y su embarcación no  tuvo más remedio que fondear en Noruega.


Ana de Dinamarca


Enterado Jacobo de que su esposa no llegaría a Escocia hasta pasados unos meses partió desde las costa de Leith con 300 hombres para ir en busca de Ana. Aquella acción tuvo consecuencias,  bien porque a Jacobo le gustó Ana, bien porque a Ana le pareció muy romántico que su esposo acudiera a su rescate lo cierto es que esos primeros años de matrimonio resultaron idílicos para la real pareja. 


Tuvieron nueve hijos, aunque solo tres alcanzarían la edad adulta, pero el idilio fue terminando poco a poco y la  pareja comenzó a distanciarse por diversos motivos. Algunos de estos motivos fueron religiosos, otros económicos y según parece  incluso la política fue causa de distanciamiento. Es muy probable que influyera de manera decisiva la intensa relación del rey con sus " favoritos".  La situación de desamor en la pareja llegó a un punto en el que decidieron que lo mejor sería vivir separados y así lo hicieron a partir de 1606 tras la muerte de su última hija.  Ana murió en 1619, después de una larga enfermedad durante la cual las visitas de su esposo escasearon aunque, según parece, se mostró muy afectado con su muerte.

 

Jacobo sabia desenvolverse bien en el tablero político y era ambicioso. Así pues su acercamiento a su prima Isabel I de Inglaterra, que no tenía hijos y cuyo pariente más cercano para la sucesión al trono inglés era él, fue premeditado. Inició esta labor a través de los ministros de la reina, sobre todo de Robert Cecil que allanó su camino hacia el trono. Poco importaba a Jacobo que su madre hubiera pasado años encerrada en la Torre de Londres y que hubiera sido ajusticiada posteriormente por orden de la propia Isabel I. Lo importante era conseguir el trono inglés y los escrúpulos no contaban si se quería alcanzar el mismo.


Coronación de Jacobo I


En 1603, y  pocas horas después de  la muerte de la reina Isabel, Jacobo es proclamado rey de Inglaterra convirtiéndose así en el primer monarca que  gobernaba  Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda juntas, unificando de ese modo bajo una misma corona dos reinos que durante siglos habían navegado entre guerras. Tras su proclamación,  y tal vez  como acto de desagravio a su madre María I de Escocia, hizo que los restos de ésta fueran trasladados  a la Abadía de Westminster. 


El nuevo rey se trasladó a Inglaterra donde instaló su nueva Corte. Como era de esperar mantuvo a su lado a aquellos que le habían facilitado su llegada al trono y, como no podía ser de otra manera, su principal consejero fue Robert Cecil al que nombraría dos años después conde de Salisbury.


Que Escocia e Inglaterra se convirtieran en un reino unido era una de las ambiciones personales de Jacobo,  hasta tal extremo que  se autodenominó " Rey de la Gran Bretaña" a pesar de saber que tal termino era irrelevante dado que eran dos países totalmente independientes. No sería hasta un siglo después, en 1707, cuando el sueño de Jacobo se  haría realidad y  ambos países unidos crearían un nuevo estado : Gran Bretaña.


Jacobo era un hombre inteligente, a pesar de lo cual consideraba que de su persona debía emanar el poder total y absoluto. Esta convicción le llevaría a frecuentes discrepancias con el Parlamento inglés con el que los Tudor habían sabido  siempre conciliar. Los problemas financieros debido a los excesivos gastos de Jacobo eran también motivo de conflicto. Para aumentar los ingresos del reino, intentó emular a su tía Isabel I. La reina  había fundado una colonia en America desde la que se pretendía interceptar a los barcos españoles que, cargados de oro, regresaban a España. Jacobo, que seguramente pensó que hacer algo similar podría resolver sus problemas financieros, otorgó una cédula real para fundar colonias en la zona este de America. Así se fundó Virginia y los enfrentamientos que se produjeron con las tribus existentes en el territorio antes de la llegada de los soldados y colonos ingleses sería una de las causas por las que Pocahontas, la famosa hija del Jefe Powhatan, acabaría visitando Inglaterra y siendo recibida por Jacobo I.


Pocahontas


En términos sociales la llegada del nuevo rey se caracterizó por la perdida de las formalidades que, en cuanto a etiqueta y protocolo se refiere, habían mantenido los Tudor, causando  el asombro y la disconformidad de los nobles que consideraban al nuevo rey un tanto "rústico". Tampoco gustaba en la Corte la búsqueda por parte de Jacobo de apuestos jovencitos a los que luego favorecía con prebendas y títulos nobiliarios. El nuevo rey resultó, por tanto, decepcionante para la mayoría de los ingleses.


Uno de los "jovencitos" que se acercó a Jacobo fue George Villiers quien a sus veintidós  años dejó encandilado al rey que, ya cuarentón, le convirtió en su principal favorito según algunos y en su amor más intenso según otros. Jacobo

convirtió a Villiers en un hombre poderoso y rico y para que no le faltara de nada le nombró duque de Buckingham.


George Villiers


Los últimos años de Jacobo estuvieron marcados por las dolencias físicas. Su salud se iba mermando poco a poco y a sus problemas renales se añadían los dolores provocados por la artritis gotosa que padecía. Finalmente falleció  en Theobalds House en marzo de 1625. Parece ser que la causa de su muerte fue un  derrame cerebral. Tenía 58 años.


Fue enterrado en la Abadía de Westminster



Jacobo Carlos Estuardo fue una figura llena de matices y por eso mismo muy interesante. A decir de los ingleses era un zafio que no sabía comportarse con la educación y cortesía que correspondía a un rey a pesar de lo cual era un intelectual, un gran erudito que fomentó las artes y escribió varios libros. Conviviendo con esa mente intelectual habitaban los miedos ancestrales de este rey que creía en la brujería y que llegó a escribir un tratado sobre Demonología. No es de extrañar si pensamos que también creía firmemente que de su persona debía emanar el poder más absoluto. 


Ahondando en su pasado, yo me pregunto qué se puede esperar de alguien que   no pudo ser educado en su entorno familiar, cuyo padre había sido asesinado y su madre, encarcelada, había sido obligada a abdicar en aquel niño de un año. Una madre que  decidió huir de Escocia hacía Inglaterra para salvar su vida y donde acabó siendo recluida por orden de Isabel I. Un niño que jamas volvería a ver a su madre después de esos hechos y que antes de aprender a andar había visto inclinarse ante su persona a todo aquel que se cruzaba en su camino.



































sábado, 25 de abril de 2026

Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias

 



María Cristina de Borbón - Dos Sicilias, nació en Palermo en abril de 1806.  Era hija de Francisco I, rey de Nápoles y de María Isabel de Borbón,  hija del rey español Carlos IV. El hecho de que naciera en Palermo fue una de las consecuencias de los vaivenes políticos que la época napoleónica trajo consigo ya que su familia se había visto obligada a trasladarse a Sicilia y a vivir en la isla hasta que, tras la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte, pudieron regresar a Nápoles. Esta ciudad se convertiría, por los acuerdos del Congreso de Viena, en la capital del nuevo reino de las Dos Sicilias.

Mª Cristina fue educada como correspondía a una princesa de la época de la que no se esperaba que llegara a tener responsabilidades políticas. Poseía una gran inteligencia y facilidad para los idiomas, amaba el arte y la música en particular y era de trato agradable. Poseía por tanto las condiciones exigidas a cualquier princesa con aspiraciones a convertirse en la consorte de un rey. Y así sucedió.


Fernando VII


Su tío materno, Fernando VII de España, había enviudado ya tres veces sin conseguir descendencia de ninguna de sus esposas. Le urgía pues al rey español casarse de nuevo y Cristina, veintidós años mas joven que él, fue la elegida.


Mª Cristina llegó a Aranjuez en diciembre de 1829 y al día siguiente se celebraron los esponsales. La boda y la nueva reina fueron acogidos con alegría por gran parte de la población, que confiaba en que el nuevo matrimonio engendrara un heredero al trono, y con ninguna satisfacción por aquellos que veían y deseaban que el hermano del rey, Carlos María Isidro, fuera el heredero a la muerte de Fernando VII.


La joven princesa debió causar una grata impresión al rey, puesto que además de  juventud poseía belleza y un carácter afable y dulce. La impresión que Fernando VII causara a su nueva esposa no debió ser tan dichosa puesto que además de los veintidós años que los separaban el rey, a sus 45 años,  estaba envejecido y, desde luego, la hermosura brillaba por su ausencia.


Fernando VII y Mª Cristina


La nueva reina sabía muy bien cual era su principal obligación y, sintiera lo que sintiera por su marido, se dispuso a cumplir con ella a pesar de lo problemática que resultaba llevarla a cabo. Fernando VII sufría macrofalosomía lo que dificultaba las relaciones conyugales pero, tan dispuesta estaba la napolitana a cumplir con su cometido que, según se cuenta, colocaba entre su esposo y ella un cojín con un agujero central que permitía disminuir los efectos del descomunal tamaño del pene de su majestad. El artilugio debió dar resultado pues en el mes de marzo Mª Cristina ya estaba embarazada. 


Fernando VII, feliz con la buena nueva determinó que, puesto que el fruto de aquel embarazo pudiera ser una niña, había que cambiar lo que su antepasado Felipe V, en un intento de evitar que el apellido Borbón desapareciera de la linea sucesoria, había hecho instituir: la "ley de la Agnación Rigorosa". En ella se establecía la exclusión de las mujeres en la línea sucesoria, a menos que no quedara absolutamente ningún heredero varón (directo o lateral).


Poco tardó Fernando VII en hacer pública la Pragmática  Sanción. Ésta derogaba aquella ley semi-sálica del primer Borbón que ocupó el trono de España. Fué Carlos IV quien decretó la Pragmática Sanción y la norma, que tenía carácter de ley fundamental, fue respaldada por las Cortes pero, al no haber sido publicada en su día, continuaba sin efecto. Con la publicación de la misma el hermano del rey, Carlos María Isidro, perdía toda esperanza de heredar algún día el trono, aunque sus seguidores, los llamados "carlistas", seguían teniendo expectativas y estaban dispuestos a  conseguir,  luchando si fuera preciso, que no se sentara en el trono de España una mujer.


Mª Cristina e Isabel


Tres años tenía la pequeña Isabel cuando fue jurada Princesa de Asturias en junio de 1833. Ese fue un verano convulso que  estuvo lleno de intrigas y de expectación. Los ojos de todos los políticos  y de todos los embajadores extranjeros estaban puestos en el rey que, gravemente enfermo, se esperaba que muriera en cualquier momento. Fue en septiembre, tres meses después de que Isabel fuera jurada heredera, cuando el rey Fernando VII dejaba este mundo y también un testamento según el cual su esposa Mª Cristina  ejercería como regente y gobernadora asesorada por un Consejo de Gobierno hasta que su hija cumpliera los dieciocho años. Cuando esto sucede Mª Cristina había dado ya a luz a la segunda de sus hijas.


No iba a tener una regencia fácil Mª Cristina. Su cuñado, Carlos María Isidro, había lanzado, desde Portugal, un manifiesto según el cual no reconocía los derechos al trono de  su sobrina y se autoproclamaba rey de España con el nombre de Carlos V. Se acababa de encender con ello la mecha de la Primera Guerra Carlista que duraría 6 años, uno menos que la regencia de Mª Cristina. 


Aquel conflictivo verano de 1833 también resultó agitado en la vida privada de la reina consorte. Parece ser que fue entonces cuando conoció a un guardia de Corps, hijo de unos estanqueros de Tarancón,  del que se enamoraría perdidamente. Agustín Fernando Muñoz y Sanchez, que así se llamaba el joven, tenía 24 años y según algunos historiadores la reina quedó prendada de su potente voz masculina, de su pelo azabache - que duraría poco en su cabeza - y de sus negros ojos.


Muy poco tiempo después de la muerte de Fernando VII Mª Cristina decidió descansar de los malos momentos sufridos y se encaminó para ello a La Real Quinta de Quitapesares, en la provincia de Segovia, acompañada, eso si, por su su guardia de Corps preferido, Fernando Muñoz, no fuera a suceder que la Real Quinta no le quitara los pesares del todo.


Fernando Muñoz


El luto pues que guardaría la reina viuda a su esposo sería tan corto que causó el escándalo de la mayoría de los cortesanos y del pueblo de Madrid que, siempre tan ocurrente,  ya empezaba a llamar al Sr Muñoz y Sanchez Fernando VIII. Se casaron el 28 de diciembre de ese mismo año de 1833, a los tres meses de la muerte del rey, en el palacio Real de Madrid, en una oculta  ceremonia  oficiada por un simple sacerdote. El matrimonio se mantuvo en secreto ya que Mª Cristina, que era muy lista, sabía que para ejercer la regencia debía ser oficialmente viuda.


La guerra Carlista dividió el país en dos bandos, por un lado los partidarios de Isabel II y por otro los de Carlos Maria Isidro. Mientras en el norte de España, Vascongadas, Navarra y Cataluña la Guerra Civil se libraba con virulencia, en Madrid, Mª Cristina tuvo que plegarse a las presiones de militares y políticos y aceptar el Estatuto Real que sería el embrión de la  nueva Constitución de 1837. En la nueva Constitución se imponían limitaciones al rey y por consiguiente  a la regente. Además como se había potenciado el acceso de los liberales a los ayuntamientos, el poder gubernamental de las grandes ciudades se veía mermado.



No cabe duda de que M;ª Cristina era una mujer prolífica, sus  embarazos se sucedían con asombrosa continuidad y a pesar de sus intentos de disimularlos yendo fajada hasta la extenuación a nadie pasaba desapercibido que la regente se hallaba encinta constantemente. Cinco fueron los vástagos que Mª Cristina alumbró en España, y otros tres  los que dio a luz en Francia. Un total de diez criaturas daría la napolitana al mundo, si contamos, claro está, a las dos que llevaban como primer apellido Borbón. Durante muchos años los "carlistas" entonaban esta canción:


Clamaban los liberales

que la reina no paría

y ha parido más muñoces 

que liberales había


El matrimonio Muñoz - Borbón-Dos Sicilias no se dedicó solo a procrear hijos también, y desde poco tiempo después de su oculto matrimonio, comenzaron  a labrarse el futuro con múltiples corruptelas . Ya en 1834 entraron en negocios con los  banqueros Rothschild que obtuvieron el arrendamiento para la explotación de minas de mercurio en España previo arreglo comercial con Mª Cristina. La regente, muy avispada en cuestión de negocios y bien asesorada por su "secreto" esposo,  facilitó la desamortización de Mendizabal. Este hecho  hizo posible que grandes inversores adquirieran terrenos a bajo precio, eso si, previa pago a los " Muñoces"


En el verano de 1840 Mª Cristina respaldó la Ley de Ayuntamientos que aumentaba el poder de los moderados sobre los progresistas y según la cual la regente, de acuerdo con el gobierno conservador, podía nombrar a su antojo a quienes deberían formar los equipos de gobierno en los ayuntamientos. Se  ignoraba por tanto  a la Constitución que  decía que dichos equipos debían ser nombrados mediante elecciones.El escándalo político que esto supuso dio lugar a una sublevación generalizada que obligó a Mª Cristina a dejar la regencia en manos del general Espartero y a partir hacia el exilio desde Valencia,  a bordo del vapor Mercurio, con destino a Francia. En Madrid quedaban sus dos hijas: las pequeñas Isabel II y Luisa Fernanda.


Mª Cristina con las Infantas 


En cuanto Fernando Muñoz y Mª Cristina llegaron a Francia solicitaron la bendición del Papa Gregorio XVI para  su matrimonio. Los "Muñoces"  habían conseguido de las arcas publicas y de las múltiples comisiones y negocios organizar un exilio dorado adquiriendo para ello el palacio de Malmaison, además de otras muchas propiedades. Se decía que Fernando Muñoz era un lince para los negocios y que Mª Cristina no le iba a la zaga, de modo que continuaron realizando negocios en Francia y amasando dinero.


Tras la proclamación como reina de su hija Isabel, Mª Cristina y Fernando Muñoz volvieron a España. Se instalaron el el Palacio de las Rejas, cercano al Palacio Real, desde donde intentarían renovar su influencia política mediante el control de la joven reina. Isabel II empezó por conceder a su padrastro el ducado de Riansares , ennobleciendo al mismo tiempo a los progenitores de Muñoz que pasaron de ser unos simples estanqueros de Tarancón a poseer títulos nobiliarios.  Lógicamente también los hermanastros de la reina se vieron favorecidos con el reparto de títulos. 


En su vuelta a España  Mª Cristina y el nuevo duque de Riansares seguirían llenando sus arcas mediante una trama corrupta que, a través de sociedades opacas y testaferros,  conseguía comisiones por la adjudicación de obra pública  para la construcción de ferrocarriles, la canalización del Ebro, la explotación de   minas de carbón de Asturias y un largo etcetera. Nada escapaba a sus codiciosas manos.


La parte más sórdida de los negocios de los Muñoces  lo constituyó su posible participación en la Trata cubana de esclavos. Mª Cristina y su esposo  se asociaron  a ciertos armadores españoles y al dueño de la mayor fortuna de Cuba lo que, según parece, les habría facilitado la entrada en ese comercio obteniendo grandes beneficios.


Palacio de Malmaison


En el verano de 1854 se vivieron jornadas de extrema violencia como consecuencia del expolio del patrimonio (habían desaparecido joyas pertenecientes a la Corona y valiosas pinturas) y de la corrupción, ya conocida por todos, que  habían realizado  los Muñoz- Borbón-Dos Sicilias. El Palacio de las Rejas en el que residían fue incendiado  y el matrimonio tuvo que refugiarse en el Palacio Real. Isabel II llamó a Espartero pidiéndole que controlara la situación. Finalmente el general consiguió, tras retirar a Mª Cristina la pensión vitalicia que en su día se le había asignado y confiscar todos sus bienes en España, que la expulsión de la otrora regente y su marido se realizara hacia Portugal  con garantías de seguridad. No por ello los corruptos negocios  de los duques de Riansares  se vieron mermados ya que continuaron a través de testaferros.


Instalados en Francia fueron testigos del exilio de Isabel II y Mª Cristina estuvo presente en  el  acto de abdicación de Isabel  en su hijo el príncipe Alfonso. Tal vez hubiera deseado  postularse para ejercer la regencia del joven si llegaba el caso pero Cánovas tomo para si la tutela de Alfonso. La duquesa de Riansares, muy a su pesar, hacía tiempo que estaba fuera del tablero político.


Mª Cristina fue conocedora de la restauración borbónica en la persona de su nieto Alfonso XII y en alguna ocasión realizó una corta visita a España. Sobrevivió  cinco años a su segundo esposo y tres meses a su querida nieta, Mª de las Mercedes de Orleans y Borbón.  Finalmente falleció  como consecuencia de una parada cardiorespiratoria en agosto de 1878 en la villa de Mon Désir su residencia de Sainte-Adresse, un barrio  de la ciudad portuaria de Le Havre. Como madre de la reina Isabel II,  sus restos fueron trasladados a España y se le dio sepultura en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.



Es difícil encontrar justificación al ansia de poder de Mª Cristina y a su voracidad por la posesión de dinero y bienes.  Era una mujer inteligente, perseverante, astuta pero la moralidad y la ética eran inexistentes en su espíritu. Aunque ninguna comisión de investigación pudo probar nada que la imputara judicialmente  Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias ha pasado a la historia como la  Regente más corrupta de la historia española.