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viernes, 9 de enero de 2026

Isabel II Reina de España

 




Isabel nació en Madrid el 10 de octubre de 1830, era hija de Fernando VII y de su cuarta esposa Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias. Dado que el rey no había conseguido descendencia de sus tres anteriores esposas la satisfacción ante el alumbramiento de esta niña fue enorme. La pequeña Isabel llegó pues a este mundo sembrando la alegría pero también la polémica, los enfrentamientos, los conflictos y finalmente hasta la guerra. La vida de Isabel sería como su llegada al mundo: conflictiva.


El hecho de que Fernando VII no hubiera sido capaz de engendrar hijos en sus anteriores matrimonios había hecho creer a su hermano menor, Carlos María Isidro, que la  sucesión a la corona le correspondía a él. El embarazo de la  reina hacía temer a Carlos María que tal pretensión no se produjese y el temor se convirtió en certeza cuando faltando aún siete meses para el alumbramiento su hermano, el rey Fernando VII, promulgó la Pragmática Sanción por la cual quedaba anulado el Auto aprobado por Felipe V y según el cual las mujeres no podían acceder al trono. Esta decisión alejaba definitivamente - a menos que la pequeña Isabel muriera sin descendencia - a Carlos María Isidro del trono


Fernando VII


A los cuatro días de su nacimiento y mediante un Real Decreto el rey Fernando VII hace publico su deseo de nombrar a su hija princesa de Asturias "por ser mi heredera y legítima sucesora a mi corona mientras Dios no me conceda un hijo varón". La reina Mª Cristina aún tuvo otro embarazo, pero no fue el ansiado varón sino otra niña que recibió el nombre de Luisa Fernanda. 


En el mes de junio de 1833, cuando todavía no había cumplido  Isabel los tres años, fue jurada como Princesa de Asturias. Tres meses después moría su padre y ella pasaba a ser la reina de España y su madre Dª Mª Cristina la regente, mientras Isabel no fuera declarada mayor de edad.


A Carlos María no le gustó nada la situación.  Se opuso a ella y la polarización entró en escena entre los partidarios de Isabel, los isabelinos, y los partidarios de D. Carlos, los carlistas. Esta división acabó desencadenando la Primera guerra Carlista que duró siete tristes años.


Ya hemos dicho que durante  los primeros años de Isabel II la regencia la ejerció su madre, Dª Mª Cristina. Fue la suya  una regencia sin duda peculiar y estuvo marcada por la sangrienta guerra carlista, por las alternancias en el gobierno de moderados y progresistas, por  la aprobación de la Constitución de 1837 y por la desamortización de Mendizábal que se inició en ese mismo año. 


Dª Mª Cristina de Borbón - Dos Sicilias


Poco después, en 1840, la regente sancionó la Ley de Ayuntamientos que habían aprobado las Cortes. Dicha Ley suponía una limitación de la independencia de los ayuntamientos lo que llevó a una sublevación generalizada. La consecuencia fue que Mª Cristina y su marido "secreto" tuvieran que marchar hacia el exilio instalándose en Francia y dejando en Madrid a dos niñas, seguramente atribuladas, de 10 y de 8 años de edad.


La primera Guerra Carlista había terminado con la firma del Convenio de Vergara y como el más destacado artífice del mismo había sido el general Espartero se le concedió el titulo de duque de la Victoria y se le nombró nuevo Regente del reino del España. Como Espartero era progresista los moderados conspiraron para devolver ls regencia a Mª Cristina más afín a este partido. No hizo falta que los moderados empujaran demasiado, Espartero - al que parece que le habían brotado plumas de pavo real -  empezó a desarrollar un carácter dictatorial y una falta total de habilidad política lo que hizo que su propio partido quedara dividido en dos. La situación llegó hasta tal extremo que los militares, tanto moderados como progresistas, se coligaron y provocaron la caída de Espartero que se vio obligado a abandonar España y ha refugiarse en Inglaterra. Era el mes de julio de 1843.


General Espartero


Una vez  que Espartero quedó fuera del tablero político se nombró un Gobierno Provisional y, en octubre de ese mismo año las Cortes declararon a Isabel II mayor de edad y ésta, con apenas trece añitos, juró la Constitución como reina de España.


No estaba  la nueva reina preparada para toda la responsabilidad que se pretendía que asumiera. Es difícil que a los 13 años alguien lo esté, pero es que además su educación había sido muy precaria. Por tanto la politica interior y exterior de España dependió de los Gobiernos que se iban sucediendo. La reina se limitaba a firmar aquello que se le decía que debía firmar.


El matrimonio de Isabel se convirtió en una razón de Estado y no solo del Estado español, también los demás  países europeos hacían cábalas sobre las alianzas que podrían establecerse tras el matrimonio de Isabel. La joven reina no era más que una pieza en el tablero político, nadie preguntó su opinión y además a  nadie importaba cual fuera ésta.


D. Francisco de Asís de Borbón


Tenía poco mas de 15 años cuando se consideró - siempre, claro está, por razones de Estado - que el marido idóneo seria su primo Francisco de Asís de Borbón, duque de Cadiz.

Isabel, que conocía bien  al novio elegido pues ambos eran primos por partida doble, lloró, berreó, y se desgañitó gritando : "Con Paquita no, por favor, con Paquita no"  pero, la decisión estaba tomada y sus gritos, aunque fueron oídos, no fueron escuchados.


La boda se celebró en el Salón del Trono del palacio Real de Madrid, el 10 de octubre de 1846, ósea el mismo día que la pobre reina cumplía los 16 años. Fue una boda por partida doble pues en la misma contrajo matrimonio su hermana Luisa Fernanda con Antonio de Orleáns, duque de Montpensier. 


Boda de Isabel II


Los años que siguieron fueron terriblemente convulsos y se  daba como circunstancia añadida que Isabel  era una mujer fácilmente manipulable. De escasa formación, con pocas cualidades intelectuales, enamoradiza y amiga de las fiestas, algunos políticos y la camarilla de religiosos que  a su alrededor circulaban  como su confesor el padre Claret, y sor Patrocinio, hicieron de ella una presa fácil para obtener los beneficios que cada uno de los personajes que la rodeaban perseguían.


Los gobiernos, muchas veces con la intervención de los militares,  cambiaban a los gobernantes a su conveniencia, alternando entre progresistas y conservadores  según el momento. La consecuencia fue que en demasiadas ocasiones no se llegaron a respetar las garantías constitucionales .  


Hubo de todo; conspiraciones, sublevaciones, represiones durisimas, batallas urbanas, protestas estudiantiles que acababan con muertos, heridos y detenidos. La misma reina sufrió un atentado que a punto estuvo de costarle la vida. Había dado a luz a la tercera de sus hijas y como era tradición la reina se dirigía a presentar a la niña a la Basílica de Atocha cuando un sacerdote se arrodilló ante ella en actitud de ir a solicitar alguna dádiva, pero sacó un estilete y lo clavó en el pecho de la soberana. Dª Isabel fue socorrida de inmediato por la guardia y de inmediato también se apresó al cura, un sujeto llamado Martín Merino, cuya puñalada no causó el daño pretendido ya que  una de las ballenas del corsé que la reina (entrada en carnes) llevaba puesto impidió que el puñal penetrara. Cuatro días después Merino fue ejecutado.


Atentado a Isabel II


Las gentes no estaban dispuestas a perder algunas libertades conseguidas y el descontento de la población condujo a la Revolución de 1854. Hubo un Pronunciamiento del general O’Donell  contra el Parlamento que no obtuvo en un primer momento las reacciones esperadas. Fue el general Serrano  quien convenció a O’Donell que nada se lograría si no se ofrecían cambios políticos y sociales que prometiesen realizar las reivindicaciones de las clases más desfavorecidas. Como consecuencia, pocos días después, se produjo el Manifiesto de Manzanares redactado por un joven político : Antonio Cánovas del Castillo. En él se prometía: la conservación de la monarquía pero sin la camarilla que la acompañaba, la disminución de impuestos, las convocatoria de Cortes y el restablecimiento de la Milicia Nacional. 


La interpretación que el pueblo hizo de aquello es que eran mismos perros con distintos collares, es decir que nada cambiaba aunque se hubiera vendido como una regeneración política. Las clases populares azotadas por la pobreza iniciaron la insurrección. Madrid amaneció con sus calles llenas de barricadas, se asaltaron palacetes, casa señoriales y viviendas de los ministros cuyos muebles eran lanzados a la calle.


Finalmente la reina llamo al general Espartero para que formase gobierno pero éste exigió varias cosas para llevar a cabo la tarea: la convocatoria de Cortes Constituyentes, que la reina madre Mª Cristina respondiese de las acusaciones de corrupción que pesaban sobre ella y marchase al exilio y que la reina Isabel II redactase un Manifiesto dirigido al país entonando el mea culpa. 


La insatisfacción de España con su reina se había ido incrementado con los años. Lo que al principio gustaba y era interpretado como una muestra de sencillez y campechanía se había ido tornando en  antipatía y malquerencia . La forma de vida de la soberana difundida en pasquines que la tachaban de  juerguista y sensual iban de boca en boca. En ellos se decía que  sus amantes se contaban por docenas, que se acostaba a las cinco de la madrugada y que se levantaba a las tres de la tarde. Algunas revistas llegaban a  satirizar  sus gustos sexuales tachándola de ninfómana.


Isabel  II con su esposo y algunos de sus hijos


Isabel tuvo  11 hijos de los que oficialmente Francisco de Asís era el padre, aunque a decir de algunos no lo fue de ninguno de ellos. Muchos  de los hijos habidos nacieron muertos o vivieron pocos días.


La revolución Industrial que barría Europa también llegó a España y durante el reinado de Isabel II se llevaron a cabo obras públicas que modernizaron el país : Se construyeron lineas de ferrocarril, se trazaron carreteras, se elevaron puentes y también se realizaron importantes obras hidráulicas como el "canal de Isabel II", que llevó la ansiada agua a las casas de Madrid.


Todas estas obras que crearon una gran cantidad de puestos de trabajo sirvieron también para que muchos personajes de la clase dominante se enriquecieran. Desde la propia reina madre, Mª Cristina, hasta marqueses y banqueros que obtuvieron concesiones, parece ser que con la aquiescencia del Parlamento y de la Corona. La corrupción hacía su entrada.


Tren Barcelona-Mataró


El descontento con Isabel II no había dejado de estar presente. A principios de 1866 la escasez de algodón producida por la Guerra de Secesión norteamericana llevo a una crisis de la industria textil catalana. Esto fue el detonante de las perdidas que sufrieron las compañías ferroviarias y que arrastraron a las sociedades de crédito y a las bancarias. A la crisis financiera se unieron dos años de malas cosechas que llevó a la carestía de productos tan básicos como el pan.


Toda esta situación condujo en  septiembre 1868 al estallido de una Revolución  que se dio en llamar "La Gloriosa" y  que condujo  a Isabel II al exilio. La reina se encontraba en San Sebastian con su familia y todos ellos huyeron a Francia donde estuvieron bajo la protección de Napoleón III. 


Estallido de la Revolución


Isabel que había ido depositando dinero en la Casa Rothschild de París y había conseguido llevarse parte de sus joyas compró el Palacio Basilewsky en la capital francesa al que muy castizamente rebautizó con el nombre de Palacio de Castilla.


Poco tardaron Isabel y Francisco en separar sus caminos, tan solo el tiempo que les llevó conseguir llegar a un acuerdo económico que permitiera al consorte vivir con dignidad.


Con el triunfo de la Revolución "Gloriosa" en España se inicia el llamado Sexenio Democrático. Se estableció un Gobierno Provisional y se aprobó la Constitución de 1869 que establecía en España  el sufragio universal y una Monarquía Democrática.

Había por tanto que proclamar un nuevo rey y como los Borbones habían caído en desgracia se ofreció el trono a Amadeo de Saboya.


Amadeo I


La ya exreina Isabel, haciendo caso a sus consejeros, abdicó en 1870 en favor de su hijo Alfonso de apenas 13 años de edad.  Isabel, a pesar de que el momento no debió ser nada grato para la que había sido reina de España, se presentó al acto ataviada con un magnifico vestido de color rosa adornado con encajes y  luciendo joyas. Estuvo rodeada de sus cuatro hijas,  las infantas Isabel, Paz, Pilar y Eulalia. Así fue como, abanico en mano y con toda la dignidad que pudo reunir, dijo definitivamente adios al trono de España. A partir de ese momento Cánovas se puso al frente de la tutela de Alfonso y de la restauración borbónica en el trono.


Abdicación de Isabel II


Tras  su abdicación el palacio de Castilla fue perdiendo importancia e interés entre los monárquicos. Isabel se fue acostumbrando al exilio, recluida en el palacio no mostraba ningún interés por integrarse en la sociedad parisina. Salía tan solo para acudir a los oficios religiosos y muy ocasionalmente a tomar algún chocolate con alguna amiga. 


En el palacio organizaba algunas tertulias con los más allegados y los domingos se servia  un cocido madrileño que, seguramente, haría añorar a la exreina los degustados en el Lhardy, su restaurante favorito de Madrid. Solo pisó suelo español en escasas ocasiones, por poco tiempo y sigilosamente, alojándose en Sevilla o en los alrededores de Madrid.


El 9 de abril de 1904 fallecía Isabel II en su residencia de Paris  como consecuencia  de una gripe  y de la complicación  broncopulmonar  que ésta produjo. Había muerto una reina de España y por tanto sus restos fueron trasladados al Monasterio del Escorial. Su nieto Alfonso XIII no se dignó a acudir a la frontera para recibirlos a la entrada de éstos en España.


Galdós bautizó a Isabel II como "la de los tristes destinos" y me voy a permitir la licencia de terminar con las palabras que sobre ella dejó escritas D. Benito:


«El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano».


Pérez Galdós, B., «La Reina Isabel», en Memoranda, 1906, p. 33.