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sábado, 25 de abril de 2026

Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias

 



María Cristina de Borbón - Dos Sicilias, nació en Palermo en abril de 1806.  Era hija de Francisco I, rey de Nápoles y de María Isabel de Borbón,  hija del rey español Carlos IV. El hecho de que naciera en Palermo fue una de las consecuencias de los vaivenes políticos que la época napoleónica trajo consigo ya que su familia se había visto obligada a trasladarse a Sicilia y a vivir en la isla hasta que, tras la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte, pudieron regresar a Nápoles. Esta ciudad se convertiría, por los acuerdos del Congreso de Viena, en la capital del nuevo reino de las Dos Sicilias.

Mª Cristina fue educada como correspondía a una princesa de la época de la que no se esperaba que llegara a tener responsabilidades políticas. Poseía una gran inteligencia y facilidad para los idiomas, amaba el arte y la música en particular y era de trato agradable. Poseía por tanto las condiciones exigidas a cualquier princesa con aspiraciones a convertirse en la consorte de un rey. Y así sucedió.


Fernando VII


Su tío materno, Fernando VII de España, había enviudado ya tres veces sin conseguir descendencia de ninguna de sus esposas. Le urgía pues al rey español casarse de nuevo y Cristina, veintidós años mas joven que él, fue la elegida.


Mª Cristina llegó a Aranjuez en diciembre de 1829 y al día siguiente se celebraron los esponsales. La boda y la nueva reina fueron acogidos con alegría por gran parte de la población, que confiaba en que el nuevo matrimonio engendrara un heredero al trono, y con ninguna satisfacción por aquellos que veían y deseaban que el hermano del rey, Carlos María Isidro, fuera el heredero a la muerte de Fernando VII.


La joven princesa debió causar una grata impresión al rey, puesto que además de  juventud poseía belleza y un carácter afable y dulce. La impresión que Fernando VII causara a su nueva esposa no debió ser tan dichosa puesto que además de los veintidós años que los separaban el rey, a sus 45 años,  estaba envejecido y, desde luego, la hermosura brillaba por su ausencia.


Fernando VII y Mª Cristina


La nueva reina sabía muy bien cual era su principal obligación y, sintiera lo que sintiera por su marido, se dispuso a cumplir con ella a pesar de lo problemática que resultaba llevarla a cabo. Fernando VII sufría macrofalosomía lo que dificultaba las relaciones conyugales pero, tan dispuesta estaba la napolitana a cumplir con su cometido que, según se cuenta, colocaba entre su esposo y ella un cojín con un agujero central que permitía disminuir los efectos del descomunal tamaño del pene de su majestad. El artilugio debió dar resultado pues en el mes de marzo Mª Cristina ya estaba embarazada. 


Fernando VII, feliz con la buena nueva determinó que, puesto que el fruto de aquel embarazo pudiera ser una niña, había que cambiar lo que su antepasado Felipe V, en un intento de evitar que el apellido Borbón desapareciera de la linea sucesoria, había hecho instituir: la "ley de la Agnación Rigorosa". En ella se establecía la exclusión de las mujeres en la línea sucesoria, a menos que no quedara absolutamente ningún heredero varón (directo o lateral).


Poco tardó Fernando VII en hacer pública la Pragmática  Sanción. Ésta derogaba aquella ley semi-sálica del primer Borbón que ocupó el trono de España. Fué Carlos IV quien decretó la Pragmática Sanción y la norma, que tenía carácter de ley fundamental, fue respaldada por las Cortes pero, al no haber sido publicada en su día, continuaba sin efecto. Con la publicación de la misma el hermano del rey, Carlos María Isidro, perdía toda esperanza de heredar algún día el trono, aunque sus seguidores, los llamados "carlistas", seguían teniendo expectativas y estaban dispuestos a  conseguir,  luchando si fuera preciso, que no se sentara en el trono de España una mujer.


Mª Cristina e Isabel


Tres años tenía la pequeña Isabel cuando fue jurada Princesa de Asturias en junio de 1833. Ese fue un verano convulso que  estuvo lleno de intrigas y de expectación. Los ojos de todos los políticos  y de todos los embajadores extranjeros estaban puestos en el rey que, gravemente enfermo, se esperaba que muriera en cualquier momento. Fue en septiembre, tres meses después de que Isabel fuera jurada heredera, cuando el rey Fernando VII dejaba este mundo y también un testamento según el cual su esposa Mª Cristina  ejercería como regente y gobernadora asesorada por un Consejo de Gobierno hasta que su hija cumpliera los dieciocho años. Cuando esto sucede Mª Cristina había dado ya a luz a la segunda de sus hijas.


No iba a tener una regencia fácil Mª Cristina. Su cuñado, Carlos María Isidro, había lanzado, desde Portugal, un manifiesto según el cual no reconocía los derechos al trono de  su sobrina y se autoproclamaba rey de España con el nombre de Carlos V. Se acababa de encender con ello la mecha de la Primera Guerra Carlista que duraría 6 años, uno menos que la regencia de Mª Cristina. 


Aquel conflictivo verano de 1833 también resultó agitado en la vida privada de la reina consorte. Parece ser que fue entonces cuando conoció a un guardia de Corps, hijo de unos estanqueros de Tarancón,  del que se enamoraría perdidamente. Agustín Fernando Muñoz y Sanchez, que así se llamaba el joven, tenía 24 años y según algunos historiadores la reina quedó prendada de su potente voz masculina, de su pelo azabache - que duraría poco en su cabeza - y de sus negros ojos.


Muy poco tiempo después de la muerte de Fernando VII Mª Cristina decidió descansar de los malos momentos sufridos y se encaminó para ello a La Real Quinta de Quitapesares, en la provincia de Segovia, acompañada, eso si, por su su guardia de Corps preferido, Fernando Muñoz, no fuera a suceder que la Real Quinta no le quitara los pesares del todo.


Fernando Muñoz


El luto pues que guardaría la reina viuda a su esposo sería tan corto que causó el escándalo de la mayoría de los cortesanos y del pueblo de Madrid que, siempre tan ocurrente,  ya empezaba a llamar al Sr Muñoz y Sanchez Fernando VIII. Se casaron el 28 de diciembre de ese mismo año de 1833, a los tres meses de la muerte del rey, en el palacio Real de Madrid, en una oculta  ceremonia  oficiada por un simple sacerdote. El matrimonio se mantuvo en secreto ya que Mª Cristina, que era muy lista, sabía que para ejercer la regencia debía ser oficialmente viuda.


La guerra Carlista dividió el país en dos bandos, por un lado los partidarios de Isabel II y por otro los de Carlos Maria Isidro. Mientras en el norte de España, Vascongadas, Navarra y Cataluña la Guerra Civil se libraba con virulencia, en Madrid, Mª Cristina tuvo que plegarse a las presiones de militares y políticos y aceptar el Estatuto Real que sería el embrión de la  nueva Constitución de 1837. En la nueva Constitución se imponían limitaciones al rey y por consiguiente  a la regente. Además como se había potenciado el acceso de los liberales a los ayuntamientos, el poder gubernamental de las grandes ciudades se veía mermado.



No cabe duda de que M;ª Cristina era una mujer prolífica, sus  embarazos se sucedían con asombrosa continuidad y a pesar de sus intentos de disimularlos yendo fajada hasta la extenuación a nadie pasaba desapercibido que la regente se hallaba encinta constantemente. Cinco fueron los vástagos que Mª Cristina alumbró en España, y otros tres  los que dio a luz en Francia. Un total de diez criaturas daría la napolitana al mundo, si contamos, claro está, a las dos que llevaban como primer apellido Borbón. Durante muchos años los "carlistas" entonaban esta canción:


Clamaban los liberales

que la reina no paría

y ha parido más muñoces 

que liberales había


El matrimonio Muñoz - Borbón-Dos Sicilias no se dedicó solo a procrear hijos también, y desde poco tiempo después de su oculto matrimonio, comenzaron  a labrarse el futuro con múltiples corruptelas . Ya en 1834 entraron en negocios con los  banqueros Rothschild que obtuvieron el arrendamiento para la explotación de minas de mercurio en España previo arreglo comercial con Mª Cristina. La regente, muy avispada en cuestión de negocios y bien asesorada por su "secreto" esposo,  facilitó la desamortización de Mendizabal. Este hecho  hizo posible que grandes inversores adquirieran terrenos a bajo precio, eso si, previa pago a los " Muñoces"


En el verano de 1840 Mª Cristina respaldó la Ley de Ayuntamientos que aumentaba el poder de los moderados sobre los progresistas y según la cual la regente, de acuerdo con el gobierno conservador, podía nombrar a su antojo a quienes deberían formar los equipos de gobierno en los ayuntamientos. Se  ignoraba por tanto  a la Constitución que  decía que dichos equipos debían ser nombrados mediante elecciones.El escándalo político que esto supuso dio lugar a una sublevación generalizada que obligó a Mª Cristina a dejar la regencia en manos del general Espartero y a partir hacia el exilio desde Valencia,  a bordo del vapor Mercurio, con destino a Francia. En Madrid quedaban sus dos hijas: las pequeñas Isabel II y Luisa Fernanda.


Mª Cristina con las Infantas 


En cuanto Fernando Muñoz y Mª Cristina llegaron a Francia solicitaron la bendición del Papa Gregorio XVI para  su matrimonio. Los "Muñoces"  habían conseguido de las arcas publicas y de las múltiples comisiones y negocios organizar un exilio dorado adquiriendo para ello el palacio de Malmaison, además de otras muchas propiedades. Se decía que Fernando Muñoz era un lince para los negocios y que Mª Cristina no le iba a la zaga, de modo que continuaron realizando negocios en Francia y amasando dinero.


Tras la proclamación como reina de su hija Isabel, Mª Cristina y Fernando Muñoz volvieron a España. Se instalaron el el Palacio de las Rejas, cercano al Palacio Real, desde donde intentarían renovar su influencia política mediante el control de la joven reina. Isabel II empezó por conceder a su padrastro el ducado de Riansares , ennobleciendo al mismo tiempo a los progenitores de Muñoz que pasaron de ser unos simples estanqueros de Tarancón a poseer títulos nobiliarios.  Lógicamente también los hermanastros de la reina se vieron favorecidos con el reparto de títulos. 


En su vuelta a España  Mª Cristina y el nuevo duque de Riansares seguirían llenando sus arcas mediante una trama corrupta que, a través de sociedades opacas y testaferros,  conseguía comisiones por la adjudicación de obra pública  para la construcción de ferrocarriles, la canalización del Ebro, la explotación de   minas de carbón de Asturias y un largo etcetera. Nada escapaba a sus codiciosas manos.


La parte más sórdida de los negocios de los Muñoces  lo constituyó su posible participación en la Trata cubana de esclavos. Mª Cristina y su esposo  se asociaron  a ciertos armadores españoles y al dueño de la mayor fortuna de Cuba lo que, según parece, les habría facilitado la entrada en ese comercio obteniendo grandes beneficios.


Palacio de Malmaison


En el verano de 1854 se vivieron jornadas de extrema violencia como consecuencia del expolio del patrimonio (habían desaparecido joyas pertenecientes a la Corona y valiosas pinturas) y de la corrupción, ya conocida por todos, que  habían realizado  los Muñoz- Borbón-Dos Sicilias. El Palacio de las Rejas en el que residían fue incendiado  y el matrimonio tuvo que refugiarse en el Palacio Real. Isabel II llamó a Espartero pidiéndole que controlara la situación. Finalmente el general consiguió, tras retirar a Mª Cristina la pensión vitalicia que en su día se le había asignado y confiscar todos sus bienes en España, que la expulsión de la otrora regente y su marido se realizara hacia Portugal  con garantías de seguridad. No por ello los corruptos negocios  de los duques de Riansares  se vieron mermados ya que continuaron a través de testaferros.


Instalados en Francia fueron testigos del exilio de Isabel II y Mª Cristina estuvo presente en  el  acto de abdicación de Isabel  en su hijo el príncipe Alfonso. Tal vez hubiera deseado  postularse para ejercer la regencia del joven si llegaba el caso pero Cánovas tomo para si la tutela de Alfonso. La duquesa de Riansares, muy a su pesar, hacía tiempo que estaba fuera del tablero político.


Mª Cristina fue conocedora de la restauración borbónica en la persona de su nieto Alfonso XII y en alguna ocasión realizó una corta visita a España. Sobrevivió  cinco años a su segundo esposo y tres meses a su querida nieta, Mª de las Mercedes de Orleans y Borbón.  Finalmente falleció  como consecuencia de una parada cardiorespiratoria en agosto de 1878 en la villa de Mon Désir su residencia de Sainte-Adresse, un barrio  de la ciudad portuaria de Le Havre. Como madre de la reina Isabel II,  sus restos fueron trasladados a España y se le dio sepultura en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.



Es difícil encontrar justificación al ansia de poder de Mª Cristina y a su voracidad por la posesión de dinero y bienes.  Era una mujer inteligente, perseverante, astuta pero la moralidad y la ética eran inexistentes en su espíritu. Aunque ninguna comisión de investigación pudo probar nada que la imputara judicialmente  Mª Cristina de Borbón Dos Sicilias ha pasado a la historia como la  Regente más corrupta de la historia española.









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