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lunes, 6 de febrero de 2023

Alicia de Battenberg

 








Se ha hablado poco de la princesa Alicia de Battenberg teniendo en cuenta que su hijo, el duque de Edimburgo, su nuera la reina Isabel II del Reino Unido y  aquellos de sus nietos que eran hijos de ambos ocupaban casi a diario alguna página de los periódicos o de las revistas de gran parte del mundo. Alicia fue un personaje complejo cuya difícil vida se desarrolló en un espacio y en un periodo de tiempo muy convulso.


Nació en 1885 en el castillo de Windsor en presencia de su bisabuela, la reina Victoria I. Su madre era Victoria de Hesse y su padre, Luis de Battenberg, fue un príncipe alemán que adquirió la nacionalidad británica a muy temprana edad y en cuya Marina Real sirvió como oficial.


La primera en detectar que la niña era lenta  en aprender y no  hablaba fue su madre. Tras los estudios médicos pertinentes a la niña se le diagnosticó una sordera congénita. Es fácil imaginar el enorme disgusto de sus progenitores pero, a pesar de la dificultad que su especial condición le suponía, Alicia logró aprender a leer en los labios y a hablar en inglés y en alemán. Sus primeros años los pasó entre Darmstadt, Londres y Malta, donde su padre había sido enviado.


Alicia y Andrés de Grecia y Dinamarca



Con poco más de diecisiete años conoció en Londres, durante la coronación de Eduardo VII, al príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, del que se enamoró de inmediato. Un año después contraían matrimonio en Darmstadt y después se instalaban en Grecia. Andrés continuaba con su carrera militar y ella se dedicaba a las tareas caritativas propias de su posición. Durante los once primeros años de matrimonio Alicia dio a luz a sus cuatro hijas, el varón, Felipe, no llegaría al mundo hasta 1921.


Cuando en 1912 estalló la guerra de los Balcanes, Andrés fue nombrado Teniente Coronel del Regimiento de Caballería y su esposa  trabajó en la fundación de hospitales de campaña y, como enfermera, atendiendo a los heridos de guerra. Fueron tiempos difíciles para Alicia y para toda la familia de la que ya formaba parte. Su suegro fue asesinado y su cuñado Constantino, como hijo mayor de Jorge I, ascendió al trono. 


Cuando estalló la  Primera Guerra Mundial, Grecia fue declarada oficialmente neutral y Constantino I  se convirtió en el adalid de esa posición política que resultó contraria a la del gobierno de la nación y que dividió al país en dos facciones, por un lado los partidarios del rey y por otro los que pensaban que el gobierno estaba en el lado adecuado. El Cisma  producido en el país heleno y la presión de los Aliados que apoyaban al gobierno de Venizelos llevarían a Constantino I y a toda la familia  real a exiliarse en Suiza.


Este primer exilio no duraría mucho puesto que, en 1920, la monarquía sería restaurada y todos regresarían a Grecia al amparo del rey Constantino I. El príncipe Andrés, Alicia y sus hijos se instalarían en Corfú, en el palacio de Mon Repós. Allí nacería el último de los hijos de la pareja y el único varón, Felipe, que años más tarde habría de convertirse en consorte de Isabel II, reina del Reino Unido.


Alicia y su hijo Felipe


No duraría la tranquilidad ni la alegría, si es que la hubo, puesto que el príncipe Andrés, que había vuelto a ocupar un alto cargo como militar tras la derrota griega en Asia Menor fue acusado de alta traición, arrestado, sometido a un consejo de guerra y considerado culpable. Se salvó de la muerte pero fue desterrado para el resto de su vida y toda la familia se trasladó a París donde su cuñada, Marie Bonaparte, les cedió una modesta casa a las afueras de la ciudad.


La vida de Alicia acababa de dar un cambio tan radical que, probablemente, hizo tambalear su mente. Vivían de la caridad de sus parientes, su marido cada vez más distanciado de ella se dedicaba a escribir unas memorias destinadas a lavar su imagen como militar y Alicia se volcó en la religión y en la caridad hacia las familias griegas más necesitadas. Su religiosidad iba en aumento y en 1928 decidió ingresar en la iglesia ortodoxa griega. Poco después empezó a manifestar que oía voces divinas y que le habían sido otorgados poderes curativos. Tras una  fuerte crisis emocional que le provocó una depresión fue diagnosticada de esquizofrenia  paranoide por el doctor Ernst Simmel en Berlín. 


Sigmund Freud


Sigmund Freud, gran amigo y maestro de Marie Bonaparte,  fue consultado sobre el caso de la princesa Alicia y llegó a la conclusión de que los problemas de Alicia eran debidos a la "frustración sexual" que le producían unos niveles hormonales excesivos. Según afirma Dany Nobus, profesor de Psicología Psicoanalítica de la Universidad de Brunel en Londres en su  artículo "La locura de la princesa Alicia; Sigmund Freud, Ernst Simmel y Alicia de Battenberg en Kurhaus Schloss Tegel " fue Sigmund Freud quien recomendó un tratamiento de "castración" que consistió en someter sus ovarios a una intensa radiación de Rayos X. Los resultados fueron terribles, la radiación  provocó  en Alicia una menopausia temprana  además de algunos problemas de salud que arrastraría durante toda su vida.


Clinica Bellevue


Corría el año 1930 y Alicia fue internada por su familia en   la Clínica Bellevue de Kreuzlingen en Suiza, clínica que estaba dirigida por el doctor Ludwig Binswanger, amigo personal de Freud. Su esposo, el príncipe Andrés la abandonó  para terminar dedicándose a una licenciosa vida en la Costa Azul francesa. Sus hijas se fueron casando con miembros de la nobleza alemana y su hijo, de corta edad todavía, fue enviado a Inglaterra para ser educado al cuidado de sus parientes británicos. Alicia quedó sola y abandonada en aquel prestigioso sanatorio. Pasaron más de dos años antes de que su familia - tras varios intentos de fuga  frustrados por su parte - le permitiera salir de su encierro. Años difíciles y tristes sin duda.


Una vez liberada  se dedicó a viajar por varios países de Europa con poco dinero y ocultando que era princesa. Finalmente en 1935 regresa a Grecia y se instala definitivamente en Atenas. Intentó recuperar a su hijo Felipe que todavía era muy joven, pero su hermano, Lord Mountbatten, la convenció de que el porvenir del muchacho estaba en la Royal Navy del Reino Unido y que era mejor que él siguiera cuidando de su sobrino.


Funeral de Cecilia y su familia


Hasta dos años después no se reunió con su familia de nuevo y seguramente hubiera preferido no hacerlo puesto que el motivo fue el funeral por muerte de su hija Cecilia, del esposo de ésta y de sus nietos, fallecidos todos ellos en un terrible accidente de aviación.


De regreso a Atenas vivió modestamente en un apartamento de apenas dos habitaciones, dedicándose a colaborar con la Cruz Roja y ayudando a los más menesterosos que deambulaban por las calles. En 1941 los nazis ocuparon Grecia y poco después empezaron las deportaciones de los judíos hacia campos de concentración polacos. El hecho de que sus yernos lucharan en el lado alemán le procuró una cierta tranquilidad y se sintió menos observada por los nazis que ocupaban su ciudad. Se había trasladado a una casa de tres pisos de su cuñado Jorge y fue allí donde mantuvo escondidos a varios miembros de la familia Cohen que se salvaron de ser deportados gracias a su valentía, ya que para entonces las fuerzas de ocupación empezaban a sospechar de sus actos.


Enlace matrimonial de Isabel y Felipe



En 1947, su hijo, Felipe, le comunica que va a contraer matrimonio con la princesa Isabel, heredera al trono británico. Alicia le entregó una tiara, una de las pocas joyas que aún conservaba, para que con ella mandara confeccionar el anillo de compromiso.


Estuvo en la boda real y volvió a Grecia donde tras vender el resto de sus joyas fundó la Hermandad Cristiana de Marta y María, un convento con orfanato y geriátrico situado en un barrio pobre de las afueras de Atenas. Allí dedicándose a los pobres pensaba pasar el resto de su vida. No lo permitió el destino y el golpe de estado en Grecia de 1967 la obligaría a dejar Atenas para volar a Londres a petición de la propia reina Isabel II. En el Palacio de Buckingham vivió los dos últimos años de su vida.


Murió el 5 de diciembre de 1969 a los  84 años de edad. Nada dejó puesto que nada tenía, lo que en algún momento le perteneció lo había entregado  a los más necesitados.  Fue enterrada en  la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor, aunque su deseo era ser enterrada en Jerusalén. 


Diecinueve años después, en 1988, su hijo cumplió su deseo y  sus restos fueron trasladados a  la Iglesia de Santa María Magdalena, en el Monte de los Olivos, cerca de Getsemaní, en Jerusalén.


Iglesia de Sta María Magdalena



Los trastornos mentales de Alicia comenzaron durante el exilio de ella y su familia en Francia, un exilio que trastocó su existencia  y condicionó su conducta como consecuencia, tal vez, de una exaltada personalidad que dificultó su adaptación a una nueva vida. Un diagnóstico quien sabe si  erróneo, la condujo a un tratamiento terrible y exagerado de consecuencias imprevisibles. La suya fue una vida impregnada de espiritualidad, de fervor religioso  y dedicada a los más necesitados. 


 Alicia de Battenberg fue honrada póstumamente en 1994 como "Justa entre las Naciones", el más alto honor israelí para los no judíos que arriesgaron sus vidas durante el Holocausto.

sábado, 12 de noviembre de 2022

Andres de Grecia y Dinamarca

 





En Atenas y en 1882 nacía Andrés, séptimo de los hijos del rey Jorge I de Grecia y de su esposa, la gran duquesa Olga de Rusia. Ni por las venas del pequeño Andrés ni por la de sus hermanos corría sangre griega puesto que su padre, nacido príncipe de Dinamarca, había sido elegido (entre otros príncipes europeos) rey de los helenos por La Asamblea Nacional Griega convirtiéndose, por este hecho, en el primer monarca de una nueva casa real griega.


A pesar de estar en la linea de sucesión al trono griego y también al de Dinamarca ambas posibilidades eran, dada su posición en ambas lineas, bastante remotas por lo cual fue destinado a la carrera militar en la que empezó a entrenar a edad muy temprana y, a pesar de ser miope, llego a ser oficial del ejercito. Dicen que era inteligente, rápido, algo rebelde y que hablaba muchos idiomas aunque su preferencia era expresarse en griego. 


En 1902, Jorge acudió a la coronación de Eduardo VII del Reino Unido y allí conoció a la princesa Alicia de Battenberg, sobrina-nieta del rey Eduardo. Ambos se enamoraron y decidieron contraer matrimonio. La princesa Alicia era sorda desde su nacimiento a pesar de lo cual había aprendido a leer en los labios y a hablar en ingles y alemán, cuando se comprometió con Andrés también lo hizo en griego. La boda se celebró un año después de que se conocieran.




En un principio el matrimonio fue feliz, al menos eso parece  teniendo en cuenta que tuvieron cinco hijos. El menor de sus vástagos y el único varón, al que llamaron Felipe, sería el que, pasado el tiempo, más notoriedad daría a la familia al contraer matrimonio con la reina Isabel II del Reino Unido, recientemente fallecida.


Cuando en 1912 estalló la Primera Guerra de los Balcanes, Andrés fue nombrado teniente coronel del Regimiento de Caballería y se le puso al mando de un hospital de campaña. Grecia atravesaba uno de los muchos momentos turbulentos de su historia  y el padre de Andrés  fue asesinado de un disparo en la espalda mientras paseaba, sin apenas protección, por Salonica. Se dijo que el regicidio no se había producido por causas políticas y que su autor era un vagabundo alcohólico, aunque también hubo voces que hablaban de que el asesino pertenecía a una asociación socialista.


La muerte del rey Jorge I hizo ascender al trono a Constantino, hermano mayor de Andrés y abuelo de nuestra emérita reina Sofia. Mientras el nuevo rey de Grecia conseguía aumentar los territorios de su país a través de  los tratados firmados tras las guerras de los Balcanes, el príncipe Andrés ocupaba puestos militares honorarios en los imperios ruso y alemán.


Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, el rey Constantino adoptó una posición neutral pero, el gobierno griego apoyó a los aliados,  esta dualidad creó en Grecia una situación insostenible. El pueblo estaba dividido entre los partidarios del gobierno y los que apoyaban la actitud del monarca,  los aliados presionaban al gobierno de Venizelos y éste presionaba al rey para conseguir su abdicación  y la de su heredero. No consiguió la abdicación pero si la salida de la familia real que partió hacia el exilio, aunque Constantino dejó al segundogénito de sus hijos, Alejandro, ocupando el trono hasta que la situación cambiase.




La prematura muerte de Alejandro I y la situación de penuria por la que atravesaba el pueblo griego debido a los gastos en defensa provocados por la Primera Guerra Mundial y a la iniciada guerra contra los turcos provocó una crisis institucional en el país heleno.El Primer Ministro Venizelos perdió las elecciones y un referéndum devolvía el trono a  Constantino  a finales de 1920. Toda la familia real regresó del exilio  y Andrés fue restituido al ejercito con el grado de general. La familia se instaló en Corfú, en el palacio de Mon Repós.


No duraría mucho en el trono el rey Constantino. La derrota sufrida contra los turcos y la pérdida de territorios tendría como consecuencia una revuelta militar que le obligaría a abdicar en su hijo Jorge y a emprender un camino hacia un exilio que esta vez sería definitivo ya que murió un año después de estos hechos.


La abdicación del rey Constantino no sería la única consecuencia de la derrota en la guerra contra los turcos. El príncipe  Andrés fue acusado de desobedecer las ordenes recibidas de sus superiores y juzgado por un tribunal militar que estaba dispuesto a condenarle a muerte. La influencia del gobierno británico impidió la ejecución pero Andrés fue condenado a la degradación y el destierro y a la pérdida de la nacionalidad. Abandonó Grecia, junto a su esposa e hijos, a bordo de un crucero británico, el HMS Calypso. Se instalaron en Saint-Cloud, a las afueras de París, en una pequeña casa cedida por su cuñada Marie Bonaparte quien les ayudaba también a sufragar sus gastos.




Mientras Andrés se dedicaba a escribir un libro autobiográfico intentando lavar su imagen como militar, su esposa Alicia se dedicaba a las labores caritativas y a la religión, con tal profundidad que llegó a declarar en algún momento que recibía mensajes divinos. En 1930 fue diagnosticada de esquizofrenia paranoide e ingresada en una clínica en Suiza.


En los meses que siguieron sus cuatro hijas se fueron casando, todas ellas con aristócratas alemanes. Andrés envió a  su hijo Felipe a Gran Bretaña, al cuidado de su abuela materna,  cerró la casa de Saint-Cloud y se trasladó a la Riviera francesa donde empezó a vivir a costa de algunos millonarios, a cuyas fiestas daba “lustre”, y que se convirtieron en sus benefactores y en los de su amante, la actriz Andrée Lafayette, una hermosa joven a la que lucia por la Costa Azul como a un trofeo. Aunque la actriz en cuestión no pertenecía a la nobleza se hacía llamar "condesa Andrée de la Bigne" no sabemos si para dar a su persona ese "toque de distinción" tan celebrado en aquellos años.


Mientras Andrés vivía como un playboy entre Cannes, Montecarlo y el yate de algún millonario, Grecia seguía sin encontrar la estabilidad política. Después de 23 cambios de gobierno, una dictadura y 13 golpes de estado el pueblo heleno decidió mediante plebiscito la restauración de la monarquía y Jorge II ocupó de nuevo el trono en 1935. 


Pocos meses después el nuevo régimen anuló la sentencia de destierro que pesaba sobre  Andrés y éste pudo regresar a Grecia. Recuperó parte de los bienes que le habían sido confiscados pero tras algunos meses regresó a la Riviera francesa donde le esperaba su amante dispuesta a dilapidar lo recuperado.




La diosa griega de la fortuna no parecía estar del lado del príncipe Andrés y apenas un año después de recuperado su honor y su fortuna un accidente de aviación se llevaba la vida de su hija Cecile, de su yerno y de sus nietos. En el funeral volvió a encontrarse con su esposa, Alicia, a la que no veía desde hacía siete años. Tres de los hermanos de Andrés fallecieron durante los dos siguientes años, haciendo más profunda su soledad.


La Segunda Guerra Mundial lo encontró varado en la Costa Azul al lado de su amante y allí continuó hasta el final de la contienda. Cabe suponer que para él fueron tiempos difíciles porque si ya la guerra era per sé una situación terrible, el hecho de tener a su hijo luchando al lado de los ingleses y a sus yernos junto a los alemanes, le produciría seguramente un  enorme conflicto emocional.


Cada vez más solo, puesto que a causa de la guerra la  relación con sus hijos y con el resto de su familia apenas existía, su salud empezaría a deteriorarse; había sido diagnosticado de  arteriosclerosis y de arritmia cardiaca aunque él calificaba esos síntomas como palpitaciones frecuentes sin darle mayor importancia. El príncipe y su amante, la condesa Andrée de la Bigne,  se habían instalado en el Hôtel Métropole de Montecarlo y es allí donde le encuentra la muerte.





Andrés de Grecia y Dinamarca murió la noche  del 2 al 3 de diciembre de 1944, después de participar en una gran fiesta. La causa de la muerte fue una insuficiencia cardiaca aguda. Fue enterrado, provisionalmente, en la iglesia ortodoxa rusa hasta que en 1946 sus restos fueron trasladados al cementerio real del palacio de Tatoi , cerca de Atenas.


Su hijo, el príncipe Felipe, acudió a Mónaco para recoger las  escasas pertenencias de su padre: un anillo, una brocha de afeitar de marfil y una deuda económica. Se ignora si la falsa  "condesa Andrée de la Bigne" devolvió al príncipe Felipe alguna  cosa más de lo perteneciente a su padre  aunque, dado que durante el resto de su vida vivió cómodamente en un lujoso apartamento de la avenida George V de Paris, parece improbable que así lo hiciera.


El príncipe Andrés murió como vivió, profundamente solo aunque rodeado de mucha gente. Tal vez si hubiera vivido unos años más se habría sentido, probablemente, muy feliz al ver a su hijo Felipe convertido en consorte de la reina Isabel II del Reino Unido



lunes, 10 de octubre de 2022

Astrid de Suecia, reina de Bélgica

 





Muchos fueron los calificativos con los que se designó a ésta princesa. Todos los que la conocieron e incluso aquellos que sólo la conocieron por sus acciones y por las fotografías que de ella se publicaban le pusieron algún apelativo. El primero, tal vez, fue el de su tío, el rey Oscar II de Suecia , que decía de ella que era"el regalo del cielo". Después le seguirían otros.


Astrid nació en 1905, era la tercera de las hijas del príncipe Carlos, hijo del rey de Suecia , y de la princesa Ingeborg de Dinamarca. Como no ocupaba un lugar prominente en la linea de sucesión, tuvo una educación muy liberal, más propia de una familia burguesa que de alguien perteneciente a la realeza.


Le gustaban mucho los niños y llegó a realizar un curso de puericultura en la Universidad de Uppsala. Le encantaba el deporte, sobre todo la natación y el golf y paseaba con asiduidad por las calles de Estocolmo.


Su belleza traspasó fronteras y no fueron pocos los príncipes herederos que se fijaron en ella, desde Noruega a Gran Bretaña. Finalmente la partida la ganó Leopoldo de Bélgica, cuya madre, acompañada de su retoño, se personó en Estocolmo, de incógnito lógicamente, y propició el que ambos jóvenes se conocieran. No tuvo que hacer nada más puesto que, según parece, ambos príncipes se enamoraron al instante.




La boda se celebró en noviembre de 1926 en  la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, en un ambiente festivo y alegre.


Los belgas quedaron prendados de la princesa desde el primer instante. Emanaba dulzura, era cercana y representaba un soplo de aire en aquella corte gris sobre la que todavía planeaba el dolor de la “Gran Guerra”.


Los príncipes no tardaron en tener hijos, a fin de cuentas era lo que se esperaba de ellos para dar continuación a la dinastía. Los belgas, que sabían el amor que se profesaba la real pareja, consideraron que  este hecho no debió constituir un penoso deber para ninguno de los dos . Los habitantes de Bruselas  veían a menudo a la princesa Astrid paseando por sus calles o comprando en las tiendas de la ciudad, para desesperación de sus escoltas. Con esta actitud tan cercana Astrid consiguió no sólo aumentar su popularidad sino también la de toda la familia real.


En 1934,  y como consecuencia de la muerte, tras un desgraciado accidente, del rey Alberto, Leopoldo y Astrid ascienden al trono. Probablemente fue en ese momento cuando su vida - que  tanto se parecía un cuento de hadas - cambió porque, a pesar de lo que todo el mundo creía, no se sentía satisfecha con ese papel de "dolce fare niente" que se le había asignado. Astrid tenía un espíritu solidario y un deseo de servicio al país que con tanto cariño la había acogido y por tanto puso todo su empeño en mejorar, en la medida de sus posibilidades, la vida de los belgas más desfavorecidos.





La Gran Depresión americana provocada por el crack del 29 se expandió, como una mancha de aceite, por el viejo continente. Muchas empresas estadounidenses que operaban en Europa se repatriaron, otras no pudieron hacer frente a sus pagos, se retiraron las inversiones y, además, el aumento de los aranceles  hizo disminuir las exportaciones hacia los mercados  norteamericanos . El paro aumentó considerablemente  y  por tanto disminuyó la capacidad adquisitiva de los ciudadanos. Como consecuencia creció la desigualdad social y las protestas de los obreros aumentaron.


La nueva reina tenía muy claro que nada podía hacer a nivel político por mejorar la vida de los belgas pero sabía que a nivel social podía ayudar a que así fuera. Con esa idea en la mente se implicó en la creación de guarderías para los hijos de madres trabajadoras. También lanzó una campaña conocida como: "l’appel de la Reine" en la que pedía la colaboración para recolectar fondos y bienes de primera necesidad a todos aquellos que , bien porque tenían trabajo o bien porque gozaban de una buena posición,estaban en disposición  de poder aliviar, mediante su ayuda, la difícil situación por la que pasaban muchas familias belgas. 





Seguramente tenía más ideas para ayudar a los demás y es probable que hubiera continuado con la labor social emprendida pero la desgracia acabó con la "belleza del norte" como la llamaban sus compatriotas.


En agosto de 1935 Leopoldo y Astrid se encuentran en Suiza en un viaje privado. Es un día soleado y Leopoldo decide conducir él mismo su coche. El chofer se sitúa en la parte de atrás y la reina ocupa el lugar del copiloto. En un momento determinado, parece ser que debido a una distracción del rey, el coche choca frontalmente contra un árbol. La reina salió despedida y murió prácticamente en el acto por una fractura de craneo. El rey y su chofer tuvieron tan solo heridas de carácter leve. Todavía no había cumplido los 30 años.


La noticia convulsionó al país. Dicen que más de dos millones de personas desfilaron ante la capilla ardiente que durante cuatro días  estuvo abierta en el Palacio  Real de Bruselas. Las calles se llenaron de gente al paso de la comitiva fúnebre, las caras tristes, los ojos llorosos. El rey solitario y a pie caminó tras el coche que portaba los restos mortales de su esposa.





Está enterrada en la cripta real de la Iglesia de Notre Dame de Laeken. Cerca del lugar del desgraciado accidente, en Küssnacht, se erige una capilla en su recuerdo.

lunes, 28 de marzo de 2022

Pablo I de Grecia

 





Pablo de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg o simplemente Pablo de Grecia era nieto de Jorge I, un príncipe de Dinamarca que se convirtió en Rey de Grecia en 1863, gracias al apoyo de las tres grandes potencias europeas de la época: Gran Bretaña, Francia y Rusia. 

 El alumbramiento de Pablo tuvo lugar en el palacio de Tatoi en 1901 y cuando nació todavía reinaba en Grecia su abuelo siendo su padre, Constantino, el príncipe heredero. Como era el tercero de los hijos varones nada hacía presagiar que acabaría convirtiéndose en rey. Recibiría no obstante una educación muy completa y bastante inglesa puesto que su madre era Sofía de Prusia hija de Federico III y de Victoria del Reino Unido y por tanto nieta de la Reina Victoria I. 

La Familia Real griega estaba emparentada con la mayoría de las casas reinantes europeas. Pablo se crió, como el resto de sus hermanos, entre el Palacio de Tatoi y el palacio Real de Atenas y solía pasar los veranos en Inglaterra acompañado de su madre y del resto de su familia. No es de extrañar, pues, que tanto él como el resto de sus hermanos hablaran perfectamente griego, alemán, inglés e italiano. 

El príncipe Pablo con su madre y hermanos

En 1913 en plena guerra de los Balcanes su abuelo, Jorge I, sería asesinado por un anarquista. Su padre ascendería al trono como Constantino I y Pablo iniciaría la carrera militar al cumplir los 15 años, puesto que ese parecía ser su destino. 

Cuando se inicia la Primera Guerra Mundial el rey Constantino era partidario de declarar a Grecia territorio neutral en el conflicto, mientras que su Primer Ministro consideraba que debían unirse a los aliados de la Triple Entente. Desde el primer momento de iniciarse la guerra y a pesar de lo que el rey Constantino decía desear, los aliados tuvieron la sospecha de que el rey había tomado partido por los alemanes ya que su esposa, la reina Sofía, era hermana del Kaiser Guillermo II. El cisma que las acusaciones de ser pro-alemán generaron en el país obligarían a Constantino a salir hacia el exilio. No obstante, y como Constantino estaba convencido de que podría volver a reinar en Grecia, no abdicó y dejó en su lugar al segundo de sus hijos: Alejandro. Corría el mes de junio de 1917. 

El príncipe Pablo en la adolescencia

Alejandro reinó tan sólo durante tres años. Su prematura muerte en 1920 y el deseo del pueblo griego que, mediante un plebiscito, pidió el regreso del rey originaron que la familia real regresara del exilio y que Constantino I ocupara de nuevo el trono. 

El regreso a Grecia duraría poco. Tras la derrota del Reino griego en la guerra contra Turquía, Constantino fue obligado a abdicar. Toda la familia se trasladaría a Italia excepto Jorge, el hermano mayor de Pablo, que había subido al trono como Jorge II tras la abdicación de su padre. Su reinado fue corto ya que también fue "invitado" a exiliarse para proclamar en Atenas, poco después, la Segunda República Helénica. 

El príncipe Pablo permanecería en Italia junto a su familia hasta la muerte de su padre, ocurrida poco después de estos hechos. La familia atravesaba momento económicos difíciles y Pablo se trasladó a Estados Unidos y poco después a Gran Bretaña, donde empezaría a trabajar en una fábrica de motores con el nombre de "Mr. Beck". Sería allí donde se enamoraría de una hermosa princesa rusa, Nina Románova, biznieta del zar Nicolas I y exiliada al igual que él. No fue correspondido y Nina prefirió a un príncipe de Georgia que también era un exiliado. 

Nina Romanóva

Durante ésta época, a decir de algunos autores, el príncipe Pablo habría mantenido también algunas relaciones homosexuales una de las cuales fue con el gigoló Denham Fouts, al menos eso es lo que nos cuenta el ensayista Arthur Vanderbilt en el libro que sobre la turbia vida de éste personaje escribió. Que yo sepa nada de esto ha podido ser demostrado y aunque, según se dice, Juan Balansó que estaba escribiendo un libro sobre estos hechos, había conseguido cartas manuscritas y testimonios lo cierto es que al escritor le sorprendió la muerte antes de publicarlo y que, de momento, nadie lo hecho por él. 

En 1935 se produjo en Grecia un Golpe de Estado militar que acabó con la República y Jorge II volvió a ser llamado para ocupar el trono. Toda la Familia Real regresó a Atenas. El rey Jorge no tenía hijos de modo que Pablo se convertiría en su heredero, no obstante y como preveía que el día en que heredara el trono estaba lejano, Pablo regresaría a su carrera militar llegando a obtener la graduación de Teniente General. Hay que destacar que Pablo era sumamente popular en Grecia ya que fomentó el deporte entre los jóvenes y fundó un grupo de exploradores intentando con todo ello devolver los valores perdidos a la sociedad griega. 

El príncipe Pablo con uniforme de la marina

Fue en esa época cuando Pablo entabla relación, en la ciudad de Florencia, con Federica de Hannover y según cuenta en sus memorias la propia Federica fue allí donde se enamoraron. La boda se celebró en enero de 1938. 

La pareja se instaló en el palacete de Psykhikó, una propiedad adquirida por el rey Jorge para uso de su hermano y allí nacieron dos de sus hijos: Sofía, que se convertiría en reina de España y Constantino que se convertiría en rey de Grecia. 

Boda de Pablo y Federica


No duraría mucho la tranquilidad de la familia, iniciada la Segunda Guerra Mundial Grecia sufriría la invasión y la ocupación de las fuerzas del eje: Italia, Alemania y Bulgaria. El Gobierno, el Rey y toda su familia partirían hacia el exilio. Se instalarían en El Cairo, aunque pronto tuvieron que abandonar Egipto trasladándose a Ciudad del Cabo donde se les otorgaría la condición de exiliados. Sería allí donde nacería la última de sus hijas, la princesa Irene. 

El príncipe Pablo no pasaría demasiado tiempo con su familia ya que se unió a las fuerzas aliadas luchando bajo su mando. Su hoja de servicios durante la Guerra fue brillante. 

Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial se inicia en Grecia una Guerra Civil entre fuerzas de izquierda de orientación republicana y fuerzas conservadoras y monárquicas apoyadas por el ejercito británico primero y por el intervencionismo de Estados Unidos después. Finalmente y tras encarnizadas luchas, las tropas del Partido Comunista de Grecia fueron derrotadas y se restableció la monarquía. Esta guerra ha sido considerada como el primer conflicto bélico de la Guerra Fría. 

Jorge II regresó a Atenas encontrando un país totalmente arruinado, destruido por los bombardeos, al borde de la hambruna, con miles de viudas y huérfanos y con un indice de analfabetismo enorme. Poco pudo hacer Jorge II puesto que pocos meses después de su regreso fallecería. 

Pablo y Federica con sus hijos

Pablo fue proclamado en el Parlamento Rey de los Helenos en abril de 1947. El pueblo griego había puesto muchas esperanzas en él y en un principio no defraudó. Consiguió la inclusión del país en los planes Marshall y gracias a ello Grecia se recuperó económicamente. Paralelamente se había aprobado en 1952 una Constitución democrática y el mismo año Grecia había entrado en la OTAN. 

Las labores diplomáticas del rey Pablo en sus visitas al exterior aumentaron el prestigio de la nación helénica y atrajeron grandes inversores. Fue en 1954 cuando los reyes griegos organizan un crucero que podría haber sido interpretado como el inicio del turismo de lujo en Grecia pero que, dadas la penurias económicas que atravesaba el pueblo griego, fue interpretado como un capricho de la reina Federica para conseguir que los jóvenes de la realeza europea se conocieran y pudieran emparejarse y un despilfarro de los fondos públicos que tan necesarios eran para el pueblo. 

Pablo I y su esposa Federica con el armador Niarchos

Los viajes, las joyas, el internado de sus hijas en Alemania, las grandes fiestas, las vacaciones de invierno esquiando en Austria, y los virulentos ataques de algunos políticos lograron que el afecto y el respeto que los griegos habían depositado en sus reyes fuera disminuyendo poco a poco, sobre todo en lo que a la reina Federica se refiere, ya que los griegos consideraban que el rey Pablo era un hombre bueno dominado por su esposa que era en realidad quien intentaba influir en el gobierno del país. 

En enero de 1964 se le detecta un cáncer de estómago. La enfermedad se lleva con tanta discreción que ante la urgente necesidad de realizarle una intervención quirúrgica se instalarían quirófanos en el mismo palacio. Todo intento por salvar su vida fue inútil y el rey Pablo moría el 6 de marzo, rodeado de su familia y escuchando, por su expreso deseo según se dice, "la Pasión según San Marcos" de Bach, su músico favorito. 

Funeral del rey Pablo I

Fue enterrado en el cementerio de Tatoi.