viernes, 12 de marzo de 2021

Estefanía de Bélgica







Estefanía fue el tercer fruto de un matrimonio de conveniencia. Su madre, Enriqueta, era una Archiduquesa de Austria cuya vida discurrió feliz hasta que fue obligada a casarse con un ser demoniaco que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores genocidas de la Historia : Leopoldo II.  
Nació en el Castillo Real de Laeken en 1864, un año antes de que su padre fuera coronado Rey. Como consecuencia del desgraciado matrimonio de sus padres su infancia fue también muy infeliz. Su padre, egoísta, cínico y cruel como era, menospreciaba a sus hijas por el simple hecho de ser mujeres y su madre, una mujer amargada y deprimida, fue la encargada de su educación que fue férrea en cuanto a las materias que se le impartieron. La muerte de su único hermano varón convirtió el gélido ambiente familiar en algo todavía más lúgubre.

El heredero al trono de Austria, el Kronprinz Rodolfo de Habsburgo, hijo del Emperador Francisco José y de la Emperatriz Isabel ( Sissi ) visitó Bélgica en 1880. El Emperador consideraba que Estefanía al ser hija de reyes y católica era una esposa conveniente y el matrimonio también convenía a Leopoldo II que deseaba el prestigio que pudiera otorgarle el emparentar con la principal rama de los Habsburgo. 

Rodolfo de Habsburgo


Estefanía dio gracias a Dios cuando vio a Rodolfo. Sus 16 años no pudieron resistirse a un príncipe tan guapo y con tan buenos modales y se enamoró de inmediato. Se daba la circunstancia de que su hermana mayor, ya casada, residía en Viena y Estefanía pensó que un mundo maravilloso se abría ante ella, un mundo de alegría y no de rencores y odios como aquel en el que ahora vivía. 

El compromiso se anunció de inmediato pero dada la inmadurez de la novia se decidió esperar un año para celebrar la boda. Durante este tiempo Estefanía mejorará su alemán, aprenderá húngaro y todo lo relativo al protocolo, nada sencillo, de la Corte austriaca. 

La boda se celebró en 1881 y cuando Estefanía llegó a la cosmopolita Viena con su aspecto infantil su figura nada grácil y su poca gracia en el vestir todas las mujeres del circulo del Kronprinz respiraron aliviadas. Rodolfo, aunque no estaba profundamente enamorado si sentía un especial interés en lograr que el matrimonio llegase a buen puerto e intentó conducir a su esposa hacia sus aficiones e intereses. El problema radicaba en que ambos eran diametralmente opuestos. En Rodolfo la genética materna de los Wittelsbach prevalecía y era, al igual que Sissi, hipersensible, nervioso y con tendencias depresivas Tenía grandes deseos de aprender y una enorme curiosidad por la cultura siendo sus ideas  profundamente liberales y anticlericales. Estefanía, por el contrario, era muy tradicional y conservadora. Las ideas anticlericales de Rodolfo la descomponían. 

No gozó la joven princesa de las simpatías de su suegra. La adorada Sissi se refería a ella como "esa gordita flamenca" o "el dromedario", pero a pesar de la falta de empatía con su nuera encontró en ella una manera de librarse de los compromisos a los que su rango la obligaba, y dejaba en manos de Estefanía inauguraciones, presidencias y todo tipo de actos públicos que ella detestaba. 


Estefanía y su hija Elizabeth


La pareja se había instalado en el palacio de Laxemburg y seria allí donde en 1883 nacería su primera hija, una niña a la que pondrían como nombre Elizabeth. Su nacimiento no había sido recibido con gran entusiasmo por no tratarse de un varón pero dada la juventud de la Princesa se esperaba que concibiese muchos hijos y en conseguirlo estaba la principesca pareja cuando, un año después,  Rodolfo enferma. El diagnostico es terrible, se trata de una enfermedad venérea. Los médicos examinan a Estefanía y la conclusión a la que llegan no puede ser peor, ha sido contagiada por su esposo y ha quedado estéril. 

Su matrimonio no era perfecto, ninguno había encontrado en el otro al compañero ideal pero, cuando esto sucede, Rodolfo decide no volver al lecho de su esposa al que, según parece, sólo visitaba con el fin de procrear. Estefanía por su parte siente una autentica aversión por ese Komprinz que la había dejado estéril. La idea del divorcio era impensable para la católica Corte de Viena y para la católica Princesa.

Estefanía se dedicaría por completo a ejercer su papel de Primera Dama y Rodolfo volvería a las correrías nocturnas de su época de soltería. Así, hablando tan solo de cara a la galería, realizaban las visitas protocolarias. En uno de esos viajes Estefanía conoce al conde Artur Potocki con quien se dice que inició una relación romántica que no paso del plano platónico.

En enero de 1889 la vida de Estefanía cambiará por completo. El día 30 Rodolfo y su amante María Vetsera son encontrados muertos en el pabellón de caza de Mayerling. Se especularía con la posibilidad de que fuera un asesinato de Estado o bien de que se tratara de un suicidio pactado entre los amantes. La carta que Rodolfo escribió a Estefanía y en la que decía "yo camino con calma a la muerte, lo único que puede salvar mi buen nombre" daría pie a la idea del suicidio. 

En el verano de 2015 la Biblioteca Nacional de Austria ha comunicado el descubrimiento de tres cartas de despedida que María Vetsera escribió a su familia antes de morir y que parecen confirmar que lo ocurrido en Mayerling fue un suicidio pactado entre los amantes. 

Estefanía y su segundo esposo.


Tras la muerte de su esposo a Estefanía le entra, al igual que a su suegra, la fiebre viajera. Deja a su pequeña hija bajo el cuidado de su abuelo Francisco José y se dedica a recorrer Europa. Así conocerá a Elemér Lónyay un conde húngaro con quien iniciará una relación que acabará en boda en 1900. El enlace le haría perder todos los títulos y privilegios que ostentaba en la Corte austriaca y la custodia de su hija que permanecería en Viena al cuidado de su abuelo. 

La pareja se establecería en el Castillo de Oroszvar en Eslovaquia y aquí tendrían una vida plácida salpicada por algunas situaciones negativas como el tener que reclamar junto a su hermana la herencia de su padre, Leopoldo II, o el tener que desheredar a su hija - con la que ya no mantenía ningún contacto - como consecuencia de la desaprobación que le produjo los intentos de divorcio de ésta. 

En 1935, Estefanía, publicaría sus memorias con el titulo " Debería ser Emperatriz". Esa publicación  supuso un gran escándalo en Viena. 

El matrimonio, ya anciano, seguiría viviendo en su castillo a pesar de las sugerencias de sus amigos para que lo abandonaran una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial En 1945 y ante la llegada de los rusos son trasladados a la abadía benedictina de Pannonhalma que en aquel momento estaba ocupada por la Cruz Roja. 

En este centro pasaría la princesa las últimas semanas de su vida. En agosto de 1945 sufrió un accidente vascular cerebral que le causaría la muerte el día 23 de ese mismo mes.

martes, 19 de enero de 2021

Petronila de Aragón









En el año 1134 moría Alfonso I de Aragón y de Navarra apodado “El Batallador “ y no cabe duda de que las batallas le siguieron hasta la tumba. El Rey Alfonso I no tuvo descendencia y dado que un profundo sentimiento de ser parte de la “Cruzada” le había acompañado toda su vida decidió que también le acompañase después de su muerte de tal modo que, en su testamento, repartió el reino entre tres ordenes militares: la del Temple, la de San Juan del Hospital y la del Santo Sepulcro. 

No estuvieron de acuerdo los nobles aragoneses con el testamento y decidieron que quien debía ocupar el trono era Ramiro, el hermano del fallecido rey, que llevaba viviendo en un monasterio desde su tierna infancia.

Ramiro, al que lógicamente apodaron “El Monje”, tenía 48 años y ninguna gana de ser entronizado y por tanto los nobles se apresuraron a encontrar una esposa para él, con el único fin de que engendrara un heredero para el Reino. La elegida fue Inés de Poitou y, a pesar de algunos inconvenientes que surgieron, ambos esposos cumplieron con la tarea encomendada y nueve meses después de la boda nacía Petronila.

Desde el momento en que, tras el fallecimiento de su hermano, los nobles le instaron a tomar la Corona y dejar los hábitos, la conciencia de Ramiro II se había debatido entre lo que consideraba su deber para con Aragón y sus obligaciones como cristiano. El hecho de que antepusiera el Reino a su espíritu religioso no significaba que no se sintiera en pecado. 

Para Ramiro II fue una gran decepción el sexo de la criatura porque, según la costumbre imperante en Aragón, una mujer podía recibir el Reino pero no podía ejercer la potestad de gobernarlo y tan sólo un hombre, aunque éste fuera el yerno del rey, podía ejercer la “potestas”. Así pues, quien desposara a Petronila recibiría como dote el gobierno de Aragón. 

Ramiro tardó muy poco en empezar a buscar un marido para la recién nacida. Como era de esperar no faltaron candidatos entre los reinos vecinos para casarse con la pequeña pero ninguno fue aceptado porque ni Ramiro ni los nobles estaban dispuestos a que Aragón fuese “engullido” por Castilla o por algún otro reino. 


Ramiro II

Finalmente Ramiro II se decidió por el que consideraba el más débil entre todos los candidatos ya que no poseía ningún reino: el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. El candidato contaba 24 años de edad, Petronila, su prometida, apenas tenía un año. 

Una vez firmado el documento a Ramiro II le faltó tiempo para retirarse a un monasterio donde cumplir penitencia por sus pecados, sometiéndose de este modo a los deseos del Papa, quien desde el primer momento había estado en desacuerdo con la decisión de Ramiro. Inés de Poitou tampoco se quedó para cuidar de su hija, regresó a su tierra y en el monasterio de Fontevraud pasó el resto de su vida. 

Como los padres de Petronila, siguiendo su religiosa vocación, la habían dejado sola se decidió que la persona más indicada para educarla era la reina Berenguela, casada con Alfonso VII de Castilla y hermana del prometido de la niña, el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. 

Petronila se instaló en Castilla y Berenguela inició su educación. Pronto surgirían las intrigas de los castellanos y probablemente de la propia Berenguela para casar a la tierna niña con Sancho, el hijo del rey de Castilla. Los aragoneses se alarmaron y con la excusa de que el clima no sentaba bien a la criatura se la llevaron de vuelta a Aragón. Pero no sería allí donde acabaría su educación sino el en Palacio de los condes de Barcelona. 

El compromiso matrimonial, que había sido firmado en 1137, no se materializó hasta 1150 fecha en la que se celebró la boda en la ciudad de Lérida. Da comienzo a partir de entonces el reinado de la pareja aunque, y siguiendo las cláusulas del documento firmado por Ramiro y por Ramón Berenguer tan sólo Petronila ostentaría el título de Reina de Aragón y condesa consorte de Barcelona otorgándose a Ramón el título de Príncipe de Aragón. 

Contaba Petronila 16 años de edad, y habían pasado veinte meses desde que se celebró la boda, cuando espera su primer hijo. Más madura de lo que pudiera esperarse para su edad y ante el temor de no sobrevivir al parto, la reina-niña decide hacer testamento, legando el Reino de Aragón al hijo que naciese. Con ello Petronila demostraba ser completamente consciente de su papel como Reina, demostraba que se consideraba la transmisora de la “potestas” aún cuando no pudiese ejercerla y que entregaba el poder a quien consideraba su legítimo sucesor. También contempla la posibilidad de que el fruto de su vientre fuera una niña y deja dispuesto, en caso de que así fuera, lo mismo que su padre dispuso para ella. 

Petronila y Ramón Berenguer IV - Filipo Ariosto

Este hijo, al que se llamó Pedro, no llegaría a la edad adulta pero si lo hizo su hermano que nació cinco años después y al que se llamó indistintamente Alfonso y Ramón. Este segundo hijo de Petronila llegaría a ocupar el trono como Alfonso II y sería el primer titular de la Corona de Aragón que era el resultado de la unión del Reino con el Condado, manteniendo ambos sus leyes y respetándose mutuamente puesto que este era el pacto al que se había llegado en el documento firmado por Ramiro II y Ramón Berenguer. 

Aún tendría la reina otros tres hijos, dos varones, Pedro y Sancho y una niña, Dulce. Pero poco sabemos de su vida ya que una vez asegurada la descendencia el silencio la envuelve hasta que se produce de manera súbita la muerte de su esposo. 

Era el mes de agosto de 1662 cuando muere en tierras extranjeras Ramón Berenguer. Sin tiempo de hacer testamento escrito, el conde de Barcelona realiza declaración verbal de sus últimas voluntades que fueron trasmitidas por quienes le asistieron en aquel momento y publicadas en Huesca meses después. El heredero era su hijo Alfonso pero dada la edad del niño necesitaba un tutor, que no podía ser Petronila, viuda a los 28 años de edad, puesto que las leyes de Aragón no lo permitían. 

Las cosas, por tanto, se presentaban de la siguiente manera: Alfonso, que contaba entonces cinco años, era el nuevo Conde de Barcelona y además poseía la “potestas” para gobernar Aragón. Las intrigas sobre quien ejercería la tutoría del pequeño y el descontento general entre la nobleza fueron el desencadenante que hizo que, según algunos historiadores — siempre intérpretes debido a la pobreza de las fuentes — la reina convocase una asamblea para nombrar un consejo de regencia que junto a Fernando II de León, elegido finalmente como tutor del joven conde, ayudaría a éste en el gobierno de Aragón. 

Dos años después, en 1164, la reina abdica definitivamente en su hijo, convirtiéndose éste en rey de Aragón con el nombre de Alfonso II. A partir de ese momento Petronila se retira a Besalú en Gerona, lugar que le había sido cedido por su esposo en su testamento.

Poco más se sabe, la Reina silenciada murió diez años después en silencio y según parece en Barcelona. Nada sabemos de las causas de su muerte que ocurrió en el mes de octubre cuando contaba apenas 38 años. 

Se creía, lógicamente dado el lugar de su muerte, que Petronila había sido enterrada en la Catedral de Santa Eulalia pero, Juan Bassegoda , arquitecto de la catedral de Barcelona y antiguo profesor de la Real Cátedra Gaudí, publicó en marzo de 2001 un artículo en el que ponía en duda que fuera en éste lugar donde pudiera hallarse el sepulcro de la reina aragonesa. Dado que los estudios de ADN no han sido realizados, seguiremos con la duda y alimentando la nebulosa que envuelve la vida y la muerte de una reina concebida única y exclusivamente para mantener la integridad del reino de Aragón.


martes, 22 de mayo de 2018

Jorge IV del Reino Unido






El primero de los quince hijos que tuvieron el rey Jorge III del Reino Unido y su esposa Carlota vino al mundo en el palacio de St James el 12 de agosto de 1762, justo once meses después del matrimonio de sus padres. Automáticamente se le concedieron todos los títulos correspondientes al heredero al trono puesto que era el varón primogénito. 

Desde la tierna infancia Jorge demostró que tenía una gran inteligencia. Aprendió latín, griego, música, arte y consiguió hablar fluidamente alemán, francés e italiano. Era un buen estudiante y se perfilaba como un muchacho atractivo aunque con tendencia a la obesidad. Por desgracia no tardaría mucho en cambiar de rumbo. 

Cuando llegó a la mayoría de edad y como príncipe heredero que era, el Parlamento le concedió una asignación de 60.000 libras anuales a las que se unirían las 50.000 que le otorgó su padre, cantidad más que suficiente para vivir con lujo. También se le proporcionó, como residencia propia, el palacio de Carlton House. Seria en este palacio donde empezaría su decadencia moral. 

Lo primero que hizo al instalarse en su nueva residencia fue encargar al arquitecto Henry Holland su remodelación, gastando en ello una fortuna. Le gustaban mucho las mujeres y no le importaba pagar grandes cantidades de dinero para obtener sus favores. Se dice que a cada mujer con la que se acostaba le cortaba un mechón de cabello y lo guardaba en un sobre con el nombre de la dama en cuestión. Parece ser que en el momento de su muerte se contaron más de 7000 sobres. 

A Prinny, éste era el nombre por el que era conocido entre sus amistades, le gustaba la ropa y estaba obsesionado con parecer elegante no importándole el dinero que tuviera que dilapidar en conseguirlo. Como por aquel entonces el paradigma de la elegancia era un joven al que llamaban el “ Beau Brummell “ , añadió a su grupo de amigos a este personaje con la intención de que lo convirtiera en un dandy, su máxima aspiración. 

Mary Anne Fitzherbert - George Romney

Su disoluta vida le llevó a contraer grandes deudas que al principio eran sufragadas por su padre. Fue entonces cuando conoció a la que sería su gran amor: Mary Anne Fitzherbert. Ella era una mujer hermosa, seis años mayor que el príncipe, viuda por dos veces y católica. No se conformaba con convertirse en su amante y Prinny se casó con ella en secreto ya que la Ley de Matrimonios Reales de 1772 obligaba a Jorge a pedir el permiso del Rey para contraer nupcias y su padre no estaba dispuesto a aceptar el matrimonio con una católica. 

Aprovechando que las deudas del príncipe continuaban aumentando el rey Jorge III le comunica que no va a ayudarle a salir de ellas a menos que acepte casarse con su prima, Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel, que en aquel momento era políticamente interesante para el Reino. Como las deudas le ahogaban, no tuvo más remedio que plegarse a los deseos paternos. El Parlamento aceptó el pago de los débitos del príncipe y el rey le ofreció una asignación mayor para cubrir sus necesidades. Su matrimonio secreto fue anulado. 

Los contrayentes se conocieron tres días antes de la boda y ninguno quedó satisfecho. Ella era fea, de baja estatura, oronda y sin un ápice de elegancia en sus modales y él bastante más obeso de lo que indicaban sus retratos.

El día de la boda Jorge apareció borracho en la ceremonia y a decir de su recién estrenada esposa permaneció borracho durante toda la noche. En cualquier caso el príncipe - a pesar de su borrachera - debió cumplir con sus deberes conyugales puesto que nueve meses después nació la hija de ambos. Una vez se produjo el nacimiento la pareja se separó de hecho. Él volvió con Lady Jersey, que en aquel momento era su principal amante, y ella busco consuelo en los brazos de cualquiera que se atreviera a ser su amante. 

Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel - Thomas Lawrence

El rey Jorge III padecía una enfermedad hereditaria con afectación neurológica - hoy sabemos que se trataba de porfíria - y sufrió un brote de demencia en 1788. El Parlamento inicio los tramites para votar una Ley de Regencia, que finalmente y ante la mejoría del Monarca no fue aprobada.

Distintos brotes de la enfermedad aparecerían durante los siguientes años pero el Rey lograba recuperarse de ellos aunque con cada uno de los que sufría se iba deteriorado más. Finalmente, en 1811, su demencia era de tal magnitud que tuvo que ser recluido en el castillo de Windsor y el  Parlamento nombró Regente al príncipe Jorge. 

A pesar de que durante el periodo de Regencia ocurrieron hechos de singular importancia, como el inicio de la Emancipación Católica, la guerra contra Francia y la victoria de los ingleses en la batalla de Waterloo, podemos afirmar que por lo que verdaderamente se conoce a este periodo en el Reino Unido es por la creación del estilo Regencia.

Prinny encargó a su arquitecto favorito, John Nash, la remodelación del Palacio de Buckingham, la creación de Regent's Park, de Regent Street y de Marble Arch entre otras edificaciones y ya fuera de Londres su obra más extravagante: Brighton Pavilion. Fue ésta una construcción inspirada en el Taj Mahal por expreso deseo del príncipe que deseaba un palacete de estas características en la playa. 


Brighton Real Pavilion.

Hay que reconocer que a Jorge le gustaba el arte y promovió a artistas como John Constable y Thomas Lawrence. Siendo ya rey apoyó también la fundación de la National Gallery. 

Las relaciones con su esposa eran ya inexistentes. Carolina, que también llevaba una vida licenciosa, había sido acusada de adulterio, se le habían restringido las visitas a su hija y se había visto ninguneada socialmente. Finalmente, y una vez que se le hubo prometido una abultada renta, había abandonado Gran Bretaña y se había establecido en Italia. 

Jorge III muere en 1820 y como consecuencia Prinny, pasa a convertirse en el Rey Jorge IV. Como todo en él tenía que ser ostentoso, su coronación también lo fue y se gastaron en ella un millón de libras. 

Todo estaba preparado para la gran fiesta, cuando apareció en escena su esposa Carolina que deseaba ser coronada y se consideraba con derecho a ello. Advertida la Guardia Real se le negó el paso por todas las entradas y finalmente Carolina, humillada, tuvo que desistir de su empeño. Esa misma noche enfermó y murió pocas semanas después para descanso del nuevo Rey.  Ante lo "oportuno" del suceso se llegó a decir que había sido envenenada. 

Banquete de la Coronación de Jorge IV


Jorge IV, cada vez más obeso, se había refugiado en el castillo de Windsor, aunque desde allí se entrometía cuanto podía en la política de su país. 

Ocho años después de su coronación comienza a sufrir dificultades respiratorias. Sólo podía dormir medio sentado y apoyado en varios almohadones. Sus piernas edematosas y duras llevaban a sus médicos, Henry Halford y Matthew Tierney entre otros, a recomendar sangrías y pinchazos en los miembros inferiores para disminuir la retención liquida. Su salud poco a poco se fue deteriorando hasta que en 1830 la insuficiencia cardiaca congestiva que sufría le provocó la muerte. Era el 26 de junio de 1830. 

Este rey caprichoso, mujeriego compulsivo, adicto a la comida y a las fiestas, dilapidador, arrogante y prepotente no provocó ningún sentimiento de pesar y ninguna lagrima brotó de los ojos de nadie cuando murió. Eso es al menos  lo que publicó el periódico The Times al día siguiente de su muerte. 

Fue enterrado en la Capilla de San Jorge de Windsor.

viernes, 4 de mayo de 2018

Alberto I de Bélgica







Alberto ocupó el trono de Bélgica por una carambola del destino. Cuando nació en 1875 su tío Leopoldo II - de infausto recuerdo - ya ocupaba el trono y aunque no tenía hijos varones vivos que pudieran sucederle, por delante de Alberto en la linea de sucesión estaban su padre y su hermano mayor. La muerte de ambos lo convirtió en Rey en 1909, cuando falleció su tío. 

Cursó estudios en la École Militaire de Bruselas y con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un hombre introvertido y estudioso al que interesaban las personas, sus vidas y sus preocupaciones y en especial las personas de la clase obrera. En bastantes ocasiones se mezcló de incógnito con el pueblo llano para conocer de primera mano sus aspiraciones. 

Durante unos funerales a los que había acudido representando a su padre conoce a Isabel Gabriela de Baviera, una sobrina de la famosa Sissi, y Alberto se enamora perdidamente de ésta hermosa princesa que además era inteligente, brillante y estaba llena de alegría. También ella se enamoró de él, y así lo demuestran las numerosas cartas que se escribieron. Contrajeron matrimonio en octubre de 1900.





Los príncipes se complementaban perfectamente, el carácter introvertido de él se contrarrestaba con la vivacidad de ella. Ambos eran cultos y a los dos les gustaba rodearse de escritores, músicos, artistas, científicos y filósofos. Ambos se sentían comprometidos con la sociedad, en especial con la clase social más vulnerable. 

En 1909 fallece ese terrible hombre que fue Leopoldo II y Alberto, puesto que ya había muerto su padre, sucede a su tío como rey. Los nuevos monarcas tenían ya tres hijos: Leopoldo, Carlos y Maria José. 

En ese mismo año de su ascenso al trono Alberto visita el Congo Belga y cabe suponer que, a pesar de que ya había pasado lo peor, se horrorizaría con las condiciones de vida de los indigenas a los que su tío había esclavizado puesto que, a su regreso a Bruselas, exigió al Gobierno un cambio radical en el trato a los congoleños  recomendando también la construcción de una red de ferrocarriles en la colonia. 

En Europa corría un viento hostil y el belicismo inundaba el ambiente. En 1913, Alberto, decide realizar una visita diplomática a Berlin. Durante la misma el propio emperador alemán, Guillermo II,  le informaría de su intención y la de su gobierno de invadir Francia y de hacer pasar las tropas alemanas por suelo belga. 

Cuando Alberto regresa a Bruselas, y ante la inminencia del conflicto bélico, refuerza su ejercito, incrementa el efectivo de tropas e instituye el servicio militar obligatorio. Al mismo tiempo informaría al gobierno francés de los planes de Alemania. 



Finalmente la Primera Guerra Mundial estalla, era el 28 de julio de 1914. El Gobierno belga con su Rey a la cabeza se niega a permitir el paso de las tropas alemanas hacia Francia. Como consecuencia el 4 de agosto de ese mismo año Alemania declara la guerra a Bélgica. 

Alberto se colocaría al frente del ejercito de su país, bajo las ordenes del general francés Foch, quien había sido nombrado jefe del operativo de las tropas belgas. Después de duras batallas los alemanes habían ocupado casi todo el país obligando a Alberto a replegarse al sudoeste de Flandes. Allí resistió cerrando el avance alemán hacia Calais y Dunkerque y permitiendo así que los aliados se prepararan para lo que sería su primera victoria: la batalla del Marne.

Mientras esto sucedía su esposa, la reina Isabel - una vez hubo puesto a salvo a sus hijos en Inglaterra  - también se desplazó al frente y en él, trabajando como enfermera, organizando hospitales de campaña, alentando a los médicos y elevando la moral de las tropas pasó la joven Reina los años de la guerra.




Al final de la contienda la labor diplomática de Alberto se hizo notar. Tras el tratado de Versalles, Alemania tuvo que pagar a Bélgica cuantiosas cantidades en concepto de reparación de los daños causados. Alberto lideró hasta el día de su muerte los trabajos de reconstrucción de un país que había quedado arrasado. Apoyaría también la reindustrialización y potenciaría de manera especial la flota mercante. 

Entre todas las cosas buenas realizadas por Alberto I cabría destacar el haber sabido inculcar en los belgas un sentimiento de orgullo por su país.Todas las fuerzas políticas de Bélgica aceptaron siempre el arbitraje del Monarca en todos los asuntos graves y delicados, conscientes como eran de que el único interés del Rey era Bélgica. Los belgas, como ocurría en todos los países que habían pasado una guerra, sabían y apreciaban el valor de la paz. 

Alberto siempre fue un gran deportista y era muy aficionado a los deportes de riesgo. El alpinismo le apasionaba y lo practicaba con regularidad. El 17 de febrero de 1934 había acudido a realizar una escalada a Marche-les-Dames, cerca de Namur. Iba solo, su escolta le esperaba abajo. Ante su tardanza, el escolta se decidió a dar aviso, acudieron en su busca aldeanos voluntarios y guardabosques pero lo único que hallaron a las 2 de la madrugada fue su cadáver con una gran herida en la cabeza. 

Dado que era un experto alpinista se desataron las especulaciones y se llegó a decir que había sido asesinado, que la muerte se produjo en otro lugar y que su cadáver había sido trasladado hasta allí. Las investigaciones no fueron concluyentes, no se supo si se precipitó al vacío al desprenderse una roca o si la cuerda que lo sujetaba se soltó. 

El lugar se convirtió en sitio de peregrinaje y muchos de los que hasta allí se acercaban cogían hojas o piedras para guardarlas como recuerdo. Uno de esos recuerdos eran unas hojas de árbol que presentaban unas manchas que parecían de sangre. 




En el año 2014 un periodista flamenco adquirió las hojas y un primer análisis de las mismas demostró que las manchas eran de sangre humana. Posteriormente el genetista forense Maarten Larmuseau y sus colegas de KU Leuven compararon el ADN de la sangre encontrada en las hojas con la de dos parientes lejanos del rey belga: el rey Simeón II de Bulgaria y una baronesa alemana. Su análisis confirma que la sangre pertenecía a Alberto I. Esta conclusión demuestra al menos que el Monarca murió donde se halló su cuerpo. 

Su muerte produjo una gran conmoción y un gran dolor. El pueblo belga sentía por su Rey un gran cariño, una enorme admiración y mucho respeto.  

Sus restos recibieron sepultura en la Cripta Real de la Iglesia de Nuestra Señora de Laeken, en Bruselas.

sábado, 14 de abril de 2018

Sofía Dorotea de Celle y de Brunswick-Luneburgo,



Sofía Dorotea - Henri Gascar - Residenzmuseum im Celler Schloss



El Ducado de Brunswick-Luneburgo surgió a finales del siglo XII, en la Baja Sajonia. Debido a la costumbre feudal de entregar a cada uno de los distintos hijos una parte del territorio, el ducado sería dividido en muchas ocasiones y uno de estos territorios desgajados fue el Principado de Calemberg que pasó a ser Ducado de Hannover y elevado a Reino después de que las potencias europeas decidieran otorgarle esa categoría en el Congreso de Viena de 1814. El Reino de Hannover contenía, entre otros, el Ducado de Brunswick-Luneburgo y el de Celle. 

Sofía Dorotea nació mucho antes de que esto sucediera, concretamente el 15 de septiembre de 1666. En ese año, en Inglaterra reinaba Carlos II Estuardo y poco podía imaginar nadie en aquel momento que el hijo de Sofía acabaría siendo Rey de Inglaterra. 

Sofía era hija del amor y era considerada ilegítima por su familia paterna. Su madre, una dama francesa llamada Eleanor, era de buena familia pero no poseía titulo y su padre era el Duque Jorge Guillermo de Brunswick-Luneburgo, al que no le estaba permitido un matrimonio morganático. 

Siguiendo la costumbre, el Ducado había sido repartido por el padre de Jorge Guillermo entre sus hijos y a Jorge le correspondió Luneburgo. El menor de sus hermanos, Ernesto Augusto, era codicioso y Jorge era un hombre enamorado de una plebeya y sin ningún deseo de contraer matrimonio con la esposa que se le había asignado: Sophia del Rin, Princesa del Palatinado - un territorio que hoy constituye uno de los 16 estados federados o Land de Alemania - que además era nieta de Jacobo I de Inglaterra y por lo tanto estaba incluida en la linea de sucesión de Gran Bretaña. Sophia era considerada un gran partido.

Jorge Luis - G. Kneller


Reunidos los hermanos llegaron a un acuerdo: Ernesto Augusto se casaba con Sophia del Rin y Jorge Guillermo le entregaba Luneburgo y prometía además no casarse nunca y no tener descendencia. A cambio se le concedía el pequeño Ducado de Celle y se le dejaba vivir en paz con su querida Eleanor. Lógicamente, Celle volvería a manos de Ernesto cuando Jorge Guillermo falleciera.

Por amor se pueden hacer promesas pero también se pueden romper y Jorge Guillermo acabó casándose con su amada Eleanor y concibiendo un año después a la única hija de ambos, Sofía Dorotea, que era considerada ilegítima precisamente por ser morganático el matrimonio de sus padres. 

Unos años más tarde moriría, sin descendientes varones, un hermano de Ernesto y de Jorge y este último reclamaría el territorio por la herencia que al ser el de mayor edad, le correspondía. Con el deseo por parte de Ernesto de aunar todo el Ducado y las ganas de obtener la gran fortuna con la que Jorge Guillermo dotaba a su hija si la familia la legitimaba, ambos hermanos, reunidos de nuevo, decidieron que Jorge Luis, hijo de Ernesto y Sofía Dorotea, hija de Jorge Guillermo se casaran. De ese modo los hijos habidos en ese matrimonio heredarían la totalidad de un gran Ducado que además, y a partir de entonces, no podría volver a dividirse y pasaría íntegramente a la linea de primogenitura.

Sofía tenía 16 años y su prometido 22 y ni ellos ni sus respectivas madres estaban de acuerdo con el enlace. La madre de él porque seguía considerando a Sofía una bastarda y la madre de ella porque deseaba que su hija se casara por amor y no por intereses políticos. Así las cosas, la boda, que a pesar de las suplicas, lloros y desmayos de Sofia se celebró, no pudo ser más lúgubre. Como es lógico pensar, el matrimonio fue infeliz desde el primer momento. Sofía no podía soportar que su marido la tocase, "me asquea ese hocico de cerdo" solía decirle a su madre y Jorge Luis, tal vez influenciado por la suya, la seguía considerando una bastarda sin suficiente categoría para él. No obstante, y venciendo el asco de ella y el desprecio de él, la pareja tuvo dos hijos : Jorge Augusto - que llegaría a aunar todo el territorio y a convertirse en el Rey Jorge II de la Gran Bretaña - y Sophia Dorotea.


Sofía Dorotea con sus hijos - Jacques Vaillant - Museo Bomann


Para cuando nacieron sus hijos Jorge Luis ya tenía una amante, la condesa Melusine von Schulenburg, que se convirtió en su favorita y cuya relación era notoria y patente importándole muy poco lo que su esposa pudiera pensar. Sofía más que sufrir encontró en ello una liberación de los deberes conyugales. 

Cuando parecía que la tranquilidad iba a ser su compañera a Sofia le llegó el amor. Philipp von Königsmark era un conde sueco, militar de profesión que llegó a Hannover con la aureola que le confería haber luchado en importantes batallas. Era atractivo y Sofía se enamoró de él al instante. El amor fue reciproco. 

Empezaron entonces los grandes errores de Sofía y de Philipp. Tuvieron poco cuidado y a pesar de que en público guardaban las distancias los ojos de ambos los delataban al mirarse. También se escribían fogosas cartas sin pensar en que podían caer en manos enemigas. Ambos se convirtieron en la comidilla de medio Hannover. Sus habitantes, que habían admitido, con una sonrisa entre pícara y comprensiva, la relación extramatrimonial de Jorge Luis, criticaban abiertamente a Sofía. 

Eleanor se daba cuenta del peligro y suplicó a su hija que dejase la relación por su bien y el de sus hijos pero Sofía no estaba dispuesta y de hecho ambos amantes habían planeado huir de Hannover para poder vivir su amor en libertad ya que las cosas se estaban poniendo muy difíciles y eran vigilados constantemente.

Philipp von Königsmark 




En la mañana del 2 de julio de 1694, el conde sueco abandonaba los aposentos de Sofía en el palacio de Leine. Se habían jurado amor eterno y habían planeado cómo escapar pero esa sería la última vez que se verían porque Philipp von Königsmark desapareció esa madrugada. Nadie le volvió a ver, nadie volvió a saber nada de él, era como si se hubiera volatilizado en el aire. 

Se empezó diciendo que el conde había sido abordado por un grupo de encapuchados que le apuñaló hasta matarle y que su cadáver había sido arrojado al río Leine. Se señaló como instigador del asesinato al marido y al suegro de Sofía. Lo cierto es que su cuerpo nunca se encontró y nada pudo probarse.

Unos días después de la desaparición, Sofía fue puesta en arresto domiciliario por su esposo al ser considerada adúltera. Posteriormente, y con el consentimiento del  padre de Sofía, que consideraba que su hija había desacreditado a la familia y debía ser castigada duramente por ello, se pronunció la disolución del matrimonio. No se la acusó de adulterio sino de haber abandonado a su esposo, de éste modo el castigo podía ser más riguroso. Entre las cláusulas del documento de disolución se incluía el encierro de Sofía durante toda su vida en el castillo de Ahlden. También se le impedía volver a ver a sus hijos y a sus padres. Sofía tenía 29 años cuando sucedieron los hechos.

Su reclusión duró treinta años durante los cuales estuvo sola, acompañada tan solo por el personal de  servicio que se le había asignado. No se permitió que la visitara ningún ser querido, ni tan siquiera a su madre le fue permitido verla. Mientras tanto, su otrora marido fue coronado Rey de la Gran Bretaña, a su hijo se le nombró Príncipe de Gales y su hija casó con el heredero al trono de Prusia. Las cartas de ésta última desde aquel país fueron su único consuelo.



Castillo de Ahlden


Sofía Dorotea murió el 23 de noviembre de 1726 víctima de un cáncer de garganta. No se hicieron funerales y ningún miembro de su familia acudió para darle sepultura.

El palacio de Liene, donde vivió Sofía hasta su reclusión, alberga hoy el parlamento Regional de la Baja Sajonia. Durante el verano de 2016 se estaban realizando unas obras de restauración y los trabajadores que las llevaban a cabo encontraron un esqueleto al desescombrar. 

Entonces se recordó lo acaecido más de 300 años antes y se dispararon las alarmas. ¿ Pertenecían esos huesos al conde Philipp? ¿ fue asesinado y emparedado su cuerpo para que no existiera ningún rastro del delito?. El profesor del Instituto de Medicina Legal que fue consultado por la policía aseguró que los huesos tenían más de 50 años y por tanto cualquier delito estaba ya prescrito.

Los huesos fueron llevados al Instituto de Antropología Histórica de la Universidad Georg-Albrecht en Göttingen y según la revista National Geographic el 14 de noviembre de 2016 los investigadores dieron el caso por cerrado asegurando que los huesos pertenecían al menos a cinco personas diferentes y ninguna de ellas era el conde Philipp von Königsmark.

El misterio continua, seguimos sin saber qué pasó aquella madrugada de 1694.

lunes, 26 de marzo de 2018

Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI




Bárbara de Braganza. Jean Ranc. Museo del Prado



En 1724, Fernando, hijo del Rey Felipe V de España, es nombrado Príncipe de Asturias y aunque el jovencito apenas contaba 11 años de edad se decide que es el momento de ir buscándole esposa. 
La tarea era difícil y en la política matrimonial había que tener en cuenta muchas cosas. Por supuesto era impensable que los candidatos a contraer matrimonio tuvieran alguna opinión. 

Según nos cuenta Gonzalez-Doria, en aquellos momentos existían más de cien princesas casaderas en Europa. Por orden del rey Felipe V se redactó un memorándum con todas ellas y como si de un concurso de misses se tratara se inició la selección desechando a las que por edad no interesaban y a las que no convenían a los intereses políticos del Reino español. 

Dª Bárbara de Braganza, hija de D. Juan V de Portugal y de la Archiduquesa Mariana de Austria estaba en los primeros puestos de la clasificación. Había nacido en 1711, tenía por tanto dos años más que D. Fernando y además interesaba tanto a España como a Portugal incrementar los lazos de amistad. 

La madrastra de Fernando, Dª Isabel de Farnesio, que no daba puntada sin hilo, y que deseaba ver a sus hijos coronados, consideró y así se lo hizo saber a su esposo, que lo que interesaba a España era un doble enlace. Dª Bárbara casaba con Fernando y la hija de Isabel y Felipe V, María Ana casaba con el Príncipe heredero de Portugal. De este modo aseguraba ya una corona para una de sus hijas. 


Isabel de Farnesio. Jean Ranc. Museo del Prado


Se iniciaron las conversaciones y mientras se esperaba a que los principitos crecieran se solicitaba a Portugal el retrato de Dª Bárbara, solicitud que siempre recibía alguna excusa como respuesta. Finalmente el marqués de los Balbases escribía desde Lisboa a Felipe V : "La cara de la Señora Infanta ha quedado muy maltratada después de unas viruelas, y tanto que afírmase haber dicho su padre que sólo sentía hubiese de salir del Reino cosa tan fea…"

Finalmente el retrato de la Princesa se envía a Madrid pero, el propio Balbases advierte: "no está nada semejante porque además de encubrir las señales de la viruela se han favorecido considerablemente los ojos, la nariz y la boca, facciones harto defectuosas".

Pero como estas cosas no importaban, llegado el momento, se realiza el intercambio de princesas y se lleva a cabo, sobre el fronterizo río Caya,  en enero de 1729. Unos días después se celebra la misa de velaciones en Badajoz. Un diplomático inglés, el embajador Keene, escribió una crónica del encuentro de los nuevos esposos : "Pude observar que la Infanta, aunque estaba cubierta de perlas y diamantes, desagradó al Príncipe que, pese a sus prevenciones, la miraba como no dando crédito a lo que veía. Claro está, que si bien la desposada es un verdadero adefesio, este defecto se halla compensado por su conocimiento de seis lenguas" 

Realmente Dª Bárbara era enormemente culta y virtuosa. Además de las muchas lenguas que hablaba, sabía historia, música, amaba el arte y tenía muchas inquietudes a nivel intelectual. Nadie se imaginaba en aquellos momentos que el matrimonio de los contrayentes iba a ser enormemente feliz.

Fernando era un hombre melancólico y falto de cariño. No había conocido a su madre y su madrastra, Isabel de Farnesio, tan sólo le había demostrado indiferencia y ocasionalmente una cierta hostilidad, por tanto no había recibido el cariño de ninguna mujer. 

Fernando VI. Michael van Loo. Museo del Prado

Dª Bárbara era una mujer con una gran capacidad amorosa y enormemente comprensiva y todo ese amor lo vuelca sobre su esposo. Entre ambos nace la complicidad, la amistad y el amor convirtiéndose en una de las parejas más unida y compenetrada de la realeza. 

Tan sólo una sombra enturbiaba su idílica relación. Los hijos no venían y según los doctores Higgins y Le Mack la esterilidad era atribuible al Príncipe de quien decía éste último que "tenía muchos resplandores pero sin llamas para la generación" lo cual no significaba que no pudiera satisfacer a su esposa. 

La pareja vivía - por expreso deseo de Isabel de Farnesio - apartada de la corte en el Palacio del Buen Retiro. Allí, sin intrigantes palaciegos a su alrededor, Dª Bárbara se dedica a bordar, a componer música de la mano del compositor Scarlatti,  que había sido su maestro y se había trasladado con ella a España, a imprimir libros, a pasear por el campo junto a su esposo, a cuidarle y a mimarle. Por las noches siempre se organizaba alguna representación teatral a las que era muy aficionado D. Fernando, algún concierto o alguna opera, siendo un asiduo de estas representaciones el cantante Farinelli. Poco a poco alrededor de los Príncipes empezarían a acudir admiradores atraídos por la bondad de ambos.

Felipe V fallece en 1746 y Fernando es coronado Rey de España. La nueva Reina, Dª Bárbara, tiene 35 años en es momento y, según escribe el embajador de Francia, sus súbditos sienten por ella auténtica adoración por su dulzura y prudencia. 

Isabel de Farnesio, ya viuda, no se conformaba con un papel segundón y continuaba intrigando e intentando mover los hilos de la política de España. Por ésta razón los Reyes decidirían apartarla y desterrarla a La Granja, mostrándose inflexibles ante las muchas pretensiones de la viuda. 

Convento de las Salesas Reales

Dª Bárbara era consciente de que el hecho de no haber dado hijos a la Corona la apartaba de ser enterrada junto a su esposo en El Escorial y de acuerdo con D. Fernando funda un Monasterio, el de las religiosas Salesas, orden inexistente en España y para cuya fundación hizo venir a cuatro monjas italianas. La intención era que la iglesia del Monasterio sirviese a ambos de sepulcro y poder estar juntos durante toda la eternidad. Fue un cuantiosos gasto que salió de las arcas privadas de la Reina pero los madrileños, siempre tan ocurrentes, le dedicaron este versito. 

Bárbaro edificio, 
bárbara renta, 
bárbaro gasto, 
Bárbara Reina. 

La Reina era una mujer obesa y había presentado desde joven síntomas de diabetes que lógicamente se agravaron con el paso de los años y el aumento de su peso. Se movía con dificultad y además era asmática. 

En 1757 la reina enferma de una patología de difícil diagnostico en aquella época. El padre Flórez escribiría "La fue Dios purificando con una enfermedad tan molesta, tan prolija y tan poco limpia…”"Y el conde de Fernán- Núñez diría que Dª Bárbara a pesar de ser muy pulcra murió en "un estado de inmundicia". 

Bárbara de Braganza. Michael van Loo


La soberana estaba siendo asistida por los doctores Virgili, Suñol, Casal y Piquer. El Rey viendo, que a pesar de los cuidados que éstos le dispensaban la gravedad de su amada esposa aumentaba, impuso a los médicos una consulta con D. Vicente Pérez, "el médico del agua" que propuso curar a la Reina mediante su método de " humectación" consistente en purgas, sangrías, lavativas y agua fría. Estas terapias tan sólo agravaron el cuadro. 

Dª Bárbara sufría una carcinomatosis uterina que le provocaba dolores abdominales y grandes metrorragias . Probablemente también existieron metástasis pulmonares puesto que hay referencias a la continua tos de la Reina. 

En el verano de 1758 aparece un cuadro febril que indicaba infección y que precipitaría el final. La Reina falleció el 27 de agosto de 1758 en el Palacio Real de Aranjuez. Tenía 47 años. Sus médicos certificaron que :" Su Majestad tenía unos tumores escabrosos precedidos de supresión menstrual, que producen calenturas y que habían entrado en horripilaciónes…" 

Se le daría sepultura en en la Iglesia de la Salesas Reales donde un año después su esposo se reuniría con ella.


lunes, 12 de marzo de 2018

Carlos II de Inglaterra








Era el 29 de mayo de 1660. Carlos II Estuardo regresaba a Londres entre vítores y grandes aclamaciones para ceñir la corona que le había sido arrebatada a su padre varios años antes. 

Montado en un caballo y rodeado de su séquito el nuevo Rey se dirigió al Parlamento y en la Cámara de los Comunes pronunció un breve discurso : "Estoy tan fatigado que apenas puedo hablar, pero quiero informaros de una cosa: que aceptaré con gusto todo cuanto pueda servir para el bienestar de mi pueblo".  

Carlos había nacido treinta años antes, el 29 de mayo de 1630, en el Palacio de St James. Como hijo primogénito del rey Carlos I se le concedió desde ese mismo día los títulos de duque de Cornualles y de Rothesay y poco después el de Príncipe de Gales. 

Lo primero que se enseñaba a un niño de noble cuna y más si era de real cuna era a montar a caballo y a empuñar una espada y Carlos no sería una excepción. Corrían los años cuarenta, el Principe de Gales apenas contaba 10 años y ya tuvo que acompañar a su padre - como parte de su educación - en algunas de las batallas que éste libraba contra el Parlamento. Finalmente y, temiendo por su vida, Carlos I envió a su hijo a Francia junto a su madre Enriqueta - hija de Enrique IV de Francia - y el resto de sus hijos. 

Carlos deseaba ayudar a su progenitor y en 1648 se trasladó a La Haya junto a su hermana María y el marido de ésta, el príncipe de Orange, con la idea de prestar desde allí apoyo a su padre durante la Segunda Guerra Civil que acababa de iniciarse y en la que Carlos I combatía, con la ayuda de los fieles escoceses, contra los parlamentarios capitaneados por Cromwell. 


Oliver Cromwell - S. Cooper

El vencedor fue Cromwell y el final del enfrentamiento bélico trajo consigo el enjuiciamiento del Rey y su condena a muerte. Carlos I fue decapitado el 30 de enero de 1649.

Mientras en Inglaterra se proclamaba la República y se iniciaba un puritanismo riguroso, Escocia permanecía fiel a la causa realista y proclamaba  a Carlos II como  Rey, con la promesa por parte de éste de no modificar la Iglesia escocesa. 

Dos años después de la muerte de su padre era coronado Rey en Escocia, tras lo cual inició una ofensiva contra Cromwell. Fracasó y como consecuencia tendría que huir y continuar en el exilio, pobre y sin ayudas. 

En 1658, Cromwell, el Lord Protector, moría y aunque había designado sucesor a su hijo, éste no tenía ni la habilidad política de su padre ni las ganas de tenerla y fue obligado a dimitir pocos meses después acabando de éste modo el periodo del Protectorado. El gobernador militar de Escocia, George Monck, viendo la inestabilidad existente en el país, marchó junto a su ejército hacia Londres donde, con un amplio apoyo popular, disolvió el Parlamento y convocó elecciones generales. 

El resultado fue una Cámara de los Comunes con una amplia mayoría realista que reunida en asamblea decretó que Carlos II era el legítimo Rey de Inglaterra. 

Carlos entró en olor de multitud en Londres y se ganó a su pueblo porque su simpatía era arrolladora. Para no desmerecer la fama de mujeriego y conquistador que le precedía, esa misma noche la pasó en el palacio de Whitehall con su última amante, lady Castlemaine. 


Carlos II bailando en la corte - S. Janssen

El nuevo Rey deseaba congraciarse con las gentes y declaró una amnistía para los seguidores de Cromwell pero no perdonó a los jueces y a quienes participaron en la ejecución de su padre. Todos ellos fueron llevados al patíbulo, Cromwell fue desenterrado y sometido su cadáver a un simulacro de ejecución. 

A partir de ahí todo fue alegría y una prolongada fiesta. Los ingleses después de veinte años de puritanismo, sin otra distracción que los monótonos himnos religiosos estaban necesitados de un respiro. Se abrieron casas de comidas, teatros, juegos públicos, bailes. Los londinenses adoraban a su Merry King

Carlos consideró la necesidad de dar alguna muestra de agradecimiento a quienes le habían ayudado a recuperar el trono y concedió a algunos de ellos propiedades en Norteamérica en unos territorios a los que se denominó Carolina en honor a su padre. 

Contaba ya 32 años y debía casarse para asegurar herederos a la Corona. Eligió a Catalina de Portugal celebrándose  en 1662 dos bodas: una pública, la anglicana y otra privada y en secreto, la católica. Ella aportaba una gran dote en la que destacaban Tánger y Bombay y eso la hacía muy atractiva a los ojos del Monarca. 

Catalina de Portugal

El rey inglés estaba siempre necesitado de dinero, lo que le otorgaba el Parlamento no cubría las refinadas necesidades a las que se había habituado en Francia y por ello aceptaría la proposición que le había hecho Luis XIV para que le vendiera Dunkerque por una crecida suma. La venta de un punto tan estratégico para Inglaterra no gustó a la mayoría de sus consejeros. 

A los cinco años de iniciado su reinado da comienzo la Segunda Guerra Holandesa. El conflicto se desató como consecuencia de la conquista de Nueva Amsterdam, en Norteamérica (la actual Nueva York), por parte de los ingleses. El ataque por sorpresa de los holandeses a la flota naval inglesa que se encontraba anclada en el Támesis puso fin a la contienda y obligó a Carlos a firmar el Tratado de Breda. 

No fue ésta la única situación difícil. En 1665 se desató una epidemia de peste bubónica en Londres que causó más de 100.000 muertos. La nobleza y el rey se refugiaron en la campiña. Unos meses más tarde un devastador incendio arrasó Londres, la ciudad medieval quedo destruida, se perdieron mas de 13.000 casas y 87 iglesias. La primitiva Catedral de San Pablo quedo destruida.

Gran incendio de Londres

Después vendrían otras guerras y otras estrategias. Se sucederían los consejeros y también las amantes de cualquier condición puesto que cualquier mujer ya fuera noble, actriz o vendedora de frutas por la calle podía convertirse en su concubina si era lo bastante bella. También se sucederían los hijos bastardos de los que llegó a reconocer catorce. Era generoso, todas las madres de sus hijos eran distinguidas con títulos nobiliarios y alcanzaban un gran estatus social. 

No obstante el Rey no conseguía un hijo legítimo, todos los que engendraba en su esposa acababan en aborto. Catalina sufría en silencio la adicción al sexo de su esposo porque en su fuero interno sabía que él le tenía un profundo cariño. Carlos nunca aceptó el divorcio a pesar de la insistencia de sus consejeros que no querían que el heredero de la Corona fuera Jacobo, el católico hermano del Monarca. 

En 1678, Carlos había firmado un tratado secreto con Luis XIV en el que el Rey francés se comprometía a pagarle varios millones  anuales a cambio de que sirviera a los intereses de Francia y a que se comprometiera a abrazar la religión católica en un futuro. 

Ese mismo año los aires políticos vaticinaban tormenta. Tito Oates, un aventurero pretendiente a clérigo, denunció ante el Parlamento que existía una conspiración para asesinar al Rey y sustituirlo por Jacobo. Como consecuencia de estas denuncias se produjo una gran conmoción y los anglicanos empezaron a lanzar acusaciones a los católicos. Para evitar conflictos, Carlos II disolvió el Parlamento. Poco antes de la disolución, la Cámara había aprobado una ley de capital importancia ya que constituye uno de los pilares más sólidos de la libertad individual: el Habeas Corpus

Dos años después parecía que el país caminaba de nuevo hacia una guerra civil, debido a las luchas entre los partidarios de La Ley de Exclusión, que impedía que Jacobo fuese el sucesor en el trono, y los no partidarios. Antes de que la ley fuese aprobada Carlos II dando un golpe de mano certero disolvió de nuevo el Parlamento. El pueblo lo apoyó masivamente demostrando una gran lealtad a su Rey. Desde ese momento Carlos II gobernó como un monarca absoluto.


Carlos II - John Wright

El Rey vivió unos años de tranquilidad hasta que el 2 de febrero de 1685 sufrió un cuadro repentino de nauseas y vómitos acompañados de dolor de cabeza. Se le aplicaron las consabidas sangrías y las terapias habituales pero nada se pudo hacer y falleció cuatro días más tarde como consecuencia de lo que parece haber sido un síndrome urémico. Dándose cuenta de que se moría solicitó que un sacerdote católico le diera la extremaunción. 

Carlos II fue un conquistador, un amable seductor, un perfecto caballero a la usanza inglesa hasta tal punto que, en el momento de morir, pidió perdón a todos los que pudiera haber ofendido. Sin embargo y a pesar de la simpatía que, traspasando los siglos, despierta su figura, no hay que olvidar que el Merry King traicionó alegremente a su país, a la iglesia anglicana y a la católica, a su esposa y a todas y cada una de sus amantes. 

Está enterrado en la abadía de Westminster.